Tesis de Suprema Corte de Justicia, Primera Sala - Jurisprudencia - VLEX 27056611

Tesis de Suprema Corte de Justicia, Primera Sala

Emisor:Primera Sala
Materia:Penal
RESUMEN

LEGITIMA DEFENSA DE HONOR, EN CASO DE ADULTERIO.

 
CONTENIDO

LEGITIMA DEFENSA DE HONOR, EN CASO DE ADULTERIO.

T.�ndose de la defensa de honor en caso de adulterio, debe analizarse el requisito de la inminencia del peligro que debe resultar de la agresi�n. Sobre este particular, la Suprema Corte ha sentado la tesis de que esa inminencia radica en una amenaza que pueda cumplirse prontamente; y trat�ndose de un caso de adulterio, puede afirmarse, categ�ricamente, que la repetici�n por parte de la ad�ltera de actos ultrajantes para su esposo, indica el riesgo muy grande de la reincidencia, y el peligro de que siga adelante el ataque a los derechos legales reconocidos del esposo. Y como esta cuesti�n, de la inevitabilidad de la amenaza, es puramente subjetiva, es decir, que su apreciaci�n corresponde exclusivamente al atacado, y como, por otra parte, la posibilidad de hacer intervenir al Estado para impedir o para hacer cesar el ataque, intervenci�n que har�a desaparecer la eminencia de la agresi�n, y que consistir�a en el divorcio o en el ejercicio de la acci�n penal por adulterio, no producir�a el resultado apetecido, puesto que tales procedimientos requieren multitud de tr�mites, durante los cuales persistir�a la ofensa, es claro que debe reputarse que de la agresi�n a la honra de un marido ultrajado, resulta un peligro inminente; pero es necesario analizar si en el caso en que un marido da muerte a su mujer ad�ltera, concurren todas las circunstancias especificadas en los cuatro incisos de la fracci�n III del art�culo 45 del C�digo Penal de 1929, ya que si concurren s�lo las del primero o las del segundo de aqu�llos, surgir� un atenuante de cuarta clase, y de existir cualquiera de los dos �ltimos, habr� exceso en la leg�tima defensa. Salvo prueba en contrario, no puede decirse que el marido ultrajado provoque la agresi�n de la ad�ltera, que consiste en la conducta infiel de �sta, o que haya dado causa inmediata o suficiente para el ataque; pues aun en la hip�tesis de que el marido haya sospechado de la infidelidad de su c�nyuge, caso en el cual podr�a decirse que previ� que se verificar�a la agresi�n faltar�a el requisito de haber podido f�cilmente evitar el ataque, por otros medios legales, puesto que, como ya se dijo, el Estado no est� capacitado para acudir en otros casos, en auxilio inmediato del agredido. La cuesti�n referente a la proporcionalidad entre el ataque y la defensa, solamente puede ser apreciada en una forma muy relativa; y el punto subjetivo del problema, que es, con mucho el m�s importante, y que se contrae a la mentalidad del atacado y a la manera como juzga lo adecuado del procedimiento que emplea, en vista de la situaci�n en que se halla y del peligro en que la estime, s�lo puede ser aquilatado por el juzgador, tomando en consideraci�n el estado de intranquilidad y de zozobra del agredido, as� como su criterio, su peculiar estimaci�n, respecto de las ideas relacionadas con el honor, tomando en cuenta la consideraci�n que, en nuestro medio, se tiene para la fidelidad de una esposa. Pero el cuarto de los incisos de la fracci�n III del art�culo 45 del C�digo Penal citado, si concurre en el caso de que una marido ultrajado d� muerte a su esposa, porque haciendo caso omiso de la parte penal de dicho inciso, que se refiere tambi�n a la personal e �ntima apreciaci�n del marido, puede afirmarse que, si el ataque que entra�a para el honor del marido, la conducta infiel de la esposa no puede evitarse de momento, si tiene evidentemente reparaci�n posterior por los medios que proporciona la ley; pues el divorcio disuelve el v�nculo matrimonial y deja a los c�nyuges en calidad de extra�os, ocasionando para la ad�ltera, la p�rdida de los derechos consiguientes a la patria potestad, y el ejercicio de la acci�n penal por adulterio, trae aparejada ejecuci�n para el da�o causado; por consiguiente, en casos de esta naturaleza, se halla comprendido, para su penalidad como homicidio con exceso en la leg�tima defensa, que la ley sanciona como imprudencia punible.

Amparo penal directo 3549/31. G.�a E.J.�. 21 de abril de 1933. Mayor�a de cuatro votos. Disidente: F.B.. La publicaci�n no menciona el nombre del ponente.