Tesis de Suprema Corte de Justicia, Primera Sala - Jurisprudencia - VLEX 27067175

Tesis de Suprema Corte de Justicia, Primera Sala

Emisor:Primera Sala
Materia:Penal
RESUMEN

ADULTERIO, HOMICIDIO ATENUADO POR CAUSA DE.

 
CONTENIDO

ADULTERIO, HOMICIDIO ATENUADO POR CAUSA DE.

En el art�culo 310 del C�digo Penal vigente en el Distrito Federal, el legislador de mil novecientos treinta y uno destac� un delito de homicidio especialmente disminuido en su penalidad, en virtud de ciertas caracter�sticas, siendo indispensable que el homicida, para reclamar esa sanci�n atenuada "sorprenda a su c�nyuge en el acto carnal o pr�ximo a su consumaci�n", excepto el caso en que el matador haya contribuido a la corrupci�n de su c�nyuge; en relaci�n con ese art�culo, el 321 del mismo c�digo dispone que "los casos punibles de homicidio y lesiones de que hablan los art�culos 310 y 311, no se castigar�n como calificados, sino cuando se ejecuten con premeditaci�n"; es decir, en el homicidio por causa de adulterio pueden concurrir cualesquiera de las otras calificativas, sin que se agrave la penalidad, pues el legislador se coloc� en la posibilidad de que el pose�do por la emoci�n que le causa el conocimiento de la infidelidad de su c�nyuge, puede darle muerte en condiciones ventajosas o alevosas, que ordinariamente calificar�an el delito; empero, al destacar la regla contenida en el art�culo 321, juzg� incompatible el elemento "sorpresa", que incluy� en el art�culo 310, con la premeditaci�n, juzgando, razonablemente, que la prueba de esa calificativa hace imposible que se hable de sorpresa, pues refiri�ndose �sta al elemento objetivo, consistente en percibir f�sicamente el acto sexual o uno pr�ximo a �l, en cambio, aqu�lla demanda una madura deliberaci�n que se rige en raz�n del tiempo; por tanto, es indudable que para que surta efectos la excusa atenuadora, se requiere, indispensablemente, que el c�nyuge inocente ignore hasta el momento mismo del delito, la infidelidad del c�nyuge culpable, pues s�lo en estos casos estim� el legislador de mil novecientos treinta y uno, que la grave provocaci�n que sufre el homicida, con la consiguiente disminuci�n de sus facultades volitivas, lo hacen acreedor a una sanci�n benigna, sin proclamar el derecho de causar la muerte y no recibir castigo, como lo hac�an otras legislaciones, y, por tanto, desaparece esa causal cuando el c�nyuge ofendido tiene conocimiento de la infidelidad mucho tiempo antes que resuelva dar muerte al c�nyuge culpable.

Amparo penal directo 2055/41. S. viuda de M.A.M.�a. 13 de julio de 1944. Unanimidad de cuatro votos. Ausente: C.L.A.. La publicaci�n no menciona el nombre del ponente.