Ejecutoria num. 2a./J. 207/2004 de Suprema Corte de Justicia, Segunda Sala - Jurisprudencia - VLEX 26824238

Ejecutoria num. 2a./J. 207/2004 de Suprema Corte de Justicia, Segunda Sala

Emisor:Segunda Sala
Número de Resolución:2a./J. 207/2004
Localizacion:MARGARITA BEATRIZ LUNA RAMOS.
Materia:Suprema Corte de Justicia de México
Fecha de Publicación: 1 de Febrero de 2005
RESUMEN

CONTRADICCIÓN DE TESIS 96/2004-SS. ENTRE LAS SUSTENTADAS POR LOS TRIBUNALES COLEGIADOS SEGUNDO Y TERCERO, AMBOS EN MATERIA ADMINISTRATIVA DEL SEXTO CIRCUITO Y PRIMER TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA ADMINISTRATIVA DEL SEGUNDO CIRCUITO.PRESCRIPCIÓN ADQUISITIVA EN MATERIA AGRARIA. PARA SU PROCEDENCIA NO SE REQUIERE DE JUSTO TÍTULO.

 
ÍNDICE
CONTENIDO

CONTRADICCI�N DE TESIS 96/2004-SS. ENTRE LAS SUSTENTADAS POR LOS TRIBUNALES COLEGIADOS SEGUNDO Y TERCERO, AMBOS EN MATERIA ADMINISTRATIVA DEL SEXTO CIRCUITO Y PRIMER TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA ADMINISTRATIVA DEL SEGUNDO CIRCUITO.

MINISTRA PONENTE: M.B. LUNA RAMOS.

SECRETARIA: CONSTANZA TORT SAN ROM�N.

CONSIDERANDO:

CUARTO

A fin de estar en aptitud de determinar si existe la contradicci�n de tesis denunciada y, en su caso, resolverla, resulta conveniente realizar una breve referencia a los antecedentes de los asuntos en los que los Tribunales Colegiados sostuvieron los criterios en aparente contradicci�n.

El criterio sustentado por el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Segundo Circuito, al resolver el amparo directo 103/2004, contiene las siguientes consideraciones.

"En funci�n de tales agravios, dado que la autoridad responsable sostiene que la resoluci�n impugnada se encuentra ajustada a derecho, que este tribunal advierte la existencia de violaciones en el procedimiento que trascendieron al resultado del fallo y que, con fundamento en el art�culo 227 de la Ley de Amparo debe suplir la deficiencia de la queja, conviene precisar que la litis en este juicio de amparo se constri�e a determinar: si en el procedimiento seguido por el tribunal agrario se cometieron violaciones procedimentales que trascendieron al resultado del fallo; y si la sentencia en estudio, al concluir que el quejoso no prob� su pretensi�n de prescripci�n positiva, est� debidamente fundada y motivada y se ajust� a derecho en cuanto a la valoraci�n de pruebas y suplencia de la queja deficiente. Ya que en este caso se dilucidan derechos relativos a la prescripci�n positiva, iniciaremos este estudio con el an�lisis de esta instituci�n jur�dica y de su naturaleza en materia agraria, para posteriormente, a la luz de tal naturaleza analizar si en este caso se cometieron violaciones al procedimiento que hayan trascendido al fallo, ya que el estudio de las mismas es preferente. Finalmente se abordar� lo relativo a la fundamentaci�n y motivaci�n de la sentencia impugnada. La usucapi�n o prescripci�n positiva (tambi�n llamada prescripci�n adquisitiva) es una instituci�n jur�dica a�eja, nacida desde el derecho romano arcaico, cuya finalidad es proteger cierto tipo de posesi�n ya que permite que, bajo ciertas condiciones conditio usucapiendi, y transcurrido un plazo de tiempo, la posesi�n pueda transformarse en propiedad. Para algunos autores la posesi�n se compone de dos elementos: el corpus (poder de hecho sobre la cosa) y el animus domini (voluntad de poseer como due�o), en tanto que para otros, encabezados por I., la posesi�n llevaba impl�cito el animus, por lo que era el mero poder de hecho sobre algo ?un puro hecho que no puede alegar a su favor m�s que a s� mismo.?. Al margen de que se considere que el animus domini est� o no impl�cito en la posesi�n, para la prescripci�n positiva es un elemento de gran trascendencia a tal grado que, como veremos m�s adelante, se le se�ala expresamente como condici�n, independientemente de la posesi�n misma. Desde 1928 nuestro C�digo Civil Federal parece haber adoptado la posici�n que considera que la posesi�n lleva impl�cito el animus (con la salvedad establecida en su art�culo 793), al se�alar en su art�culo 790: ?Es poseedor de una cosa el que ejerce sobre ella un poder de hecho, salvo lo dispuesto en el art�culo 793. Posee un derecho el que goza de �l.?. El art�culo 793 se refiere a una hip�tesis tambi�n contemplada desde el derecho romano. Y es que �ste, al igual que nuestro derecho, diferenciaba la posesi�n jur�dicamente protegida de la que no gozaba de tal protecci�n. Uno de los casos sin protecci�n era la posesi�n del alieno nomine possidere, es decir, aquel que no tiene posesi�n propia sino s�lo el ejercicio de la posesi�n de otro, aquel que reconoce como poseedor a otro y desempe�a simplemente el papel de un representante que quiere tener la cosa no para s�, sino para el propietario. En efecto, recogiendo tal figura el art�culo 793 del C�digo Civil Federal dispone: (se transcribe). A mayor abundancia, el art�culo 791 del c�digo citado, establece: (se transcribe). Nuestro derecho protege a la posesi�n en diversas formas, una de ellas es precisamente la prescripci�n positiva. As�, en el C�digo Civil Federal se establece: ?Art�culo 1135. Prescripci�n es un medio de adquirir bienes o de librarse de obligaciones, mediante el transcurso de cierto tiempo y bajo las condiciones establecidas por la ley.?. ?Art�culo 1136. La adquisici�n de bienes en virtud de la posesi�n, se llama prescripci�n positiva. ...?. ?Art�culo 1152. Los bienes inmuebles se prescriben: I. En cinco a�os, cuando se poseen en concepto de propietario, con buena fe, pac�fica, continua y p�blicamente ...?. Debido a que es el C�digo Civil referido el que especifica algunas de las caracter�sticas que definen a la prescripci�n positiva y a que este ordenamiento es supletorio de la Ley Agraria (seg�n el art�culo 2o. de �sta), es importante tomar en cuenta que este c�digo establece: ?Art�culo 806. Es poseedor de buena fe el que entra en la posesi�n en virtud de un t�tulo suficiente para darle derecho de poseer. Tambi�n es el que ignora los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho. Es poseedor de mala fe el que entra a la posesi�n sin t�tulo alguno para poseer; lo mismo que el que conoce los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho. E.�ndese por t�tulo la causa generadora de la posesi�n.?. Asimismo, conviene tener presente que el C�digo Civil Federal establece como presunciones relativas a la posesi�n: ?Art�culo 798. La posesi�n da al que la tiene, la presunci�n de propietario para todos los efectos legales. El que posee en virtud de un derecho personal, o de un derecho real distinto de la propiedad, no se presume propietario; pero si es poseedor de buena fe tiene a su favor la presunci�n de haber obtenido la posesi�n del due�o de la cosa o derecho pose�do.?. ?Art�culo 807. La buena fe se presume siempre; al que afirme la mala fe del poseedor le corresponde probarla.?. La figura jur�dica de la prescripci�n positiva fue asumida por la materia agraria, en el art�culo 48 de la Ley Agraria, que se�ala: (se transcribe). En el caso en estudio, la autoridad responsable afirma que el quejoso tiene la posesi�n de la parcela en controversia por m�s de cinco a�os, en forma pac�fica, continua y p�blica y que no se trata de un caso de asentamientos humanos, ni de bosques o selvas. As�, el �nico aspecto en controversia es si el quejoso tiene tal posesi�n en concepto de titular de derechos de ejidatario. Para la autoridad responsable, el quejoso no logr� acreditar tal calidad, ya que cuando el demandado H�ctor V.C. se allan�, afirm� que: ?... se la transmiti� por no poderla tener en posesi�n ni trabajarla ...?, la responsable considera que tal afirmaci�n se robustece con el testimonio de uno de los colindantes (Od�n M.P.) quien: ?... alude a una transmisi�n al actor C.V. L�pez, por lo que al no apoyarse en otro elemento de prueba conducente, no resulta veros�mil tal allanamiento ...?. As�, la autoridad responsable concluye: ?... por la transmisi�n del demandado al actor, no se configura la hip�tesis del art�culo 48, en forma espec�fica, en cuanto a que la posesi�n debe ser en concepto de titular de derechos de ejidatario ...? y agrega que la posesi�n del quejoso es derivada: ?... ya que obtuvo y tiene la posesi�n de la parcela 895 de la que pretende prescripci�n, mediante una enajenaci�n ...?. Como se ve, nos encontramos por una parte, ante un problema en el supuesto de hecho, ya que el tribunal responsable asume que la transmisi�n referida por el demandado y por el comisariado ejidal es una enajenaci�n. Adem�s, en la especie tambi�n se nos presenta un problema de interpretaci�n normativa, en el que la dificultad se encuentra en definir el alcance de la expresi�n ?en concepto de titular de derechos de ejidatario?. Para la autoridad responsable, tal expresi�n excluye la posibilidad de que la causa generadora de la posesi�n haya sido una enajenaci�n. Respecto del primer problema, s�lo contamos con las dos declaraciones ya referidas en el expediente 402/2003 (del demandado y de uno de los colindantes) que concuerdan en afirmar que el demandado transmiti� la parcela al quejoso. Cabe destacar que la autoridad responsable no formula argumentos que expliciten la raz�n por la que equipara tal ?transmisi�n? a una enajenaci�n. Por otra parte, nos referiremos ahora al problema de interpretaci�n normativa que implica definir en la especie el alcance de la expresi�n ?en concepto de titular de derechos de ejidatario?, lo que nos lleva al an�lisis de dos elementos: la causa generadora de la posesi�n y el animus domini. La causa generadora de la posesi�n es aquel supuesto que genere el derecho a poseer. I. afirma que en la mayor�a de los derechos, la confusi�n del hecho generador con el derecho mismo est� excluida por la diversidad misma de los nombres que el lenguaje les da (por ejemplo: contrato y cr�dito; testamento y derecho de suceder) pero que, en el caso de la posesi�n se design� bajo el mismo nombre lo que era posesi�n como estado de hecho causa facti y como derecho jus possessionis, jura possessionis. La causa generadora o causa facti es la situaci�n, motivo o hecho jur�dico que origin� la posesi�n, en primer lugar. Tal causa puede abarcar una gran cantidad de posibilidades, desde aquella que se funda en la convicci�n de la existencia de un acto traslativo de dominio (compraventa, cesi�n, donaci�n, etc.) hasta creencias que asumen que un bien inmueble se halla vacante y que es l�cita su apropiaci�n. Desde la perspectiva de la causa facti resulta irrelevante si la creencia o convicci�n es correcta o fundada, su �nico sentido es conocer las condiciones por las que alguien entr� a poseer. En efecto, la causa facti es un hecho y no un derecho. I. se�ala que afirmar lo contrario nos llevar�a a confundir un hecho generador del derecho con su efecto. Y es que la posesi�n puede engendrar muchas consecuencias jur�dicas y puede tambi�n ser ya no la causa, sino la manifestaci�n de determinadas situaciones jur�dicas. Dentro de este abanico de posibilidades tenemos los casos de posesi�n originada en un acto traslativo de dominio, fundado en un t�tulo perfecto. Como se ve, es �ste un caso en el que propiedad y posesi�n son sin�nimos. Bajo este supuesto la propiedad se manifiesta en toda su realidad, en todo su alcance, precisamente bajo la forma de posesi�n, por lo cual �sta goza de la mayor protecci�n jur�dica posible. Sin embargo, la posesi�n inherente a la propiedad no es la �nica protegida jur�dicamente. As�, podr�amos representar tal relaci�n con dos c�rculos secantes, cada uno de ellos con campos de aplicaci�n independientes (uno de ellos lo representar�a la posesi�n que no deriva de la propiedad; el otro muy peque�o y excepcional, ser�a la propiedad que no tiene posesi�n), y un campo en el que se superponen (que ser�a el caso en el que propiedad y posesi�n son id�nticos). El �mbito de la prescripci�n positiva nos lleva al c�rculo en el que la posesi�n no es inherente a la propiedad pero que, precisamente a trav�s de esta figura, puede llegar a serlo. Ahora bien, como dijimos antes, bajo la figura de la prescripci�n positiva se protege a la posesi�n que se gener� en una causa que permita ubicarla como posesi�n originaria, a diferencia de la posesi�n derivada. Y la diferencia entre posesi�n originaria y posesi�n derivada se haya (sic) precisamente en el llamado animus domini. Por esa raz�n, la causa facti reviste gran relevancia, ya que a trav�s de ella se puede determinar si el que posee lo hace como due�o, requisito indispensable para la procedencia de la prescripci�n positiva. Adem�s, la causa generadora de la posesi�n, que seg�n comentamos antes, en t�rminos del C�digo Civil es sin�nimo de t�tulo, tambi�n resulta muy importante dado que permite establecer cuando estamos ante un caso de posesi�n de buena fe. Esta caracter�stica es relevante porque las condiciones para obtener la prescripci�n positiva resultan m�s favorables cuando se trata del poseedor de buena fe (en t�rminos del C�digo Civil, aquel que entra en la posesi�n en virtud de un t�tulo suficiente para darle derecho de poseer o que ignora los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho). De esta manera, en el caso en estudio es necesario definir cu�l es la causa generadora de la posesi�n del quejoso, lo que nos lleva a resolver qu� significa poseer en concepto de titular de derechos de ejidatario. Este �rgano colegiado considera que la soluci�n se encuentra al equiparar esta expresi�n con el llamado animus domini o voluntad de poseer como due�o que, como se�alamos antes, fue un elemento considerado desde el origen de la usucapi�n. As�, este tribunal llega a la convicci�n de que si la Ley Agraria recogi�, bajo una denominaci�n an�loga, la figura del animus domini, fue porque el legislador ten�a una intenci�n similar a la planteada en el derecho civil: excluir de la protecci�n del derecho agrario a la posesi�n del alieno nomine possidere (como dijimos antes, aquel que no tiene posesi�n propia sino s�lo el ejercicio de la posesi�n de otro al que reconoce como poseedor y del que desempe�a el papel de representante). Ahora bien, conviene recordar que el derecho civil, a trav�s del art�culo 798 del C�digo Civil Federal ya citado, establece que: ?La posesi�n da al que la tiene, la presunci�n de propietario para todos los efectos legales. ...?. No debe perderse de vista que, aunque la Ley Agraria se apoye en algunas figuras jur�dicas de car�cter civil (como en el caso, es la usucapi�n) su naturaleza social le imprime un car�cter mucho m�s protector. As�, al discutirse en la C�mara de Senadores el dictamen para aprobar a la ahora Ley Agraria se destacaba: ?... el prop�sito de fondo, el prop�sito central de este esfuerzo nacional es producir justicia a los campesinos ...?; ?... existe injusticia, hay pobreza, esto reclama cambios o de otra manera se cancelar�an las posibilidades de los campesinos de aspirar a mejores niveles de vida, quedando sin alternativas de progreso y en completa indefensi�n ...?. As�, si tomamos en cuenta el car�cter protector de la Ley Agraria, es posible afirmar por mayor�a de raz�n que si en el derecho civil la posesi�n da al que la tiene, la presunci�n de propietario para todos los efectos legales, el derecho agrario dada su naturaleza protectora, con mayor raz�n permite una presunci�n an�loga, es decir, permite que el poseedor goce de la presunci�n de ser titular de derechos de ejidatario, siempre que no estemos ante un caso de posesi�n del alieno nomine possidere. Ello sin perder de vista que, adem�s, como se�alamos antes, el art�culo 2o. de la Ley Agraria establece que, en lo no previsto en la misma, se aplicar� supletoriamente la legislaci�n federal -como el caso del C�digo Civil Federal-. En algunos casos en los que se ha tratado el tema de la posesi�n, este tribunal ha considerado que la posesi�n tutelada por el art�culo 14 constitucional es la que deriva de alg�n t�tulo que se sustente en alguna figura jur�dica o precepto legal que genere el derecho a poseer. Sin embargo, tomando en cuenta las razones antes expuestas, una nueva reflexi�n sobre el tema nos lleva a sostener que para que proceda la prescripci�n positiva establecida en el art�culo 48 de la Ley Agraria no es necesario t�tulo traslativo de dominio y que basta con que el interesado acredite el origen de su posesi�n (causa generadora), siempre que en relaci�n con ella exista el �nimo de conducirse como titular de derechos de ejidatario. As� este tribunal comparte el criterio del Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Sexto Circuito, el cual en la tesis VI.3o.A.117 A determin�: ?USUCAPI�N EN MATERIA AGRARIA. PARA SU PROCEDENCIA NO SE REQUIERE DE �JUSTO T�TULO�. El art�culo 48 de la Ley Agraria no exige un �justo t�tulo� o �t�tulo objetivamente v�lido� para usucapir, toda vez que en el derecho agrario �nicamente se prev� que la posesi�n necesaria para prescribir debe ser en concepto de titular de derechos. Por lo mismo, la legislaci�n agraria adopta un sistema objetivo sobre la materia de la posesi�n, pero si bien no demanda la existencia del justo t�tulo, s� es necesario que el interesado pruebe el origen de la posesi�n, no como acto traslativo de dominio, sino como hecho jur�dico que produce consecuencias de derecho, para conocer la fecha cierta a partir de la cual ha de computarse el t�rmino legal de la prescripci�n, pero a condici�n de que el poseedor se comporte como propietario, esto es, que se conduzca ostensiblemente y de manera objetiva, susceptible de apreciarse por los sentidos, mediante actos que revelen que el poseedor es el dominador de la cosa, el se�or de ella, el que manda en la misma, como due�o en sentido econ�mico, para hacer suya la cosa desde el punto de vista de los hechos. Al margen de lo anterior, de llegar a exigirse el �justo t�tulo�, tal situaci�n tornar�a en impracticable o carente de utilidad la figura de la usucapi�n, en raz�n de que es absurdo pedir la exhibici�n de un t�tulo perfecto para que la posesi�n sea apta para prescribir, pues de contarse con �l, no s�lo resultar�a innecesario, sino que ser�a improcedente recurrir a la prescripci�n para consolidar el dominio, al partirse de la base, en esta hip�tesis, de que la propiedad se ha obtenido v�lidamente conforme a derecho y, en consecuencia, ya no se requiere poseer durante cierto tiempo para adquirir el dominio que por virtud del t�tulo se ha transmitido legalmente.?. En la especie, de la propia resoluci�n impugnada, se desprende que la causa generadora de la posesi�n del quejoso fue una transmisi�n (para la autoridad responsable una enajenaci�n). Sin embargo, este tribunal considera que la omisi�n producida por el tribunal agrario al no haber recabado elementos que permitieran establecer de qu� tipo de transmisi�n se trata, implic� una violaci�n al procedimiento. En efecto, en el procedimiento en estudio no se recabaron elementos que permitieran acreditar si el quejoso ten�a el animus domini -en calidad de titular de derechos de ejidatario- o si nos encontramos ante un caso de posesi�n del alieno nomine possidere. La autoridad responsable se limita a asumir que la ?transmisi�n? es una ?enajenaci�n?, que se trata de posesi�n derivada y que ello no es compatible con la figura jur�dica en an�lisis. Conviene tener presente que en el art�culo 187 de la Ley Agraria establece: ?Las partes asumir�n la carga de la prueba de los hechos constitutivos de sus pretensiones. Sin embargo, el tribunal podr�, si considerare que alguna de las pruebas ofrecidas es esencial para el conocimiento de la verdad y la resoluci�n del asunto, girar oficios a las autoridades para que expidan documentos, oportuna y previamente solicitados por las partes; apremiar a las partes o a terceros, para que exhiban los que tengan en su poder; para que comparezcan como testigos, los terceros se�alados por las partes, si bajo protesta de decir verdad manifiestan no poder presentarlos.?. Como se ve, la autoridad responsable ten�a la posibilidad de reunir m�s elementos que le permitieran establecer con claridad si en el caso del quejoso se re�nen los requisitos se�alados por el art�culo 48 de la Ley Agraria. Para ello posiblemente hubiera bastado con solicitar al quejoso que acreditara la causa generadora de su posesi�n, y con pedir al demandado y al colindante Od�n M.P. que aclararan a qu� se refer�an al se�alar que se trataba de una ?transmisi�n?. Por otra parte, este tribunal considera que la omisi�n del periodo de alegatos y de composici�n amigable no implica una violaci�n procedimental que trascienda al fallo. Dado que en este caso se ha actualizado una violaci�n procedimental que trasciende al fallo, que implica la convenienciade conceder el amparo a fin de reponer el procedimiento, resulta innecesario el an�lisis del concepto de violaci�n relativo a la falta de motivaci�n y fundamentaci�n de la sentencia impugnada y la inconformidad del quejoso con la valoraci�n de pruebas. As�, en funci�n de las razones aducidas, este �rgano jurisdiccional llega a la convicci�n de que en la especie se han acreditado las violaciones explicadas antes, por lo que las consideraciones previas son suficientes para definir el presente fallo en el siguiente sentido: que la responsable deje sin efectos el acto reclamado; que reponga el procedimiento a fin de que cite al quejoso, al demandado, al comisariado ejidal de Atlacomulco y sus barrios y a los dos colindantes Od�n M. y T.R. con la finalidad de establecer la forma y el car�cter como inici� la posesi�n del quejoso; que de ser necesario recabe mayores elementos con esa misma finalidad; y que emita una nueva resoluci�n, debidamente fundada y motivada, en el que valore adecuadamente todos los elementos a fin de determinar si en el caso planteado por el quejoso se actualiza la hip�tesis establecida en el art�culo 48 de la Ley Agraria."

Para mejor comprensi�n de lo anterior, conviene relatar brevemente sus antecedentes.

? Ante el Tribunal Unitario Agrario del Distrito Nueve, el actor solicit� la prescripci�n de derechos a t�tulo de ejidatario, de una determinada parcela ejidal respecto de la que ejerce la posesi�n.

? El demandado se allan� a las pretensiones del actor, se�alando que �l mismo le transmiti� la parcela, porque no pod�a tenerla en posesi�n ni trabajarla.

? El comisariado ejidal expres� su conformidad con la pretensi�n del actor, y los colindantes manifestaron que �ste ten�a la posesi�n de la parcela en forma pac�fica.

? El Tribunal Unitario Agrario determin� que el quejoso no prob� su pretensi�n, ya que la parcela en cuesti�n le fue transmitida mediante enajenaci�n, de forma que no se configura la hip�tesis del art�culo 48 de la Ley Agraria, en cuanto a que la posesi�n debe ser en concepto de titular de derechos de ejidatario, considerando que -en raz�n de la enajenaci�n- la posesi�n del actor es derivada y no originaria.

En contra de lo anterior, el quejoso interpuso demanda de amparo directo, y el Tribunal Colegiado resolvi� -en lo que interesa- en los siguientes t�rminos.

Destac� que el �nico aspecto en controversia consist�a en determinar un hecho relativo a si el quejoso tiene la posesi�n en concepto de titular de derechos de ejidatario.

? Determin� que la causa generadora de la posesi�n es la situaci�n, motivo o hecho jur�dico que origin� la posesi�n, lo que puede abarcar una gran cantidad de posibilidades, desde aquella que se funda en la convicci�n de la existencia de un acto traslativo de derechos, hasta creencias que asumen que un bien inmueble se halla vacante y que por ello es l�cita su apropiaci�n, y resulta irrelevante si la creencia o convicci�n es o no fundada, pues su �nico sentido es conocer las condiciones por las que alguien entr� a poseer, porque la causa facti es un hecho y no un derecho, y el afirmar lo contrario llevar�a a confundir un hecho generador del derecho con su efecto, ya que la posesi�n puede engendrar consecuencias jur�dicas, pero tambi�n la manifestaci�n de determinadas situaciones jur�dicas.

? La figura de la prescripci�n adquisitiva parte de que la posesi�n no es inherente a la propiedad pero que, precisamente a trav�s del tiempo puede llegar a serlo, de forma que para ello se protege a la posesi�n que se gener� en una causa que permita ubicarla como posesi�n originaria, a diferencia de la posesi�n derivada, y la distinci�n entre ellas radica en el llamado animus domini o "�nimo de due�o"; por ello la causa facti reviste gran relevancia, ya que a trav�s de ella se puede determinar si el que posee lo hace como titular de derechos, requisito insalvable para la procedencia de la prescripci�n adquisitiva, la que no se actualiza cuando se posee en nombre de otro.

? Adem�s, la causa generadora de la posesi�n es relevante porque las condiciones para obtener la prescripci�n positiva resultan m�s favorables cuando se trata del poseedor de buena fe.

? En los t�rminos expuestos, para que proceda la prescripci�n positiva, establecida en el art�culo 48 de la Ley Agraria, no es necesario t�tulo traslativo de dominio y basta con que el interesado acredite el origen de su posesi�n (causa generadora), siempre que exista el �nimo de conducirse como titular de derechos de ejidatario.

? El Tribunal Colegiado concluye que en el juicio agrario no se recabaron elementos que permitieran acreditar si el quejoso ten�a el animus domini -la posesi�n en calidad de titular de derechos de ejidatario- o si es un caso de posesi�n del alieno nomine possidere, pues el tribunal agrario se limit� a asumir que la "transmisi�n" fue producto de una "enajenaci�n", y que por ello se trata de posesi�n derivada, la que no es compatible con la figura jur�dica en an�lisis.

? En raz�n de lo anterior, al considerar el Tribunal Federal que en el caso se actualiz� una violaci�n procedimental que trascendi� al fallo, concedi� el amparo para el efecto de que se repusiera el procedimiento, a fin de que se recabaran los medios probatorios que fueran necesarios para acreditar el �nimo con el que se ejerci� la posesi�n.

El Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Sexto Circuito, al resolver el amparo directo 255/2002, en la parte que interesa sostuvo lo que a continuaci�n se transcribe.

"Ahora bien, como los promoventes del amparo debaten en sus conceptos de violaci�n la improcedencia que la Magistrada advirti� de la acci�n de usucapi�n, para una mejor comprensi�n del asunto, debe acudirse a los principios que rigen la prescripci�n adquisitiva en materia agraria. El primer p�rrafo del art�culo 48 de la Ley Agraria vigente precept�a al respecto (se transcribe). En tanto que los art�culos 790, 791, 798, 806, 807 y 826 del C�digo Civil Federal, de aplicaci�n supletoria a la Ley Agraria, por mandamiento de su art�culo 2o., se�alan (se transcriben). Al tenor de ese marco legal, para que opere la prescripci�n positiva es indispensable la satisfacci�n de ciertos presupuestos b�sicos, a saber: A. Que se posean las tierras en concepto de titular de derechos de ejidatario; B. Que la posesi�n sea respecto de tierras ejidales, siempre y cuando no se trate de aquellas destinadas al asentamiento humano ni de bosques o selvas; y, C. Que esa posesi�n sea de manera pac�fica, continua y p�blica durante un periodo de cinco a�os si es de buena fe, o de diez si es de mala fe. As�, en congruencia con tales condiciones legales, no toda posesi�n es apta para prescribir, pues para que prospere la manifestaci�n de que se adquiri� la posesi�n y se disfruta en concepto o con el car�cter de propietario, es menester revelar la causa generadora de la misma, para que el juzgador est� en condiciones de determinar si la posesi�n es en concepto de propietario, originaria o derivada, de buena o mala fe y a partir de qu� momento se contar� el plazo para usucapir. En esa medida, no tiene la posesi�n originaria quien posee a nombre de otro, o sea, por alguno de los conceptos que por su definici�n y naturaleza, excluyen el �nimo de poseer para s� y, por consecuencia, ?en concepto de propietario?. Luego, el art�culo 48 de la Ley Agraria establece que la posesi�n necesaria para prescribir debe ser en concepto de titular de derechos de ejidatario, y ese precepto debe relacionarse inmediatamente con el art�culo 806 del C�digo Civil Federal, seg�n el cual, se precisa de t�tulo suficiente para entrar a poseer. Bajo estas condiciones, la imprescindible conexi�n que se actualiza entre los requisitos internos y los elementos formales de la prescripci�n adquisitiva, se pone de manifiesto con s�lo advertir la equivalencia que en cierto modo admite el t�rmino ?en concepto de titular de derechos de ejidatario?, que emplea el art�culo 48 de la Ley Agraria, y la diversa noci�n ?a t�tulo de due�o?. As�, si bien la Ley Agraria exige que la posesi�n sea en ?concepto?, tal expresi�n s�lo puede significar que se posea la cosa a t�tulo de due�o, lo que quiere decir, en su acepci�n directa ?causa o motivo?. El legislador alude, por tanto, a la ?causa? de la posesi�n, cuando enuncia la f�rmula ?en concepto de titular de derechos de ejidatario?, y contempla un t�tulo exento de precariedad. Por consiguiente, se reitera, el poseedor derivado, el precarista o el mero detentador, es evidente que no poseen en concepto de propietario y para ellos la usucapi�n no se realiza nunca, cualquiera que sea el lapso que dure la posesi�n. Lo anterior se confirma con lo dispuesto por el art�culo 826 del C�digo Civil Federal, piedra angular del r�gimen de la prescripci�n adquisitiva, el cual contiene una regla que no acepta diversidad de interpretaciones: ?S�lo la posesi�n que se adquiere y disfruta en concepto de due�o de la cosa pose�da, puede producir la prescripci�n.?. De esta suerte, conviene subrayar que el art�culo 48 de la Ley Agraria no exige un ?justo t�tulo? o ?t�tulo objetivamente v�lido? para usucapir, toda vez que en el derecho agrario �nicamente se prev� que la posesi�n necesaria para prescribir debe ser en concepto de titular de derechos y, por lo mismo, la legislaci�n agraria adopta un sistema objetivo sobre la materia de la posesi�n, pero si bien no demanda la existencia del justo t�tulo, s� es necesario que el interesado pruebe el origen de la posesi�n, no como acto traslativo de dominio, sino como hecho jur�dico que produce consecuencias de derecho, para conocer la fecha cierta a partir de la cual ha de computarse el t�rmino legal de la prescripci�n, pero a condici�n de que el poseedor se comporte como propietario, esto es, que se conduzca ostensiblemente y de manera objetiva, susceptible de apreciarse por los sentidos, mediante actos que revelen que el poseedor es el dominador de la cosa, el se�or de ella, el que manda en la misma, como due�o en sentido econ�mico, para hacer suya la cosa desde el punto de vista de los hechos. Al margen de lo apuntado, de llegar a exigirse el ?justo t�tulo?, tal situaci�n tornar�a en impracticable o carente de utilidad la figura de la usucapi�n, en raz�n de que es absurdo pedir la exhibici�n de un t�tulo perfecto para que la posesi�n sea apta para prescribir, pues de contarse con �l, no s�lo resultar�a innecesario sino que ser�a improcedente recurrir a la prescripci�n para consolidar el dominio, al partirse de la base, en esta hip�tesis, de que la propiedad se ha obtenido v�lidamente, conforme a derecho y, en consecuencia, ya no se requiere poseer durante cierto tiempo para adquirir el dominio que en virtud del t�tulo se ha transmitido legalmente. En esta perspectiva, la instituci�n de la prescripci�n, como medio de adquisici�n de dominio, tiene, por lo general, como presupuesto la inercia del aut�ntico propietario del bien, que lo deja, por descuido, en manos de otro poseedor, situaci�n a la que corresponde y acompa�a, como elemento predominante la actividad de este �ltimo que se manifiesta en el ejercicio de la posesi�n que el propietario original distrajo. Por ende, al aludir la Ley Agraria al t�rmino de ?titular de derechos de ejidatario?, emplea una denominaci�n que comprende al poseedor que tiene en su fuero interno la creencia, suficientemente fundada, de que puede adquirir el dominio, aunque en realidad el hecho jur�dico que origine esa creencia no sea bastante para la adquisici�n, creencia que adem�s debe ser seria y descansar en un error insuperable de la persona; adem�s contempla al poseedor sin t�tulo, pero con �nimo de dominio, siempre y cuando est� demostrado, tanto que dicho poseedor es el dominador de la cosa (el que manda en ella y la disfruta para s�, como due�o en sentido econ�mico), como que empez� a poseerla en virtud de una causa diversa a la que origina la posesi�n derivada. En suma, por regla general, la posesi�n apta para prescribir es aquella que se detenta con el car�cter de titular de derechos ejidales, de ah� que no sea suficiente que se acredite que la posesi�n se ha tenido por m�s de cinco a�os o de diez, ya fuera de buena o de mala fe, de manera p�blica, pac�fica y continua, porque si no se hizo con aquel car�cter, no opera la prescripci�n a que se refiere el art�culo 48 de la Ley Agraria."

De lo anterior deriv� la tesis aislada VI.3o.A.117 A, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.X., enero de 2003, p�gina 1887, del tenor siguiente:

"USUCAPI�N EN MATERIA AGRARIA. PARA SU PROCEDENCIA NO SE REQUIERE DE ?JUSTO T�TULO?. El art�culo 48 de la Ley Agraria no exige un ?justo t�tulo? o ?t�tulo objetivamente v�lido? para usucapir, toda vez que en el derecho agrario �nicamente se prev� que la posesi�n necesaria para prescribir debe ser en concepto de titular de derechos. Por lo mismo, la legislaci�n agraria adopta un sistema objetivo sobre la materia de la posesi�n, pero si bien no demanda la existencia del justo t�tulo, s� es necesario que el interesado pruebe el origen de la posesi�n, no como acto traslativo de dominio, sino como hecho jur�dico que produce consecuencias de derecho, para conocer la fecha cierta a partir de la cual ha de computarse el t�rmino legal de la prescripci�n, pero a condici�n de que el poseedor se comporte como propietario, esto es, que se conduzca ostensiblemente y de manera objetiva, susceptible de apreciarse por los sentidos, mediante actos que revelen que el poseedor es el dominador de la cosa, el se�or de ella, el que manda en la misma, como due�o en sentido econ�mico, para hacer suya la cosa desde el punto de vista de los hechos. Al margen de lo anterior, de llegar a exigirse el ?justo t�tulo?, tal situaci�n tornar�a en impracticable o carente de utilidad la figura de la usucapi�n, en raz�n de que es absurdo pedir la exhibici�n de un t�tulo perfecto para que la posesi�n sea apta para prescribir, pues de contarse con �l, no s�lo resultar�a innecesario, sino que ser�a improcedente recurrir a la prescripci�n para consolidar el dominio, al partirse de la base, en esta hip�tesis, de que la propiedad se ha obtenido v�lidamente conforme a derecho y, en consecuencia, ya no se requiere poseer durante cierto tiempo para adquirir el dominio que por virtud del t�tulo se ha transmitido legalmente."

En el asunto del que deriv� la tesis transcrita tuvo los antecedentes que a continuaci�n se relatan.

  1. La controversia agraria vers� sobre el mejor derecho a poseer determinadas parcelas ejidales (acci�n ejercida por V�ctor Q.G.�rrez) y sobre la reconvenci�n (hecha valer por J.�n y S.Q.G.�rrez), en la que se reclam� la prescripci�n adquisitiva de las superficies en controversia.

    Por cuesti�n de m�todo se analiz� primeramente la acci�n de reconvenci�n, y se resolvi� en el sentido de que en el caso no se actualiza la usucapi�n en raz�n de que los reconvencionistas, si bien acreditaron la posesi�n de las parcelas, tal posesi�n no se ejerci� en concepto de titulares de derechos agrarios sino en calidad de arrendatarios -como ellos mismos lo manifestaron- de forma que su posesi�n fue derivada por lo que, en consecuencia, resulta insuficiente la detentaci�n y explotaci�n que mantuvieron respecto de las parcelas en litigio, aun colmando los plazos legales establecidos, de manera pac�fica, p�blica, continua de buena o mala fe, toda vez que no lo hicieron con el car�cter exigido por el art�culo 48 de la Ley Agraria.

  2. Los reconvencionistas en el juicio agrario, J.�n y S.Q.G.�rrez, interpusieron amparo directo en contra de la sentencia del Tribunal Unitario Agrario del T.�simo Tercer Distrito en el Estado de Tlaxcala, se�alando como tercero perjudicado a V�ctor Q.G.�rrez.

  3. Para resolver el asunto el Tribunal Colegiado se bas� en las siguientes consideraciones:

    ? Realiz� un an�lisis de la figura jur�dica de la prescripci�n adquisitiva a la luz del derecho civil, supletorio del derecho agrario, para llegar a la conclusi�n de que no toda posesi�n es apta para prescribir, pues para que prospere la manifestaci�n de que se adquiri� la posesi�n y se disfruta en concepto o con el car�cter de propietario es menester revelar la causa generadora de dicha posesi�n, a efecto de que el juzgador est� en condiciones de determinar si se ejerce en concepto de propietario; si es originaria o derivada, de buena o mala fe, y a partir de qu� momento se contar� el plazo para usucapir.

    Por otro lado, sostiene el Tribunal Colegiado que el mencionado art�culo 48 de la Ley Agraria no exige un "justo t�tulo" o "t�tulo objetivamente v�lido" para la operancia de la prescripci�n adquisitiva, sino que �nicamente establece que para que ello pueda ocurrir, la posesi�n debe ejercerse en concepto de titular de derechos, adoptando un sistema objetivo sobre la materia de la posesi�n, sin que se demande la existencia del justo t�tulo, aunque s� resulta necesario que el interesado pruebe el origen de la posesi�n, no como acto traslativo de dominio sino como hecho jur�dico que produce consecuencias de derecho, a efectos de conocer la fecha cierta a partir de la cual ha de computarse el t�rmino legal de la prescripci�n, siempre y cuando el poseedor se comporte como propietario, esto es, que se conduzca ostensiblemente y de manera objetiva, susceptible de apreciarse por los sentidos, mediante actos que revelen que el poseedor es el dominador de la cosa, el se�or de ella, el que manda en ella como due�o en sentido econ�mico, para hacerla suya desde el punto de vista de los hechos.

    ? Al margen de lo apuntado, sostiene el Tribunal Colegiado de referencia que de llegar a exigirse el "justo t�tulo", tal situaci�n tornar�a en impracticable o carente de utilidad la figura de la usucapi�n, en raz�n de que es absurdo pedir la exhibici�n de un t�tulo perfecto para que la posesi�n sea apta para prescribir, pues de contarse con �l, no s�lo resultar�a innecesario sino que ser�a improcedente recurrir a la prescripci�n para consolidar el dominio, al partirse de la base -en esta hip�tesis- de que la propiedad se ha obtenido v�lidamente conforme a derecho y, en consecuencia, ya no se requiere poseer durante cierto tiempo para adquirir el dominio que en virtud del t�tulo se ha transmitido legalmente.

    En raz�n de lo expuesto, el tribunal de referencia determin� que si la causa generadora de la posesi�n que se narr� en la contestaci�n de la demanda y en la reconvenci�n, conlleva �nicamente una posesi�n derivada en tanto que se ejerce en calidad de arrendatarios, deviene inconcuso que la posesi�n que detentaron los quejosos respecto de las parcelas ejidales en litigio no puede producir las consecuencias jur�dicas que pretenden, pues la causa generadora no los legitima para comportarse ostensible y objetivamente como titulares de derechos ejidales, de forma que no es posible que prospere la acci�n reconvencional, en tanto que la usucapi�n se encuentra reservada a aquellos sujetos cuya posesi�n de tierras ejidales sea de naturaleza originaria, y no para los que las detentan de manera precaria o derivada.

    Por su parte, el Segundo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Sexto Circuito, al resolver el amparo directo agrario 32/2000, sostuvo, en la parte que interesa, las siguientes consideraciones.

    Es fundado y suficiente para conceder el amparo y protecci�n de la Justicia Federal, el concepto de violaci�n que se traduce en que la sentencia impugnada es ilegal, en virtud de que la aqu� tercera perjudicada R.P.T. no acredit� su ?justo t�tulo? o causa legal para poseer las parcelas controvertidas, porque la documentaci�n relativa que ampara la titularidad de las mismas (certificado parcelario) se encuentra a favor del peticionario. ... Ahora bien, este tribunal estima fundado y suficiente para conceder el amparo y protecci�n de laJusticia Federal, el concepto de violaci�n identificado con el n�mero dos en esta sentencia, en cuanto aduce que la aqu� tercera perjudicada R.P.T. no acredit� su ?justo t�tulo? o causa legal para poseer las parcelas controvertidas. En principio, es oportuno precisar que el art�culo 48 de la Ley Agraria, en lo relativo, dispone: (se transcribe). De lo anterior se desprende que para que opere la figura de la prescripci�n positiva, es necesario que sean legalmente demostrados los requisitos siguientes: a) Que se ejerza por quien haya pose�do las tierras ejidales en concepto de titular de derechos de ejidatario; b) Que dichas tierras no sean las destinadas a asentamientos humanos ni se traten de bosques o selvas, y c) Que esa posesi�n sea de manera pac�fica, continua y p�blica durante un periodo de cinco a�os si es de buena fe, o de diez si fuere de mala fe. Respecto de la posesi�n a que se alude en el inciso a), cabe destacar que aun cuando no se exija el ?justo t�tulo? como elemento de la prescripci�n, ello no significa que toda posesi�n sea apta para prescribir, ya que es evidente que para que prospere la manifestaci�n del actor en el sentido de que adquiri� la posesi�n en concepto de due�o o de propietario, es menester que se demuestre la causa que le dio ese car�cter, pues s�lo la posesi�n que se adquiere y disfruta en tal concepto puede producir la prescripci�n, seg�n lo ordena el mencionado art�culo 48 de la Ley Agraria, �nicamente su prueba puede permitir diferenciar una posesi�n a t�tulo de propietario de una posesi�n derivada o precaria, de otra suerte se dar�a lugar a que el simple detentador, el arrendatario o depositario, a su capricho, pudieran constituirse en poseedores en nombre propio, cambiando su verdadera condici�n de poseedores precarios, para pretender luego de cierto tiempo, haber adquirido por prescripci�n, con la sola indicaci�n de que siempre han pose�do en concepto de due�os o de propietarios, lo cual es jur�dicamente inaceptable. De igual forma, es importante se�alar que si bien es verdad que el ?justo t�tulo? para el ejercicio de la acci�n prescriptiva, debe significar que ?causa generadora de su posesi�n? puede ser todo acto jur�dico, verbal o escrito, que produzca consecuencias de derecho y que legitime al poseedor para comportarse ostensible y objetivamente como propietario, mediante la realizaci�n de actos que revelen su dominio o mandato sobre el inmueble para hacerlo suyo, sin importar que ese acto no se hubiere hecho constar en documento alguno, no menos cierto es que es insuficiente que el poseedor se considere subjetivamente, como propietario y afirme tener ese car�cter, puesto que, se reitera, es necesaria la prueba objetiva del origen de su posesi�n, como ser�a la existencia de determinado acto traslativo de dominio, para que el juzgador est� en aptitud de establecer si la posesi�n es en concepto de propietario, originaria o derivada, de buena o mala fe y a partir de qu� momento debe contarse el plazo para usucapir. Condiciones todas �stas que no es posible desprender de las constancias que obran en autos, cuenta habida que si bien de ellas se est� en aptitud de estimar que R.P.�rez Tlatelpa posey� las parcelas denominadas ?El Potrero? y ?El Temporal?, ubicadas en el Ejido de Santa Ana Coatepec, Municipio de Huaquechula, Puebla, de manera pac�fica, p�blica y continua, con el dicho de los testigos aportados al juicio de origen tanto por la referida actora como por el demandado (ahora quejoso), no pasa inadvertido a este cuerpo colegiado, que la actora incumpli� con el requisito presupuestal de su acci�n, consistente en revelar la causa de su posesi�n, puesto que en su escrito inicial de demanda s�lo indica que ?... en virtud del fallecimiento de Hip�lita T.S., de quien me hice cargo hasta su muerte, ya que ninguna persona reclam� sus derechos, es por lo que a partir del veintisiete de enero de mil novecientos ochenta y siete, hasta la fecha tengo la posesi�n real y material en calidad de ejidatario de las parcelas denominadas ?El Potrero? y ?El Temporal?, y adem�s, que dicha posesi�n ha sido a nombre propio, en forma pac�fica, ya que no ha existido violencia ni tampoco he sido molestada en mi posesi�n por ejidatario, autoridad ejidal, autoridad administrativa y/o judicial, posesi�n que tambi�n ha sido en forma continua, ya que ha sido ininterrumpida desde que la adquir� hasta la fecha, por haberla cultivado todos los ciclos agr�colas; ha sido p�blica porque durante varios ciclos agr�colas he sembrado ambas parcelas, se dan cuenta y es a la vista de los colindantes de �stas, as� como los ejidatarios la tienen en concepto de titular de derechos de ejidatario?, pero en forma alguna se aprecia que la posesi�n que detenta desde el veintisiete de enero de mil novecientos ochenta y siete, se efectuara en calidad de due�o con t�tulo objetivo o subjetivamente v�lido, o aun sin t�tulo, siempre y cuando demostrara que su posesi�n inici� en virtud de una causa diversa a la que origina la posesi�n derivada (simple detentaci�n) y que se puede adquirir de igual modo (siempre que act�e de buena fe) de quien no es propietario si es consecuencia de cualquier acto traslativo de dominio, como son la venta, la donaci�n, la permuta, el legado, la adjudicaci�n por remate, la daci�n en pago, etc�tera, pues nunca podr�n prescribir los bienes que se poseen a nombre ajeno, en calidad de arrendatario, depositario, comodatario o usufructuario, entre otros, porque �stos poseen la cosa en virtud de un acto que los obliga a restituirla a aquel de quien la recibieron, ya que el t�tulo como causa generadora de la posesi�n, cumple la funci�n de poner de manifiesto que la posesi�n no se disfruta en forma derivada, sino en concepto de propietario. En las relatadas consideraciones, lo procedente es conceder el amparo y protecci�n de la Justicia Federal solicitado, para el efecto de que el Tribunal Unitario Agrario del Distrito Cuarenta y Siete, con sede en esta ciudad, deje insubsistente la sentencia reclamada y en su lugar dicte otra en la que, tomando en consideraci�n lo aqu� resuelto, declare que R.P.T. no acredit� la causa legal generadora de la posesi�n de las parcelas en conflicto, y resuelva, en consecuencia, conforme a derecho proceda.

    El anterior criterio que fue recogido en la tesis VI.2o.A.27 A, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, Tomo XIV, octubre de 2001, p�gina 1163, de rubro y texto siguientes:

    "PRESCRIPCI�N POSITIVA. LA ACCI�N ES IMPROCEDENTE CUANDO NO SE DEMUESTRA LA CAUSA GENERADORA DE LA POSESI�N (LEGISLACI�N AGRARIA VIGENTE). Una recta interpretaci�n de la obligaci�n impuesta en el art�culo 48 de la Ley Agraria vigente, permite establecer, para que opere la prescripci�n positiva, ciertos presupuestos b�sicos, consistentes en: a) Que se posean las tierras en concepto de titular de derechos de ejidatario; b) Que la posesi�n sea respecto de tierras ejidales, siempre y cuando no se trate de aquellas destinadas al asentamiento humano ni de bosques o selvas; y c) Que esa posesi�n debe ser de manera pac�fica, continua y p�blica durante un periodo de cinco a�os si es de buena fe, o de diez si es de mala fe. Sin embargo, aun cuando tal precepto legal no exija el ?justo t�tulo? como elemento de la prescripci�n, ello no significa que toda posesi�n es apta para prescribir, pues para que prospere la manifestaci�n de que se adquiri� la posesi�n y se disfruta en concepto o con el car�cter de propietario, es menester demostrar la causa generadora de la misma (como ser�a, por ejemplo, cualquier acto traslativo de dominio), para que el juzgador est� en condiciones de determinar si la posesi�n es en concepto de propietario, originaria o derivada, de buena o mala fe y a partir de qu� momento se contar� el plazo para usucapir; por lo que si el demandante no revela, ni acredita, la forma en que entr� a poseer, resulta evidente, adem�s de que s�lo se considerar�a subjetivamente como propietario, que la acci�n prescriptiva es improcedente."

    Los antecedentes del asunto en el que el Tribunal Colegiado sostuvo el criterio de referencia son, en s�ntesis, los siguientes:

  4. R.P.T., promovi� juicio agrario tendente a la adquisici�n de derechos agrarios respecto de determinadas parcelas, aduciendo que ejerci� posesi�n sobre ellas, a t�tulo de ejidatario, de manera p�blica, pac�fica, continua y de buena fe, por m�s de cinco a�os, en t�rminos de lo dispuesto en el art�culo 48 de la Ley Agraria.

  5. El asunto fue resuelto en sentencia dictada por el Tribunal Unitario Agrario del Cuadrag�simo S�ptimo Distrito en el Estado de Puebla, en el sentido de que la actora s� acredit� los hechos constitutivos de su pretensi�n, en t�rminos de la norma en cita, por lo que determin� que debe reconocerse a la actora como la leg�tima titular -por v�a de prescripci�n- respecto de las parcelas en litigio, ordenando al delegado estatal del Registro Agrario Nacional, para que procediera a expedir en su favor los certificados parcelarios que correspondieran.

  6. En contra de la anterior resoluci�n, J.P.R., en su car�cter de ejidatario, interpuso demanda de amparo directo, alegando que en el juicio agrario no se analizaron los medios probatorios que obran en el expediente y que acreditan que �l es el leg�timo titular de las parcelas en litigio, aunado a que la tercero perjudicada (R.P.�rez Tlatelpa) no acredit� su "justo t�tulo" para poseer las parcelas controvertidas siendo que se apoder� de ellas sin derecho para hacerlo, pues no le fueron transmitidas a trav�s de alg�n acto jur�dico.

  7. El Tribunal Colegiado resolvi� de la siguiente manera.

    ? Consider� fundado el concepto de violaci�n esgrimido por el quejoso en el sentido de que la sentencia impugnada es ilegal en raz�n de que la tercera perjudicada, R.P.T. no acredit� su "justo t�tulo" o causa legal para poseer las parcelas controvertidas, pues el art�culo 48 de la Ley Agraria establece que para que opere la prescripci�n positiva se requiere que las tierras no sean de las destinadas a asentamientos humanos ni se traten de bosques o selvas, y que la posesi�n sea de manera pac�fica, continua y p�blica, durante el periodo de cinco a�os si es de buena fe, o de diez, si fuera de mala fe, precisando que aun cuando la disposici�n no exija el justo t�tulo, como elemento de la prescripci�n, ello no significa que toda posesi�n sea apta para prescribir ya que es evidente que para que prospere la manifestaci�n del actor en el sentido de que adquiri� la posesi�n en concepto de due�o, es menester que demuestre la causa que le dio ese car�cter, pues s�lo as� puede demostrarse la posesi�n a t�tulo de propietario y que no se es un simple detentador.

    ? Destaca el tribunal que el "justo t�tulo" para el ejercicio de la acci�n prescriptiva debe significar que la "causa generadora de su posesi�n" puede ser todo acto jur�dico, verbal o escrito que produzca consecuencias de derecho y que legitima al poseedor para comportarse objetiva y ostensiblemente como due�o, siendo insuficiente que el poseedor se considere subjetivamente como propietario y afirme tener ese car�cter, puesto que es necesaria la prueba objetiva de su posesi�n.

QUINTO

Existe contradicci�n entre los criterios sustentados por el Segundo y Tercero Tribunales Colegiados, ambos en Materia Administrativa del Sexto Circuito y por el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Segundo Circuito, pues al resolver los negocios jur�dicos que les fueron planteados examinaron cuestiones esencialmente iguales, como lo fue la figura de la prescripci�n en materia agraria, analizada a la luz del art�culo 48 de la Ley Agraria y de la legislaci�n civil, aplicable supletoriamente, y adoptaron criterios divergentes en lo que se refiere a los requisitos que condicionan la operancia de tal figura, as� como respecto de la naturaleza de estos mismos requisitos.

Debe destacarse que los fallos que conforman la materia de la contradicci�n de tesis provinieron del examen de los mismos elementos, ya que los �rganos colegiados emitieron sus conclusiones a partir del examen de sentencias dictadas por tribunales agrarios, en los que se resolvieron asuntos en los que se analiz� la prescripci�n adquisitiva de derechos sobre parcelas ejidales determinadas, a la luz del art�culo 48 de la Ley Agraria y del contexto jur�dico aplicable en materia civil, y adoptaron criterios encontrados.

En efecto, el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa en el Segundo Circuito, sostiene que, de acuerdo con lo establecido en el art�culo 48 de la Ley Agraria, para que opere la prescripci�n positiva respecto de la titularidad de derechos agrarios el interesado debe acreditar la causa generadora de la posesi�n, lo que constituye un supuesto de hecho que puede o no ser fundado, a efecto de saber si se posee como titular de derechos de ejidatario -requisito insalvable para adquirir por prescripci�n-, y si la posesi�n es de buena o de mala fe, lo que es relevante pues en el primer caso las condiciones para obtener la prescripci�n adquisitiva son m�s favorables.

Por su lado, el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Sexto Circuito, al examinar el art�culo 48 de la Ley Agraria, sostiene que tal precepto no exige "justo t�tulo" para adquirir por prescripci�n, pues �nicamente prev� que la posesi�n debe ser en concepto de titular de derechos y que se acredite el origen de la posesi�n, no como acto traslativo de dominio sino como hecho jur�dico que produce consecuencias de derecho, adem�s de que permite conocer la fecha cierta a partir de la que debe computarse el t�rmino respectivo.

Por �ltimo, el Segundo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Sexto Circuito, determina que, en t�rminos del art�culo 48 de la Ley Agraria, el "justo t�tulo" constituye la �nica causa generadora de la posesi�n apta para prescribir, y puede ser todo acto jur�dico, verbal o escrito, que produzca consecuencias de derecho y que legitime al poseedor para comportarse ostensible y objetivamente como titular de derechos, como lo ser�a un acto traslativo de dominio.

Lo anterior evidencia la contradicci�n de tesis, espec�ficamente en lo referente a la causa generadora de la posesi�n y a la "justa causa" para poseer, como requisitos para la operancia de la prescripci�n adquisitiva, pues mientras por un lado el Primer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Segundo Circuito y el Tercer Tribunal Colegiado en la misma materia en el Sexto Circuito, sostienen que la causa generadora es un supuesto f�ctico que puede ser justo t�tulo o no, y que debe demostrarse para conocer el �nimo con el que se ejerce la posesi�n, y si �sta es originaria o derivada, as� como la fecha a partir de la cual debe computarse el t�rmino para la prescripci�n, por el otro, el Segundo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Sexto Circuito sostiene que esa causa generadora forzosamente debe consistir en un acto jur�dico del que derive un "justo t�tulo" que legitime para poseer.

En raz�n de lo anterior, se concluye que existe la contradicci�n de tesis denunciada y que su materia consistir� en determinar si en t�rminos del art�culo 48 de la Ley Agraria y de la legislaci�n civil, aplicable de manera supletoria, para que proceda la prescripci�n adquisitiva de derechos ejidales se requiere que el origen de la posesi�n derive de un acto jur�dico consistente en un "justo t�tulo" que otorgue legitimidad para poseer, o si es suficiente con acreditar la causa generadora de la posesi�n como un hecho jur�dico que puede o no ser apegado a derecho, pero que produce la actualizaci�n de la prescripci�n adquisitiva a favor del poseedor, siempre y cuando la posesi�n se haya ejercido con la calidad de titular de derechos ejidales (cumpliendo tambi�n con los dem�s requisitos y por el periodo de tiempo que establece la norma en cita, tema respecto del que no existe controversia).

Precisada la materia de la contradicci�n, esta Sala procede a determinar cu�l ser� el criterio que deber� prevalecer.

SEXTO

Debe prevalecer, con car�cter de jurisprudencia, el criterio que sustenta esta Segunda Sala, el que sustancialmente coincide con el asumido por los Tribunales Primero en Materia Administrativa del Segundo Circuito y Tercero en la misma materia, en el Sexto Circuito.

En raz�n de que los puntos contradictorios se refieren al tema de la prescripci�n adquisitiva y de que �sta encuentra su primaria regulaci�n en �mbito del derecho civil, adem�s de que esta legislaci�n es aplicable a la materia agraria en forma supletoria, de acuerdo con el art�culo 2o. de la ley de la materia, conviene hacer referencia a tal regulaci�n civilista, sin perder de vista que la contradicci�n de criterios deber� resolverse a la luz del r�gimen jur�dico agrario, en coherencia con las disposiciones de la Norma Fundamental tendentes a regular la propiedad de dichas tierras en forma condicionada, con el objeto de no desatender los fines sociales, constitucionalmente perseguidos.

En materia de prescripci�n y en lo que interesa, el C�digo Civil Federal establece lo siguiente:

"Art�culo 1135. Prescripci�n es un medio de adquirir bienes o de librarse de obligaciones, mediante el transcurso de cierto tiempo y bajo las condiciones establecidas por la ley."

"Art�culo 1136. La adquisici�n de bienes en virtud de la posesi�n, se llama prescripci�n positiva; la liberaci�n de obligaciones, por no exigirse su cumplimiento, se llama prescripci�n negativa."

"Art�culo 1137. S�lo pueden prescribirse los bienes y obligaciones que est�n en el comercio, salvo las excepciones establecidas por la ley."

"Art�culo 1138. Pueden adquirir por prescripci�n positiva todos los que son capaces de adquirir por cualquier otro t�tulo; los menores y dem�s incapacitados pueden hacerlo por medio de sus leg�timos representantes."

"Art�culo 1139. Para los efectos de los art�culos 826 y 827 se dice legalmente cambiada la causa de la posesi�n, cuando el poseedor que no pose�a a t�tulo de due�o comienza a poseer con este car�cter, y en tal caso la prescripci�n no corre sino desde el d�a en que se haya cambiado la causa de la posesi�n."

"Art�culo 1140. La prescripci�n negativa aprovecha a todos, aun a los que por s� mismos no pueden obligarse."

"Art�culo 1141. Las personas con capacidad para enajenar pueden renunciar la prescripci�n ganada, pero no el derecho de prescribir para lo sucesivo."

"Art�culo 1142. La renuncia de la prescripci�n es expresa o t�cita, siendo esta �ltima la que resulta de un hecho que importa el abandono del derecho adquirido."

"Art�culo 1151. La posesi�n necesaria para prescribir debe ser:

"I. En concepto de propietario;

"II. Pac�fica;

"III. Continua;

"IV. P�blica."

"Art�culo 1152. Los bienes inmuebles se prescriben:

"I. En cinco a�os, cuando se poseen en concepto de propietario, con buena fe, pac�fica, continua y p�blicamente;

"II. En cinco a�os, cuando los inmuebles hayan sido objeto de una inscripci�n de posesi�n;

"III. En diez a�os, cuando se poseen de mala fe, si la posesi�n es en concepto de propietario, pac�fica, continua y p�blica;

"IV. Se aumentar� en una tercera parte el tiempo se�alado en las fracciones I y III, si se demuestra, por quien tenga inter�s jur�dico en ello, que el poseedor de finca r�stica no la ha cultivado durante la mayor parte del tiempo que la ha pose�do, o que por no haber hecho el poseedor de finca urbana las reparaciones necesarias, �sta ha permanecido deshabitada la mayor parte del tiempo que ha estado en poder de aqu�l."

"Art�culo 1153. Los bienes muebles se prescriben en tres a�os cuando son pose�dos con buena fe, pac�fica y continuamente. Faltando la buena fe, se prescribir�n en cinco a�os."

"Art�culo 1154. Cuando la posesi�n se adquiere por medio de violencia, aunque �sta cese y la posesi�ncontin�e pac�ficamente, el plazo para la prescripci�n ser� de diez a�os para los inmuebles y de cinco para los muebles, contados desde que cese la violencia."

"Art�culo 1155. La posesi�n adquirida por medio de un delito, se tendr� en cuenta para la prescripci�n, a partir de la fecha en que haya quedado extinguida la pena o prescrita la acci�n penal, consider�ndose la posesi�n como de mala fe."

"Art�culo 1156. El que hubiere pose�do bienes inmuebles por el tiempo y con las condiciones exigidas por este c�digo para adquirirlos por prescripci�n, puede promover juicio contra el que aparezca como propietario de esos bienes en el Registro P�blico, a fin de que se declare que la prescripci�n se ha consumado y que ha adquirido, por ende, la propiedad."

"Art�culo 1157. La sentencia ejecutoria que declare procedente la acci�n de prescripci�n, se inscribir� en el Registro P�blico y servir� de t�tulo de propiedad al poseedor."

"Art�culo 1158. La prescripci�n negativa se verifica por el s�lo transcurso del tiempo fijado por la ley."

"Art�culo 1159. Fuera de los casos de excepci�n, se necesita el lapso de diez a�os, contado desde que una obligaci�n pudo exigirse, para que se extinga el derecho de pedir su cumplimiento."

Lo anterior revela que la llamada usucapi�n -t�rmino que tiene su origen en el derecho romano y que es utilizado por los tribunales contendientes- no es otra cosa que la prescripci�n positiva o adquisitiva de la propiedad, que se obtiene a trav�s de una posesi�n calificada, por el t�rmino que determine la ley, de forma que tal figura jur�dica no act�a instant�neamente sino que es el resultado de la permanencia en un estado posesorio, el que con el transcurso del tiempo genera derechos que son regulados y protegidos por la legislaci�n.

As�, al constituir el elemento basal de la prescripci�n, debe destacarse que en materia civil la posesi�n constituye el poder de hecho que se ejerce sobre un bien, para su aprovechamiento total o parcial, y que esa tutela se encuentra protegida a trav�s de distintas disposiciones jur�dicas, proyect�ndose tanto en las relaciones entre particulares como entre los particulares y los poderes p�blicos.

La Constituci�n Federal protege la posesi�n al determinar, en su art�culo 14, segundo p�rrafo, que: "Nadie podr� ser privado de la vida, de la libertad o de sus propiedades, posesiones o derechos ...", sino bajo las condiciones que en dicho precepto se prev�n, exigiendo de los particulares un deber de no afectaci�n, garantizado a trav�s de la obligaci�n positiva de los poderes p�blicos de impedir la afectaci�n injustificada del derecho de posesi�n de otros.

En cuanto a la posesi�n, el C�digo Civil, en los art�culos 790, 791, 798, 806, 807 y 826, establece lo siguiente:

"Art�culo 790. Es poseedor de una cosa el que ejerce sobre ella un poder de hecho, salvo lo dispuesto en el art�culo 793. Posee un derecho el que goza de �l."

"Art�culo 791. Cuando en virtud de un acto jur�dico el propietario entrega a otro una cosa, concedi�ndole el derecho de retenerla temporalmente en su poder en calidad de usufructuario, arrendatario, acreedor pignoraticio, depositario, u otro t�tulo an�logo, los dos son poseedores de la cosa. El que la posee a t�tulo de propietario tiene una posesi�n originaria, el otro, una posesi�n derivada."

"Art�culo 793. Cuando se demuestre que una persona tiene en su poder una cosa en virtud de la situaci�n de dependencia en que se encuentra respecto del propietario de esa cosa, y que la retiene en provecho de �ste, en cumplimiento de las �rdenes e instrucciones que del �l ha recibido, no se le considera poseedor."

"Art�culo 794. S�lo pueden ser objeto de posesi�n las cosas y derechos que sean susceptibles de apropiaci�n."

"Art�culo 798. La posesi�n da al que la tiene, la presunci�n de propietario para todos los efectos legales. El que posee en virtud de un derecho personal, o de un derecho real distinto de la propiedad, no se presume propietario; pero si es poseedor de buena fe tiene a su favor la presunci�n de haber obtenido la posesi�n del due�o de la cosa o derecho pose�do."

"Art�culo 803. Todo poseedor debe ser mantenido o restituido en la posesi�n contra aqu�llos que no tengan mejor derecho para poseer.

"Es mejor la posesi�n que se funda en el t�tulo, y cuando se trata de inmuebles la que est� inscrita. A falta de t�tulo o siendo iguales los t�tulos, la m�s antigua.

"Si las posesiones fueren dudosas, se pondr� en dep�sito la cosa hasta que se resuelva a qui�n pertenece la posesi�n."

"Art�culo 806. Es poseedor de buena fe el que entra en la posesi�n en virtud de un t�tulo suficiente para darle derecho de poseer. Tambi�n es el que ignora los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho.

"Es poseedor de mala fe el que entra a la posesi�n sin t�tulo alguno para poseer; lo mismo que el que conoce los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho.

"E.�ndase por t�tulo la causa generadora de la posesi�n."

"Art�culo 807. La buena fe se presume siempre; al que afirme la mala fe del poseedor le corresponde probarla."

"Art�culo 823. Posesi�n pac�fica es la que se adquiere sin violencia."

"Art�culo 824. Posesi�n continua es la que no se ha interrumpido por alguno de los medios enumerados en el cap�tulo V, t�tulo VII, de este libro."

"Art�culo 825. Posesi�n p�blica es la que se disfruta de manera que pueda ser conocida por todos. Tambi�n lo es la que est� inscrita en el Registro de Propiedad."

Art�culo 826. S�lo la posesi�n que se adquiere y disfruta en concepto de due�o de la cosa pose�da puede producir la prescripci�n.

De lo anterior se desprende que la posesi�n es una situaci�n de hecho que es protegida por el derecho y que tiene diversas consecuencias jur�dicas, entre las cuales est� la de adquirir derechos de propiedad, aun en contra de t�tulo leg�timo.

En efecto, la normatividad civil permite adquirir la propiedad de los bienes a quien los hubiere pose�do por el tiempo y con las condiciones exigidas por la misma norma, pudiendo incluso -en caso de bienes inmuebles- promover juicio contra el que aparezca como propietario de esos bienes en el Registro P�blico, a fin de que se declare que la prescripci�n se ha consumado y que el posesionario ha adquirido la propiedad, procediendo inscribir la sentencia ejecutoria que declare procedente la acci�n de prescripci�n, lo que servir� de t�tulo de propiedad al poseedor.

Debe destacarse, sin embargo, que no toda posesi�n es apta para prescribir, pues para ello se requiere que cumpla con los requisitos que establece la ley, de forma que la falta de cualquiera de ellos ocasiona que la posesi�n resulte in�til para adquirir.

Respecto de lo anterior, debe comenzarse por referir que por disposici�n expresa de los preceptos normativos aplicables, s�lo pueden ser objeto de posesi�n las cosas y los derechos que sean susceptibles de apropiaci�n, y que s�lo pueden prescribir los bienes y obligaciones que est�n en el comercio, salvo las excepciones establecidas por la ley.

De igual forma, s�lo pueden adquirir por prescripci�n positiva todos los sujetos que son capaces de adquirir por cualquier otro t�tulo.

Por otro lado, la posesi�n para ser apta para prescribir, debe ejercerse en forma pac�fica, continua, p�blica y por el tiempo que determina la ley.

As�, a la cualidad de posesi�n pac�fica se opone el vicio de la violencia, que no debe existir en todo el tiempo en que aqu�lla se ejerza; a la de posesi�n continua se opone la interrupci�n, y a la de posesi�n p�blica se contrapone la clandestinidad o posesi�n oculta que es aquella que no se ejerce a la vista de todo el mundo.

En cuanto al tiempo para que opere la prescripci�n, en trat�ndose de bienes inmuebles, la ley establece que la posesi�n deber� ser por cinco a�os, cuando se posea con buena fe, y en diez a�os cuando la posesi�n sea de mala fe, lo que adquiere relevancia pues evidencia que el legislador determin� que la posesi�n de mala fe no es un vicio que impida la prescripci�n sino que tan s�lo es una circunstancia que influye para aumentar el t�rmino para que tal figura opere.

Ahora bien, dice el art�culo 806 del C�digo Civil, que es poseedor de buena fe el que entra en la posesi�n en virtud de un t�tulo suficiente para darle derecho de poseer, y que tambi�n lo es el que ignora los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho.

Resulta aplicable la tesis de la S�ptima �poca, Tercera Sala, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n, Volumen 63, Cuarta Parte, p�gina 36, que es del siguiente tenor:

"PRESCRIPCI�N POSITIVA. ES POSEEDOR DE BUENA FE EL QUE IGNORA LOS VICIOS DE SU T�TULO. Si el poseedor hace valer la prescripci�n positiva y funda el origen de su posesi�n en un t�tulo viciado de nulidad, si ignoraba tal vicio debe estimarse como poseedor de buena fe y suficiente, si se re�nen los dem�s requisitos legales, para fundar la usucapi�n."

La buena fe se contrapone al dolo; es compatible con el error y descansa en la convicci�n de no da�ar el derecho de otra persona, como creencia derivada de la confianza en una situaci�n aparente y por la ignorancia de la situaci�n real, siempre y cuando tal ignorancia no sea inexcusable.

En efecto, el poseedor de buena fe est� impulsado por la ignorancia de los vicios de su posesi�n o por la creencia de que posee con legitimidad pues desconoce lo que realmente es y lo que normativamente le corresponde, y a esa buena fe la ley le otorga un efecto jur�dico distinto del que corresponder�a si no existiere.

Por otra parte y como contrapartida a la buena fe, el mismo ordenamiento establece que es poseedor de mala fe el que entra a la posesi�n sin t�tulo alguno para poseer, al igual que el que conoce los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho, o el que, aun entrando a poseer de buena fe, despu�s de conocer tales vicios contin�a con el ejercicio de la posesi�n.

Debe destacarse que la ley le otorga efectos adquisitivos a la posesi�n il�cita e incluso a la que provenga de un delito, pues por disposici�n expresa en el C�digo Civil (art�culos 1154 y 1155), cuando la posesi�n se adquiere por medio de violencia, cuando �sta cese y la posesi�n contin�e pac�ficamente, el plazo para la prescripci�n ser� de diez a�os para los inmuebles y de cinco para los muebles, contados desde que cese la violencia.

De igual forma, la posesi�n adquirida por medio de un delito, se tendr� en cuenta para la prescripci�n, a partir de la fecha en que haya quedado extinguida la pena o prescrita la acci�n penal, consider�ndose la posesi�n como de mala fe.

Sentado lo anterior, procede entrar al an�lisis de otro requisito esencial para la operancia de la prescripci�n adquisitiva, el cual consiste en que la posesi�n debe hacerse "en concepto de due�o", seg�n el art�culo 826 del C�digo Civil, debiendo resaltar que la norma no dice "con justo t�tulo", lo cual es relevante precisamente por constituir la materia de la contradicci�n que pretende resolverse.

Los C�digos Civiles anteriores al vigente, establec�an que la posesi�n apta para prescribir deb�a estar fundada en "justo t�tulo", entendi�ndose por tal aquel que es bastante para transferir el dominio (art�culo 1188 del C�digo Civil del Distrito Federal de 1870 y art�culo 1080 del C�digo Civil del Distrito Federal de 1884).

En efecto, el C�digo Civil de mil ochocientos ochenta y cuatro, en su art�culo 1079, establec�a que para que se actualizara la prescripci�n adquisitiva era menester que la posesi�n se fundara en justo t�tulo y, adem�s, que fuera de buena fe, pac�fica, continua y p�blica. Asimismo, el art�culo 1080 del mismo c�digo determinaba que justo t�tulo es el que fundadamente es bastante para transferir el dominio. Por �ltimo, el art�culo 1081 del citado cuerpo de leyes, establec�a que el que alega la prescripci�n debe probar la existencia del t�tulo en que funda su derecho.

De lo anterior se desprende que el justo t�tulo comprend�a dos supuestos, a saber: a) aquel que transmite el dominio y que, por tanto, constituye un t�tulo de propiedad y b) aquel que en principio ser�a apto para transmitir el dominio pero que, debido a un vicio ignorado por el adquirente, s�lo le transmite la posesi�n.

As�, por justo t�tulo debe entenderse el que legalmente basta para transferir el dominio de la cosa de cuya prescripci�n se trate, es decir, el que producir�a la transmisi�n y adquisici�n del dominio, como lo podr�an ser la compraventa, la permuta, la donaci�n, la herencia, el legado y, en general, todos aquellos que transmiten el dominio, los cuales dar�an el t�tulo perfecto para que la posesi�n sea apta para prescribir; sin embargo, ello no podr�a ocurrir pues la propiedad se hubiera obtenido v�lidamente, y no se puede adquirir lo que ya es propio.

Por otro lado, se encuentra el t�tulo subjetivamente v�lido, que tambi�n es "justo t�tulo", y que es el que se cree fundadamente suficiente para adquirir el dominio, aunque en realidad no sea bastante para esa adquisici�n, siempre y cuando esa creencia del poseedor descanse en un error fundado; es decir, no debe existir mala fe, debiendo destacar que en este caso s� podr�a operar la prescripci�n.

Sin embargo, el C�digo Civil vigente elimin� el justo t�tulo del texto de la ley, de forma que ahora se puede poseer con t�tulo, objetiva o subjetivamente v�lido; sin t�tulo, o hasta en virtud de un acto il�cito o de un delito, siempre y cuando la posesi�n se ejerza en "concepto de due�o".

Aplica a lo anterior el criterio de la Sexta �poca, Tercera Sala, consultable en el Semanario Judicial de la Federaci�n, V.X., Cuarta Parte, p�gina 132, que dice lo que a continuaci�n se transcribe:

"PRESCRIPCI�N POSITIVA. BUENA FE. En el C�digo Civil Mexicano vigente, el art�culo 1151 elimina el concepto de la buena fe, porque con mejor doctrina que el C�digo Civil de 1884 y el c�digo espa�ol, ha partido de la teor�a objetiva de la posesi�n y del supuesto general de que se puede usucapir, tanto si se entra en la posesi�n con buena como con mala fe, en el concepto de que en cada hip�tesis deben llenarse condiciones especiales."

En tal virtud, en t�rminos de la legislaci�n civil vigente, el t�tulo por s� solo no da lugar a la prescripci�n adquisitiva, la cual tampoco requiere "justo t�tulo", pues lo que realmente se requiere para la operancia de tal figura jur�dica es el mantenimiento de la situaci�n posesoria, aun cuando no exista t�tulo que la legitime, pues el derecho no s�lo regula la prescripci�n cuando fundadamente existe la creencia de quien posee que lo hace con legitimidad -como ya qued� apuntado- sino que permite aquella en la que existe la plena conciencia de que se posee sin tener derecho a ello, y otorga efectos adquisitivos incluso a la posesi�n il�cita o delictuosa, pues es el mantenimiento de la situaci�n posesoria calificada, por el t�rmino de ley, el �nico fundamento de la adquisici�n.

En tal tenor, para que se realice la prescripci�n, concurriendo las dem�s condiciones, basta con que el prescribiente posea en concepto de propietario, y ya no es exigible que posea conforme a un t�tulo que efectivamente le haya transmitido el dominio, que es lo que constituye propiamente un "justo t�tulo", ya que tal exigencia resulta absurda pues si la usucapi�n se consuma, el poseedor viene a ser propietario de la cosa que no era suya y ello no puede ocurrir cuando ya se era propietario de ella.

Dicho en otras palabras, la prescripci�n positiva es un medio de adquirir la propiedad contra el due�o, finalidad que resultar�a irrealizable si el poseedor, antes de adquirir por prescripci�n, ya fuera propietario de la cosa por otro t�tulo, pues est� fuera de discusi�n que nadie puede prescribir adquisitivamente contra s� mismo.

Robustece la anterior consideraci�n el criterio de la Quinta �poca, Tercera Sala, publicado en el Semanario Judicial de la Federaci�n, Tomo LXXXIX, p�gina 2457, de texto y rubro siguientes:

"PRESCRIPCI�N POSITIVA. Si las dem�s condiciones concurren, para que se realice la prescripci�n positiva, basta con que el prescribiente posea en concepto de propietario, sin que pueda exig�rsele que tal posesi�n sea conforme a un t�tulo que efectivamente, le haya trasmitido el dominio. Tal exigencia ser�a absurda, porque la instituci�n de la prescripci�n positiva se propone sustituir al t�tulo, de manera que cuando la usucapi�n se consuma, el poseedor deviene propietario de la cosa que no era suya. La prescripci�n positiva es un medio de adquirir contra el due�o, y esta finalidad resultar�a irrealizable si el poseedor, antes de adquirir por la prescripci�n, ya fuera, por otro t�tulo, propietario de la cosa, pues nadie puede prescribir adquisitivamente contra s� mismo, su propio bien."

Luego, es pertinente advertir que las nociones de justo t�tulo mencionadas en los C�digos Civiles abrogados, no son enteramente coincidentes con el actual concepto que se contiene en la parte final del art�culo 806 del C�digo Civil Federal vigente, el cual establece: "E.�ndese por t�tulo la causa generadora de la posesi�n.", pues es claro que el concepto de t�tulo puede no ser "justo", al abarcar, incluso, a la posesi�n de mala fe.

Por tanto, en t�rminos de la legislaci�n actual se entiende por t�tulo -sin necesidad de que sea justo- la causa generadora de la posesi�n; es decir, el acto o fundamento que da origen a la posesi�n, el cual puede ser objetivamente v�lido para transferir el dominio; subjetivamente v�lido por originar una creencia fundada respecto de la transmisi�n del dominio, o basarse, incluso, en la mera creencia de que es v�lido posesionarse de un bien que no es propio, con el objeto de adquirir la propiedad sobre el mismo (mala fe).

Debe destacarse que si bien es cierto que el justo t�tulo ya no resulta absolutamente necesario para prescribir, tambi�n lo es que no ha sido desterrado enteramente del C�digo Civil Federal vigente, en la medida en que previene que es poseedor de buena fe el que entra en la posesi�n en virtud de un t�tulo suficiente para darle derecho a poseer, as� como el que ignora los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho. Lo que constituye propiamente el "justo t�tulo", dando en estos casos un r�gimen m�s ben�fico para obtener la posesi�n.

As�, cuando se invoca el "justo t�tulo" como causa de la posesi�n, por tratarse de un supuesto privilegiado para usucapir, es necesario acreditarlo, y no solamente revelar el origen de la posesi�n y afirmar que se posee a t�tulo de due�o.

Por tanto, la posesi�n ejercida en concepto de due�o es apta para adquirir por prescripci�n aun cuando no exista "justo t�tulo", y en estos casos �nicamente debe acreditarse la causa generadora de la posesi�n, pues de no ser as� el Juez estar�a imposibilitado para establecer si la posesi�n originaria (que se ejerza en concepto de due�o) o derivada (que se ejerza en nombre de alguien m�s), ni podr� saber si es de buena o de mala fe y a partir de qu� momento debe contarse el plazo para usucapir.

En el tenor expuesto, cuando se posee de mala fe basta que el posesionario pruebe el origen de su posesi�n, si bien no como un acto traslativo de dominio, que puede ser fundado o no, s� como un hecho jur�dico que produce consecuencias de derecho, siempre y cuando se comporte ostensible y objetivamente como propietario mediante la realizaci�n de actos que revelan su dominio y mandato sobre la cosa para hacerla suya, aunque carezca de justo t�tulo jur�dicamente hablando.

Aplican a lo anterior los criterios que a continuaci�n se reproducen:

Sexta �poca, Tercera Sala, Semanario Judicial de la Federaci�n, Volumen XXII, Cuarta Parte, p�gina 376, del tenor siguiente:

USUCAPI�N. NO ES NECESARIO EL JUSTO T�TULO PARA FUNDARLA. El art�culo 806 del C�digo Civil, al establecer que es poseedor de buena fe el que entra en la posesi�n en virtud de un t�tulo suficiente para darle derecho de poseer yque tambi�n lo es el que ignora los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho y que es poseedor de mala fe el que entra a la posesi�n sin t�tulo alguno para poseer, lo mismo que el que conoce los vicios de su t�tulo que le impiden poseer con derecho, pone de manifiesto que el prop�sito del legislador fue cambiar el sistema del c�digo de 1884, que exig�a en su art�culo 1079, fracci�n I, que la posesi�n ad usucapionem deber�a fundarse el justo t�tulo. El c�digo actual exige en la fracci�n I del art�culo 1151, que la posesi�n necesaria para prescribir debe ser en concepto de propietario, y no exige ya el justo t�tulo sino que adopta un sistema objetivo sobre la materia de la posesi�n tendiente a facilitar la soluci�n de los problemas que en este punto planteaba la legislaci�n anterior; pero si bien no exige la ley el justo t�tulo, es necesario probar el origen de la posesi�n, no como acto traslativo de dominio sino como hecho jur�dico que produce consecuencias de derecho, para conocer la fecha cierta a partir de la cual ha de computarse el t�rmino legal de la prescripci�n, pero a condici�n de que el poseedor se comporte como propietario, esto es, que se conduzca ostensiblemente y de manera objetiva, susceptible de apreciarse por los sentidos, mediante actos que revelen que el poseedor es el dominador de la cosa, el se�or de ella, el que manda en la misma, como due�o en sentido econ�mico, para hacer suya la cosa desde el punto de vista de los hechos, aun cuando carezca de t�tulo jur�dicamente hablando.

Sexta �poca, Tercera Sala, Semanario Judicial de la Federaci�n, V.X., Cuarta Parte, p�gina 148.

PRESCRIPCI�N ADQUISITIVA. POSESI�N PARA LA. Quien alega la usucapi�n debe manifestar el hecho que gener� la posesi�n para que el juzgador est� en aptitud de estimar si se trata de una posesi�n original o derivada. Es esencial conocer el hecho o acto que engendr� la posesi�n, incluso para computar el t�rmino legal que corresponda al caso de que se trate de una posesi�n de buena o mala fe, si se adquiri� por medios violentos o de un delito.

Quinta �poca, Tercera Sala, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n, Tomo CXXXII, p�gina 425, del siguiente tenor.

POSESI�N APTA PARA PRESCRIBIR. Conforme al art�culo 1151 del C�digo Civil del Distrito Federal, la posesi�n necesaria para prescribir debe ser: ?I. En concepto de propietario; II. Pac�fica; III. Continua; IV. P�blica?. Ahora bien, para que se justifique el primer requisito o sea la posesi�n en concepto de propietario no basta la afirmaci�n del actor de que posee como due�o, sino que debe manifestar y probar el origen de esa posesi�n, tanto para que el juzgador pueda determinar si la posesi�n es originaria como para computar el t�rmino de la usucapi�n. Es cierto que el primer p�rrafo del art�culo 798 establece que la posesi�n da al quejoso que la tiene, la presunci�n de propietario para todos los efectos legales, pero aqu� la ley se refiere al poseedor originario; corresponde pues al actor justificar fehacientemente su posesi�n en concepto de due�o, y para esto es indispensable dar a conocer el hecho o acto generador de la posesi�n para que el Juez establezca la calidad de la posesi�n y as� pueda computar el t�rmino de la prescripci�n, bien que la posesi�n sea de buena o mala fe, y a�n por causa de delito.

S�ptima �poca, Tercera Sala, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n, Volumen 33, Cuarta Parte, p�gina 29, que dice lo siguiente:

PRESCRIPCI�N POSITIVA. POSESI�N EN CONCEPTO DE PROPIETARIO PARA LA PRESUNCI�N DE PROPIEDAD EN VIRTUD DE LA POSESI�N. El art�culo 826 del C�digo Civil previene que s�lo la posesi�n que se adquiere en concepto de due�o de la cosa pose�da, puede producir la prescripci�n. As�, el concepto de propietario es un elemento indispensable para prescribir, de conformidad con lo dispuesto por el art�culo 1151, fracci�n I, del c�digo citado, y, por tanto, debe demostrarse revelando cu�l fue la causa generadora de la posesi�n, pues para usucapir es imprescindible se�alar el hecho o el acto que la origin� y cu�ndo ocurri�, a fin de que sea posible determinar la naturaleza de dicha posesi�n, o sea si es originaria o derivada, de buena o mala fe, y cu�l deba ser el tiempo de su duraci�n para que se consuma la prescripci�n positiva. Adem�s, es necesario acreditar el hecho o el acto en que se afirme que consisti� la causa generadora de la posesi�n, tal como una enajenaci�n, una donaci�n, una herencia, o cualquier otro medio de adquirir, aun delictuoso, como robo o despojo, y no el de una mera tenencia, o disfrute de la cosa, que obedezca a una relaci�n de arrendamiento, comodato, dep�sito o prenda. Ciertamente, el art�culo 798 del C�digo Civil dispone que la posesi�n da al que la tiene la presunci�n de propietario para todos los efectos legales; pero esto, jur�dicamente debe interpretarse en el sentido de que la posesi�n produce la presunci�n de propiedad porque es la manifestaci�n del ejercicio de dominio, presunci�n que es juris tantum, o sea que admite prueba en contrario, y as� debe tenerse como cierta, s�lo mientras no se demuestre lo contrario, esto es, que quien la tiene a su favor, no es propietario, por no ser un poseedor originario sino derivado o mero detentador.

Sexta �poca, Tercera Sala, Semanario Judicial de la Federaci�n, Volumen XXII, Cuarta Parte, p�gina 339, de rubro y texto siguientes:

"POSESI�N DE MALA FE AD USUCAPIONEM, NO ES NECESARIO EL JUSTO T�TULO PARA LA. El C�digo Civil vigente exige, en la fracci�n I del art�culo 1151, que la posesi�n necesaria para prescribir debe ser en concepto de propietario. No exige ya el justo t�tulo, sino que adopta un sistema objetivo sobre la materia de la posesi�n, tendiente a facilitar la soluci�n de los problemas que en este punto planteaba la legislaci�n anterior; pero si bien no exige la ley el justo t�tulo, es necesario probar el origen de la posesi�n, no como acto traslativo de dominio sino como hecho jur�dico que produce consecuencias de derecho, para conocer la fecha cierta a partir de la cual ha de computarse el t�rmino legal de la prescripci�n, pero a condici�n de que el poseedor se comporte como propietario, esto es, que se conduzca ostensiblemente y de manera objetiva, susceptible de apreciarse por los sentidos, mediante actos que revelen que el poseedor es el dominador de la cosa, el se�or de ella, el que manda en la misma, como due�o en sentido econ�mico, para hacer suya la cosa desde el punto de vista de los hechos, aun cuando carezca de t�tulo jur�dicamente hablando (art�culos 790, 826, 1151, 1154 y 1155 del c�digo vigente)."

Lo anterior lleva a concluir que la noci�n de que la posesi�n debe ejercerse "en concepto de due�o" implica que el poseedor se conduzca como propietario, de manera indiscutible y objetiva, susceptible de apreciarse por los sentidos, frente a todo el mundo, ejerciendo un poder indiscutible para hacer suya la cosa desde el punto de vista de los hechos, aun cuando carezca de t�tulo justo, desde el punto de vista estrictamente jur�dico.

Ahora bien, el objeto de los conflictos suscitados en los juicios agrarios que dieron origen a la presente contradicci�n de tesis consisti� en el examen jur�dico de la calidad de la posesi�n apta para que opere la prescripci�n adquisitiva de derechos agrarios sobre determinadas parcelas ejidales, pues mientras uno de los Tribunales Colegiados estima que la posesi�n debe estar fundada en t�tulo que justifique su legitimidad, los otros dos consideran que esto no forzosamente es as�.

Debe destacarse que el r�gimen jur�dico de la propiedad privada (plena), objeto del derecho civil, y el r�gimen jur�dico de la propiedad social (restringida), objeto del derecho agrario, presentan diferencias sustanciales que fundan un tratamiento distinto en lo que se refiere a la prescripci�n adquisitiva.

De entrada debe destacarse que en el �mbito agrario las tierras ejidales y comunales son inalienables, imprescriptibles e inembargables y, por ello, es necesario descubrir cu�les son las particularidades a que deben estar sujetos los conflictos relativos a la prescripci�n adquisitiva de parcelas ejidales.

Para lo anterior resulta necesario realizar una serie de precisiones en relaci�n con el r�gimen jur�dico de las distintas clases de tierras agrarias previstas en el sistema jur�dico mexicano.

El contenido del art�culo 27 constitucional permite entender que la propiedad de tierras y aguas se divide en p�blica, privada y social. La naci�n transmite el dominio de tierras y aguas particulares (propiedad privada) a los ejidos (propiedad social), y se reserva el dominio directo de ciertos bienes (propiedad p�blica).

En ese sentido, en nuestro ordenamiento jur�dico es posible hablar de la existencia de un r�gimen de propiedad plena (propiedad privada) y de un r�gimen de propiedad restringida (propiedad social).

La propiedad social o restringida se identifica con el r�gimen jur�dico de las tierras ejidales y comunales.

El primer p�rrafo de la fracci�n VII del art�culo 27 constitucional reconoce la personalidad jur�dica de los n�cleos de poblaci�n ejidales y comunales, as� como el r�gimen de propiedad sobre sus tierras:

"Art�culo 27.

"...

VII. Se reconoce la personalidad jur�dica de los n�cleos de poblaci�n ejidales y comunales y se protege su propiedad sobre la tierra, tanto para el asentamiento humano como para actividades productivas.

Las tierras ejidales y comunales se dividen en distintas clases de terrenos, los que a su vez, presentan una regulaci�n jur�dica particular.

El art�culo 44 de la Ley Agraria clasifica a las tierras ejidales, por su destino, en tierras de asentamiento humano, tierras de uso com�n y tierras parceladas. Los lotes de la zona parcelada se denominan unidades individuales de dotaci�n o parcelas ejidales, se explotan individualmente y el usufructo se garantiza con un certificado de derechos agrarios.

Las tierras ejidales para el asentamiento humano y las tierras de uso com�n, se encuentran destinadas al desarrollo y sustento econ�mico de la vida comunitaria del ejido, respectivamente (art�culos 63 y 73 de la Ley Agraria), y son inalienables, imprescriptibles e inembargables (art�culos 64 y 74 de la Ley Agraria, salvo causa de utilidad para el n�cleo de poblaci�n, en relaci�n con los terrenos de uso com�n).

"Art�culo 63. Las tierras destinadas al asentamiento humano integran el �rea necesaria para el desarrollo de la vida comunitaria del ejido, que est� compuesta por los terrenos en que se ubique la zona de urbanizaci�n y su fundo legal. Se dar� la misma protecci�n a la parcela escolar, la unidad agr�cola industrial de la mujer, la unidad productiva para el desarrollo integral de la juventud y a las dem�s �reas reservadas para el asentamiento."

"Art�culo 64. Las tierras ejidales destinadas por la asamblea al asentamiento humano conforman el �rea irreductible del ejido y son inalienables, imprescriptibles e inembargables, salvo lo previsto en el �ltimo p�rrafo de este art�culo. Cualquier acto que tenga por objeto enajenar, prescribir o embargar dichas tierras ser� nulo de pleno derecho. ..."

"Art�culo 73. Las tierras ejidales de uso com�n constituyen el sustento econ�mico de la vida en comunidad del ejido y est�n conformadas por aquellas tierras que no hubieren sido especialmente reservadas por la asamblea para el asentamiento del n�cleo de poblaci�n, ni sean tierras parceladas."

"Art�culo 74. La propiedad de las tierras de uso com�n es inalienable, imprescriptible e inembargable, salvo los casos previstos en el art�culo 75 de esta ley.

El reglamento interno regular� el uso, aprovechamiento, acceso y conservaci�n de las tierras de uso com�n del ejido, incluyendo los derechos y obligaciones de ejidatarios y avecindados respecto de dichas tierras. ...

Dentro de las tierras para el asentamiento humano la ley prev� la existencia de solares urbanos como excepci�n al r�gimen general de propiedad comunitaria del ejido. Los solares son propiedad plena de sus titulares una vez que son asignadas formalmente mediante el t�tulo correspondiente, por parte de la asamblea general del n�cleo de poblaci�n ejidal, y aqu�l es registrado debidamente (art�culo 68 de la Ley Agraria). Los actos subsecuentes a la titularidad de los solares urbanos son regulados por el derecho com�n (art�culo 69 de la Ley Agraria).

"Art�culo 68. Los solares ser�n de propiedad plena de sus titulares. Todo ejidatario tendr� derecho a recibir gratuitamente un solar al constituirse, cuando ello sea posible, la zona de urbanizaci�n. La extensi�n del solar se determinar� por la asamblea, con la participaci�n del Municipio correspondiente, de conformidad con las leyes aplicables en materia de fraccionamientos y atendiendo a las caracter�sticas, usos y costumbres de cada regi�n.

"La asamblea har� la asignaci�n de solares a los ejidatarios, determinando en forma equitativa la superficie que corresponda a cada uno de ellos. Esta asignaci�n se har� en presencia de un representante de la Procuradur�a Agraria y de acuerdo con los solares que resulten del plano aprobado por la misma asamblea e inscrito en el Registro Agrario Nacional. El acta respectiva se inscribir� en dicho Registro y los certificados que �ste expida de cada solar constituir�n los t�tulos oficiales correspondientes.

"Una vez satisfechas las necesidades de los ejidatarios, los solares excedentes podr�n ser arrendados o enajenados por el n�cleo de poblaci�n ejidal a personas que deseen avecindarse.

"Cuando se trate de ejidos en los que ya est� constituida la zona de urbanizaci�n y los solares ya hubieren sido asignados, los t�tulos se expedir�n en favor de sus leg�timos poseedores."

Art�culo 69. La propiedad de los solares se acreditar� con el documento se�alado en el art�culo anterior y los actos jur�dicos subsecuentes ser�n regulados por el derecho com�n. Para estos efectos los t�tulos se inscribir�n en el Registro P�blico de la Propiedad de la entidad correspondiente.

Como se ha dicho, junto a las tierras ejidales de asentamiento humano y a las tierras ejidales de uso com�n, que est�n destinadas al aprovechamiento colectivo, se encuentran las parcelas ejidales, destinadas al uso y disfrute por cada ejidatario en lo individual.

En efecto, las tierras parceladas son aquellas que han sido delimitadas por la asamblea con el objeto de constituir una porci�n terrenal de aprovechamiento individual, y respecto de las cuales los ejidatarios, en t�rminos de ley, ejercen directamente sus derechos agrarios de aprovechamiento, uso y usufructo. Estas divisiones constan, de ordinario, en el plano general del ejido, mismo que se entrega al Registro Agrario Nacional (RAN) para efectos de publicidad.

De esa forma, al n�cleo de poblaci�n ejidal le corresponde la propiedad de las tierras ejidales mientras que a los ejidatarios les corresponde el derecho de uso y disfrute de sus parcelas (art�culo 27, fracci�n VII, constitucional y art�culo 14 de la Ley Agraria). En ese sentido, los ejidatarios son titulares de derechos sobre las parcelas ejidales que tienen asignadas:

En su art�culo 14 la Ley Agraria dice lo siguiente:

"Art�culo 14. Corresponde a los ejidatarios el derecho de uso y disfrute sobre sus parcelas, los derechos que el reglamento interno de cada ejido les otorgue sobre las dem�s tierras ejidales y los dem�s que legalmente les correspondan."

En relaci�n con todo lo anterior, es importante precisar que a partir de la reforma de mil novecientos noventa y dos, el art�culo 27 constitucional present� como finalidad, en t�rminos generales, capitalizar y hacer productivo al campo a trav�s de algunas medidas tendentes a dotar de certeza jur�dica la tenencia de tierras agrarias, y de esa manera se establecieron las bases para dejar a los titulares de las tierras agrarias la responsabilidad de decidir su propio destino (art�culo 27, fracci�n VII, cuarto p�rrafo, constitucional) y, con esa base, los �rganos supremos de los n�cleos de poblaci�n pueden modificar el r�gimen de propiedad agraria al r�gimen de propiedad plena (art�culo 23, fracciones IX y XII, de la Ley Agraria), de tal suerte que es posible que ese tipo de tierras entre al r�gimen jur�dico de derecho com�n.

Lo expuesto puede sintetizarse en lo siguiente:

? Los n�cleos de poblaci�n ejidal son propietarios de las tierras agrarias correspondientes.

? Las tierras ejidales son inalienables, imprescriptibles e inembargables.

? La reforma constitucional de mil novecientos noventa y dos estableci� las bases para dejar a los titulares de las tierras agrarias la responsabilidad de decidir su propio destino (art�culo 27, fracci�n VII, cuarto p�rrafo, constitucional). Por disposici�n de los �rganos supremos de los n�cleos de poblaci�n es posible modificar el r�gimen de propiedad agraria al r�gimen de propiedad plena (art�culo 23, fracciones IX y XII, de la Ley Agraria), de tal suerte que es posible que ese tipo de tierras entre al r�gimen jur�dico de derecho com�n.

? Las tierras ejidales se dividen en dos principales tipos: 1) tierras para el aprovechamiento com�n de todos los ejidatarios o comuneros y, 2) tierras para el uso y disfrute individual del ejidatario o comunero a quien se le hayan asignado.

? Los ejidatarios no tienen la propiedad de las parcelas que les han sido asignadas, sino que son titulares de derechos sobre ellas.

? El legislador ha previsto la posibilidad de que una persona, en concepto de titular de derechos de ejidatario, adquiera el derecho al uso y disfrute de parcelas ejidales bajo determinadas condiciones, en virtud de una posesi�n calificada en un tiempo determinado.

Una primera lectura a los puntos antes resumidos no permite determinar con claridad el r�gimen jur�dico de las tierras ejidales en relaci�n con la prescripci�n adquisitiva prevista en el art�culo 48 de la Ley Agraria, porque las cualidades jur�dicas de esa especie de tierras parecen ser, en principio, contradictorias con algunas figuras y posibilidades legales en relaci�n con ellas.

As�, por ejemplo, mientras que las tierras ejidales se han entendido como bienes inalienables, imprescriptibles e inembargables, la reforma al art�culo 27, fracci�n VII, cuarto p�rrafo, constitucional de mil novecientos noventa y dos, estableci� las bases para dejar a los titulares de las tierras agrarias la responsabilidad de decidir su propio destino, de forma que los �rganos supremos de los n�cleos de poblaci�n pueden modificar el r�gimen de propiedad agraria al r�gimen de propiedad plena (art�culo 23, fracciones IX y XII, de la Ley Agraria), de tal suerte que es posible que ese tipo de tierras entre al r�gimen jur�dico de derecho com�n.

As� tambi�n, por ejemplo, mientras que los ejidatarios en principio no tienen la propiedad de las parcelas que les han sido asignadas, sino que s�lo son titulares de derechos sobre ellas, la Ley Agraria prev� la figura de la prescripci�n adquisitiva, que tradicionalmente se ha entendido referida a la posibilidad de adquirir la titularidad de derechos sobre una parcela ejidal, mediante una posesi�n calificada a trav�s del paso de un tiempo determinado.

Ese estado de las cosas requiere definir adecuadamente los alcances y l�mites de la prescripci�n adquisitiva en relaci�n con las tierras parceladas sujetas al r�gimen ejidal que dieron origen al problema que debe resolverse, para lo que deben delimitarse los alcances de la figura de la prescripci�n adquisitiva en materia agraria.

La Ley Agraria (publicada en el Diario Oficial de la Federaci�n de veintisiete de febrero de mil novecientos noventa y dos) introdujo en su art�culo 48 el reconocimiento de la figura de la prescripci�n adquisitiva del derecho civil, adapt�ndola a los principios del derecho agrario, en los siguientes t�rminos.

"Art�culo 48. Quien hubiere pose�do tierras ejidales, en concepto de titular de derechos de ejidatario,que no sean las destinadas al asentamiento humano ni se trate de bosques o selvas, de manera pac�fica, continua y p�blica durante un periodo de cinco a�os si la posesi�n es de buena fe, o de diez si fuera de mala fe, adquirir� sobre dichas tierras los mismos derechos que cualquier ejidatario sobre su parcela.

"El poseedor podr� acudir ante el Tribunal Agrario para que, previa audiencia de los interesados, del comisariado ejidal y de los colindantes, en la v�a de jurisdicci�n voluntaria o mediante el desahogo del juicio correspondiente, emita resoluci�n sobre la adquisici�n de los derechos sobre la parcela o tierras de que se trate, lo que se comunicar� al Registro Agrario Nacional, para que �ste expida de inmediato el certificado correspondiente.

"La demanda presentada por cualquier interesado ante el Tribunal Agrario o la denuncia ante el Ministerio P�blico por despojo, interrumpir� el plazo a que se refiere el primer p�rrafo de este art�culo hasta que se dicte resoluci�n definitiva."

Conforme a lo antes destacado, el objeto de la prescripci�n positiva agraria consiste en reconocer, en favor del poseedor de las "tierras ejidales", los mismos derechos que tiene reconocidos un ejidatario con respecto a su parcela; es decir, para que adquiera la calidad de "titular de derechos de ejidatarios". Por tanto, es obvio que s�lo las parcelas divididas por la asamblea son prescriptibles.

Esta �ltima conclusi�n deriva de la naturaleza jur�dica de la propiedad ejidal, cuyo titular principal no es el ejidatario, sino el ejido mismo, que es considerado como un ente dotado de personalidad jur�dica propia, que act�a a trav�s de su asamblea.

Los principios de hegemon�a de la asamblea en todo lo relativo a la tenencia de las tierras, excepto las parceladas y de reconocimiento de la personalidad jur�dica del ejido, no fueron extinguidos por la reforma constitucional de mil novecientos noventa y uno, y m�s a�n, hoy d�a est�n reconocidos no s�lo en la Ley Agraria sino en el Reglamento de la Ley Agraria en Materia de Certificaci�n de Derechos Ejidales y Titulaci�n de Solares mismos que para efectos de ilustraci�n de esta �ltima aseveraci�n, conviene transcribir los siguientes art�culos de la Ley Agraria.

"Art�culo 9o. Los n�cleos de poblaci�n ejidales o ejidos tienen personalidad jur�dica y patrimonio propio y son propietarios de las tierras que les han sido dotadas o de las que hubieren adquirido por cualquier otro t�tulo."

"Art�culo 12. Son ejidatarios los hombres y las mujeres titulares de derechos ejidales."

"Art�culo 13. Los avecindados del ejido, para los efectos de esta ley, son aquellos mexicanos mayores de edad que han residido por un a�o o m�s en las tierras del n�cleo de poblaci�n ejidal y que han sido reconocidos como tales por la asamblea ejidal o el Tribunal Agrario competente. Los avecindados gozan de los derechos que esta ley les confiere."

"Art�culo 16. La calidad de ejidatario se acredita:

"I. Con el certificado de derechos agrarios expedido por autoridad competente;

"II. Con el certificado parcelario o de derechos comunes; o

"III. Con la sentencia o resoluci�n relativa del Tribunal Agrario."

"Art�culo 20. La calidad de ejidatario se pierde:

"I. Por la cesi�n legal de sus derechos parcelarios y comunes;

"II. Por renuncia a sus derechos, en cuyo caso se entender�n cedidos en favor del n�cleo de poblaci�n;

"III. Por prescripci�n negativa, en su caso, cuando otra persona adquiera sus derechos en los t�rminos del art�culo 48 de esta ley."

"Art�culo 22. El �rgano supremo del ejido es la asamblea, en la que participan todos los ejidatarios. ..."

"Art�culo 56. La asamblea de cada ejido, con las formalidades previstas a tal efecto en los art�culos 24 a 28 y 31 de esta ley, podr� determinar el destino de las tierras que no est�n formalmente parceladas, efectuar el parcelamiento de �stas, reconocer el parcelamiento econ�mico o de hecho o regularizar la tenencia de los posesionarios o de quienes carezcan de los certificados correspondientes. Consecuentemente, la asamblea podr� destinarlas al asentamiento humano, al uso com�n o parcelarlas en favor de los ejidatarios. En todo caso, a partir del plano general del ejido que haya sido elaborado por la autoridad competente o el que elabore el Registro Agrario Nacional, proceder� como sigue: ..."

"Art�culo 57. Para proceder a la asignaci�n de derechos sobre tierras a que se refiere la fracci�n III del art�culo anterior, la asamblea se apegar�, salvo causa justificada y expresa, al siguiente orden de preferencia:

"I. Posesionarios reconocidos por la asamblea;

"II. Ejidatarios y avecindados del n�cleo de poblaci�n cuya dedicaci�n y esmero sean notorios o que hayan mejorado con su trabajo e inversi�n las tierras de que se trate;

"III. Hijos de ejidatarios y otros avecindados que hayan trabajado las tierras por dos a�os o m�s; y

IV. Otros individuos, a juicio de la asamblea. ...

Reglamento de la Ley Agraria en Materia de Certificaci�n de Derechos Ejidales y Titulaci�n de Solares.

"Art�culo 19. La asamblea podr� realizar, en los t�rminos del art�culo 56 de la ley, las siguientes acciones sobre las tierras no formalmente parceladas:

"...

"IV. Regularizar la tenencia de los posesionarios, o

"En todo caso, al realizar estas acciones la asamblea deber� respetar los derechos existentes sobre las tierras de que se trate."

"Art�culo 30. Cuando la asamblea reconozca el parcelamiento econ�mico o de hecho, proceder� a regularizar la tenencia de los ejidatarios. Asimismo, podr� reconocer a los posesionarios y regularizar su tenencia en los t�rminos del cap�tulo tercero del presente t�tulo. ..."

Conforme a lo instituido en el mencionado numeral 48, quien hubiere pose�do "tierras ejidales" en concepto de "titular de derechos de ejidatario" de manera pac�fica, continua y p�blica durante un periodo de cinco a�os (si trata de posesi�n de buena fe), o de diez a�os (si la causa generadora de la posesi�n deriva de la mala fe), adquirir� sobre las tierras pose�das los mismos derechos que cualquier ejidatario tiene respecto de sus parcelas.

El dispositivo transcrito supone que se pueden adquirir derechos sobre una parcela ejidal por el simple transcurso del tiempo, cuando se acredite:

? Que no sean tierras destinadas al asentamiento humano ni se trate de bosques o selvas.

? Que esa posesi�n haya sido de manera pac�fica, continua, p�blica.

? Que se haya pose�do en concepto de titular de derechos ejidatarios.

? Que dicha posesi�n haya sido durante un periodo de cinco a�os si la posesi�n es de buena fe, o de diez, si fuera de mala fe.

Es importante subrayar lo antes dicho en el sentido de que, a diferencia del �mbito civil, en materia agraria el legislador ha previsto la posibilidad de adquirir por el paso del tiempo, no la propiedad, sino los derechos de uso y disfrute de las parcelas ejidales, en t�rminos de la posesi�n calificada prevista en dicho numeral, y que la prescripci�n adquisitiva de derechos agrarios no comprende a las tierras ejidales destinadas al asentamiento humano, ni a los bosques o selvas, ni las tierras ejidales de uso com�n.

Resulta aplicable la tesis 2a./J. 8/2001, Novena �poca, Segunda Sala, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, T.X., febrero de 2001, p�gina 77, del siguiente tenor:

AGRARIO. SON IMPRESCRIPTIBLES LAS TIERRAS EJIDALES DE USO COM�N. El art�culo 48 de la Ley Agraria dispone que quien hubiere pose�do tierras ejidales, que no sean bosques, selvas, ni las destinadas al asentamiento humano ?en concepto de titular de derechos de ejidatario?; de manera pac�fica, continua y p�blica durante un periodo de cinco a�os, si la posesi�n es de buena fe, o de diez si fuera de mala fe, adquirir� sobre dichas tierras, los mismos derechos que tiene cualquier ejidatario sobre su parcela, sin que ello signifique que esa prescripci�n adquisitiva pueda operar respecto de las tierras de uso com�n, ya que por imperativo legal las tierras de esa naturaleza son imprescriptibles, al disponer el art�culo 74 del propio ordenamiento que la propiedad de las tierras de uso com�n ?es inalienable, imprescriptible e inembargable, salvo los casos previstos en el art�culo 75 de esta ley?, precepto este que s�lo alude a la posibilidad de transmitir el dominio de esas tierras a sociedades mercantiles en el caso y conforme al procedimiento que el mismo prev�. Por tanto, debe concluirse que la prerrogativa establecida en el art�culo primeramente invocado �nicamente puede actualizarse en relaci�n con las tierras parceladas por la asamblea general de ejidatarios cuando se cumple con los presupuestos a que se contrae el propio numeral.

Por ende, la prescripci�n adquisitiva de derechos, prevista en la Ley Agraria, debe entenderse limitada a las parcelas ejidales.

Por otro lado, la posesi�n calificada requerida para la prescripci�n adquisitiva de derechos agrarios, al igual que ocurre en materia civil, debe ejercerse de manera pac�fica, continua y p�blica, siendo en este punto aplicables las consideraciones que se expusieron al analizar la figura jur�dica que ata�e a la luz del derecho civil, pues en este aspecto no existen diferencias sustanciales, en lo que se refiere al derecho agrario.

As�, la prescripci�n adquisitiva de derechos agrarios, en relaci�n con la remisi�n del art�culo 107 de dicha ley, requiere que se haya pose�do en concepto de titular de derechos de ejidatario, a diferencia de lo que ocurre en el derecho civil, en el que la posesi�n debe ser en concepto de propietario.

Lo anterior implica que la posesi�n se ejerza en concepto de titular de derechos de ejidatario o comunero, espec�ficamente en lo que esa parcela en cuesti�n se refiere.

Debe recordarse en este punto lo antes dicho en el sentido de que las parcelas ejidales no pueden poseerse en concepto de due�o y que la posesi�n nunca puede posibilitar la adquisici�n de su propiedad, tomando en cuenta que pertenecen al n�cleo de poblaci�n y que son inalienables, imprescriptibles e inembargables, cuando est�n sujetas al r�gimen jur�dico agrario.

En el tenor expuesto, para la configuraci�n de la prescripci�n adquisitiva de derechos, prevista en el art�culo 48 de la Ley Agraria, es menester que la posesi�n sea en concepto de titular de derechos de ejidatario y ello guarda estrecha relaci�n con dos supuestos distintos: de un lado, con la prueba de la calidad de aspirante a titular de derechos de ejidatario y, de otro lado, con la prueba de la tenencia de la parcela ejidal, en forma pac�fica, continua y p�blica por el periodo de tiempo que determina la ley.

En el primer supuesto, la cuesti�n relativa a la demostraci�n de la posesi�n en concepto de titular de derechos de ejidatario debe relacionarse con las disposiciones legales tendentes a regular lo relativo a los individuos que, potencialmente, se encuentran en el supuesto de poder adquirir la calidad de ejidatario, en sus respectivos casos (art�culos 13, 15 y 101 de la Ley Agraria); las formas y modalidades en materia de sucesi�n de derechos agrarios (art�culo 17 de la Ley Agraria); la regulaci�n y orden de preferencia en la asignaci�n de tierras no regularizadas o vacantes (art�culos 56, 57, 61 y 62 de la Ley Agraria) y las formas y efectos de la cesi�n y enajenaci�n de derechos parcelarios (art�culos 59, 78 y 80 de la Ley Agraria).

Lo anterior en raz�n de que, aunque no lo diga expresamente el citado art�culo 48, no cualquier persona puede adquirir la titularidad de derechos agrarios pues ello ir�a en contra de la orientaci�n que la normatividad constitucional y ordinaria ha dado a la propiedad condicionada.

En efecto, un particular no puede invocar en su favor la prescripci�n de tierras pertenecientes a un n�cleo ejidal, afirmando que re�ne los requisitos de posesi�n a que alude el art�culo 48 de la vigente Ley Agraria, ya que ha pose�do esas tierras en forma continua, pac�fica y p�blica por m�s de cinco a�os, en tanto que la norma exige que la posesi�n sea con el car�cter de titular de derechos ejidales, pues de esta forma se evita la segregaci�n de las tierras pretendidas del n�cleo ejidal.

Sirven de apoyo a esta consideraci�n, las tesis de jurisprudencia que a continuaci�n se transcriben:

S�ptima �poca, Segunda Sala, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n, Volumen 88, Tercera Parte, p�gina 34, del siguiente tenor:

AGRARIO. POSESI�N DE PARCELAS EJIDALES POR QUIENES NO HAN SIDO RECONOCIDOS COMO EJIDATARIOS. INTER�S JUR�DICO. TESIS CONTRADICTORIAS DE TRIBUNALES COLEGIADOS DEL SEXTO Y NOVENO CIRCUITOS. Existe contradicci�n de criterio entre el Tribunal Colegiado del Sexto Circuito y el del Noveno, referente al inter�s jur�dico necesario para interponer demanda de amparo, de poseedores de parcelas no ejidatarios. En efecto, en tanto el Tribunal Colegiado del Sexto Circuito, al conocer de controversias en las que se cuestiona la posesi�n de parcelas ejidales por parte de quienes no est�n reconocidos como ejidatarios, ha resuelto los negocios en cuanto al fondo, el Tribunal Colegiado del Noveno Circuito, al conocer de iguales negocios, ha decretado el sobreseimiento por estimar que los actos reclamados no afectan los intereses jur�dicos de los promoventes. Esta Sala estima que debe prevalecer la tesis sustentada por el Tribunal Colegiado del Sexto Circuito, en vista de que la que sustenta el Tribunal Colegiado del Noveno Circuito se funda en la consideraci�n de que la posesi�n de parcelas ejidales por parte de quien no ha sido reconocido como ejidatario ?carece de trascendencia jur�dica?, que se estima inexacta porque el art�culo 72, fracciones III y IV, de la Ley Federal de Reforma Agraria, prev� la posibilidad de que los vecinos de los n�cleos ejidales ?que no figuraron en la solicitud o en el censo? puedan trabajar terrenos del ejido y otorga a ese acto consecuencias de derecho, como lo es la de comprenderlos dentro del cat�logo de preferencias y exclusi�n a que debe sujetarse la asamblea general para hacer nuevas adjudicaciones de unidades de dotaci�n (iguales disposiciones establec�a el art�culo 153, fracciones III y IV, del C�digo Agrario derogado); de ah� que la consideraci�n consistente en que la posesi�n de una parcela ejidal ejercida por quien no es su leg�timo titular ?carece de trascendencia jur�dica?, resulta inaceptable, y en cambio, se estima correcto el criterio que sostiene el Tribunal Colegiado del Sexto Circuito en el sentido de que la calificaci�n de la posesi�n de parcelas ejidales ejercida por quien pretende convertirse en ejidatario ?deber� determinarse por las autoridades agrarias correspondientes?. Debiendo concluirse que la legitimidad de la posesi�n no es condici�n para que se tenga por acreditado el inter�s jur�dico del quejoso, resulta procedente el amparo que intenta en defensa de ella.

S�ptima �poca, Segunda Sala, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n, Volumen 88, Tercera Parte, p�gina 35, de rubro y texto siguientes:

"AGRARIO. POSESI�N DE PARCELAS EJIDALES POR QUIENES NO HAN SIDO RECONOCIDOS COMO EJIDATARIOS. PRODUCE CONSECUENCIAS JUR�DICAS. El art�culo 72, fracciones III y IV, de la Ley Federal de Reforma Agraria, prev� la posibilidad de que los vecinos de los n�cleos ejidales ?que no figuraron en la solicitud o en el censo?, puedan trabajar terrenos del ejido y les otorga a esos actos consecuencias de derecho, como lo es la de comprenderlos dentro del cat�logo de preferencias y exclusi�n a que debe sujetarse la asamblea general para hacer nuevas adjudicaciones de unidades de dotaci�n. Consecuentemente, la posesi�n de una parcela ejidal ejercida por quien no es su leg�timo titular, produce consecuencias jur�dicas."

El segundo supuesto mencionado, en relaci�n con la demostraci�n de la posesi�n en concepto de titular de derechos de ejidatario, se refiere al �nimo con el que se ejerce la posesi�n, en tanto que no toda posesi�n es apta para producir la consecuencia jur�dica de la prescripci�n adquisitiva de derechos.

En efecto, en congruencia con las condiciones legales expuestas, no toda posesi�n es apta para prescribir pues para que prospere es menester que se goce de la posesi�n originaria y no de la derivada; es decir, debe poseerse a nombre propio y no en nombre de otro, pues la operancia de la prescripci�n adquisitiva excluye los conceptos que por su definici�n y naturaleza no revisten el �nimo de poseer para s� y, por consecuencia, "en concepto de titular de derechos".

Bajo estas condiciones, la imprescindible conexi�n que se actualiza entre los requisitos internos y los elementos formales de la prescripci�n adquisitiva se pone de manifiesto con s�lo advertir la equivalencia que en cierto modo admite el t�rmino "en concepto de titular de derechos de ejidatario", que emplea el art�culo 48 de la Ley Agraria y la diversa noci�n "a t�tulo de due�o" de la regulaci�n civil. As�, si bien la Ley Agraria exige que la posesi�n sea en "concepto", tal expresi�n s�lo puede significar que se posea la cosa como titular de derechos, lo que quiere decir, en su acepci�n directa "causa o motivo".

El legislador alude, por tanto, a la "causa" de la posesi�n, cuando enuncia la f�rmula "en concepto de titular de derechos de ejidatario", y contempla un t�tulo exento de precariedad. Por consiguiente, se reitera, el poseedor derivado, el precarista o el mero detentador es evidente que no poseen en concepto de propietario y para ellos la usucapi�n no se realiza nunca, cualquiera que sea el lapso que dure la posesi�n.

Debe destacarse en este punto que, de la misma forma en que ocurre en el derecho civil, el legislador atiende a la posibilidad de que se configure la prescripci�n adquisitiva de derechos de mala fe, de manera que no es un vicio que haga in�til la posesi�n para adquirir por prescripci�n los derechos de uso y disfrute de las parcelas ejidales, sino que simplemente tiene la consecuencia de que se aumenta el t�rmino para que opere la prescripci�n.

Lo anterior adquiere relevancia pues si la legislaci�n concede la posibilidad a quien ejerce una posesi�n de mala fe, de adquirir la titularidad de derechos de ejidatario, ello lleva a concluir que no existe motivo legal que autorice a presumir que la existencia del justo t�tulo para poseer, es requisito para que opere la prescripci�n adquisitiva de parcelas ejidales, debiendo resaltar que "justo t�tulo" no es un concepto equivalente al de "posesi�n en concepto de titular de derechos", pues mientras el primer concepto alude a la causa generadora de la posesi�n, como un acto jur�dico que autorice a poseer con legitimidad, el segundo se refiere al �nimo o la calidad con los que se ejerce la posesi�n.

En el tenor expuesto, debe prevalecer, con car�cter de jurisprudencia, la siguiente tesis:

PRESCRIPCI�N ADQUISITIVA EN MATERIA AGRARIA. PARA SU PROCEDENCIA NO SE REQUIERE DE JUSTO T�TULO. Conforme al art�culo 48 de la Ley Agraria, la prescripci�n adquisitiva de parcelas ejidales depende de la actualizaci�n de ciertas condiciones ineludibles, consistentes en que la posesi�n se haya ejercido por quien pueda adquirir la titularidad de derechos de ejidatario; que se haya ejercido respecto de tierras ejidales que no sean de las destinadas al asentamiento humano, ni se trate de bosques o selvas; que la posesi�n haya sido pac�fica, p�blica y continua por los plazos que se�ala la ley; y que se ejerza en concepto de titular de derechos de ejidatario. Como se advierte, la ley no exige un "justo t�tulo" para poseer, entendido �ste como el que es, o el que fundadamente se cree, bastante para transferir derechos agrarios sobre la parcela o parte de ella, pues aun el poseedor de mala fe, que es el que entra en posesi�n sin t�tulo alguno o el que conoce los vicios de su t�tulo, puede adquirir la titularidad de tales derechos por prescripci�n. Sin embargo, lo anterior no implica que no deba acreditarse la causa generadora dela posesi�n, pues ello es necesario para conocer la calidad con la que se ejerce, es decir, si es originaria o derivada, si es de buena o mala fe, y la fecha cierta a partir de la cual ha de computarse el t�rmino legal de la prescripci�n.

Por lo expuesto y fundado, se

resuelve:

PRIMERO

Existe la contradicci�n de tesis denunciada.

SEGUNDO

Se declara que debe prevalecer con el car�cter de jurisprudencia, el criterio establecido por esta Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, contenido en la tesis que ha quedado redactada en la parte final del �ltimo considerando de la presente resoluci�n.

Notif�quese y c�mplase.

As� lo resolvi� la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, por unanimidad de cinco votos de los se�ores Ministros: M.B.L.R., G.D.G.�ngora P., S.S.A.A., G.I.O.M. y presidente J.D.R..