Ejecutoria num. 2a./J. 15/2004 de Suprema Corte de Justicia, Segunda Sala - Jurisprudencia - VLEX 26825054

Ejecutoria num. 2a./J. 15/2004 de Suprema Corte de Justicia, Segunda Sala

Emisor:Segunda Sala
Número de Resolución:2a./J. 15/2004
Localizacion:GENARO DAVID GÓNGORA PIMENTEL.
Materia:Suprema Corte de Justicia de México
Fecha de Publicación: 1 de Marzo de 2004
RESUMEN

CONTRADICCIÓN DE TESIS 17/2003-SS. ENTRE LAS SUSTENTADAS POR LOS TRIBUNALES COLEGIADOS SEXTO Y DÉCIMO TERCERO, AMBOS EN MATERIA DE TRABAJO DEL PRIMER CIRCUITO.ENFERMEDAD PROFESIONAL. CORRESPONDE A LAS JUNTAS DE CONCILIACIÓN Y ARBITRAJE DETERMINAR LA APLICACIÓN DE LAS DIVERSAS FRACCIONES DE LA TABLA CONTENIDA EN EL ARTÍCULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO. ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA DECLARACIÓN DE SU EXISTENCIA POR LAS JUNTAS DE CONCILIACIÓN Y ARBITRAJE, DEBE SUSTENTARSE EN UN PROCESO LÓGICO JURÍDICO DE VALORACIÓN.ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA DETERMINACIÓN DE SU EXISTENCIA POR LAS JUNTAS DE CONCILIACIÓN Y ARBITRAJE, DEBE HACERSE CON BASE EN LOS HECHOS DEMOSTRADOS Y EL RESULTADO DE LA PRUEBA PERICIAL MÉDICA RENDIDA EN JUICIO.ENFERMEDAD PROFESIONAL. PARA DETERMINAR SU EXISTENCIA DEBE ATENDERSE AL TRABAJO DESEMPEÑADO O AL MEDIO AMBIENTE EN QUE ÉSTE SE PRESTE, MÁS QUE A SU NOMBRE.PRUEBA PERICIAL MÉDICA. SI LA JUNTA DE CONCILIACIÓN Y ARBITRAJE DETERMINA QUE EL DICTAMEN ES INCORRECTO, DEBERÁ HACER A LOS PERITOS LAS PREGUNTAS QUE ESTIME PERTINENTES EN EL MOMENTO DE SU DESAHOGO O UNA VEZ RECIBIDO EL PROYECTO DE LAUDO CORRESPONDIENTE.

 
ÍNDICE
CONTENIDO

CONTRADICCI�N DE TESIS 17/2003-SS. ENTRE LAS SUSTENTADAS POR LOS TRIBUNALES COLEGIADOS SEXTO Y D�CIMO TERCERO, AMBOS EN MATERIA DE TRABAJO DEL PRIMER CIRCUITO.

MINISTRO PONENTE: G.D.G.P..

SECRETARIA: MAR�A MARCELA RAM�REZ CERRILLO.

CONSIDERANDO:

TERCERO

El Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito al resolver el amparo directo DT. 12106/2002 interpuesto por el Instituto Mexicano del Seguro Social, emiti� y aprob� la tesis aislada 1.6o.T.159 L, publicada en el T.X.I, enero de 2003, p�gina 1864 del Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, cuyo rubro es: "RIESGO PROFESIONAL. ES FACULTAD DE LAS JUNTAS DE CONCILIACI�N Y ARBITRAJE DETERMINAR EL PORCENTAJE DE INCAPACIDAD PARCIAL PERMANENTE QUE PRODUCE, CON APOYO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO.", sosteniendo similar criterio al resolver los juicios de amparo directo DT. 11156/2002 y DT. 11826/2002; en dichos asuntos determin� otorgar el amparo y protecci�n a la quejosa apoy�ndose, en lo conducente, en las siguientes consideraciones:

DT. 12106/2002

CUARTO. ... Por otra parte, es infundado el concepto de violaci�n en el que esencialmente se�ala el instituto quejoso que la autoridad responsable no tuvo suficientes elementos de convicci�n para determinar la existencia del nexo causal entre el padecimiento diagnosticado y las actividades o medio ambiente laboral desarrollado, porque el padecimiento de bronquitis cr�nica industrial no se encuentra relatado en alguna de las fracciones del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo. Al respecto, la Junta responsable estim� lo siguiente: ?El perito propuesto por el actor y el perito tercero en discordia le diagnostican una bronquitis cr�nica industrial, este padecimiento se considera como profesional en virtud de que el actor en su demanda manifest� haber trabajado durante su vida laboral para diversas empresas, entre ellas Nabisco Famosa, S. de C.V., en donde estuvo expuesto a la inhalaci�n de polvos de cereales y harinas, por lo que su labor se encuadra perfectamente en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo que contiene la tabla de enfermedades de trabajo en su apartado 7 que se refiere a las afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de cereales, harinas, heno, paja, yute, ixtle y henequ�n, por lo que se debe condenar al instituto demandado a reconocer como enfermedad profesional el padecimiento que nos ocupa valuado en un 30% de disminuci�n �rgano funcional total por el perito tercero en discordia por considerarlo el mejor elaborado.? (foja 165). De ah� que la autoridad responsable s� se�al� por qu� se acredit� el nexo causal respecto de la enfermedad diagnosticada, pues claramente indic� que respecto de la enfermedad diagnosticada como bronquitis cr�nica industrial, se actualiz� la presunci�n legal derivada de la fracci�n 7 del citado numeral 513 de la ley laboral, coligi�ndose que no fue necesario que se allegara otros medios de prueba, toda vez que el diagn�stico de la enfermedad y la aplicaci�n de la norma realizada por la propia Junta responsable fue suficiente para que quedara acreditado el nexo casual, de ah� que �nicamente con la prueba pericial se determin� el origen profesional del padecimiento, esto porque la Junta responsable consider� que las actividades relatadas por el actor se ubican en el precepto referido; sin que el instituto demandado combata las razones en las que se apoy� la autoridad para determinar dicha existencia de la relaci�n de causalidad entre la enfermedad y las actividades o medio ambiente laboral. Cabe precisar que es obligaci�n de la Junta responsable realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, y subsumir las actividades manifestadas dentro de las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, de conformidad con los art�culos 840, fracci�n VI y 841 del mismo ordenamiento legal. Esto es as� porque le corresponde a la Junta de Conciliaci�n y Arbitraje realizar la adecuaci�n de los hechos alegados por las partes con la norma legal aplicable a cada caso particular, esto es, determinar y decidir cu�l es el derecho que le corresponde a cada hecho esgrimido por los contendientes. De acuerdo con los art�culos 821 y 822 de la Ley Federal del Trabajo, los peritos son personas con conocimientos especiales en una ciencia, arte u oficio, que a trav�s del dictamen respectivo, auxilian a la Junta para esclarecer la verdad sobre determinados puntos en conflicto. Por tanto, la obligaci�n del perito m�dico reside en informar al �rgano jurisdiccional las enfermedades, sus probables causas y la valuaci�n del grado de disminuci�n org�nica de la funci�n, empero, corresponde a la Junta responsable realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, ya que es labor del �rgano jurisdiccional calificar los hechos aducidos por las partes en la demanda y su contestaci�n, verificar que estos queden acreditados por existir prueba de ello o porque se actualice alguna presunci�n legal, luego subsumir las enfermedades diagnosticadas o las actividades manifestadas a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, de conformidad con los art�culos 840, fracci�n VI y 841 del mismo ordenamiento legal, pues no es posible que resida en el profesional m�dico la facultad jurisdiccional de determinar la aplicabilidad de alguna fracci�n de la Ley Federal del Trabajo, para efectos de establecer el porcentaje de incapacidad, sin que la autoridad responsable se cerciore de la existencia de la norma aplicada. Adem�s, de la adecuaci�n de la norma al caso particular depender� la actualizaci�n de la presunci�n que emana del presupuesto legal, labor meramente jurisdiccional que, por tanto, no puede residir en un profesional en materia de medicina, pues con los datos que provee el propio perito m�dico, la Junta est� en aptitud de determinar la norma legal aplicable para establecer el porcentaje de incapacidad parcial permanente que se reconoce. Luego, la prueba pericial no puede constituir un procedimiento jurisdiccional dentro del juicio laboral, del que se derive de forma un�voca la actualizaci�n de la presunci�n legal derivada de las fracciones establecidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, y en el que la Junta de Conciliaci�n y Arbitraje no tenga facultades para establecer la actualizaci�n de la presunci�n legal convirti�ndose �nicamente en una autoridad ejecutora de dicho procedimiento intraprocesal, lo anterior porque en la legislaci�n laboral no existe ning�n precepto legal que instituya dicho procedimiento; adem�s el objeto de la prueba pericial es que la Junta se allegue de los datos que desconoce para que pueda hacer una correcta adecuaci�n de los hechos a la norma legal aplicable. Similar criterio fue sostenido en los juicios de amparo directo n�meros DT. 11156/2002 y DT. 11826/2002, resueltos por este Tribunal Colegiado. Por otra parte, es fundado el concepto de violaci�n en el que de forma sucinta, esgrime el quejoso que la autoridad responsable incorrectamente estableci� la relaci�n causal, derivada de la fracci�n 156 del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, porque las actividades relatadas por el actor en su escrito de demanda como ?t�cnico administrativo? no son an�logas a las establecidas en la referida fracci�n. Al respecto el actor expres� como hechos los siguientes: ?2. El demandante ha laborado y prestado sus servicios para las siguientes empresas, ha ocupado los siguientes puestos y categor�as, realizando las actividades y estando expuesto a los agentes ambientales que a continuaci�n se se�alan; inicia su vida laboral en la empresa Industrias Unidas, S. de C.V., quien fue la empresa que dio de alta a mi representado en el r�gimen de seguridad social que imparte el Instituto Mexicano del Seguro Social y donde labor� durante el lapso de 5 a�os como prensista, posteriormente fue dado de alta en el r�gimen obligatorio del IMSS, por la empresa M., S. de C.V., donde labor� durante 5 a�os, luego ingres� a laborar en la empresa Nabisco Famosa, S. de C.V., donde prest� sus servicios durante 2 a�os y, finalmente, ingres� contratado por la empresa Bodegas Rurales Conasupo, S. de C.V., siendo esta la �ltima empresa patronal donde labor� los �ltimos 20 a�os desempe�ando varios puestos, siendo el �ltimo de ellos el de t�cnico administrativo; hechos que son del conocimiento del instituto demandado y que constan en el expediente personal del actor en el Departamento de Afiliaci�n Vigencia de Derechos y en el Cat�logo Nacional de Asegurados del instituto demandado, por lo que con fundamento en el art�culo 27 de la Ley del Seguro Social mencionada esta instituci�n cuenta con: Documentos, datos e informes de trabajadores y patrones y est� obligada a darlos a conocer en el presente juicio, teniendo como �ltimo salario diario integrado $131.27, as� como el promedio salarial de las �ltimas 52 semanas de cotizaci�n que resulta $110.00, y el promedio de las �ltimas 250 semanas de cotizaci�n es la cantidad de $90.00 que deber�n ser la base para calcular el monto de las pensiones, en el momento procesal oportuno, registrando ante el instituto demandado aproximadamente 1664 semanas de cotizaci�n. Debiendo considerar para el pago de la incapacidad parcial permanente e invalidez definitiva que se demanda el salario con el cual se encuentre cotizando la parte actora al momento en que esta H. Junta emita el laudo condenatorio correspondiente y que bajo ninguna circunstancia el monto de la pensi�n podr� ser inferior al 100% del salario m�nimo general vigente que rija para el D.F., lo anterior en t�rminos de lo dispuesto en los art�culos 75, fracci�n II y III, 167 y 168 de la Ley del Seguro Social publicada en el Diario Oficial de la Federaci�n el 12 de marzo de 1973 y sus reformas; lo anterior en virtud de que mi poderdante se acoge a los beneficios consagrados en los art�culos tercero y und�cimo transitorios de la Ley del Seguro Social. Mi representado estuvo expuesto durante toda su vida laboral a diversos agentes contaminantes laborales como son: ruidos y sonidos de gran magnitud que impiden la comunicaci�n oral, polvos, humos, solventes, nubes y neblinas de pinturas, gases, vapores, altas y bajas temperaturas, radiaci�n, sustancias qu�micas y t�xicas, �cidos, sobreesfuerzos f�sicos por cargar objetos con un peso mayor a los 40 kilogramos y adem�s adoptando posturas prolongadas forzosas e inc�modas, rotaciones constantes de la columna vertebral lumbar con bipedestaci�n prolongada, expuesto a estar sentado o de pie con largas jornadas de trabajo, agentes que siempre se han encontrado presentes en el medio ambiente laboral en que se ha desempe�ado mi representado, hechos que son del conocimiento del instituto demandado al revisar los diferentes pagos de cuotas obrero patronales en que se pag� el grado de riesgo, actividades laborales propias de las empresas, acorde al reglamento de clasificaci�n de empresas de la multicitada Ley de Seguridad Social, gener�ndose en el organismo del hoy actor los padecimientos profesionales siguientes: A) Cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico que condiciona una hipoacusia bilateral combinada valuada en un 41%. B) Bronquitis qu�mica industrial valuada en un 40%. C) S�ndrome doloroso lumbar cr�nico secundaria a espondiloartrosis grado III. D) Presbicia bilateral. E) G. bilateral. F) H.�n arterial sist�mica severa. G) Artritis reumatoide. H) Obesidad ex�gena grado III. Los dos primeros padecimientos se califican del orden profesional de acuerdo a los art�culos 513, fracci�n 156 y 514, fracci�n 351, 473, 475, 477, fracci�n II, 470 y 514 todos de la Ley Federal del Trabajo, valu�ndose en una incapacidad parcial permanente del 81%, y de manera conjunta si analizamos los padecimientos, edad, instrucci�n escolar hasta el quinto a�o de primaria, la incapacidad laboral, los requisitos actuales de las empresas para contratar personal a nivel nacional exigen al candidato a contratar como edad, realizaci�n de estudios m�dicos, curr�culum para determinar su aptitud, resulta que al actor no se le contrata al no reunir el perfil del puesto y que las anteriores limitaciones le generan por su severidad una incapacidad total y permanente al 100% de la total org�nica-funcional, debiendo esta H. Autoridad aplicar el beneficio del art�culo 493 de la Ley Federal del Trabajo, al no poder ya desarrollar ninguna de las actividades propias a sus categor�as antes citadas.? (fojas 4 y 5). Por su parte la Junta responsable al momento de dictar el laudo impugnado consider� lo siguiente: ?El dictamen del perito propuesto por el instituto demandado, diagnostica una cortipat�a bilateral vascular degenerativa, como padecimiento que sufre el actor, por lo que es indudable que efectivamente el actor padece la mencionada cortipat�a. La discrepancia entre este dictamen m�dico, el del propuesto por el actor y el tercero en discordia, consiste en la g�nesis del padecimiento. Consecuentemente si el perito m�dico tercero en discordia se�ala con toda precisi�n las actividades laborales del actor, entre las cuales destacan las de prensista, operario de juguetes de pl�stico, operario de m�quinas de moldes para plumas de pl�stico, t�cnico mec�nico en la reparaci�n de motores de gasolina, el�ctricos, diesel; bazokas para descarga de granos a granel, de ma�z, sorgo, l�quidos como malati�n 1000E, pastillas y l�quidos para plaga, con lo que conduce a considerar que el actor tiene afecciones derivadas de la fatiga industrial, pues estuvo sometido a ruidos y trepidaciones, por lo que, por analog�a, esta Junta considera que las labores a que se ha dedicado el actor se encuadran en el art�culo 513, fracci�n 156 de la Ley Federal del Trabajo.? (foja 165 ). De lo anterior se desprende lo fundado del concepto de violaci�n, porque la Junta incorrectamente estableci� la actualizaci�n de la presunci�n legal preceptuada en la fracci�n 156 del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, ya que las actividades, categor�a y condiciones laborales relatadas en el escrito inicial de demanda, cuando se fij� la litis, no se encuentran mencionadas ni pueden considerarse an�logas de aquellas que relata la citada fracci�n 156 del precepto legal indicado. De ah� que la Junta responsable de forma incorrecta haya considerado que el padecimiento de hipoacusia tuviera relaci�n de causa-efecto con su ambiente laboral o con su categor�a, pues el quejoso afirm� desempe�arse como t�cnico administrativo en Bodegas Rurales Conasupo, S. de C.V., y aunque el art�culo 513, fracci�n 156 de la Ley Federal del Trabajo, del cual se deriva la presunci�n legal de la etiolog�a profesional de la hipoacusia, es una disposici�n simplemente enunciativa y no limitativa, por tanto puede estimarse que el padecimiento sea de origen profesional, siempre y cuando las actividades desempe�adas por el actor sean an�logas a las establecidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo; sin embargo, en el caso particular, las actividades del quejoso no tienen relaci�n alguna con aquellas que v�lidamente se pueden contemplar en la referida fracci�n del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, y por ello no puede operar la presunci�n a favor del quejoso, en cuanto a que la incapacidad que sufre se deriva de enfermedad profesional y, en todo caso, debi� acreditar el nexo causal entre las actividades y el ambiente en el que las desempe��, con el padecimiento que fue diagnosticado, pues al no operar la presunci�n legal derivada del referido art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, luego entonces, el actor tuvo la carga de probar el origen profesional del padecimiento diagnosticado, por no ser suficientes los dict�menes rendidos en el juicio laboral. Sirve de apoyo a lo anterior, la tesis de jurisprudencia n�mero 182, de la entonces Cuarta Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, publicada en las p�ginas 121 y 122 del Ap�ndice de jurisprudencia 1917-1995, Tomo V, as� como la jurisprudencia de la actual Segunda Sala publicada en la p�gina 401, del Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.V., mayo de 1998, que respectivamente dicen: ?ENFERMEDADES DE TRABAJO, PRUEBA DE LAS. La tesis establecida en el sentido de que basta con que el obrero sufra una enfermedad en el desempe�o de su trabajo o con motivo del mismo, para que tenga derecho a la indemnizaci�n correspondiente, quedando al demandado la carga de la prueba del hecho relativo a si la enfermedad es o no profesional, solamente es aplicable cuando se trata de alguna de las enfermedades que la Ley Federal del Trabajo de 1931, enumera, d�ndose el car�cter de profesionales.? y ?ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA RELACI�N CAUSAL ENTRE �STA Y EL MEDIO EN EL CUAL EL TRABAJADOR PRESTE O HAYA PRESTADO SUS SERVICIOS, NO REQUIERE NECESARIAMENTE DE LA PRESENCIA DEL PERITO M�DICO EN EL LUGAR, EMPRESA O ESTABLECIMIENTO. Conforme a la jurisprudencia sustentada por este Alto Tribunal, la prueba pericial m�dica es la id�nea para determinar, tanto si el origen de una enfermedad es de car�cter profesional, como el grado de incapacidad que le provoque al trabajador. Sin embargo, establecer una regla general, aplicable a la universalidad de los casos, para tener por acreditado el se�alado v�nculo causal, involucrar�a cargas procesales adicionales innecesarias y sin soporte legal, o bien, un desequilibrio entre las partes contendientes, al extremo de provocar laudos condenatorios basados en la simple afirmaci�n del actor sustentada nada m�s que en el desahogo de una pericial m�dica que no arroje la convicci�n necesaria para tal fin. En atenci�n a ello, si se trata de una enfermedad cuya profesionalidad se presume, o sea, de aquellas enumeradas en la tabla a que se refiere el art�culo 513, de la Ley Federal del Trabajo, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de la incapacidad, es suficiente para determinar dicho origen, sin perjuicio de que el demandado rinda pruebas que desvirt�en esta presunci�n, conforme al numeral 476 de la misma ley; fuera de este supuesto, es decir, trat�ndose de enfermedades no contempladas en la tabla de referencia, el peritaje debe establecer adem�s, si existe o no una relaci�n causal entre el padecimiento y el trabajo (relaci�n directa) o el medio ambiente laboral (relaci�n indirecta), as� como especificar cu�l es esa relaci�n y los medios de que se vali� el perito para su determinaci�n y, para que el dictamen del experto alcance valor probatorio pleno, deber� encontrarse robustecido con el resultado de la visita que haga al lugar o centro de trabajo, para constatar cu�les eran o son las condiciones ambientales en que se vino desarrollando la actividad o profesi�n, si esto puede obtenerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del dictamen primigenio, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes periciales relacionados con esas condiciones. Lo anterior, sin dem�rito de que las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje act�en, en los t�rminos previstos en el art�culo 782, de la ley de la materia, en el sentido de ordenar con citaci�n de las partes, el examen de lugares o reconocimiento por peritos, a fin de practicar las diligencias que juzguen convenientes para el esclarecimiento de la verdad.?. Consecuentemente, lo que procede es conceder el amparo y la protecci�n de la Justicia Federal para que la Junta responsable deje insubsistente el laudo impugnado y, en su lugar, dicte otro en el que considere que no se actualiz� la presunci�n legal derivada de la fracci�n 156 del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo respecto del padecimiento diagnosticado como hipoacusia, y hecho, resuelva sin perjuicio de los aspectos ya definidos.

DT.11156/2002

CUARTO. De la misma forma es infundado el concepto de violaci�n en el que esencialmente se�ala el instituto quejoso que la autoridad responsable no tuvo suficientes elementos de convicci�n para determinar la existencia del nexo causal, adem�s de que la bronquitis cr�nica industrial es distinto padecimiento de la fibrosis neumoconi�tica establecido y relatado en el art�culo 514 de la Ley Federal del Trabajo; por lo que respecto de dicho padecimiento no qued� acreditada la relaci�n de causa-efecto con su ambiente de trabajo. Al respecto, la Junta responsable estim� lo siguiente: ?...toda vez que de acuerdo a las actividades que realizaba la actora, y el tipo de actividad de la empresa donde laboraba, las mismas se encuadran en los numerales 22 del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, ya que la soldadura y la industria de las pinturas que el actor refiere, fueron las causantes del segundo padecimiento que refiere ...? (foja 81). De ah� que la Junta responsable s� se�al� por qu� se acredit� el nexo causal, pues claramente indic� que respecto de la bronquitis cr�nica industrial se actualiz� la presunci�n legal derivada de la fracci�n 22 del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, coligi�ndose que no fue necesario que se allegara otros medios de prueba, toda vez que el diagn�stico de la enfermedad y la aplicaci�n de la norma, realizada por la Junta responsable, fue suficiente para que quedara acreditado el nexo casual, por lo que �nicamente con la prueba pericial se determin� el origen profesional del padecimiento, esto, por estar relatada la actividad del actor en el precepto referido; as�, la obligaci�n del perito m�dico reside en informar al �rgano jurisdiccional las enfermedades y sus probables causas, empero, corresponde a la Junta responsable realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, ya que, es labor del �rgano jurisdiccional subsumir las actividades manifestadas a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, de conformidad con los art�culos 840, fracci�n VI y 841 del mismo ordenamiento legal; finalmente, no es posible que resida en el profesional m�dico la facultad jurisdiccional de determinar la aplicabilidad de diversa fracci�n de la Ley Federal del Trabajo. Asimismo, es infundado el concepto de violaci�n en el que aduce el quejoso que la Junta responsable omiti� se�alar el nexo causal existente entre el padecimiento de cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico y el ambiente de trabajo en el que se desarroll� el trabajador, hoy tercero perjudicado. Al respecto, la autoridad responsable, al momento de dictar el laudo, estim�: ?Toda vez que los peritajes anteriores resultaron contradictorios, se nombr� a un perito tercero en discordia, el cual rindi� su dictamen en los t�rminos visibles en las fojas 62 a 65 del expediente, del que se desprende: historia cl�nica, antecedentes heredo-familiares y personales no patol�gicos, antecedentes laborales, padecimiento actual, exploraci�n f�sica dirigida, estudios complementarios, diagn�stico: 1. Cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico y componente degenerativo que condiciona una hipoacusia bilateral combinada de 10%; 2. Bronquitis cr�nica industrial; 3. S�ndrome doloroso lumbar cr�nico mecanopostural y degenerativo; 4. A.�a y presbicia; 5. Tobillo izquierdo sano; consideraciones y conclusiones m�dico legales; determinando que la actora presenta en la actualidad los padecimientos antes descritos, los cuales los 2 primeros son de orden profesional, valuados en un 35%. Analizando los anteriores dict�menes vemos que la pericial de la demandada fue elaborada en papeler�a que contiene el logotipo del IMSS, por lo que hace pensar que es un peritaje parcial y, adem�s, se trata de un peritaje que no le produce convicci�n a esta Junta, toda vez que no abunda en sus razonamientos en cuanto a c�mo y por qu� llega a las conclusiones como lo hace y, en tal virtud, no se le puede dar ning�n valor probatorio. Finalmente, por lo que se refiere a la pericial del tercero en discordia, vemos que, en la especie, es un perito que pertenece al sector laboral oficial, es decir, que su peritaje es imparcial ya que no tiene ning�n inter�s en el presente juicio y, adem�s, hace un estudio anal�tico y m�s profundo de las constancias procesales, por lo que a esta H. Junta le procede parcialmente convicci�n aunado con el perito m�dico de la parte actora, respecto al segundo padecimiento determinado por dichos peritos, toda vez que de acuerdo a las actividades que realizaba la actora y el tipo de actividad de la empresa donde laboraba, las mismas se encuadran en los numerales 22 del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, ya que la soldadura y la industria de las pinturas que el actor refiere, fueron las causantes del segundo padecimiento que refiere; y por lo que hace al tobillo izquierdo, los tres peritos le niegan disminuci�n org�nico funcional y, por tanto, a esta Junta no le produce convicci�n que sea de orden profesional. En vista de lo anterior, esta Junta considera procedente condenar al reconocimiento y pago de que la actora sufre de incapacidad permanente parcial valuada en un 25% de disminuci�n org�nico funcional, por lo que esta Junta estima procedente condenar a la demandada al pago de una indemnizaci�n global correspondiente a 5 anualidades de lo que le hubiese correspondido por pensi�n, as� como al pago de las prestaciones en especie que determina el art�culo 63 de la Ley del Seguro Social y toda vez que de las pruebas ofrecidas por las partes, de ninguna de ellas se desprende el promedio de las �ltimas 52 semanas de cotizaci�n del actor, cantidad con la cual deber� de hacerse la correcta cuantificaci�n de dicha indemnizaci�n, por lo que deber� abrirse incidente de liquidaci�n.? (fojas 80 y 81). De la anterior transcripci�n aparece que, contrario a lo que aduce el instituto quejoso, la Junta responsable omiti� condenar al reconocimiento de la cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico como enfermedad de origen profesional, esto es as� porque la Junta responsable determin� otorgarle valor probatorio a los dict�menes m�dicos rendidos, tanto por el designado por el actor como por el tercero en discordia, particularmente de este �ltimo se aprecia que a la hipoacusia bilateral secundaria le confiri� una incapacidad parcial permanente del diez por ciento, dicho profesional tambi�n determin� que el padecimiento de bronquitis cr�nica industrial era de etiolog�a profesional, finalmente valu� la incapacidad parcial permanente en un treinta y cinco por ciento; por lo anterior se concluye que el veinticinco por ciento de incapacidad parcial permanente a que conden�, deriv� del reconocimiento de la bronquitis cr�nica industrial como padecimiento de origen laboral; y que respecto de la cortipat�a no hizo pronunciamiento alguno que resultara en la condena del mismo. Consecuentemente lo que procede es negar el amparo y protecci�n de la Justicia Federal.

DT. 11826/2002

CUARTO. El estudio de los conceptos de violaci�n conduce a determinar lo siguiente: Es infundado el primer concepto de violaci�n, en el que aduce el quejoso que la autoridad responsable consider� acreditado el accidente de trabajo, sin que el actor haya demostrado con ninguna de sus pruebas que haya sufrido el referido accidente durante el trabajo y en ejercicio o como consecuencia del mismo. El actor reclam� en su escrito inicial de demanda: (Se transcribe). El instituto demandado neg� que el actor haya sufrido accidente de trabajo, ya que en ning�n momento se le dio el aviso para calificar el riesgo de trabajo, es decir, la Forma MT-1 (foja 32). El actor ofreci�, entre otras pruebas, la testimonial y la pericial m�dica, de las que se desprende lo siguiente: (Se transcribe). El perito m�dico del actor concluy�: (Se transcribe). La autoridad responsable estim�: (Se transcribe). Por tanto, como consider� la Junta responsable, s� qued� demostrado el accidente de trabajo sufrido por el actor el dieciocho de marzo de mil novecientos noventa y cuatro, con el resultado de la prueba testimonial rendida, adminiculada con los diagn�sticos emitidos por los peritos m�dicos del actor y del tercero en discordia, ya que los testigos fueron contestes en cuanto a las circunstancias en que ocurri� dicho accidente y los dict�menes m�dicos fueron concluyentes respecto al padecimiento del actor. Por otra parte, aduce el quejoso que la autoridad responsable lo conden� al reconocimiento de afaquia de ojo derecho de origen postraum�tico y postquir�rgico, apoy�ndose en el dictamen rendido por el perito m�dico tercero en discordia. Lo anterior deviene inoperante, porque de la lectura del acto reclamado aparece que la Junta responsable consider�: ?Y no se omite considerar que al igual que el peritaje m�dico elaborado por el perito m�dico de la parte actora, que se toma en cuenta en cuanto se asemeja con el tercero en discordia, no as� en cuanto difiere, debido a la parcialidad en que se pronuncia a favor de la parte que representa ...? (foja 105). Es decir, la autoridad responsable no s�lo se apoy� en el dictamen del perito m�dico tercero en discordia, sino tambi�n en el dictamen del perito m�dico del actor, para determinar que el actor tiene el padecimiento se�alado, sin que ello sea combatido en los conceptos de violaci�n por el instituto quejoso, por lo que los conceptos de violaci�n sobre el particular resultan inoperantes. El mismo criterio fue sostenido por este Sexto Tribunal Colegiado en el juicio de amparo directo n�mero DT. 11686/2002, promovido por el Instituto Mexicano del Seguro Social, resuelto el veintiocho de noviembre de dos mil dos, por unanimidad de votos, siendo ponente el Magistrado G.R., y secretario el licenciado Bernab� V�zquez P�rez, bajo el rubro: ?CONCEPTOS DE VIOLACI�N INOPERANTES. Si el quejoso expresa en sus conceptos de violaci�n que la responsable indebidamente se apoy� en el dictamen del perito tercero en discordia, cuando dicha autoridad tambi�n tom� en cuenta el diverso dictamen emitido por el perito del actor, debe concluirse que dichos conceptos son inoperantes, porque tales fundamentos no aparecen combatidos en la demanda de amparo y se mantienen inalterados.?. En cambio, asiste raz�n al quejoso al aducir en la primera parte del concepto de violaci�n que se analiza, que el acto reclamado se apoy� para determinar el grado de incapacidad del actor en el art�culo 514, fracci�n 301, tabla II, de la Ley Federal del Trabajo, a pesar de que dicha fracci�n no tiene tabla II. En efecto, tal como ha quedado transcrito en p�rrafos anteriores, los peritos m�dicos del actor y tercero en discordia apoyaron el porcentaje de incapacidad que determinaron al actor, en el art�culo 514, fracci�n 301, tabla II, de la Ley Federal del Trabajo, no obstante que dicha fracci�n carece de tabla II, pues s�lo contiene la tabla I, y en el mismo error incurri� la Junta responsable. Ahora bien, de acuerdo con los art�culos 821 y 822 de la Ley Federal del Trabajo, los peritos son personas con conocimientos especiales en una ciencia, arte u oficio, que a trav�s del dictamen respectivo, auxilian a la Junta para esclarecer la verdad sobre determinados puntos en conflicto. Por tanto, la obligaci�n del perito m�dico reside en informar al �rgano jurisdiccional las enfermedades, sus probables causas y la valuaci�n del grado de disminuci�n org�nica de la funci�n; empero, corresponde a la Junta responsable realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, ya que, es labor del �rgano jurisdiccional subsumir las consecuencias de un accidente de trabajo a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 514 de la Ley Federal del Trabajo, de conformidad con los art�culos 840, fracci�n VI y 841 del mismo ordenamiento legal; pues no es posible que resida en el profesional m�dico la facultad jurisdiccional de determinar la aplicabilidad de determinada fracci�n de la Ley Federal del Trabajo, para efectos de determinar el porcentaje de incapacidad, sin que la autoridad responsable se cerciore de la existencia de la norma aplicada. Adem�s, de la adecuaci�n de la norma al caso particular, depender� la actualizaci�n de la presunci�n que emana del presupuesto legal, labor meramente jurisdiccional que, por tanto, no puede residir en un profesional en materia de medicina, pues con los datos que provee el propio perito m�dico, la Junta est� en aptitud de determinar la norma legal aplicable para establecer el porcentaje de incapacidad parcial permanente. Similar criterio fue sostenido en el juicio de amparo directo n�mero DT. 11156/2002, promovido por el Instituto Mexicano del Seguro Social, resuelto en sesi�n de fecha doce de noviembre de dos mil dos, siendo Magistrada relatora la licenciada C.P.B. y secretario el licenciado A.S.L.. En consecuencia, procede conceder el amparo y la protecci�n de la Justicia Federal al instituto quejoso, para el efecto de que la Junta responsable deje insubsistente el laudo impugnado y dicte otro en el que determine el grado de incapacidad que corresponde al actor y, hecho, con libertad de jurisdicci�n, resuelva lo que proceda.

La tesis que surgi� de tales precedentes es la siguiente:

"Novena �poca

"Instancia: Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito

"Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta

"Tomo: XVII, enero de 2003

"Tesis: I.6o.T.159 L

"P�gina: 1864

"RIESGO PROFESIONAL. ES FACULTAD DE LAS JUNTAS DE CONCILIACI�N Y ARBITRAJE DETERMINAR EL PORCENTAJE DE INCAPACIDAD PARCIAL PERMANENTE QUE PRODUCE, CON APOYO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO. La obligaci�n del perito m�dico es la de informar al �rgano jurisdiccional las enfermedades, sus probables causas y la valuaci�n del grado de disminuci�n org�nica de la funci�n; empero, corresponde a la Junta responsable realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, ya que es labor del �rgano jurisdiccional subsumir las enfermedades diagnosticadas, categor�as, actividades y medio ambiente de trabajo a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, de conformidad con los art�culos 840, fracci�n VI y 841 del mismo ordenamiento legal, porque es objeto de la prueba pericial el proporcionar a la Junta los datos necesarios para ello; sin embargo, no es posible que recaiga en el profesional m�dico la facultad de decidir la aplicabilidad de determinada fracci�n de la Ley Federal del Trabajo, para efectos de establecer el porcentaje de incapacidad, sin que la autoridad responsable se cerciore de la existencia de la norma aplicada. Adem�s, de la adecuaci�n de la norma al caso particular, depender� la actualizaci�n de la presunci�n que emana del presupuesto legal, labor meramente jurisdiccional que, por tanto, no puede residir en un profesional en materia de medicina, ya que con los datos que provee el propio perito m�dico, la Junta est� en aptitud de determinar la norma legal respectiva para aplicar la presunci�n legal de la incapacidad parcial permanente y su grado de valuaci�n.

"SEXTO TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA DE TRABAJO DEL PRIMER CIRCUITO.

Amparo directo 12106/2002. Instituto Mexicano del Seguro Social. 9 de enero de 2003. Unanimidad de votos. Ponente: C.P.B.. Secretario: A.S.L..

CUARTO

Por su parte, el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, cuyo criterio se denuncia como contrario al sostenido por el tribunal mencionado anteriormente, al resolver los juicios de amparo directo DT. 10093/2002, DT. 11873/2002, DT. 12433/2002, DT. 15393/2002 y DT. 15813/2002, consider�, en lo conducente, lo siguiente:

DT. 10093/2002

QUINTO. El concepto de violaci�n es sustancialmente fundado. Es sustancialmente fundado lo que afirma el quejoso en el concepto de violaci�n en el sentido de que la Junta err� al conceder plena eficacia convictiva al dictamen pericial rendido por el perito tercero en discordia, que diagnostic� al actor ?enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes?, siendo que no est� contemplada en la tabla prevista por el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo; el especialista la ubic� en el t�tulo ?Enfermedades broncopulmonares producida por la aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, pero omiti� fundarla espec�ficamente en alguna de las fracciones del rubro que invoc�, por lo que esa opini�n carec�a de veracidad y, a pesar de ello, la responsable decidi� que se demostr� la profesionalidad. De acuerdo con la parte considerativa de la ejecutoria de fecha tres de abril de mil novecientos noventa y ocho, pronunciada por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, al resolver la contradicci�n de tesis n�mero 33/97, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.V., mayo de mil novecientos noventa y ocho, p�ginas cuatrocientos dos a cuatrocientos cuarenta y siete, trat�ndose de la reclamaci�n de reconocimiento de incapacidad derivada de una enfermedad de trabajo, si el padecimiento del asegurado se encuentra considerado como de trabajo en la tabla contenida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y en esa tabla se consigna su actividad como causante del padecimiento, se actualiza en favor del trabajador la presunci�n de que su padecimiento es de origen profesional y, por tanto, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad es suficiente para determinar dicho origen, sin que exista la necesidad de acreditar con otros medios de convicci�n la relaci�n de causa-efecto entre su padecimiento y la actividad o medio de trabajo. En cambio, cuando la enfermedad del trabajador est� considerada en dicha tabla como de trabajo, pero la actividad que dijo desempe�ar no corresponda o tenga el equivalente a alguna de las consideradas en dicha tabla como causantes del padecimiento, o bien, cuando ni la enfermedad ni la actividad del trabajador se encuentren consideradas en esa tabla, no se actualiza la presunci�n de que su enfermedad tenga un origen profesional y, por ende, se requiere la demostraci�n de la relaci�n causal. En tal supuesto, de acuerdo con lo considerado en ejecutoria que resolvi� la referida contradicci�n de tesis, el peritaje que al efecto se rinda debe establecer si existe o no tal relaci�n, cu�l es �sta y los medios de que se vali� el perito para arribar a tal determinaci�n, adem�s de que tal dictamen debe encontrarse robustecido con el resultado de la visita que al efecto practique al centro de trabajo para constatar las condiciones ambientales bajo las cuales se prest� el servicio, si esto puede obtenerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o un cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del primer dictamen, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes relacionados con esas condiciones. Tales razonamientos, entre otros, dieron lugar a la tesis de jurisprudencia publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.V., mayo de mil novecientos noventa y ocho, p�ginas cuatrocientos uno y cuatrocientos dos, cuyos rubro y texto son: ?ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA RELACI�N CAUSAL ENTRE �STA Y EL MEDIO EN EL CUAL EL TRABAJADOR PRESTE O HAYA PRESTADO SUS SERVICIOS, NO REQUIERE NECESARIAMENTE DE LA PRESENCIA DEL PERITO M�DICO EN EL LUGAR, EMPRESA O ESTABLECIMIENTO. Conforme a la jurisprudencia sustentada por este Alto Tribunal, la prueba pericial m�dica es la id�nea para determinar, tanto si el origen de una enfermedad es de car�cter profesional, como el grado de incapacidad que le provoque al trabajador. Sin embargo, establecer una regla general, aplicable a la universalidad de los casos, para tener por acreditadoel se�alado v�nculo causal, involucrar�a cargas procesales adicionales innecesarias y sin soporte legal, o bien, un desequilibrio entre las partes contendientes, al extremo de provocar laudos condenatorios basados en la simple afirmaci�n del actor sustentada nada m�s que en el desahogo de una pericial m�dica que no arroje la convicci�n necesaria para tal fin. En atenci�n a ello, si se trata de una enfermedad cuya profesionalidad se presume, o sea, de aquellas enumeradas en la tabla a que se refiere el art�culo 513, de la Ley Federal del Trabajo, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de la incapacidad, es suficiente para determinar dicho origen, sin perjuicio de que el demandado rinda pruebas que desvirt�en esta presunci�n, conforme al numeral 476 de la misma ley; fuera de este supuesto, es decir, trat�ndose de enfermedades no contempladas en la tabla de referencia, el peritaje debe establecer adem�s, si existe o no una relaci�n causal entre el padecimiento y el trabajo (relaci�n directa) o el medio ambiente laboral (relaci�n indirecta), as� como especificar cu�l es esa relaci�n y los medios de que se vali� el perito para su determinaci�n y, para que el dictamen del experto alcance valor probatorio pleno, deber� encontrarse robustecido con el resultado de la visita que haga al lugar o centro de trabajo, para constatar cu�les eran o son las condiciones ambientales en que se vio desarrollando la actividad o profesi�n, si esto puede obtenerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del dictamen primigenio, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes periciales relacionados con esas condiciones. Lo anterior, sin dem�rito de que las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje act�en, en los t�rminos previstos en el art�culo 782, de la ley de la materia, en el sentido de ordenar con citaci�n de las partes, el examen de lugares o reconocimiento por peritos, a fin de practicar las diligencias que juzguen convenientes para el esclarecimiento de la verdad.?. Esto es, el presupuesto necesario para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad es que se trate de aquellas enumeradas en la tabla que consigna el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que la actividad del obrero est� contemplada como causante de la misma; de modo que si el perito m�dico concluye sobre la existencia de la afecci�n f�sica y el grado de la incapacidad es innecesario demostrar su origen. Ahora bien, cuando en un juicio se demanda el pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente por enfermedad de trabajo, es indispensable que la Junta se auxilie de la opini�n de especialistas m�dicos, ya que se requiere de conocimientos en la materia que dominan y su funci�n consiste, precisamente, en ilustrar sobre una cuesti�n cient�fica ignorada por la autoridad de trabajo, pues le es propio esencialmente la aplicaci�n del derecho al caso concreto sometido a su decisi�n y son los galenos, de acuerdo a las constancias que integran el expediente y de los estudios que se practiquen al obrero, quienes est�n en aptitud de dictaminar el origen de la afecci�n org�nica que merma la salud, sea por las actividades que desempe�� o el ambiente laboral en que las desarroll�; y s�lo mediante los datos m�dicos que se proporcionen a la juzgadora, �sta puede v�lidamente pronunciarse sobre la demostraci�n en el juicio de si se trataba o no de un padecimiento profesional. En el caso, la responsable conden� al instituto al pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente al considerar que qued� demostrada la profesionalidad de la enfermedad que le diagnostic� al actor el perito tercero en discordia denominada ?enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes?, quien al rendir su opini�n afirm� que la ubic� en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, en su t�tulo ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral? y lo calific� conforme al diverso 514, �ndice 370, del mismo ordenamiento, correspondi�ndole el veinticinco por ciento de disminuci�n org�nico funcional total; esta conclusi�n es ilegal por las razones que se exponen a continuaci�n. La opini�n rendida por el especialista tercero en discordia no era susceptible de generar convicci�n a la Junta, porque no proporcion� los elementos necesarios para tener por acreditado el origen laboral de la ?enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes? que diagnostic� al actor, pues si la premisa es que se encuentre contemplada en la tabla de enfermedades de trabajo que contiene el art�culo 513 de la ley laboral, no bastaba que la hubiera ubicado en su t�tulo gen�rico ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, en raz�n de que �ste, a su vez, prev� diversos subt�tulos y fracciones espec�ficas que contemplan la denominaci�n cient�fica de los padecimientos a los que son propensos los obreros dependiendo de las labores desempe�adas; de modo que se trat� de una opini�n ambigua de la que no era posible desprender que el galeno efectivamente haya relacionado las tareas que realizaba el reclamante o su entorno f�sico, con una afecci�n broncopulmonar concreta y no conduc�a en forma sencilla a la conclusi�n de que s� se establec�a la presunci�n legal sobre su origen y por ello se impon�a relevarlo de la fatiga de demostrar la relaci�n causal. En ese orden de ideas, la omisi�n del especialista en especificar cu�l era la enfermedad que afectaba la salud del actor por el tipo de tareas que desempe�� o el ambiente laboral y s�lo ubicarlo en el t�tulo gen�rico del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo nombrado ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, evidencia que el perito no proporcion�, en su car�cter auxiliar de la Junta (en la ciencia en que se previene enfermedades), los elementos cient�ficos necesarios para decidir que era de trabajo, siendo que el objeto de la prueba pericial m�dica es, precisamente, orientarla en aspectos que requieren conocimientos especializados mediante un diagn�stico concreto sobre cu�l sea una afecci�n org�nica concreta que tiene el trabajador, de acuerdo a las catalogadas en la mencionada tabla, para que en esta opini�n cl�nica apoyara la juzgadora sus consecuencias en el �mbito jur�dico, en ejercicio de su facultad jurisdiccional, en la especie, en materia de seguridad social, en cuanto a si opera en favor del trabajador la presunci�n legal de su profesionalidad y, de lo contrario, la ineludible fatiga procesal demostrarla y analizar que se haya colmado en autos. Esto significa que si el dictamen del perito tercero en discordia no auxilia a la Junta en ubicar con precisi�n en la tabla de enfermedades profesionales establecidas, en el art�culo 513 de la ley laboral, de acuerdo a las labores desempe�adas por el obrero o el entorno f�sico en el que se emple�, el padecimiento del que es portador, no puede la autoridad por s� misma decidir cu�l es de las previstas en ese numeral la que posiblemente afecte la salud de aqu�l, mediante el an�lisis del abanico de subt�tulos que contempla y las fracciones que indican la denominaci�n m�dica de los padecimientos en relaci�n con las actividades de los trabajadores, porque se trata de aspectos cient�ficos que ata�en por los conocimientos que se requieren a los galenos y que ignora la Junta, al tratarse de un �rgano jurisdiccional al que s�lo corresponde pronunciar el derecho por ser el �mbito en que ejerce sus facultades conferidas por ley; de ah� que sea vital la recabaci�n de esos datos especializados concretos para resolver un conflicto en materia de seguridad social y ello es lo que justifica la intervenci�n de terceros al juicio como son los peritos m�dicos. Por tanto, si el perito tercero en discordia no ubic� en forma concreta la afecci�n f�sica en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que establecen la denominaci�n cient�fica de las broncopulmonares, de acuerdo a las actividades o el ambiente laboral en que prestaba sus servicios el actor, la Junta no contaba con los elementos necesarios para decidir si era o no profesional la que nombr� ?enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes? diagnosticada, porque el t�tulo que cit� es gen�rico y corresponde a los especialistas m�dicos especificar cu�l es la que ataca la salud de aqu�l y no a la Junta decidir del amplio cat�logo de los padecimientos broncopulmonares que consigna ese numeral, cu�l ser�a el conducente, seg�n lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas rendidas, porque al carecer de conocimientos cient�ficos relacionados con la medicina (ciencia que se ocupa de prevenir y curar las enfermedades) requiere de una base m�dico legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho. Es relevante se�alar que en este asunto el actor manifest� en el cap�tulo de hechos de la demanda que ingres� a la empresa Textiles Unidos, S., en la categor�a de oficial de rama por dos a�os; despu�s en el departamento de telares como ayudante de atador por cuatro a�os y finalmente en la categor�a de oficial de atador durante veinticinco a�os; que fue liquidado a causa de recorte de personal; que en �sta �ltima su labor consisti� en realizar, junto con cuatro o cinco personas, el abastecimiento de maquinaria tejedora con rollos de hilo con un peso aproximado de quinientos kilogramos; que estuvo expuesto a agentes mec�nicos, traumatismos diversos, ca�das a nivel de piso, polvos de fibras de algod�n y sint�ticas, vapores de sustancias qu�micas (goma para darle resistencia al hilo para el proceso de tejido), ruido intenso y medio ambiente con temperatura elevada con cambios bruscos. Al perito tercero en discordia manifest� que trabaj� como ayudante de atador por cinco a�os y oficial atador por veinticinco a�os, hasta marzo de mil novecientos noventa y ocho en que se cerr� la empresa; que sus actividades fueron cambiar los ?julios? para la elaboraci�n de las telas atando los hilos; que estuvo expuesto a ambiente ruidoso, inhalaci�n de part�culas de algod�n y naylon (sic), rotaciones forzadas de columna, ca�das a nivel de piso y bipedestaci�n prolongada. As�, de lo narrado por el actor en el escrito inicial y lo manifestado al perito tercero en discordia, destaca el hecho de que existe meridiana coincidencia de los elementos a los que adujo se encontr� expuesto durante su vida laboral; de la hoja de certificaci�n de derechos aportada por el instituto se obtiene que fue dado de alta en el r�gimen obligatorio por Textiles Unidos, S. de C.V., el veintisiete de enero de mil novecientos ochenta y dos y su baja ocurri� el ocho de abril de mil novecientos noventa y ocho. Sin embargo, aun cuando por las categor�as que afirm� el trabajador que ocup� en la industria textil puede colegirse que fue en el �rea de producci�n y se pod�a presumir la existencia de los agentes contaminantes que le propiciaron la afecci�n pulmonar, al tenor de las distintas enfermedades contempladas en el abanico de fracciones de la tabla prevista en el art�culo 513 de la ley laboral, relacionadas con el tipo de puesto que desempe�a el obrero y el material que inhalaba constantemente, de cuyos aspectos depende la naturaleza o denominaci�n espec�fica del padecimiento al que era propenso, era un requisito ineludible que el galeno ubicara la enfermedad en las contempladas por el numeral citado para que la Junta pudiera decidir si era irrelevante demostrar la relaci�n causal, por establecerse la presunci�n legal de su origen y al no haber rendido su opini�n el facultativo tercero en discordia en forma espec�fica y concreta de acuerdo a la referida tabla, es claro que por insuficiente no pod�a generar convicci�n su dictamen y lo cierto es que se refiri� a un padecimiento no contemplado que nombr� como ?enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes?. Esto se afirma, porque destacan de los agentes a los que afirm� el obrero estuvo expuesto en su vida productiva, los polvos de fibras de algod�n y sint�ticas, y el especialista le diagnostic� una ?enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes?, que adem�s de no encuadrar en los padecimientos de trabajo establecidos por el legislador, tampoco puede inferirse una relaci�n l�gica de los elementos que refiri� el obrero por las actividades que realizaba en la industria textil como ayudante de atador y oficial atador con el diagn�stico del perito al opinar que la disminuci�n org�nica estaba vinculada a los solventes, para que lo dote de veracidad. Para ilustrar esta conclusi�n, es conveniente se�alar lo dispuesto en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo en el t�tulo de ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, en su �ndice 8, prev� que son propensos a la bisinosis los trabajadores de hilados y tejidos de algod�n y dem�s manipuladores de este producto; y los t�rminos en que el facultativo dictamin� es ambiguo en cuanto a la intervenci�n de los solventes como contaminante, pues el contacto en forma preponderante con alguno de cierta naturaleza, puede ocasionar determinado tipo de afecci�n org�nica, lo que puede concluirse de un conocimiento com�n o sencillo y no especializado; de modo que la falta de precisi�n de este dictamen induce a navegar por las distintas hip�tesis contempladas en el numeral invocado, lo que no es adecuado para decidir el conflicto conforme a derecho. Entonces, si bien el t�tulo de la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, invocado por el especialista, no debe entenderse en forma restrictiva o limitativa sino ejemplificativa de las labores que pueden ser causantes de la enfermedad, se requiere que el perito m�dico proporcione los elementos necesarios para determinar sus consecuencias legales en el �mbito de la seguridad social, mediante la decisi�n que asuma la autoridad de trabajo y si no se le orienta en esta cuesti�n cient�fica o se hace de manera deficiente, no es sostenible que opere la presunci�n de su origen profesional por carecer de certidumbre esa opini�n cl�nica y procede imponer al actor la fatiga procesal de demostrar su naturaleza laboral, pues aun cuando el galeno concluya en la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad, es insuficiente para considerarla profesional. A�n m�s, el legislador estableci� en los art�culos 475 y 476 de la ley laboral, que debe entenderse por enfermedad de trabajo todo estado patol�gico derivado de la acci�n continuada de una causa que tenga su origen o motivo en el trabajo o en el medio en que el obrero deba prestar sus servicios y, que son consideradas de tal naturaleza las consignadas en la tabla del numeral 513 del mismo ordenamiento. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n en la jurisprudencia 95/2000, sent� el criterio de que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, debe encontrarse en la tabla del art�culo 513 de la ley laboral y que esta presunci�n no incluye el numeral 514, pues este �ltimo s�lo fija los par�metros entre un m�nimo y un m�ximo de disminuci�n org�nico funcional que pueden propiciar tanto los padecimientos como los accidentes profesionales y la tabla de valuaci�n se refiere a afecciones f�sicas que no siempre se ocasionan o derivan del trabajo, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n prevista en este �ltimo precepto se haya adquirido con motivo del trabajo. Tal jurisprudencia aparece publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Tomo XII, Novena �poca, correspondiente al mes de noviembre de ese mismo a�o, p�ginas trescientos veinte y siguiente, cuyos rubro y texto es el siguiente: ?ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO EST� CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO. De la relaci�n arm�nica de los art�culos 513, 514 y 476 de la Ley Federal del Trabajo, se concluye que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, el padecimiento debe estar incluido en la tabla del art�culo 513 referido, pues, dicha presunci�n no incluye al art�culo 514 de la misma ley, dado que el objetivo de este �ltimo precepto se reduce a fijar los par�metros entre un m�nimo y un m�ximo del grado de disminuci�n org�nico funcional que pueden producir tanto las enfermedades, como los accidentes de trabajo, por ello no es posible que la descripci�n de ciertas enfermedades o las secuelas que pueda dejar un riesgo de trabajo contenidas en el aludido art�culo 514 constituya una presunci�n a favor del obrero de que la lesi�n o enfermedad que se contempla en este precepto se hayan adquirido con motivo del trabajo, lo anterior es l�gico de concluir si se toma en cuenta que en parte de este dispositivo se alude por ejemplo a p�rdida o amputaci�n de miembros como la mano, los dedos, la pierna, etc., y a secuelas que dejen fracturas en el organismo de una persona que no siempre se ocasionan o derivan del trabajo, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n previsto en el art�culo 514, se haya adquirido con motivo del trabajo, lo que no ocurre con las enfermedades profesionales consignadas en el art�culo 513, respecto de las que por disposici�n del diverso art�culo 476 de la ley laboral se presume su profesionalidad cuando su portador tiene alguna de las actividades laborales que aquel precepto prev�, puesto que en este supuesto el legislador quiso establecer en la ley una presunci�n a favor del obrero, esto es, partiendo de un hecho conocido como lo es el que determinado medio ambiente origina ciertas enfermedades, se llega a descubrir un hecho desconocido consistente en el nexo causal inherente a las enfermedades profesionales.?. Al tenor de lo establecido por el legislador y el criterio sostenido por el M�ximo Tribunal en la jurisprudencia transcrita, se refuerza la premisa tratada en este asunto en cuanto a que la presunci�n legal sobre la profesionalidad de una enfermedad depende de que �sta y las actividades que la propician se encuentren contempladas en la tabla del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo; pero tambi�n es claro que, como se mencion�, no debe entenderse de manera restrictiva sino ejemplificativa. Lo expuesto permite considerar que si el perito tercero en discordia diagnostic� al trabajador el padecimiento que denomin� ?enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes?, que no est� contemplado como tal en el abanico de enfermedades profesionales previsto en el art�culo 513 de la ley laboral, inclusive en algunos de los incisos del 1 al 30 de dicho numeral en que el legislador en forma categ�rica precis� las afecciones debidas a inhalaciones de distintas sustancias o materiales; por lo que es imprescindible que el experto en la ciencia de la medicina auxilie a la autoridad de trabajo, ubicando la lesi�n detectada en alguno de esos �ndices, partiendo del supuesto de que si incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n la Junta, al no ser perito en esa ciencia del conocimiento, carecer� de elementos para ubicarla en alguno de esos incisos. Por esto importa destacar que no es suficiente que una supuesta enfermedad se diga encontrarse situada en un t�tulo de los que conforman la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, como es el caso de ?neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, para decirque C.A.V.�lez es portador de una enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes, puesto que el especialista no identific� particularmente la afecci�n en un inciso concreto. De lo contrario, era necesario que el galeno explicara en su dictamen las razones cient�ficas y de hecho relativas estas �ltimas a las constancias del expediente laboral, que pudieran servir de soporte a su conclusi�n de que ten�a su origen en el trabajo; es decir, era indispensable que proporcionara los elementos necesarios por los que en su opini�n el obrero era portador de una afecci�n org�nica distinta a las establecidas por el legislador en la tabla, pero que no esa circunstancia la excluyera de la posibilidad de que derivara de las actividades del obrero o el medio ambiente en que se empleaba; as�, lo expuesto por el facultativo en su opini�n m�dica, v�lidamente pod�a generar convicci�n a la Junta y la condujera a decidir la condena al pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente, con apoyo en un dictamen lo suficientemente motivado y respaldado en el art�culo 513 invocado, por encuadrar la enfermedad diagnosticada al trabajador en lo establecido por el legislador y acorde a los criterios firmes del Tribunal M�ximo, para demostrar su profesionalidad, lo que no ocurri� en la especie. Por estos razonamientos, este Tribunal Colegiado estima que es fundado lo que aduce el quejoso sobre la ilegalidad del laudo reclamado al conceder la responsable plena eficacia demostrativa al dictamen rendido por el especialista tercero en discordia. En esa tesitura, procede conceder el amparo y protecci�n de la justicia federal solicitados para el efecto de que la Junta responsable deje insubsistente el laudo reclamado y sin perjuicio de reiterar los aspectos que no son materia de concesi�n, en su lugar emita otro en el que siguiendo los lineamientos de esta ejecutoria, considere que en autos no qued� demostrada la relaci�n de causa-efecto entre el padecimiento que diagnostic� el perito tercero en discordia al actor denominado ?enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes? y se pronuncie como en derecho corresponda.

DT. 11873/2002

QUINTO. Los conceptos de violaci�n son sustancialmente fundados. Es cierto, como afirma el quejoso, que la Junta err� al conceder plena eficacia demostrativa al dictamen pericial rendido por el perito tercero en discordia, que diagnostic� al actor ?enfermedad broncopulmonar cr�nica?, siendo que no est� contemplada en la tabla prevista por el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo; el especialista la ubic� en el t�tulo ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producida por la aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, pero omiti� fundarla espec�ficamente en alguna de las fracciones del rubro que invoc�, por lo que esa opini�n carec�a de veracidad y a pesar de ello, la responsable decidi� que se demostr� su profesionalidad, valu�ndola con la fracci�n 370 del art�culo 514 de la ley citada y que indebidamente calific� como s� de trabajo la hipoacusia que se diagnostic� al demandante. De acuerdo con la parte considerativa de la ejecutoria de fecha tres de abril de mil novecientos noventa y ocho, pronunciada por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, al resolver la contradicci�n de tesis n�mero 33/97, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.V., mayo de mil novecientos noventa y ocho, p�ginas cuatrocientos dos a cuatrocientos cuarenta y siete, trat�ndose de la reclamaci�n de reconocimiento de incapacidad derivada de una enfermedad de trabajo, si el padecimiento del asegurado se encuentra considerado como de trabajo en la tabla contenida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y en esa tabla se consigna su actividad como causante del padecimiento, se actualiza en favor del trabajador la presunci�n de que su padecimiento es de origen profesional y, por tanto, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad es suficiente para determinar dicho origen, sin que exista la necesidad de acreditar con otros medios de convicci�n la relaci�n de causa-efecto entre su padecimiento y la actividad o medio de trabajo. En cambio, cuando la enfermedad del trabajador est� considerada en dicha tabla como de trabajo, pero la actividad que dijo desempe�ar no corresponda o tenga el equivalente a alguna de las consideradas en dicha tabla como causantes del padecimiento, o bien, cuando ni la enfermedad ni la actividad del trabajador se encuentren consideradas en esa tabla, no se actualiza la presunci�n de que su enfermedad tenga un origen profesional y, por ende, se requiere la demostraci�n de la relaci�n causal. En tal supuesto, de acuerdo a lo considerado en ejecutoria que resolvi� la referida contradicci�n de tesis, el peritaje que al efecto se rinda debe establecer si existe o no tal relaci�n, cu�l es �sta y los medios de que se vali� el perito para arribar a tal determinaci�n, adem�s de que tal dictamen debe encontrarse robustecido con el resultado de la visita que al efecto practique al centro de trabajo para constatar las condiciones ambientales bajo las cuales se prest� el servicio, si esto puede obtenerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o un cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del primer dictamen, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes relacionados con esas condiciones. Tales razonamientos, entre otros, dieron lugar a la tesis de jurisprudencia publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.V., mayo de mil novecientos noventa y ocho, p�ginas cuatrocientos uno y cuatrocientos dos, cuyos rubro y texto son: ?ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA RELACI�N CAUSAL ENTRE �STA Y EL MEDIO EN EL CUAL EL TRABAJADOR PRESTE O HAYA PRESTADO SUS SERVICIOS, NO REQUIERE NECESARIAMENTE DE LA PRESENCIA DEL PERITO M�DICO EN EL LUGAR, EMPRESA O ESTABLECIMIENTO. Conforme a la jurisprudencia sustentada por este Alto Tribunal, la prueba pericial m�dica es la id�nea para determinar, tanto si el origen de una enfermedad es de car�cter profesional, como el grado de incapacidad que le provoque al trabajador. Sin embargo, establecer una regla general, aplicable a la universalidad de los casos, para tener por acreditado el se�alado v�nculo causal, involucrar�a cargas procesales adicionales innecesarias y sin soporte legal, o bien, un desequilibrio entre las partes contendientes, al extremo de provocar laudos condenatorios basados en la simple afirmaci�n del actor sustentada nada m�s que en el desahogo de una pericial m�dica que no arroje la convicci�n necesaria para tal fin. En atenci�n a ello, si se trata de una enfermedad cuya profesionalidad se presume, o sea, de aquellas enumeradas en la tabla a que se refiere el art�culo 513, de la Ley Federal del Trabajo, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de la incapacidad, es suficiente para determinar dicho origen, sin perjuicio de que el demandado rinda pruebas que desvirt�en esta presunci�n, conforme al numeral 476 de la misma ley; fuera de este supuesto, es decir, trat�ndose de enfermedades no contempladas en la tabla de referencia, el peritaje debe establecer adem�s, si existe o no una relaci�n causal entre el padecimiento y el trabajo (relaci�n directa) o el medio ambiente laboral (relaci�n indirecta), as� como especificar cu�l es esa relaci�n y los medios de que se vali� el perito para su determinaci�n y, para que el dictamen del experto alcance valor probatorio pleno, deber� encontrarse robustecido con el resultado de la visita que haga al lugar o centro de trabajo, para constatar cu�les eran o son las condiciones ambientales en que se vio desarrollando la actividad o profesi�n, si esto puede obtenerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del dictamen primigenio, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes periciales relacionados con esas condiciones. Lo anterior, sin dem�rito de que las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje act�en, en los t�rminos previstos en el art�culo 782, de la ley de la materia, en el sentido de ordenar con citaci�n de las partes, el examen de lugares o reconocimiento por peritos, a fin de practicar las diligencias que juzguen convenientes para el esclarecimiento de la verdad.?. Esto es, el presupuesto necesario para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad estriba en que se trate de aquellas enumeradas en la tabla que consigna el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que la actividad del obrero est� contemplada como causante de la misma; de modo que si el perito m�dico concluye sobre la existencia de la afecci�n f�sica y el grado de la incapacidad es innecesario demostrar su origen. Ahora bien, cuando en un juicio se demanda el pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente por enfermedad de trabajo, es indispensable que la Junta se auxilie de la opini�n de especialistas m�dicos, ya que se requiere de conocimientos en la materia que dominan y su funci�n consiste precisamente en ilustrar sobre una cuesti�n cient�fica ignorada por la autoridad de trabajo, pues a �sta le es propio, esencialmente, la aplicaci�n del derecho al caso concreto sometido a su decisi�n, siendo los galenos, de acuerdo con las constancias que integran el expediente y de los estudios que se practiquen al obrero quienes est�n en aptitud de dictaminar el origen de la afecci�n org�nica que merma la salud del asegurado, sea por las actividades que desempe�� o el ambiente laboral en que las desarroll�; y s�lo mediante los datos m�dicos que se proporcionen a la juzgadora �sta puede v�lidamente pronunciarse sobre la demostraci�n en el juicio de si se trataba o no de un padecimiento profesional. En el caso, la responsable conden� al instituto al pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente valuada en treinta por ciento de la total org�nico funcional, por considerar que qued� demostrada la profesionalidad de las enfermedades que le diagnostic� al actor el perito tercero en discordia denominada ?enfermedad broncopulmonar cr�nica?, quien al rendir su opini�n afirm� que la ubic� en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, en su t�tulo ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, y lo calific� conforme al diverso 514, �ndice 370, del mismo ordenamiento, correspondi�ndole el quince por ciento de disminuci�n org�nico funcional total por esa afecci�n y quince por ciento por la hipoacusia que se le diagnostic�. Por lo que respecta a la enfermedad broncopulmonar cr�nica esa conclusi�n es ilegal, por las razones que se exponen a continuaci�n. La opini�n rendida por el especialista tercero en discordia no era susceptible de generar convicci�n a la Junta, porque no proporcion� los elementos necesarios para tener por acreditado el origen laboral de la ?enfermedad broncopulmonar cr�nica? que diagnostic� al actor, pues si la premisa es que se encuentre contemplada en la tabla de enfermedades de trabajo que contiene el art�culo 513 de la ley laboral, no bastaba que la hubiera ubicado en su t�tulo gen�rico ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, en raz�n de que �ste a su vez prev� diversos subt�tulos y fracciones espec�ficas que contemplan la denominaci�n cient�fica de los padecimientos a los que son propensos los obreros dependiendo de las labores que desempe�en; de modo que se trat� de una opini�n ambigua de la que no era posible desprender que el galeno efectivamente haya relacionado las tareas que realizaba el reclamante o su entorno f�sico con una afecci�n broncopulmonar concreta y no conduc�a en forma sencilla a la conclusi�n de que s� se establec�a la presunci�n legal sobre su origen y que por ello se impon�a relevarlo de la fatiga de demostrar la relaci�n causal. En ese orden de ideas, la omisi�n del especialista en especificar cu�l era la enfermedad que afectaba a la salud del actor por el tipo de tareas que desempe�� o el ambiente laboral y s�lo ubicarlo en el t�tulo gen�rico del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo nombrado ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, evidencia que el perito no proporcion�, en su car�cter auxiliar de la Junta (en la ciencia en que se previene enfermedades), los elementos cient�ficos necesarios para decidir que era de trabajo, siendo que el objeto de la prueba pericial m�dica es precisamente orientarla en aspectos que requieren conocimientos especializados mediante un diagn�stico concreto sobre cu�l sea la afecci�n org�nica concreta que tiene el trabajador, de acuerdo a las catalogadas en la mencionada tabla, para que en esta opini�n cl�nica apoyara la juzgadora sus consecuencias en el �mbito jur�dico, en ejercicio de su facultad jurisdiccional, en la especie, en materia de seguridad social, en cuanto a si opera en favor del trabajador la presunci�n legal de su profesionalidad o, de lo contrario, si �ste demostr� en autos que colm� su ineludible carga procesal en cuanto a la demostraci�n del nexo causal entre el ambiente que se desempe�� y el referido padecimiento. Esto significa que si el dictamen del perito tercero en discordia no auxilia a la Junta para ubicar con precisi�n en la tabla de enfermedades profesionales establecida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, el padecimiento del que es portador el asegurado de acuerdo a las labores desempe�adas por �l o el entorno f�sico en el que se emple�, la autoridad est� impedida por s� misma para decidir cu�l es, entre las previstas en ese numeral, la que posiblemente afecte la salud de aqu�l, mediante el an�lisis del abanico de subt�tulos que contempla y las fracciones que indican la denominaci�n m�dica de los padecimientos en relaci�n con las actividades de los trabajadores, porque se trata de aspectos cient�ficos que ata�en, por los conocimientos que se requieren, a los galenos y que ignora la Junta, al tratarse de un �rgano jurisdiccional al que s�lo corresponde pronunciar el derecho por ser el �mbito en que ejerce sus facultades conferidas por ley; de ah� que sea vital que se recaben esos datos especializados concretos para resolver un conflicto en materia de seguridad social y ello es lo que justifica la intervenci�n de terceros al juicio como son los peritos m�dicos. Por tanto, si el perito tercero en discordia no ubic� en forma concreta la afecci�n f�sica citada en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que establecen la denominaci�n cient�fica de las broncopulmonares, de acuerdo a las actividades o el ambiente laboral en que prestaba sus servicios el actor, la Junta no contaba con los elementos necesarios para decidir si era o no profesional la que nombr� ?enfermedad broncopulmonar cr�nica? diagnosticada, porque el t�tulo que cit� es gen�rico y corresponde a los especialistas m�dicos especificar cu�l es la que ataca la salud de aqu�l y no a la Junta decidir del amplio cat�logo de los padecimientos broncopulmonares que consigna ese numeral, cu�l ser�a el conducente, seg�n lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas rendidas, porque al carecer de conocimientos cient�ficos relacionados con la medicina (ciencia que se ocupa de prevenir y curar las enfermedades) requiere de una base m�dico legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho. Es relevante se�alar que en este asunto el actor manifest� en el cap�tulo de hechos de la demanda que prest� sus servicios para Ferrocarriles Nacionales de M�xico como ingeniero de control de calidad durante veintitr�s a�os seis meses veintitr�s d�as; hasta el veintisiete de agosto de mil novecientos noventa y nueve en que fue separado; que entre las actividades que se le asignaron se encontraba la elaboraci�n de an�lisis de aceites, lubricantes y preparaci�n de soluci�n �cida para bater�as; que estuvo expuesto a agentes contaminantes tales como humos, polvos, gases solventes y temperaturas extremas, as� como al ruido que produc�an las locomotoras al pasar cuando se encontraba supervisando y posiciones f�sicas prolongadas al subir, bajar y colgarse soportando su propio peso con el tren en marcha. Al perito tercero en discordia manifest� que inici� su vida laboral a los diecinueve a�os en Ferrocarriles Nacionales de M�xico donde labor� hasta el treinta y uno de agosto de mil novecientos noventa y nueve, habiendo ocupado los puestos de ayudante qu�mico, pasante de ingeniero, t�cnico especializado y finalmente como ingeniero de control de calidad, consistiendo sus actividades en toma y an�lisis qu�mico de muestras de aceite de las locomotoras. As�, de lo narrado por el actor en el escrito inicial y lo manifestado al perito tercero en discordia, destaca el hecho de que existe coincidencia de los elementos a los que adujo se encontr� expuesto durante su vida laboral, ya que de la documental exhibida por Ferrocarriles Nacionales de M�xico, consistente en el convenio que celebr� con el actor el veintisiete de agosto de mil novecientos noventa y nueve (fojas noventa a noventa y tres), se obtiene que principi� a laborar para esa empresa el cuatro de febrero de mil novecientos setenta y seis y que a la fecha de celebraci�n de dicho convenio en que dio por terminada voluntariamente su relaci�n laboral acumul� veintitr�s a�os, seis meses veintiocho d�as de servicios, siendo sus categor�as la de ingeniero de control de calidad. Sin embargo, aun cuando por las categor�as que afirm� el trabajador que ocup� en la empresa ferrocarrilera puede colegirse que fue en un �rea pr�xima a las locomotoras y se pod�a presumir la existencia de los agentes contaminantes que le propiciaron la afecci�n pulmonar, al tenor de las distintas enfermedades contempladas en el abanico de fracciones de la tabla prevista en el art�culo 513 de la ley laboral, relacionadas con el tipo de puesto que desempe�a el obrero y el material que inhalaba constantemente, de cuyos aspectos depende la naturaleza o denominaci�n espec�fica del padecimiento al que era propenso, era un requisito ineludible que el galeno ubicara la enfermedad en las contempladas por el numeral citado para que la Junta pudiera decidir si era irrelevante demostrar la relaci�n causal, por establecerse la presunci�n legal de su origen y al no haber rendido su opini�n el facultativo tercero en discordia en forma espec�fica y concreta de acuerdo a la referida tabla, es claro que por insuficiente no pod�a generar convicci�n su dictamen y lo cierto es que se refiri� a un padecimiento no contemplado que nombr� como ?enfermedad broncopulmonar cr�nica?. Esto se afirma, porque destacan de los agentes a los que afirm� el obrero estuvo expuesto en su vida productiva a polvos, humos, gases y solventes y el especialista le diagnostic� una ?enfermedad broncopulmonar cr�nica?, que adem�s de no encuadrar en los padecimientos de trabajo establecidos por el legislador, tampoco puede inferirse una relaci�n l�gica de los elementos que refiri� el obrero por las actividades que realizaba en la industria ferrocarrilera como ingeniero de control de calidad con el diagn�stico del perito al opinar que la disminuci�n org�nica estaba vinculada a polvos, humos, gases y vapores, para que lo dote de veracidad, pues no existe dentro de los incisos del primero al treinta del citado art�culo 513 alguno en el que encuadre la afecci�n del demandante y si �sta hubiera sido generada porgases y vapores el experto debi� fundamentar su opini�n en otros incisos de ese numeral, lo que no hizo, y los t�rminos en que el facultativo dictamin� es ambiguo en cuanto a la intervenci�n de los agentes que consider� como contaminantes, pues el contacto en forma preponderante con alguno de cierta naturaleza puede ocasionar determinado tipo de afecci�n org�nica, lo que es factible concluir a trav�s de un conocimiento com�n o sencillo y no especializado; de modo que la falta de precisi�n de este dictamen induce a navegar por las distintas hip�tesis contempladas en el numeral invocado, lo que no es adecuado para decidir el conflicto conforme a derecho. Entonces, si bien el t�tulo de la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, invocado por el especialista, no debe entenderse en forma restrictiva o limitativa sino ejemplificativa de las labores que pueden ser causantes de la enfermedad, se requiere que el perito m�dico proporcione los elementos necesarios para determinar sus consecuencias legales en el �mbito de la seguridad social, mediante la decisi�n que asuma la autoridad de trabajo y si no se le orienta en esta cuesti�n cient�fica o se hace de manera deficiente, no es sostenible que opere la presunci�n de su origen profesional por carecer de certidumbre esa opini�n cl�nica y procede imponer al actor la fatiga procesal de demostrar su naturaleza laboral, pues aun cuando el galeno concluya en la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad, es insuficiente para considerarla profesional. A�n m�s, el legislador estableci� en los art�culos 475 y 476 de la ley laboral, que debe entenderse por enfermedad de trabajo todo estado patol�gico derivado de la acci�n continuada de una causa que tenga su origen o motivo en el trabajo o en el medio en que el obrero deba prestar sus servicios y que son consideradas de tal naturaleza las consignadas en la tabla del numeral 513 del mismo ordenamiento. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n en la jurisprudencia 95/2000, sent� el criterio de que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, debe encontrarse en la tabla del art�culo 513 de la ley laboral y que esta presunci�n no incluye el numeral 514, pues este �ltimo s�lo fija los par�metros entre un m�nimo y un m�ximo de disminuci�n org�nico funcional que pueden propiciar tanto los padecimientos como los accidentes profesionales y la tabla de valuaci�n se refiere a afecciones f�sicas que no siempre se ocasionan o derivan del trabajo, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n prevista en este �ltimo precepto se haya adquirido con motivo del trabajo. Tal jurisprudencia aparece publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Tomo XII, Novena �poca, correspondiente al mes de noviembre de ese mismo a�o, p�ginas trescientos veinte y siguiente, cuyo texto es el siguiente: ?ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO EST� CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO. De la relaci�n arm�nica de los art�culos 513, 514 y 476 de la Ley Federal del Trabajo, se concluye que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, el padecimiento debe estar incluido en la tabla del art�culo 513 referido, pues, dicha presunci�n no incluye al art�culo 514 de la misma ley, dado que el objetivo de este �ltimo precepto se reduce a fijar los par�metros entre un m�nimo y un m�ximo del grado de disminuci�n org�nico funcional que pueden producir tanto las enfermedades, como los accidentes de trabajo, por ello no es posible que la descripci�n de ciertas enfermedades o las secuelas que pueda dejar un riesgo de trabajo contenidas en el aludido art�culo 514 constituya una presunci�n a favor del obrero de que la lesi�n o enfermedad que se contempla en este precepto se hayan adquirido con motivo del trabajo, lo anterior es l�gico de concluir si se toma en cuenta que en parte de este dispositivo se alude por ejemplo a p�rdida o amputaci�n de miembros como la mano, los dedos, la pierna, etc., y a secuelas que dejen fracturas en el organismo de una persona que no siempre se ocasionan o derivan del trabajo, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n previsto en el art�culo 514, se haya adquirido con motivo del trabajo, lo que no ocurre con las enfermedades profesionales consignadas en el art�culo 513, respecto de las que por disposici�n del diverso art�culo 476 de la ley laboral se presume su profesionalidad cuando su portador tiene alguna de las actividades laborales que aquel precepto prev�, puesto que en este supuesto el legislador quiso establecer en la ley una presunci�n a favor del obrero, esto es, partiendo de un hecho conocido como lo es el que determinado medio ambiente origina ciertas enfermedades, se llega a descubrir un hecho desconocido consistente en el nexo causal inherente a las enfermedades profesionales.?. Al tenor de lo establecido por el legislador y el criterio sostenido por el M�ximo Tribunal en la jurisprudencia transcrita, se refuerza la premisa tratada en este asunto en cuanto a que la presunci�n legal sobre la profesionalidad de una enfermedad depende de que �sta y las actividades que la propician se encuentren contempladas en la tabla del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo; pero tambi�n es claro que, como se mencion�, no debe entenderse de manera restrictiva sino ejemplificativa. Lo expuesto permite considerar que si el perito tercero en discordia diagnostic� al trabajador el padecimiento que denomin� ?enfermedad broncopulmonar cr�nica?, que no est� contemplado como tal en el listado de enfermedades profesionales previsto en el art�culo 513 de la ley laboral, inclusive en algunos de los incisos del 1 al 30 de dicho numeral en que el legislador en forma categ�rica precis� las afecciones debidas a inhalaciones de distintas sustancias o materiales; por lo que es imprescindible que el experto en la ciencia de la medicina auxilie a la autoridad de trabajo, ubicando la lesi�n detectada en alguno de esos �ndices, partiendo del supuesto de que si incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n, la Junta, al no ser perito en esa ciencia del conocimiento, carecer� de elementos para ubicarla en alguno de esos incisos. Por esto importa destacar que no es suficiente que una supuesta enfermedad se diga encontrarse situada en un t�tulo de los que conforman la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, como es el caso de ?neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, para decir que G.A.P.�a C. es portador de una enfermedad broncopulmonar cr�nica, puesto que el especialista no identific� particularmente la afecci�n en un inciso concreto. De lo contrario, era necesario que el galeno explicara en su dictamen las razones cient�ficas y de hecho relativas estas �ltimas a las constancias del expediente laboral, que pudieran servir de soporte a su conclusi�n de que ten�a su origen en el trabajo; es decir, era indispensable que proporcionara los elementos necesarios por los que en su opini�n el obrero era portador de una afecci�n org�nica distinta a las establecidas por el legislador en la tabla, pero no que esa circunstancia la excluyera de la posibilidad de que derivara de las actividades del asegurado o el medio ambiente en que se empleaba; as�, lo expuesto por el facultativo en su opini�n m�dica v�lidamente pod�a generar convicci�n a la Junta y la condujera a decidir la condena al pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente, con apoyo en un dictamen lo suficientemente motivado y respaldado en el art�culo 513 invocado, por encuadrar la enfermedad diagnosticada al trabajador en lo establecido por el legislador y acorde con los criterios firmes del Tribunal M�ximo, para demostrar su profesionalidad, lo que no ocurri� en la especie. Por estos razonamientos, este Tribunal Colegiado estima que es fundado lo que aduce el quejoso sobre la ilegalidad del laudo reclamado al conceder la responsable plena eficacia demostrativa al dictamen rendido por el especialista tercero en discordia. Tambi�n es sustancialmente fundado el concepto de violaci�n que versa sobre la hipoacusia bilateral combinada diagnosticada al actor, la que efectivamente se encuentra contemplada en el �ndice 156 de la tabla contenida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, pero para que pueda generarse la presunci�n de que se trata de una enfermedad de trabajo y, por tanto, no exista la necesidad de demostrar la relaci�n de causa-efecto entre el padecimiento y la actividad o el medio de trabajo del actor, se requiere que la actividad de �ste �ltimo tambi�n se encuentre consignada en dicha tabla como causante de la enfermedad, o bien, que sea similar a las enunciadas en la citada tabla. En el caso, como se dijo, el actor manifest� al perito tercero en discordia, que inici� su vida laboral a los diecinueve a�os en Ferrocarriles Nacionales de M�xico donde labor� hasta el treinta y uno de agosto de mil novecientos noventa y nueve, donde ocup� los puestos de ayudante qu�mico, pasante de ingeniero, t�cnico especializado e ingeniero de control de calidad, siendo que en su escrito inicial de demanda �nicamente dijo haber laborado en el �ltimo puesto. Actividad que no se encuentra contemplada expresamente en el art�culo 513, �ndice 156, de la ley laboral como causante de hipoacusia, ni es posible ubicarla por asimilaci�n en dicho precepto, si se toma en cuenta que para ello es necesario que se trate de actividades desarrolladas en un medio ruidoso, trepidatorio, como las que se se�alan en la ley (laminadores, trituradores de metales, tejedores, remachadores, telegrafistas, telefonistas, aviadores y probadores de armas y municiones) y, en la especie, tal como se ha visto, en relaci�n con las actividades del actor y el medio en el que prestaba sus servicios s�lo existe el dicho del propio demandante, por lo que en el expediente laboral no existen elementos para asimilar las actividades del accionante a alguna de las contempladas en la ley como causantes del padecimiento que presenta, ni para determinar si efectivamente prest� sus servicios en un medio ruidoso o trepidatorio. Por tanto, como no existe ninguna prueba en relaci�n con los referidos extremos, era necesario que se demostrara cu�l era el medio ambiente de trabajo para poder determinar si se actualizaba la presunci�n legal de que se trata de una enfermedad de trabajo, carga procesal que no satisfizo el demandante, pues ning�n medio de convicci�n aport� para tal efecto. As� las cosas, si en principio el dictamen del perito tercero en discordia s�lo se apoy� en el dicho del actor, y adem�s no se demostr� que las actividades de �ste se encuentren contempladas en la ley como causante de la hipoacusia que le fue diagnosticada y que su ambiente de trabajo fuera ruidoso o trepidatorio, es evidente que la Junta no pod�a concluir que dicho padecimiento era profesional, porque no se encuentra acreditada la relaci�n de causa-efecto entre el mismo y las actividades del actor o su ambiente de trabajo. En esa tesitura, procede conceder el amparo solicitado para el efecto de que la Junta deje insubsistente el laudo reclamado y en su lugar dicte otro en el que, sin perjuicio de los aspectos de la litis ya definidos, siguiendo los lineamientos de esta ejecutoria, considere que en autos no qued� acreditada la relaci�n de causa-efecto entre los padecimientos del actor, consistentes en enfermedad broncopulmonar cr�nica e hipoacusia bilateral combinada y, resuelva lo que en derecho corresponda.

DT. 12433/2002

CUARTO. Los conceptos de violaci�n son infundados. De acuerdo con la parte considerativa de la ejecutoria de fecha tres de abril de mil novecientos noventa y ocho, pronunciada por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, al resolver la contradicci�n de tesis n�mero 33/97, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.V., mayo de mil novecientos noventa y ocho, p�ginas cuatrocientos dos a cuatrocientos cuarenta y siete, trat�ndose de la reclamaci�n de reconocimiento de incapacidad derivada de una enfermedad de trabajo, si el padecimiento del asegurado se encuentra considerado como de trabajo en la tabla contenida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y en esa tabla se consigna su actividad como causante del padecimiento, se actualiza en favor del trabajador la presunci�n de que su padecimiento es de origen profesional y, por tanto, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad es suficiente para determinar dicho origen, sin que exista la necesidad de acreditar con otros medios de convicci�n la relaci�n de causa-efecto entre su padecimiento y la actividad o medio de trabajo. En cambio, cuando la enfermedad del trabajador est� considerada en dicha tabla como de trabajo, pero la actividad que dijo desempe�ar no corresponda o tenga el equivalente a alguna de las consideradas en dicha tabla como causantes del padecimiento, o bien, cuando ni la enfermedad ni la actividad del trabajador se encuentren consideradas en esa tabla, no se actualiza la presunci�n de que su enfermedad tenga un origen profesional y, por ende, se requiere la demostraci�n de la relaci�n causal. En tal supuesto, de acuerdo con lo considerado en ejecutoria que resolvi� la referida contradicci�n de tesis, el peritaje que al efecto se rinda debe establecer si existe o no tal relaci�n, cu�l es �sta y los medios de que se vali� el perito para arribar a tal determinaci�n, adem�s de que tal dictamen debe encontrarse robustecido con el resultado de la visita que al efecto practique al centro de trabajo para constatar las condiciones ambientales bajo las cuales se prest� el servicio, si esto puede obtenerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o un cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del primer dictamen, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes relacionados con esas condiciones. Tales razonamientos, entre otros, dieron lugar a la tesis de jurisprudencia publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.V., mayo de mil novecientos noventa y ocho, p�ginas cuatrocientos uno y cuatrocientos dos, cuyos rubro y texto son: ?ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA RELACI�N CAUSAL ENTRE �STA Y EL MEDIO EN EL CUAL EL TRABAJADOR PRESTE O HAYA PRESTADO SUS SERVICIOS, NO REQUIERE NECESARIAMENTE DE LA PRESENCIA DEL PERITO M�DICO EN EL LUGAR, EMPRESA O ESTABLECIMIENTO. Conforme a la jurisprudencia sustentada por este Alto Tribunal, la prueba pericial m�dica es la id�nea para determinar, tanto si el origen de una enfermedad es de car�cter profesional, como el grado de incapacidad que le provoque al trabajador. Sin embargo, establecer una regla general, aplicable a la universalidad de los casos, para tener por acreditado el se�alado v�nculo causal, involucrar�a cargas procesales adicionales innecesarias y sin soporte legal, o bien, un desequilibrio entre las partes contendientes, al extremo de provocar laudos condenatorios basados en la simple afirmaci�n del actor sustentada nada m�s que en el desahogo de una pericial m�dica que no arroje la convicci�n necesaria para tal fin. En atenci�n a ello, si se trata de una enfermedad cuya profesionalidad se presume, o sea, de aquellas enumeradas en la tabla a que se refiere el art�culo 513, de la Ley Federal del Trabajo, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de la incapacidad, es suficiente para determinar dicho origen, sin perjuicio de que el demandado rinda pruebas que desvirt�en esta presunci�n, conforme al numeral 476 de la misma ley; fuera de este supuesto, es decir, trat�ndose de enfermedades no contempladas en la tabla de referencia, el peritaje debe establecer adem�s, si existe o no una relaci�n causal entre el padecimiento y el trabajo (relaci�n directa) o el medio ambiente laboral (relaci�n indirecta), as� como especificar cu�l es esa relaci�n y los medios de que se vali� el perito para su determinaci�n y, para que el dictamen del experto alcance valor probatorio pleno, deber� encontrarse robustecido con el resultado de la visita que haga al lugar o centro de trabajo, para constatar cu�les eran o son las condiciones ambientales en que se vio desarrollando la actividad o profesi�n, si esto puede obtenerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del dictamen primigenio, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes periciales relacionados con esas condiciones. Lo anterior, sin dem�rito de que las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje act�en, en los t�rminos previstos en el art�culo 782, de la ley de la materia, en el sentido de ordenar con citaci�n de las partes, el examen de lugares o reconocimiento por peritos, a fin de practicar las diligencias que juzguen convenientes para el esclarecimiento de la verdad.?. Esto es, el presupuesto necesario para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad estriba en que se trate de aquellas enumeradas en la tabla que consigna el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que la actividad del obrero est� contemplada como causante de la misma; de modo que si el perito m�dico concluye sobre la existencia de la afecci�n f�sica y el grado de la incapacidad es innecesario demostrar su origen. Ahora bien, cuando en un juicio se demanda el pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente por enfermedad de trabajo, es indispensable que la Junta se auxilie de la opini�n de especialistas m�dicos, ya que se requiere de conocimientos en la materia que dominan y su funci�n consiste precisamente en ilustrar sobre una cuesti�n cient�fica ignorada por la autoridad de trabajo, pues a �sta le es propio, esencialmente, la aplicaci�n del derecho al caso concreto sometido a su decisi�n, siendo los galenos de acuerdo a las constancias que integran el expediente y de los estudios que se practiquen al obrero quienes est�n en aptitud de dictaminar el origen de la afecci�n org�nica que merma la salud del asegurado, sea por las actividades que desempe�� o el ambiente laboral en que las desarroll�; y s�lo mediante los datos m�dicos que se proporcionen a la juzgadora �sta puede v�lidamente pronunciarse sobre la demostraci�n en el juicio de si se trataba o no de un padecimiento profesional. En el caso, la responsable absolvi� al instituto demandado del pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente, por considerar que no qued� demostrada la profesionalidad de las enfermedades que le diagnostic� al actor el perito tercero en discordia denominadas cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico que le condiciona una hipoacusia bilateral combinada del 16% y ?fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial?, quien al rendir su opini�n las ubic� en el art�culo 513, �ndice 156, de la Ley Federal del Trabajo, y en su t�tulo ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?. Esa conclusi�n es correcta, por las razones que se exponen a continuaci�n. Si bien la hipoacusia bilateral combinada que se diagnostic� al actor se encuentra contemplada en el �ndice 156 de la tabla contenida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, para que pueda generarse la presunci�n de que se trata de una enfermedad de trabajo y, por tanto, no exista la necesidad de demostrar la relaci�n de causa-efecto entre el padecimiento y la actividad o el mediode trabajo del actor, se requiere que la actividad de �ste �ltimo tambi�n se encuentre consignada en dicha tabla como causante de la enfermedad, o bien, que sea similar con las enunciadas en la citada tabla. En el caso, el accionante manifest� al perito tercero en discordia que inici� su vida laboral a los diecinueve a�os en F�brica Industrial Gibal, S. A, como obrero general durante ocho meses, luego ingres� a Empresa Orange Crush, S., donde labor� seis a�os como obrero general y vendedor, en Anasa (Autobuses del Noreste y A., S.), ocho meses como chofer, diez a�os en Embotelladora de Tlalnepantla como ayudante general vendedor, en Industrias Las Tres (i), ocho meses como ayudante general, pas� a A.T.P. como chofer a�o y medio, ingres� a T.A., S. como chofer durante dos a�os, en Grupo Nacional Traslados cinco a�os como chofer y, por �ltimo, en Compa��a de Traslados como chofer un a�o, siendo que en su escrito inicial de demanda dijo haberse desempe�ado en el puesto de chofer general de primera. Actividad que no se encuentra contemplada expresamente en el art�culo 513, �ndice 156, de la ley laboral como causante de hipoacusia, ni es posible ubicarla por asimilaci�n en dicho precepto, si se toma en cuenta que para ello es necesario que se trate de labores desarrolladas en un medio ruidoso, trepidatorio, como las que se se�alan en la ley (laminadores, trituradores de metales, tejedores, remachadores, telegrafistas, telefonistas, aviadores y probadores de armas y municiones) y, en la especie, tal como se ha visto, en relaci�n con la actividad del actor y el medio en el que prestaba sus servicios s�lo existe el dicho del propio demandante, por lo que en el expediente laboral no existen elementos para asimilar las actividades del accionante con alguna de las contempladas en la ley como causantes del padecimiento que presenta, ni para determinar si efectivamente prest� sus servicios en un medio ruidoso o trepidatorio. Por tanto, como no existe ninguna prueba en relaci�n con los referidos extremos, resultaba necesario que se demostrara cu�l era el medio ambiente de trabajo para poder determinar si se actualizaba la presunci�n legal de que se trata de una enfermedad de trabajo, carga procesal que no satisfizo el demandante, pues ning�n medio de convicci�n aport� para tal efecto. As� las cosas, si en principio el dictamen del perito tercero en discordia s�lo se apoy� en el dicho del actor y, adem�s, no se demostr� que las actividades de �ste se encuentren contempladas en la ley como causante de la hipoacusia que le fue diagnosticada y que su ambiente de trabajo fuera ruidoso o trepidatorio, es evidente que la Junta no pod�a concluir que dicho padecimiento era profesional, porque no se encuentra acreditada la relaci�n de causa-efecto entre el mismo y las actividades del actor o su ambiente de trabajo. Tampoco asiste raz�n al quejoso al argumentar que fue ilegal que la Junta negara eficacia demostrativa al dictamen pericial rendido por el perito tercero en discordia, que diagnostic� al actor ?fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial?, sin tomar en cuenta que el galeno le practic� estudios cl�nicos, de gabinete y de especialidad, siendo que el perito era la �nica persona que pod�a determinar, mediante estudios cl�nicos y de especialidad, los padecimientos que presentaba, pero la responsable no tom� esto en cuenta ni consider� que el puesto de chofer siempre est� expuesto en forma constante y permanente a ruidos intensos del motor de veh�culos, escapes, a inhalaci�n de gases de motores tanto de gasolina como diesel. La opini�n rendida por el especialista tercero en discordia, no era susceptible de generar convicci�n a la Junta, porque no proporcion� los elementos necesarios para tener por acreditado el origen laboral de la fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial? que diagnostic� al actor, pues si la premisa es que la enfermedad se encuentre contemplada en la tabla de enfermedades de trabajo que contiene el art�culo 513 de la ley laboral, no bastaba que la hubiera ubicado en su t�tulo gen�rico ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, en raz�n de que �ste a su vez prev� diversos subt�tulos y fracciones espec�ficas que contemplan la denominaci�n cient�fica de los padecimientos a los que son propensos los obreros dependiendo de las labores que desempe�en, am�n de que dentro de los treinta incisos que integran el citado cap�tulo no existe alguna que se refiera a la actividad de chofer que desempe�aba el actor; de modo que se trat� de una opini�n ambigua de la que no era posible desprender que el galeno efectivamente haya relacionado las tareas que realizaba el reclamante o su entorno f�sico, con una afecci�n broncopulmonar concreta y no conduc�a en forma sencilla a la conclusi�n de que s� se establec�a la presunci�n legal sobre su origen y que por ello se impon�a relevarlo de la fatiga de demostrar la relaci�n causal. En ese orden de ideas, la omisi�n del especialista en especificar cu�l era la enfermedad que afectaba la salud del actor por el tipo de tareas que desempe�� o el ambiente laboral y s�lo ubicarlo en el t�tulo gen�rico del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo nombrado ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, evidencia que el perito no proporcion�, en su car�cter auxiliar de la Junta (en la ciencia en que se previenen enfermedades), los elementos cient�ficos necesarios para decidir que era de trabajo, siendo que el objeto de la prueba pericial m�dica es precisamente orientarla en aspectos que requieren conocimientos especializados mediante un diagn�stico concreto sobre cu�l sea la afecci�n org�nica espec�fica que tiene el trabajador, de acuerdo con las catalogadas en la mencionada tabla, para que en esta opini�n cl�nica apoyara la juzgadora sus consecuencias en el �mbito jur�dico, en ejercicio de su facultad jurisdiccional, en la especie, en materia de seguridad social, en cuanto a si opera en favor del trabajador la presunci�n legal de su profesionalidad o, de lo contrario, si �ste demostr� en autos que colm� su ineludible carga procesal en cuanto a la demostraci�n del nexo causal entre el ambiente que se desempe�� y el referido padecimiento. Esto significa que si el dictamen del perito tercero en discordia no auxilia a la Junta para ubicar con precisi�n en la tabla de enfermedades profesionales establecida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, el padecimiento del que es portador el asegurado de acuerdo a las labores desempe�adas por �l o el entorno f�sico en el que se emple�, la autoridad est� impedida por s� misma para decidir cu�l es, entre las previstas en ese numeral, la que posiblemente afecte la salud de aqu�l, mediante el an�lisis del abanico de subt�tulos que contempla y las fracciones que indican la denominaci�n m�dica de los padecimientos en relaci�n con las actividades de los trabajadores, porque se trata de aspectos cient�ficos que ata�en, por los conocimientos que se requieren, a los galenos y que ignora la Junta, al tratarse de un �rgano jurisdiccional al que s�lo corresponde pronunciar el derecho por ser el �mbito en que ejerce sus facultades conferidas por ley; de ah� que sea vital que se recaben esos datos especializados concretos para resolver un conflicto en materia de seguridad social y ello es lo que justifica la intervenci�n de terceros al juicio como son los peritos m�dicos. Por tanto, si el perito tercero en discordia no ubic� en forma concreta la afecci�n f�sica citada en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que establecen la denominaci�n cient�fica de las broncopulmonares, de acuerdo a las actividades o el ambiente laboral en que prestaba sus servicios el actor, la Junta no contaba con los elementos necesarios para decidir si era o no profesional la que denomin� ?fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial? diagnosticada, porque el t�tulo que cit� es gen�rico y corresponde a los especialistas m�dicos especificar cu�l es la que ataca la salud de aqu�l y no a la Junta decidir del amplio cat�logo de los padecimientos broncopulmonares que consigna ese numeral, cu�l ser�a el conducente, seg�n lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas rendidas, porque al carecer de conocimientos cient�ficos relacionados con la medicina (ciencia que se ocupa de prevenir y curar las enfermedades) requiere de una base m�dico legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho. Es relevante se�alar que en este asunto el actor manifest� en el cap�tulo de hechos de la demanda que prest� sus servicios como chofer general de primera sin precisar en qu� empresa o empresas, y que siempre estuvo expuesto a humos de soldadura, polvos, solventes y pinturas y a la inhalaci�n de los mismos. As�, de lo narrado por el actor en el escrito inicial y lo manifestado al perito tercero en discordia, destaca el hecho de que no existe coincidencia de los elementos a los que adujo se encontr� expuesto durante su vida laboral. Sin embargo, aun cuando por la categor�a de chofer que afirm� el trabajador que ocup� en diversas empresas puede colegirse que fue en el �rea de tr�nsito de veh�culos y se pod�a presumir la existencia de los agentes contaminantes que le propiciaron la afecci�n pulmonar, al tenor de las distintas enfermedades contempladas en el abanico de fracciones de la tabla prevista en el art�culo 513 de la ley laboral, relacionadas con el tipo de puesto que desempe�a el obrero y el material que inhalaba constantemente, de cuyos aspectos depende la naturaleza o denominaci�n espec�fica del padecimiento al que era propenso, era un requisito ineludible que el galeno precisara las razones que lo llevaron a concluir que la afecci�n que diagnostic� al accionante era del orden profesional, as� como que ubicara la enfermedad en las contempladas por el numeral citado para que la Junta pudiera decidir si era irrelevante demostrar la relaci�n causal, por establecerse la presunci�n legal de su origen y al no haber rendido su opini�n el facultativo tercero en discordia en forma espec�fica y concreta de acuerdo con la referida tabla, es claro que por insuficiente no pod�a generar convicci�n su dictamen y lo cierto es que se refiri� a un padecimiento no contemplado en dicha tabla que denomin� ?fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial?. Esto se afirma, porque destacan de los agentes a los que afirm� el obrero estuvo expuesto en su vida productiva, humos de soldadura, polvos, solventes y pinturas y el especialista le diagnostic� una ?fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial?, que adem�s de no encuadrar en los padecimientos de trabajo establecidos por el legislador, tampoco puede inferirse una relaci�n l�gica de los elementos que refiri� el obrero por las actividades que realizaba como chofer con el diagn�stico del perito al opinar que la disminuci�n org�nica estaba vinculada a humos de combusti�n interna y polvos, para que lo dote de veracidad, pues los t�rminos en que el facultativo dictamin� son ambiguos en cuanto a la intervenci�n de los agentes que consider� como contaminantes, pues el contacto en forma preponderante con alguno de cierta naturaleza puede ocasionar determinado tipo de afecci�n org�nica, lo que es factible concluir a trav�s de un conocimiento com�n o sencillo y no especializado; de modo que la falta de precisi�n de este dictamen induce a navegar por las distintas hip�tesis contempladas en el numeral invocado, lo que no es adecuado para decidir el conflicto conforme a derecho. Entonces, si bien el t�tulo de la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, invocado por el especialista, no debe entenderse en forma restrictiva o limitativa sino ejemplificativa de las labores que pueden ser causantes de la enfermedad, se requiere que el perito m�dico proporcione los elementos necesarios para determinar sus consecuencias legales en el �mbito de la seguridad social, mediante la decisi�n que asuma la autoridad de trabajo y si no se le orienta en esta cuesti�n cient�fica o se hace de manera deficiente, no es sostenible que opere la presunci�n de su origen profesional por carecer de certidumbre esa opini�n cl�nica y procede imponer al actor la fatiga procesal de demostrar su naturaleza laboral, pues aun cuando el galeno concluya en la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad, es insuficiente para considerarla profesional. A�n m�s, el legislador estableci� en los art�culos 475 y 476 de la ley laboral, que debe entenderse por enfermedad de trabajo todo estado patol�gico derivado de la acci�n continuada de una causa que tenga su origen o motivo en el trabajo o en el medio en que el obrero deba prestar sus servicios y que son consideradas de tal naturaleza las consignadas en la tabla del numeral 513 del mismo ordenamiento. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n en la jurisprudencia 95/2000, sent� el criterio de que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, debe encontrarse en la tabla del art�culo 513 de la ley laboral y que esta presunci�n no incluye el numeral 514, pues este �ltimo s�lo fija los par�metros entre un m�nimo y un m�ximo de disminuci�n org�nico funcional que pueden propiciar tanto los padecimientos como los accidentes profesionales y la tabla de valuaci�n se refiere a afecciones f�sicas que no siempre se ocasionan o derivan del trabajo, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n prevista en este �ltimo precepto se haya adquirido con motivo del trabajo. Tal jurisprudencia aparece publicada en la p�gina veinticuatro de la actualizaci�n 2001 del Ap�ndice al Semanario Judicial de la Federaci�n 1917-2000, Tomo V, Novena �poca, cuyo texto es el siguiente: ?ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO ESTA CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO. De la relaci�n arm�nica de los art�culos 513, 514 y 476 de la Ley Federal del Trabajo, se concluye que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, el padecimiento debe estar incluido en la tabla del art�culo 513 referido, pues, dicha presunci�n no incluye al art�culo 514 de la misma ley, dado que el objetivo de este �ltimo precepto se reduce a fijar los par�metros entre un m�nimo y un m�ximo del grado de disminuci�n org�nico funcional que pueden producir tanto las enfermedades, como los accidentes de trabajo, por ello no es posible que la descripci�n de ciertas enfermedades o las secuelas que pueda dejar un riesgo de trabajo contenidas en el aludido art�culo 514 constituya una presunci�n a favor del obrero de que la lesi�n o enfermedad que se contempla en este precepto se hayan adquirido con motivo del trabajo, lo anterior es l�gico de concluir si se toma en cuenta que en parte de este dispositivo se alude por ejemplo a p�rdida o amputaci�n de miembros como la mano, los dedos, la pierna, etc., y a secuelas que dejen fracturas en el organismo de una persona que no siempre se ocasionan o derivan del trabajo, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n previsto en el art�culo 514, se haya adquirido con motivo del trabajo, lo que no ocurre con las enfermedades profesionales consignadas en el art�culo 513, respecto de las que por disposici�n del diverso art�culo 476 de la ley laboral se presume su profesionalidad cuando su portador tiene alguna de las actividades laborales que aquel precepto prev�, puesto que en este supuesto el legislador quiso establecer en la ley una presunci�n a favor del obrero, esto es, partiendo de un hecho conocido como lo es el que determinado medio ambiente origina ciertas enfermedades, se llega a descubrir un hecho desconocido consistente en el nexo causal inherente a las enfermedades profesionales.?. Al tenor de lo establecido por el legislador y el criterio sostenido por el M�ximo Tribunal en la jurisprudencia transcrita, se refuerza la premisa tratada en este asunto en cuanto a que la presunci�n legal sobre la profesionalidad de una enfermedad depende de que �sta y las actividades que la propician se encuentren contempladas en la tabla del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo; pero tambi�n es claro que, como se mencion�, no debe entenderse de manera restrictiva sino ejemplificativa. Lo expuesto permite considerar que si el perito tercero en discordia diagnostic� al trabajador el padecimiento que denomin� ?fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial?, que no est� contemplado como tal en el listado de enfermedades profesionales previsto en el art�culo 513 de la ley laboral, inclusive en algunos de los incisos del 1 al 30 de dicho numeral en que el legislador en forma categ�rica precis� las afecciones debidas a inhalaciones de distintas sustancias o materiales; por lo que es imprescindible que el experto en la ciencia de la medicina auxilie a la autoridad de trabajo, ubicando la lesi�n detectada en alguno de esos �ndices, partiendo del supuesto de que si incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n la Junta, al no ser perito en esa ciencia del conocimiento, carecer� de elementos para ubicarla en alguno de esos incisos. Por esto importa destacar que no es suficiente que una supuesta enfermedad se diga encontrarse situada en un t�tulo de los que conforman la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, como es el caso de ?neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, para decir que S.S.U. es portador de fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial, puesto que el especialista no identific� particularmente la afecci�n en un inciso concreto. De lo contrario, era necesario que el galeno explicara en su dictamen las razones cient�ficas y de hecho relativas estas �ltimas a las constancias del expediente laboral, que pudieran servir de soporte a su conclusi�n de que ten�a su origen en el trabajo; es decir, era indispensable que proporcionara los elementos necesarios por los que en su opini�n el obrero era portador de una afecci�n org�nica distinta a las establecidas por el legislador en la tabla, pero que esa circunstancia no la excluyera de la posibilidad de que derivara de las actividades del asegurado o el medio ambiente en que se empleaba; as�, lo expuesto por el facultativo en su opini�n m�dica, v�lidamente pod�a generar convicci�n a la Junta y la condujera a decidir la condena al pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente, con apoyo en un dictamen lo suficientemente motivado y respaldado en el art�culo 513 invocado, por encuadrar la enfermedad diagnosticada al trabajador en lo establecido por el legislador y acorde a los criterios firmes del Tribunal M�ximo, para demostrar su profesionalidad, lo que no ocurri� en la especie. Por estos razonamientos, este Tribunal Colegiado estima que es infundado lo que aduce el quejoso sobre la ilegalidad del laudo reclamado al negar la responsable plena eficacia demostrativa al dictamen rendido por el especialista tercero en discordia en lo atinente a la pensi�n por incapacidad reclamada. El anterior criterio fue sustentado por este �rgano colegiado en laejecutoria pronunciada en el amparo directo DT. 10093/2002, promovido por el Instituto Mexicano del Seguro Social, lo que dio lugar a que se estableciera la tesis que es del tenor siguiente: ?ENFERMEDAD PROFESIONAL, PARA SU DEMOSTRACI�N ES NECESARIO QUE EL PERITO UBIQUE EL PADECIMIENTO EN ALGUNA DE LAS FRACCIONES DE LA TABLA PREVISTA EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO; Y DE NO CONTEMPLARSE ESPEC�FICAMENTE EN UNA DE ELLAS, ADUZCA LAS RAZONES M�DICAS POR LAS QUE SE COMPRUEBE QUE ES DE ESA NATURALEZA. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n sent� jurisprudencia en el sentido de que para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad, es necesario que se trate de las previstas en la tabla de enfermedades de trabajo consignadas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que las actividades del obrero est�n contempladas como causantes de la misma; lo que hace indispensable que el perito ubique el padecimiento que diagnostique al trabajador de manera espec�fica en una de las fracciones en que se dividen los subt�tulos de la mencionada tabla y que conforman el abanico de afecciones org�nicas a las que est�n propensos los empleados por las labores desarrolladas, o bien, que de no estar catalogado por el legislador en un �ndice concreto, el galeno, en auxilio t�cnico de las funciones de la Junta, deber� proporcionar los datos m�dicos, expresar las razones por las que en su opini�n el obrero es portador de una enfermedad distinta a las enumeradas en la tabla, pero causada por la vida productiva de su trabajo, a fin de que el dictamen sirva a la autoridad para decidir sobre su origen; sin que sea suficiente decir que la lesi�n se sit�a en un subt�tulo concreto, como podr�a ser, a manera de ejemplo, que se sufre de una afecci�n broncopulmonar, por la simple menci�n de que se ubica en el subt�tulo: �Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral�, puesto que la perturbaci�n org�nica debe ser identificada de manera fehaciente en relaci�n directa con el elemento que la provoc�, a saber, por la inhalaci�n de polvos de lana, algod�n, lino, etc�tera; diversa a una variable que la incit� por la aspiraci�n de polvos de la industria del yeso, papelera, del acero-manganeso, entre otros que define la norma. Adem�s de que a la Junta no corresponde decidir cu�l ser�a la fracci�n en que se localiza el padecimiento que merma la salud del trabajador por sus actividades o el ambiente laboral en que prest� sus servicios, por carecer de los conocimientos necesarios para ello, pues la justificaci�n en la exposici�n concreta de los elementos que soporten el dictamen rendido por el facultativo, es lo que generar� convicci�n en cuanto a la profesionalidad de una enfermedad.?. En ese orden de ideas, y en virtud de que este tribunal no encontr� materia para suplir la deficiencia de los conceptos de violaci�n en t�rminos de lo dispuesto por el art�culo 76 bis, fracci�n VI, procede negar el amparo solicitado.

DT. 15393/2002

QUINTO. El examen de los conceptos de violaci�n conduce a determinar lo siguiente: ... El quejoso, esencialmente alega por otra parte, que la Junta responsable al dar valor probatorio pleno al dictamen del perito tercero en discordia, dej� de observar que dicho facultativo no mencion� en qu� art�culos y fracciones de la Ley Federal del Trabajo, se bas� para determinar los padecimientos que supuestamente diagnostic� al actor. Es fundado lo anterior y suficiente para conceder el amparo solicitado, de conformidad con las siguientes consideraciones. El perito tercero en discordia, al enumerar y calificar los diagn�sticos en el dictamen que rindi� expres�: ?Diagn�sticos: 1. Cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico y proceso degenerativo que le condiciona una hipoacusia bilateral combinada del 30%. 2. Enfermedad broncopulmonar producida por inhalaci�n de polvos de algod�n y fibra sint�tica. 3. Enfermedad articular degenerativa de predominio lumbar grado III. 4. G. bilateral grado II. 5. Diabetes mellitus. 6. No hay evidencia de da�o cerebral o neurol�gico. Pron�stico: Bueno para la vida, malo para la funci�n. Tratamiento: Control m�dico especializado. Conclusiones y consideraciones m�dico legales: El C. E.B.U. es portador del diagn�stico referido en p�rrafos correspondientes, siendo los dos primeros del orden profesional por tener relaci�n directa de causa efecto con su medio ambiente laboral y se califican con la Ley Federal del Trabajo en vigor en sus art�culos 473, 475, 476 y 513, dichos padecimientos le confieren una incapacidad parcial y permanente con fundamento en los art�culos 477, fracci�n II y 479 del mismo ordenamiento legal. Y se val�an con los art�culos 17, por similitud, 18, 481 y 514, fracci�n 351, para el primer diagn�stico correspondi�ndole el 25% (veinticinco por ciento) y fracci�n 370 para el segundo diagn�stico correspondi�ndole 25% (veinticinco por ciento) totalizando 50% (cincuenta por ciento) de disminuci�n f�sico org�nico funcional.? (foja 59). Por otra parte, se desprende del laudo reclamado que la Junta responsable estim� el dictamen m�dico rendido por el perito tercero en discordia como id�neo para condenar al reconocimiento de que el actor se encontraba con dos padecimientos del orden profesional, que le ocasionaron una incapacidad parcial y permanente, cuando consider� lo siguiente: ?Respecto al dictamen del perito m�dico tercero en discordia, resulta procedente concederle valor probatorio pleno, debido a los estudios m�dicos especializados y complementarios que le realiz� al hoy accionante, que lo llevaron a precisar en forma m�s clara sus padecimientos y a determinar en sus conclusiones m�dico legales de manera adecuada y el porqu� de sus diagn�sticos y de su valuaci�n, tomando en cuenta que �ste se vali� y consider� m�s y mejores elementos suficientes e indubitables que forman convicci�n en esta Junta, ya que precisa en forma debida el porqu� de los padecimientos que le diagnostic� son de orden general, de lo que se colige que desahoga los extremos de la pericial m�dica. En consecuencia, dicho dictamen resulta ser minucioso y pormenorizado.? (foja 86). Ahora bien, lo anterior fue incorrecto tomando en consideraci�n que si bien es cierto que el perito tercero en discordia fund� sus conclusiones respecto de los padecimientos que encontr�, entre otros en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, tambi�n lo es que omiti� precisar en qu� fracci�n o fracciones del dispositivo legal en cita se encontraban dichos padecimientos si los estim� del orden profesional, o bien, si no fue as�, cu�les fueron las razones m�dicas para considerarlos de tal naturaleza, por lo que el laudo fue violatorio de garant�as en perjuicio del quejoso, ya que no es suficiente con citar globalmente el art�culo 513 de la ley laboral, puesto que es indispensable que la opini�n m�dica en que se apoye la Junta, cumpla con los requisitos precisados. Sirve de apoyo a lo anterior, la tesis de jurisprudencia n�mero I.13o.T.J. de este mismo tribunal, que dice: ?ENFERMEDAD PROFESIONAL, PARA SU DEMOSTRACI�N ES NECESARIO QUE EL PERITO UBIQUE EL PADECIMIENTO EN ALGUNA DE LAS FRACCIONES DE LA TABLA PREVISTA EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO; Y DE NO CONTEMPLARSE ESPEC�FICAMENTE EN UNA DE ELLAS, ADUZCA LAS RAZONES M�DICAS POR LAS QUE SE COMPRUEBE QUE ES DE ESA NATURALEZA. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n sent� jurisprudencia en el sentido de que para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad, es necesario que se trate de las previstas en la tabla de enfermedades de trabajo consignadas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que las actividades del obrero est�n contempladas como causantes de la misma; lo que hace indispensable que el perito ubique el padecimiento que diagnostique al trabajador de manera espec�fica en una de las fracciones en que se dividen los subt�tulos de la mencionada tabla y que conforman el abanico de afecciones org�nicas a las que est�n propensos los empleados por las labores desarrolladas, o bien, que de no estar catalogado por el legislador en un �ndice concreto, el galeno, en auxilio t�cnico de las funciones de la Junta, deber� proporcionar los datos m�dicos, expresar las razones por las que en su opini�n el obrero es portador de una enfermedad distinta a las enumeradas en la tabla, pero causada por la vida productiva de su trabajo, a fin de que el dictamen sirva a la autoridad para decidir sobre su origen; sin que sea suficiente decir que la lesi�n se sit�a en un subt�tulo concreto, como podr�a ser, a manera de ejemplo, que se sufre de una afecci�n broncopulmonar, por la simple menci�n de que se ubica en el subt�tulo: �Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral�, puesto que la perturbaci�n org�nica debe ser identificada de manera fehaciente en relaci�n directa con el elemento que la provoc�, a saber, por la inhalaci�n de polvos de lana, algod�n, lino, etc�tera; diversa a una variable que la incit� por la aspiraci�n de polvos de la industria del yeso, papelera, del acero-manganeso, entre otros que define la norma. Adem�s de que a la Junta no corresponde decidir cu�l ser�a la fracci�n en que se localiza el padecimiento que merma la salud del trabajador por sus actividades o el ambiente laboral en que prest� sus servicios, por carecer de los conocimientos necesarios para ello, pues la justificaci�n en la exposici�n concreta de los elementos que soporten el dictamen rendido por el facultativo, es lo que generar� convicci�n en cuanto a la profesionalidad de una enfermedad.? Sustentada al resolver los juicios de amparo directo 10093/2002, 11873/2002 y 12433/2002, vistos en sesiones de veinte y veintiocho de junio, y once de julio de dos mil dos, respectivamente. En las apuntadas condiciones, al ser violatorio de garant�as el laudo reclamado, se debe conceder el amparo solicitado para el efecto de que la Junta responsable lo deje insubsistente y en su lugar dicte uno nuevo, en el cual siguiendo los lineamientos de esta ejecutoria considere que no se demostr� la profesionalidad de los padecimientos identificados por el perito tercero como ?1. Cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico y proceso degenerativo que le condiciona una hipoacusia bilateral combinada del 30%. 2. Enfermedad broncopulmonar producida por inhalaci�n de polvos de algod�n y fibra sint�tica.? y partiendo de esa consideraci�n resuelva lo que proceda.

DT. 15813/2002

CUARTO. Los conceptos de violaci�n son infundados. R.O.O. demand� del Instituto Mexicano del Seguro Social el otorgamiento y pago de una pensi�n por incapacidad total permanente, as� como diversas prestaciones accesorias, dado que padec�a bronquitis qu�mica industrial, la cual era del orden profesional. Indic� que prest� sus servicios en la empresa Henkel Mexicana, Sociedad An�nima de Capital Variable, en donde estuvo sometido a trabajos muy rigurosos como los de levantar canales met�licos de aproximadamente cincuenta kilogramos, estando expuesto a la degeneraci�n de su salud por tratarse de la rama de la industria qu�mica, en la que se manejan �cidos y productos qu�micos, gases, polvos, humos, vapores de sustancias qu�micas, solventes, �xidos, sustancias t�xicas, sujeto a soportar ruidos que imped�an la comunicaci�n oral, as� como estar levantando y transportando constantemente las sustancias qu�micas que se utilizaban para el proceso de elaboraci�n. El Instituto Mexicano del Seguro Social neg� derecho al actor para reclamar la pensi�n de m�rito, en virtud que no cumpl�a con los requisitos legales establecidos en los art�culos 7o., 9o., 57, 58 y 65 de la Ley del Seguro Social, siendo falso que presentara el padecimiento que mencionaba y, sobre todo, que tuviera relaci�n causa-efecto con su ambiente laboral. La Junta del conocimiento absolvi� al Instituto Mexicano del Seguro Social del otorgamiento de pensi�n por incapacidad parcial permanente por el padecimiento bronquitis cr�nica industrial, al considerar que dicha enfermedad no est� contemplada como del orden profesional en la tabla contenida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, por lo que mediante el dictamen m�dico s�lo se demostraba que el accionante sufr�a dicho padecimiento, pero no que el mismo tuviese un origen derivado del medio ambiente laboral del actor o en las actividades que desempe��, y que en tal virtud debi� acreditarse que la enfermedad padecida se encontraba relacionada con la actividad espec�fica desempe�ada por el actor o con la rama de la industria en que se vio obligado a laborar, o regi�n en que se desenvolvi�, sin embargo, que ello no ocurri�. El quejoso se duele en sus motivos de inconformidad de la absoluci�n del instituto demandado de pagarle una pensi�n por incapacidad parcial permanente por el padecimiento denominado bronquitis cr�nica industrial, pues afirma que la Junta responsable incorrectamente apreci� que no demostr� la relaci�n de causalidad, no obstante que el instituto demandado no acredit� los elementos constitutivos de sus excepciones, lo que era suficiente para sustentar la condena y, por otro lado, sostiene que omiti� analizar adecuadamente los dict�menes rendidos por el perito de la parte actora y el tercero en discordia, mediante los cuales s� se acredita el riesgo de trabajo, y que si bien la bronquitis no se encuentra contemplada en los incisos del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, ello no limita que dicho padecimiento pueda ser del orden profesional, pues as� lo prev� el art�culo 515 de dicho ordenamiento legal. El anterior motivo de inconformidad es infundado, por lo siguiente: Cuando se trata de la reclamaci�n de reconocimiento de enfermedades profesionales, si el padecimiento del trabajador se encuentra considerado en la tabla contenida en el art�culo 513 de la ley de la materia y se consigna su actividad como causante del padecimiento, se actualiza a su favor la presunci�n de que la enfermedad es de origen profesional y, por tanto, el dictamen m�dico que concluya sobre su existencia y el grado de incapacidad es suficiente para determinar dicho origen, sin que exista la necesidad de acreditar con otros medios de convicci�n la relaci�n de causa-efecto entre el padecimiento y su actividad o medio de trabajo. En cambio, cuando la enfermedad diagnosticada est� considerada en dicha tabla como de trabajo, pero la actividad que dijo desempe�ar no corresponda o tenga el equivalente con alguna de las ah� consideradas como causantes del padecimiento, o bien, cuando ni la enfermedad ni la actividad del trabajador se encuentren se�aladas en la tabla, no se actualiza la presunci�n de que su enfermedad tenga un origen profesional y, por ende, se requiere la demostraci�n de la relaci�n causal. Lo anterior tiene su apoyo en la jurisprudencia de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n n�mero 29/98 de tres de abril de mil novecientos noventa y ocho, que resolvi� la contradicci�n de tesis 33/97, consultables en las p�ginas cuatrocientos uno y cuatrocientos dos del Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.V., mayo de mil novecientos noventa y ocho, cuyos rubro y contenido son del tenor siguiente: ?ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA RELACI�N CAUSAL ENTRE �STA Y EL MEDIO EN EL CUAL EL TRABAJADOR PRESTE O HAYA PRESTADO SUS SERVICIOS, NO REQUIERE NECESARIAMENTE DE LA PRESENCIA DEL PERITO M�DICO EN EL LUGAR, EMPRESA O ESTABLECIMIENTO. Conforme a la jurisprudencia sustentada por este Alto Tribunal, la prueba pericial m�dica es la id�nea para determinar, tanto si el origen de una enfermedad es de car�cter profesional, como el grado de incapacidad que le provoque al trabajador. Sin embargo, establecer una regla general, aplicable a la universalidad de los casos, para tener por acreditado el se�alado v�nculo causal, involucrar�a cargas procesales adicionales innecesarias y sin soporte legal, o bien, un desequilibrio entre las partes contendientes, al extremo de provocar laudos condenatorios basados en la simple afirmaci�n del actor sustentada nada m�s que en el desahogo de una pericial m�dica que no arroje la convicci�n necesaria para tal fin. En atenci�n a ello, si se trata de una enfermedad cuya profesionalidad se presume, o sea, de aqu�llas enumeradas en la tabla a que se refiere el art�culo 513, de la Ley Federal del Trabajo, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de la incapacidad, es suficiente para determinar dicho origen, sin perjuicio de que el demandado rinda pruebas que desvirt�en esta presunci�n, conforme al numeral 476 de la misma ley; fuera de este supuesto, es decir, trat�ndose de enfermedades no contempladas en la tabla de referencia, el peritaje debe establecer adem�s, si existe o no una relaci�n causal entre el padecimiento y el trabajo (relaci�n directa) o el medio ambiente laboral (relaci�n indirecta), as� como especificar cu�l es esa relaci�n y los medios de que se vali� el perito para su determinaci�n, y para que el dictamen del experto alcance valor probatorio pleno, deber� encontrarse robustecido con el resultado de la visita que haga al lugar o centro de trabajo, para constatar cu�les eran o son las condiciones ambientales en que se vino desarrollando la actividad o profesi�n, si esto puede obtenerlo por s� mismo o bien, auxiliado por un t�cnico o cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del dictamen primigenio, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes periciales relacionados con esas condiciones. Lo anterior, sin dem�rito de que las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje act�en, en los t�rminos previstos en el art�culo 782, de la Ley de la materia, en el sentido de ordenar con citaci�n de las partes, el examen de lugares o reconocimiento por peritos, a fin de practicar las diligencias que juzguen convenientes para el esclarecimiento de la verdad.?. Como se advierte, hay casos en los que el dictamen pericial resulta suficiente para determinar la profesionalidad de un padecimiento, lo que sucede cuando la enfermedad diagnosticada es de las que se encuentran enumeradas en la tabla a que se refiere el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, supuesto en el que la profesionalidad se presume, pero tambi�n existen otros, como en los que se trata de enfermedades no contempladas en la tabla de referencia, en los que se requiere, adem�s, que el peritaje establezca si existe o no la relaci�n causal entre el padecimiento y el trabajo realizado o el medio ambiente en que se desempe��, y los medios de que se vali� el perito para llegar a dicha conclusi�n, am�n de que para que alcance valor probatorio pleno deber� encontrarse robustecido con el resultado de la visita que haga al centro de trabajo para corroborar cu�les eran o son las condiciones ambientales en que se vino desarrollando la actividad o profesi�n, bien que lo haga por s� mismo o ayudado por un t�cnico o cient�fico que permita ampliar, esclarecer o perfeccionar las conclusiones del dictamen primario o que dicha visita resulte innecesaria en virtud de existir en autos otros elementos, de los que pueda deducirse cu�l era el ambiente de trabajo en el que se prestaban los servicios. En la especie, R.O.O. reclam� el reconocimiento del padecimiento de bronquitis qu�mica industrial. Por otro lado, en su demanda inicial, precis� que: ?... comenz� a prestar sus servicios desde el 15 de octubre de 1962 ... durante tantos a�os estuvo sometido a trabajos muy rigurosos como los de levantar canales met�licos de aproximadamente 50 kilogramos y, asimismo, estaba expuesto a degenerarse su salud por la misma rama de la industria qu�mica y que se manejan toda clase de �cidos y productosqu�micos, gases y polvos que perjudican gravemente tanto el nivel de los pulmones, garganta e incluso por el ruido tan fuerte que se produce se ha visto tambi�n afectado de los o�dos produciendo, ya que tan s�lo en la empresa Henkel Mexicana, S. de C.V., ha venido trabajando por m�s de 34 a�os ... durante su vida laboral y de su jornada permanec�a expuesto en forma directa y constante a diversos agentes contaminantes, como son polvos, gases, humos, vapores de sustancias qu�micas, solventes, �xidos, gas, sustancias t�xicas, sujeto a soportar ruidos que impiden la comunicaci�n verbal, as� como estar constantemente levantando y transportando las sustancias qu�micas que utilizan para el proceso de elaboraci�n y cajas de salida de los productos para su acomodo y venta y distribuci�n ... por ello se afect� severamente su salud ...? (foja dos). De entre los tres peritajes que obran en autos, la autoridad responsable otorg� valor probatorio pleno al emitido por el tercero en discordia. En el aludido dictamen aparece, en la parte que interesa, lo siguiente: ?Antecedentes laborales: 1. Inicia su vida laboral a la edad de 16 a�os en la f�brica de Caf� al Gusto, S. de C.V. como ayudante general, puesto que desempe�a durante 1 a�o. 2. A los 17 a�os trabaja para Sep�lveda Hermanos, S. de C.V., como ayudante general durante 1 a�o. 3. Posteriormente, a los 18 a�os de edad trabaja para Henkel Mexicana, S. de C.V., lugar donde labora hasta la fecha ocupando diferentes puestos como son: en un principio en intendencia, chofer y repartidor de productos qu�micos y mensajer�a, lugar donde se desempe�a actualmente haciendo una antig�edad de 36 a�os. Expuesto: durante su vida laboral a sonidos procedentes del cami�n repartidor de personal y otros veh�culos automotores, humos de combusti�n, inhalaci�n de los productos qu�micos que transportaba, polvos del medio ambiente (sobre todo de la f�brica cercana Sosa Texcoco), bipedestaci�n prolongada, esfuerzos sobre esfuerzos ... Diagn�sticos: ... 2. bronquitis cr�nica industrial ...? (fojas cuarenta y ocho y cuarenta y nueve). En el laudo reclamado, la Junta dijo, en cuanto a la enfermedad bronquitis cr�nica industrial: ?... �sta no qued� debidamente evidenciada; toda vez que, si bien es cierto que el dictamen tercero en discordia concluye que el actor padece esta enfermedad del orden profesional por encontrar relaci�n directa de causa-efecto con su medio ambiente laboral; tambi�n lo es que la tabla de enfermedades a que alude el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, en sus t�tulos de ?neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, y el de enfermedades de las v�as respiratorias producidas por inhalaci�n de gases y vapores, no se encuentra enumerada la bronquitis cr�nica industrial; ante tal circunstancia, es necesario que la enfermedad padecida se encuentre relacionada con la actividad espec�fica desempe�ada por el actor o con la rama de la industria en que se vio obligado a laborar, o regi�n en que se desenvolvi�, a la que se refiere la tabla de enfermedades y actividades industriales contenidas en el dispositivo legal citado, lo que no ocurri� en el presente caso; por tanto, la relaci�n de causalidad no qued� acreditada en el juicio laboral pues, en todo caso, los peritajes debieron establecer los elementos con los que qued� acreditada la relaci�n de causa-efecto que se se�ala, al no operar la presunci�n que deriva de la observancia de los art�culos 476 y 513 de la Ley Federal del Trabajo; tiene aplicaci�n la jurisprudencia n�mero 95/2000, sustentada por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, que a la letra dice: ?ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES SOLO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO EST� CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO.? (folios setenta y cinco y setenta y seis). Lo anterior se estima correcto por las siguientes consideraciones. R.O.O. manifest� �nicamente en su demanda laboral que trabaj� por m�s de treinta y cuatro a�os en la empresa Henkel Mexicana, S. de C.V., pero omiti� precisar la categor�a o puestos que desempe�� y las actividades a que se dedicaba la empresa Henkel Mexicana, S. de C.V., pues se limit� a precisar que padec�a la enfermedad mencionada debido a que estuvo expuesto a ?diversos agentes contaminantes, como son polvos, gases, humos, vapores de sustancias qu�micas, solventes, �xidos, gas, sustancias t�xicas, sujeto a soportar ruidos que impiden la comunicaci�n verbal as� como estar constantemente levantando y transportando las sustancias qu�micas que utilizan para el proceso de elaboraci�n y cajas de salida de los productos para su acomodo y venta y distribuci�n ...? (foja dos). Al perito tercero en discordia, que fue al que la Junta le concedi� valor probatorio, le refiri� que inici� a laborar como ayudante general en la f�brica de Caf� al Gusto y posteriormente en Sep�lveda Hermanos; tambi�n, y posteriormente, se desempe�� en el �rea de intendencia, chofer y repartidor de productos qu�micos y mensajer�a en la empresa Henkel Mexicana, S. de C.V., sin embargo, cierto resulta que en la demanda inicial no se�al� ninguna de esas categor�as ni precis� las actividades que desempe�� en cada una de ellas, ni a las que se dedicaban las empresas para las que labor�, lo cual no debe soslayarse, pues los argumentos que conforman la acci�n del trabajador deben quedar precisados desde el escrito inicial de demanda, ya que no es dable aceptar nuevos argumentos con posterioridad, como sucedi� en la especie, al relatarle el actor al perito tercero en discordia categor�as que no se�al� en su demanda laboral, pues de aceptarlo se estar�a dejando en estado de indefensi�n a la contraparte. Por tanto, si el actor desde el inicio de su demanda no refiri� qu� puestos desempe�� a lo largo de su vida laboral ni las actividades que desarroll� en cada uno de �stos, ni las actividades a que se dedicaban las empresas para las que labor� y, en particular, la actividad espec�fica de la empresa para la cual labor� treinta y cuatro a�os, es decir, la mayor parte de su vida, as� como los puestos que desempe�� en �sta, y as� el motivo por el cual ten�a contacto o manipulaba lo agentes contaminantes que refiri�, cierto resulta que ello es insuficiente para tener por acreditada la relaci�n causa-efecto entre el padecimiento dictaminado y las actividades desarrolladas por el trabajador, pues no permite arribar a la conclusi�n de que el actor haya sido portador de tal enfermedad, como as� lo explica la jurisprudencia que ha quedado transcrita, para llegar a la inferencia l�gica que el reclamante se desempe�� en un ambiente perjudicial y con ello demostrar el origen profesional del padecimiento; por tanto, el actuar de la Junta fue legal. A mayor abundamiento, es dable puntualizar que el cap�tulo de la Ley Federal del Trabajo que prev� las enfermedades broncopulmonares debidas a la inhalaci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral, es un rubro gen�rico que desglosa, en los numerales que lo integran, una lista de enfermedades espec�ficas relacionadas cada una a su vez con actividades o industrias que presuponen la relaci�n directa o indirecta entre la enfermedad y la actividad o ambiente en que se presta el servicio; en otras palabras, dichos incisos contemplan diversos padecimientos espec�ficos cuyo origen se presume, por ley, como consecuencia de la exposici�n del empleado a determinado ambiente de trabajo o a la manipulaci�n de productos que ah� se describen y que culminan en la existencia de la enfermedad. En ese sentido, es menester se�alar que en el aludido cap�tulo de la Ley Federal del Trabajo no se encuentra contemplada la bronquitis como enfermedad profesional, y para presuponer la profesionalidad del padecimiento era necesario que la actividad de �ste se encontrara contemplada en dicho cap�tulo, pero al no precisar el actor su actividad, no es posible establecer la relaci�n de causa-efecto entre la enfermedad y el ambiente de trabajo, por lo que los peritos debieron allegarse de otros elementos para establecer la profesionalidad del padecimiento, pues si bien es cierto, como lo alega el quejoso, la tabla del art�culo 513 de la ley de la materia, es ejemplificativa y no limitativa, tambi�n lo es que, en la especie, los elementos derivados del dictamen m�dico tercero en discordia son insuficientes para establecer el nexo de causalidad, ya que aun cuando se dijo que estuvo expuesto a agentes contaminantes, como el polvo, gases, humos, vapores de sustancias qu�micas, solventes, �xidos y sustancias t�xicas, no se especific� las actividades que desarroll� el actor en la empresa Henkel Mexicana, S. de C.V., a fin de establecer la relaci�n con dichos agentes contaminantes, esto es, no se precis� el motivo por el cual el reclamante ten�a contacto con los agentes contaminantes en menci�n, de ah� que, en el caso, s� se requer�a corroborar la profesionalidad del padecimiento diagnosticado al actor mediante cualquier otro medio probatorio, como lo pod�a ser la visita al centro de trabajo. Adem�s, otro aspecto importante es que el especialista tercero en discordia omiti� ubicar dicho padecimiento en alguna de las fracciones previstas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, situaci�n que no permite identificar la relaci�n directa con el elemento que el perito estim� provoc� dicho padecimiento al reclamante, por ello, se carece de los elementos necesarios para establecer el origen del padecimiento diagnosticado como bronquitis cr�nica industrial. Tiene apoyo la anterior consideraci�n en la tesis sostenida por este Tribunal Colegiado, I.3o.T.J., cuyos rubro y texto dicen: ?ENFERMEDAD PROFESIONAL, PARA SU DEMOSTRACI�N ES NECESARIO QUE EL PERITO UBIQUE EL PADECIMIENTO EN ALGUNA DE LAS FRACCIONES DE LA TABLA PREVISTA EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO; Y DE NO CONTEMPLARSE ESPEC�FICAMENTE EN UNA DE ELLAS, ADUZCA LAS RAZONES M�DICAS POR LAS QUE SE COMPRUEBE QUE ES DE ESA NATURALEZA. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n sent� jurisprudencia en el sentido de que para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad, es necesario que se trate de las previstas en la tabla de enfermedades de trabajo consignadas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que las actividades del obrero est�n contempladas como causantes de la misma; lo que hace indispensable que el perito ubique el padecimiento que diagnostique al trabajador de manera espec�fica en una de las fracciones en que se dividen los subt�tulos de la mencionada tabla y que conforman el abanico de afecciones org�nicas a las que est�n propensos los empleados por las labores desarrolladas; o bien, que de no estar catalogado por el legislador en un �ndice concreto, el galeno, en auxilio t�cnico de las funciones de la Junta, deber� proporcionar los datos m�dicos, expresar las razones por las que en su opini�n el obrero es portador de una enfermedad distinta a las enumeradas en la tabla, pero causada por la vida productiva de su trabajo, a fin de que el dictamen sirva a la autoridad para decidir sobre su origen; sin que sea suficiente decir que la lesi�n se sit�a en un subt�tulo concreto, como podr�a ser, a manera de ejemplo, que se sufre de una afecci�n broncopulmonar, por la simple menci�n de que se ubica en el subt�tulo: �Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral�, puesto que la perturbaci�n org�nica debe ser identificada de manera fehaciente en relaci�n directa con el elemento que la provoc�, a saber, por la inhalaci�n de polvos de lana, algod�n, lino, etc�tera; diversa a una variable que la invent� por la aspiraci�n de polvos de la industria del yeso, papelera, del acero-manganeso, entre otros que define la norma. Adem�s de que a la Junta no corresponde decidir cu�l ser�a la fracci�n en que se localiza el padecimiento que merma la salud del trabajador por sus actividades o el ambiente laboral en que prest� sus servicios, por carecer de los conocimientos necesarios para ello, pues la justificaci�n en la exposici�n concreta de los elementos que soporten el dictamen rendido por el facultativo, es lo que generar� convicci�n en cuanto a la profesionalidad de una enfermedad.?. Por tanto, este Tribunal Colegiado considera que del material probatorio que corre agregado a los autos no se acredita la relaci�n de causalidad del padecimiento bronquitis cr�nica industrial diagnosticado a R.O.O., asimismo, considera que la determinaci�n de la Junta responsable es correcta y debe prevalecer, puesto que se encuentra debidamente fundada y motivada, am�n de que no se advierte violaci�n a lo dispuesto en el art�culo 476 de la Ley Federal del Trabajo, pues la autoridad en forma alguna pas� por alto el contenido de dicho precepto, dado que mediante el dictamen del especialista s�lo se acredita que el actor padece bronquitis cr�nica industrial, pero no que dicha enfermedad tenga su origen en el trabajo o en el medio ambiente laboral, tal como lo dispone dicho precepto. Asimismo, resulta infundado lo manifestado por el quejoso respecto a que le correspond�a al instituto demandado acreditar los elementos constitutivos de sus excepciones, adem�s de que deb�a demostrar las causas por las que no se generaban los hechos que le fueron imputados; pues contrario a ello, debe decirse que el Instituto Mexicano del Seguro Social no tiene la calidad de patr�n del demandante, sino de �rgano asegurador y, por otra parte, en ning�n precepto legal se impone al instituto demostrar el medio ambiente laboral en que se desempe�� un trabajador que reclame alguna pensi�n por incapacidad, adem�s, conforme a lo considerado en la ejecutoria de la jurisprudencia 29/98 de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, antes citada en este estudio, por principio, corresponde al actor la carga de probar cu�les son sus padecimientos y la actividad que desempe�aba, para poder determinar si ese padecimiento tuvo como origen la actividad desarrollada y poderla calificar como de trabajo, y si el padecimiento y la actividad est�n contempladas en la tabla del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, esto es, la actividad como causante de una enfermedad de trabajo y el padecimiento como un efecto de esa actividad, llevar�a la presunci�n legal que es de trabajo y ah� no tendr�a que demostrar el actor la relaci�n de causa a efecto; en cambio, cuando ni la actividad ni los padecimientos est�n en la tabla como tales, ah� s� se debe demostrar la relaci�n de causa a efecto, por tanto se debe determinar si en el caso los padecimientos diagnosticados por los peritos m�dicos est�n contemplados en la ley como de trabajo y si la actividad o alguna similar a las actividades que la ley considera como causantes de enfermedades de trabajo son las que en el caso desempe�aba o era el ambiente en que realizaba sus labores el actor, porque de ah� depende si �ste debe o no acreditar la relaci�n de causa a efecto entre sus padecimientos y el medio ambiente laboral y, en la especie, el accionante debi� demostrar dicho nexo, sin embargo, por lo que ve al padecimiento denominado bronquitis cr�nica no satisfizo dicha carga, de ah� que no sea el instituto quien deba demostrar los elementos constitutivos de sus excepciones. Finalmente, respecto al dictamen m�dico rendido por el especialista de la parte actora, al cual la Junta le rest� eficacia probatoria, cabe decir que con independencia del valor otorgado, el mismo tambi�n es insuficiente para demostrar el nexo causal entre el padecimiento diagnosticado como bronquitis cr�nica y el medio ambiente laboral en que se desempe�� el actor, pues tampoco aporta elemento alguno en cuanto a las categor�as que desempe�� el actor, ni la actividad a que se dedicaba la empresa Henkel Mexicana, S. de C.V.; por tanto, no es verdad que mediante el mismo se demuestre la profesionalidad del padecimiento en comento. En esas condiciones, desestimados los conceptos de violaci�n y sin que este Tribunal Colegiado advierta deficiencia de la queja que suplir, debe negarse el amparo y protecci�n de la Justicia Federal a R.O.O..

Dicho criterio dio origen a la tesis de jurisprudencia I.13o.T.J., T.X., octubre de 2002, p�gina 1185 del Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, Tribunales Colegiados de Circuito, cuyos rubro y texto son los siguientes:

ENFERMEDAD PROFESIONAL, PARA SU DEMOSTRACI�N ES NECESARIO QUE EL PERITO UBIQUE EL PADECIMIENTO EN ALGUNA DE LAS FRACCIONES DE LA TABLA PREVISTA EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO; Y DE NO CONTEMPLARSE ESPEC�FICAMENTE EN UNA DE ELLAS, ADUZCA LAS RAZONES M�DICAS POR LAS QUE SE COMPRUEBE QUE ES DE ESA NATURALEZA. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n sent� jurisprudencia en el sentido de que para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad, es necesario que se trate de las previstas en la tabla de enfermedades de trabajo consignadas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que las actividades del obrero est�n contempladas como causantes de la misma; lo que hace indispensable que el perito ubique el padecimiento que diagnostique al trabajador de manera espec�fica en una de las fracciones en que se dividen los subt�tulos de la mencionada tabla y que conforman el abanico de afecciones org�nicas a las que est�n propensos los empleados por las labores desarrolladas, o bien, que de no estar catalogado por el legislador en un �ndice concreto, el galeno, en auxilio t�cnico de las funciones de la Junta, deber� proporcionar los datos m�dicos, expresar las razones por las que en su opini�n el obrero es portador de una enfermedad distinta a las enumeradas en la tabla, pero causada por la vida productiva de su trabajo, a fin de que el dictamen sirva a la autoridad para decidir sobre su origen; sin que sea suficiente decir que la lesi�n se sit�a en un subt�tulo concreto, como podr�a ser, a manera de ejemplo, que se sufre de una afecci�n broncopulmonar, por la simple menci�n de que se ubica en el subt�tulo: ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral?, puesto que la perturbaci�n org�nica debe ser identificada de manera fehaciente en relaci�n directa con el elemento que la provoc�, a saber, por la inhalaci�n de polvos de lana, algod�n, lino, etc�tera; diversa a una variable que la incit� por la aspiraci�n de polvos de la industria del yeso, papelera, del acero-manganeso, entre otros que define la norma. Adem�s de que a la Junta no corresponde decidir cu�l ser�a la fracci�n en que se localiza el padecimiento que merma la salud del trabajador por sus actividades o el ambiente laboral en que prest� sus servicios, por carecer de los conocimientos necesarios para ello, pues la justificaci�n en la exposici�n concreta de los elementos que soporten el dictamen rendido por el facultativo, es lo que generar� convicci�n en cuanto a la profesionalidad de una enfermedad.

QUINTO

Como cuesti�n previa cabe determinar si la presente contradicci�n de tesis re�ne o no los requisitos para su existencia, conforme lo dispone la jurisprudencia n�mero P./J. 26/2001, sustentada por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, publicada en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, T.X., abril de 2001, p�gina 76, que dice:

CONTRADICCI�N DE TESIS DE TRIBUNALES COLEGIADOS DE CIRCUITO. REQUISITOS PARA SU EXISTENCIA. De conformidad con lo que establecen los art�culos 107, fracci�n XIII, primer p�rrafo de la Constituci�n Federal y 197-A de la Ley de Amparo, cuando los Tribunales Colegiados de Circuito sustenten tesis contradictorias en los juicios de amparo de su competencia, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia, o de la Sala quecorresponda deben decidir cu�l tesis ha de prevalecer. Ahora bien, se entiende que existen tesis contradictorias cuando concurren los siguientes supuestos: a) Que al resolver los negocios jur�dicos se examinen cuestiones jur�dicas esencialmente iguales y se adopten posiciones o criterios jur�dicos discrepantes; b) Que la diferencia de criterios se presente en las consideraciones, razonamientos o interpretaciones jur�dicas de las sentencias respectivas; y c) Que los distintos criterios provengan del examen de los mismos elementos.

Tambi�n lo previsto en los art�culos 107, fracci�n XIII, primer p�rrafo, de la Constituci�n Federal y 197-A de la Ley de Amparo, que se interpretan en la jurisprudencia antes transcrita, sirve como marco de referencia para dilucidar si en el presente caso existe o no la contradicci�n de tesis denunciada. Dichos numerales dicen:

"Art�culo 107. Todas las controversias de que habla el art�culo 103 se sujetar�n a los procedimientos y formas del orden jur�dico que determine la ley, de acuerdo a las bases siguientes:

"...

"XIII. Cuando los Tribunales Colegiados de Circuito sustenten tesis contradictorias en los juicios de amparo de su competencia, los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, el procurador general de la Rep�blica, los mencionados tribunales o las partes que intervinieron en los juicios en que dichas tesis fueron sustentadas, podr�n denunciar la contradicci�n ante la Suprema Corte de Justicia, a fin de que el Pleno o la Sala respectiva, seg�n corresponda, decidan la tesis que debe prevalecer como jurisprudencia.

"Cuando las S. de la Suprema Corte de Justicia sustenten tesis contradictorias en los juicios de amparo materia de su competencia, cualquiera de esas S., el procurador general de la Rep�blica o las partes que intervinieron en los juicios en que tales tesis hubieran sido sustentadas, podr�n denunciar la contradicci�n ante la Suprema Corte de Justicia, que funcionando en Pleno decidiera cu�l tesis debe prevalecer.

"La resoluci�n que pronuncien las S. o el Pleno de la Suprema Corte en los casos a que se refieren los dos p�rrafos anteriores, s�lo tendr� el efecto de fijar la jurisprudencia y no afectar� las situaciones jur�dicas concretas derivadas de las sentencias dictadas en los juicios en que hubiese ocurrido la contradicci�n."

"Art�culo 197-A. Cuando los Tribunales Colegiados de Circuito sustenten tesis contradictorias en los juicios de amparo de su competencia, los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, el procurador general de la Rep�blica, los mencionados tribunales o los Magistrados que los integren, o las partes que intervinieron en los juicios en que tales tesis hubieren sido sustentadas, podr�n denunciar la contradicci�n ante la Suprema Corte de Justicia, la que decidir� cu�l tesis debe prevalecer. El procurador general de la Rep�blica, por s� o por conducto del agente que al efecto designe, podr�, si lo estima pertinente, exponer su parecer dentro del plazo de treinta d�as.

"La resoluci�n que se dicte no afectar� las situaciones jur�dicas concretas derivadas de los juicios en los cuales se hubiesen dictado las sentencias contradictorias.

"La Suprema Corte deber� dictar la resoluci�n dentro del t�rmino de tres meses y ordenar su publicaci�n y remisi�n en los t�rminos previstos por el art�culo 195."

Como se ve, los preceptos constitucional y reglamentario, as� como el criterio jurisprudencial antes transcritos, refieren a la figura jur�dica de la contradicci�n de tesis como mecanismo para integrar jurisprudencia. Ese mecanismo se activa cuando existen dos o m�s criterios discrepantes, divergentes u opuestos en torno a la interpretaci�n de una misma norma jur�dica o punto concreto de derecho y que por seguridad jur�dica deben uniformarse a trav�s de la resoluci�n que proponga la jurisprudencia que debe prevalecer y dada su generalidad, pueda aplicarse para resolver otros asuntos de id�ntica o similar naturaleza.

En la jurisprudencia aludida se precisan los requisitos de existencia que conjuntamente debe reunir la contradicci�n de tesis, como son a) Que en las ejecutorias materia de contradicci�n se examinen cuestiones jur�dicas esencialmente iguales y se adopten criterios discrepantes; b) Que la diferencia de criterios se presente en las consideraciones, argumentaciones o razonamientos que sustentan las sentencias respectivas; y, c) Que los criterios discrepantes provengan del examen de los mismos elementos.

El examen de los criterios sustentados por los Tribunales Colegiados mencionados, revela que existe parcialmente la contradicci�n de tesis que se denuncia, y que �sta debe delimitarse �nicamente respecto del reconocimiento de enfermedades profesionales, por lo cual, la resoluci�n emitida por el Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito derivada del juicio de amparo directo DT. 11826/2002 promovido por el Instituto Mexicano del Seguro Social, no ser� considerada materia del presente asunto, toda vez que sus antecedentes destacan como origen del juicio natural, la existencia de un accidente de trabajo en tanto todos lo restantes asuntos derivan del reclamo de enfermedades profesionales y, por tanto, no se surten los requisitos establecidos por la jurisprudencia citada para considerar que existe contradicci�n de criterios.

Por otra parte, en lo que se refiere a las dem�s resoluciones pronunciadas por los Tribunales Colegiados, estudiaron lo siguiente:

El Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, al resolver el juicio de amparo directo 12106/2002, neg� raz�n al Instituto Mexicano del Seguro Social, apoy�ndose, en lo conducente, en los antecedentes y consideraciones esenciales siguientes:

? J.L.C.�n O. demand� del Instituto Mexicano del Seguro Social el reconocimiento de que tiene, entre otras, las siguientes enfermedades: a) cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico, que condiciona una hipoacusia bilateral combinada valuada en un cuarenta y uno por ciento; b) bronquitis cr�nica industrial valuada en un cuarenta por ciento, por ser del orden profesional, por tener relaci�n de causa-efecto con el medio ambiente laboral, mismos que le producen una incapacidad parcial.

? Se�al� como hechos fundatorios de su acci�n, entre otros, que prest� sus servicios durante veinte a�os para la empresa denominada Industrias Unidas, S. de C.V., durante cinco a�os, en la categor�a de prensista; M., S. de C.V., por cinco a�os; Nabisco Famosa, S. de C.V., durante dos a�os y Bodegas Rurales Conasupo, S. de C.V., durante los �ltimos veinte a�os, en varios puestos siendo el �ltimo de t�cnico administrativo, estando expuesto a los agentes de su medio ambiente laboral, consistentes en ruidos y sonidos de gran magnitud que imped�an la comunicaci�n oral, inhalaci�n de polvos, humos, solventes, nubes y neblinas de pinturas, gases, vapores, altas y bajas temperaturas, bipedestaci�n y deambulaci�n continua, flexiones, extensiones y rotaciones de columna, ca�das a nivel y desnivel.

? La Junta Especial responsable emiti� laudo en el que, en lo que interesa, consider�: "El perito propuesto por el actor y el perito tercero en discordia le diagnostican una bronquitis cr�nica industrial, este padecimiento se considera como profesional, en virtud de que el actor en su demanda manifest� haber trabajado durante su vida laboral para diversas empresas, entre ellas, Nabisco Famosa, S. de C.V., en donde estuvo expuesto a la inhalaci�n de polvos de cereales y harinas, por lo que su labor se encuadra perfectamente en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo que contiene la tabla de enfermedades de trabajo en su apartado 7 que se refiere a las afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de cereales, harinas, heno, paja, yute, ixtle y henequ�n, por lo que se debe condenar al instituto demandado a reconocer como enfermedad profesional el padecimiento que nos ocupa valuado en un 30% de disminuci�n �rgano funcional total por el perito tercero en discordia por considerarlo el mejor elaborado."

? La parte quejosa, demandada en el juicio laboral, impugn� que la autoridad responsable no tuvo suficientes elementos de convicci�n para determinar la existencia del nexo causal entre el padecimiento diagnosticado y las actividades o medio ambiente desarrollado, porque el padecimiento de bronquitis cr�nica industrial no se encuentra se�alado en alguna de las fracciones del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo.

? El Tribunal Colegiado consider�:

  1. Que la autoridad responsable s� se�al� por qu� se acredit� el nexo causal respecto de la enfermedad diagnosticada, pues claramente indic� que respecto de la enfermedad diagnosticada como bronquitis cr�nica industrial, se actualiz� la presunci�n legal derivada de la fracci�n 7 del citado numeral 513 de la ley laboral, coligi�ndose que no fue necesario que se allegara otros medios de prueba, toda vez que el diagn�stico de la enfermedad y la aplicaci�n de la norma, realizada por la propia Junta responsable fue suficiente para que quedara acreditado el nexo casual, sin que el instituto demandado combata las razones en las que se apoy� la autoridad para determinar dicha existencia de la relaci�n de causalidad entre la enfermedad y las actividades o medio ambiente laboral.

  2. Que es obligaci�n de la Junta responsable realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, y subsumir las actividades manifestadas dentro de las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, de conformidad con los art�culos 840, fracci�n VI y 841 del mismo ordenamiento legal, porque corresponde a la Junta de Conciliaci�n y Arbitraje, realizar la adecuaci�n de los hechos alegados por las partes con la norma legal aplicable a cada caso particular; esto es, determinar y decidir cu�l es el derecho que le corresponde a cada hecho esgrimido por los contendientes.

  3. Que de acuerdo con los art�culos 821 y 822 de la Ley Federal del Trabajo, los peritos son personas con conocimientos especiales en una ciencia, arte u oficio, que a trav�s del dictamen respectivo, auxilian a la Junta para esclarecer la verdad sobre determinados puntos en conflicto y su obligaci�n reside en informar al �rgano jurisdiccional las enfermedades, sus probables causas y la valuaci�n del grado de disminuci�n org�nica de la funci�n, empero, corresponde a la Junta responsable realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto.

  4. Que es labor del �rgano jurisdiccional calificar los hechos aducidos por las partes en la demanda y su contestaci�n, verificar que estos queden acreditados por existir prueba de ello o porque se actualice alguna presunci�n legal, luego subsumir las enfermedades diagnosticadas o las actividades manifestadas a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, de conformidad con los art�culos 840, fracci�n VI y 841 del mismo ordenamiento legal; pues no es posible que resida en el profesional m�dico la facultad jurisdiccional de determinar la aplicabilidad de alguna fracci�n de la Ley Federal del Trabajo, para efectos de establecer el porcentaje de incapacidad, sin que la autoridad responsable se cerciore de la existencia de la norma aplicada. Adem�s, de la adecuaci�n de la norma al caso particular depender� la actualizaci�n de la presunci�n que emana del presupuesto legal, labor meramente jurisdiccional, que por tanto, no puede residir en un profesional en materia de medicina, pues con los datos que provee el propio perito m�dico, la Junta est� en aptitud de determinar la norma legal aplicable para establecer el porcentaje de incapacidad parcial permanente que se reconoce.

    Los antecedentes relativos al amparo directo 11156/2002, del que conoci� el Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, son los siguientes:

    ? Con fecha seis de junio de dos mil, Jes�s V.C. demand� del Instituto Mexicano del Seguro Social el reconocimiento de que tiene, entre otras, las siguientes enfermedades: a) cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico, que le genera una hipoacusia bilateral combinada del veintinueve por ciento; b) bronquitis cr�nica industrial por ser del orden profesional, por tener relaci�n de causa-efecto con el medio ambiente laboral, mismos que le producen una incapacidad parcial.

    ? Se�al� como hechos fundatorios de su acci�n, entre otros, que prest� sus servicios durante veinte a�os para la empresa denominada Productos Qu�micos y Pinturas, S. de C.V., a partir de mil novecientos setenta y nueve, en la categor�a de encargado de almac�n y que durante su vida laboral prest� sus servicios para diversas empresas, estando expuesto a los agentes de su medio ambiente laboral, consistentes en sonidos de diversas magnitudes que interfer�an con la comunicaci�n oral, inhalaci�n de solventes qu�micos (thinner, aguarr�s, humos de soldadura, roc�os de pinturas), bipedestaci�n y deambulaci�n continua, flexiones, extensiones y rotaciones de columna, ca�das a nivel y desnivel.

    ? La Junta Especial responsable emiti� laudo en el que, en lo que interesa, consider�: ??la prueba id�nea para resolver el presente juicio, es la pericial m�dica y de las fojas 47 y 48 de los autos, que aparece en las mismas la pericial de la actora y de la misma, se desprende: historia cl�nica, antecedentes heredo-familiares y personales patol�gicos, antecedentes laborales, padecimiento actual; exploraci�n f�sica, estudios complementarios, diagn�sticos consistentes en: 1. Cortipat�a bilateral mixta secundaria a trauma ac�stico cr�nico y componente degenerativo que le condiciona una hipoacusia bilateral del 10%; 2. Bronquitis cr�nica industrial ... conclusiones y consideraciones m�dico legales, determinando: que los dos primeros padecimientos son de orden profesional y que en conjunto se val�an en un 25%. De la foja 49 a 58 de autos, se encuentra visible la pericial m�dica de la demandada, de la que se desprende: motivo de la demanda, ficha de identificaci�n del actor, motivaci�n, anexos, fundamentaciones: no es candidato para recibir los beneficios de una incapacidad o una invalidez. Toda vez que los peritajes anteriores resultaron contradictorios, se nombr� a un perito tercero en discordia, el cual rindi� su dictamen en los t�rminos visible en las fojas 62 a 65 del expediente, del que se desprende: historia cl�nica, antecedentes heredo-familiares y personales no patol�gicos, antecedentes laborales, padecimiento actual, exploraci�n f�sica dirigida, estudios complementarios, diagn�stico: 1. Cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico y componente degenerativo que condiciona una hipoacusia bilateral combinada de 10%; 2. Bronquitis cr�nica industrial ... consideraciones y conclusiones m�dico legales; determinando que la actora presenta en la actualidad los padecimientos antes descritos, de los cuales los 2 primeros son de orden profesional, valuados en un 35%. Analizando los anteriores dict�menes ... por lo que se refiere a la pericial del tercero en discordia, vemos que en la especie, es un perito que pertenece al sector laboral oficial, es decir, que su peritaje es imparcial, ya que no tiene ning�n inter�s en el presente juicio y, adem�s, hace un estudio anal�tico y m�s profundo de las constancias procesales, por lo que a esta H. Junta le procede parcialmente convicci�n aunado con el perito m�dico de la parte actora, respecto al segundo padecimiento determinado por dichos peritos, toda vez que de acuerdo a las actividades que realizaba la actora, y al tipo de actividad de la empresa donde laboraba, las mismas se encuadran en los numerales 22 del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, ya que la soldadura y la industria de las pinturas que el actor refiere fueron las causantes del segundo padecimiento que refiere ... En vista de lo anterior, esta Junta considera procedente condenar al reconocimiento y pago de que la actora sufre de incapacidad permanente parcial valuada en un 25% de disminuci�n org�nico funcional ..."

    ? Contra dicha resoluci�n el Instituto Mexicano del Seguro Social promovi� juicio de amparo directo, del que conoci� el Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, que con fecha doce de noviembre de dos mil dos resolvi� negar el amparo, considerando, esencialmente:

  5. Que es infundado el concepto de violaci�n en el que el instituto quejoso se�ala que la autoridad responsable no tuvo suficientes elementos de convicci�n para determinar la existencia del nexo causal, que la bronquitis cr�nica industrial es distinto padecimiento de la fibrosis neumoconi�tica establecido y relatado en el art�culo 514 de la Ley Federal del Trabajo; y que respecto de dicho padecimiento no qued� acreditada la relaci�n de causa-efecto con su ambiente de trabajo.

  6. Que la Junta responsable s� se�al� porqu� se acredit� el nexo causal, pues claramente indic� que respecto de la bronquitis cr�nica industrial se actualiz� la presunci�n legal derivada de la fracci�n 22 del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, coligi�ndose que no fue necesario que se allegara de otros medios de prueba.

  7. Que el diagn�stico de la enfermedad y la aplicaci�n de la norma realizada por la Junta responsable fue suficiente para que quedara acreditado el nexo casual, por lo que �nicamente con la prueba pericial se determin� el origen profesional del padecimiento, esto por estar relatada la actividad del actor en el precepto referido.

  8. Que la obligaci�n del perito m�dico reside en informar al �rgano jurisdiccional las enfermedades y sus probables causas, empero, corresponde a la Junta responsable realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, ya que es labor del �rgano jurisdiccional subsumir las actividades manifestadas a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, de conformidad con los art�culos 840, fracci�n VI y 841 del mismo ordenamiento legal, dado que no es posible que resida en el profesional m�dico la facultad jurisdiccional de determinar la aplicabilidad de diversa fracci�n de la Ley Federal del Trabajo.

SEXTO

Por otra parte, los antecedentes del juicio de amparo 10093/2002, del que conoci� el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, son los siguientes:

? Con fecha veinticuatro de octubre de dos mil, C.A.V.�lez demand� del Instituto Mexicano del Seguro Social el reconocimiento de que padec�a, entre otras enfermedades: a) bronquitis qu�mica de etiolog�a mixta, por inhalaci�n de polvos de fibras de algod�n, sint�ticas, vapores por sustancias qu�micas y tabaquismo; b) cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico, degenerativa y lesi�n bilateral de o�do medio, que le condicionaba una hipoacusia bilateral combinada de 30%, de origen profesional, que le propiciaban una incapacidad parcial permanente; por ende, reclam� el pago y otorgamiento de las pensiones relativas.

? Se�al� como hechos fundatorios de su acci�n, entre otros, que labor� en diversas empresas, siendo la �ltima Textiles Unidos, S., en la categor�a de oficial atador; que estuvo expuesto a agentes mec�nicos, traumatismos diversos, ca�das a nivel de piso, polvo de fibras de algod�n y sint�ticas, vapores de sustancias qu�micas, ruido intenso y medio ambiente con temperatura elevada con cambios bruscos.

? La Junta Especial responsable emiti� laudo en el que, en lo que interesa, consider�: "... Por lo anterior y en virtud de lo contradictorio de los dict�menes rendidos por los peritos de las partes respecto de los padecimientos del orden profesional, se design� un perito m�dico tercero en discordia, quien rindi� su dictamen ... y quien previo el an�lisis de los diversos estudios m�dicos practicados al actor y tomando en cuenta su historia cl�nica, antecedentes personales patol�gicos, laborales, padecimiento actual,exploraci�n f�sica y estudios complementarios, concluy� que la parte actora presenta los diagn�sticos consistentes en: 1. Enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes y que est� de acuerdo con el enunciado que a la letra dice ?enfermedades broncopulmonares producidas por la aspiraci�n de polvos y gases de origen animal, vegetal o mineral?; 2. cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico que le produce una hipoacusia bilateral combinada del 30% ... se�alando que la parte actora es portadora de los diagn�sticos mencionados siendo de origen profesional en relaci�n con causa-efecto con su ambiente laboral, que se califican con la Ley Federal del Trabajo conforme a los art�culos 473, 475, 476 y 513 en su fracci�n 156, dichos padecimientos le condicionan una incapacidad parcial permanente conforme a los art�culos 477, fracci�n II y 479 de la ley laboral, valu�ndose con el art�culo 514, fracci�n 370 para el primero con el 25% y 351 para el segundo con 25% totalizando 50% de su disminuci�n de su capacidad org�nico funcional total ... En relaci�n con el dictamen pericial rendido por el perito tercero en discordia, del cual se advierte que dicho facultativo aporta los elementos de car�cter cient�fico necesarios para emitir su dictamen al considerar que los padecimientos sufridos por el actor son del orden profesional y general, as� como el haber aplicado estudios complementarios consistentes en: examen audiom�trico, espirometr�a, teleradiograf�a de t�rax, radiograf�a de columna lumbosacra, habiendo llevado a cabo la exploraci�n f�sica y tomando en cuenta los antecedentes de los padecimientos, para concluir que el actor porta los padecimientos que refiere en su dictamen, encontr�ndose elaborado por un m�dico dependiente de una instituci�n oficial de lo que se presume su imparcialidad y falta de inter�s para alguna de las partes. A.�ndose por parte de esta Junta que en relaci�n al padecimiento consistente en cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico que le produce una hipoacusia bilateral combinada del 30%, se advierte por parte de esta Junta que si bien es cierto la hipoacusia se encuentra contemplada en el citado numeral 513 de la ley laboral bajo el apartado 156, no menos cierto es que la ley la presume en trat�ndose de ?trabajadores expuestos a ruidos y trepidaciones, como laminadores, trituradores de metales, tejedores, coneros y trocileros, herreros, remachadores, telegrafistas y radio telegrafistas, telefonistas, aviadores, probadores de armas y municiones?, pero que resulta que las actividades o categor�as listadas en dicho apartado son enunciativas y no limitativas, esto es, que pueden existir otras ocupaciones que puedan generar hipoacusia o sordera pues, por la naturaleza de �sta, consistente en una merma en la salud lo �nico que se exige es que el agente activo est� expuesto a ruidos y trepidaciones en cuyo supuestos es posible ubicar la actividad de la parte actora, pues la actividad de oficial atador es posible ubicarla por asimilaci�n en dicho precepto sobre todo tomando en cuenta que el perito refiri� que la parte actora se desempe�� en actividades de ayudante de atador y oficial atador por m�s de 30 a�os en una f�brica textil, que por sus caracter�sticas llevan inmersa la exposici�n a ruidos si se toma en cuenta que se trata de una actividad desarrollada en un medio ruidoso o trepidatorio que se se�ala en la ley, por lo que al evidenciarse elementos de convicci�n tendientes a comprobar la profesionalidad de dicho padecimiento, deber� tenerse por probada la relaci�n de causa-efecto y, por tanto, la profesionalidad de dicho padecimiento. Sirve de apoyo a lo anterior la tesis de jurisprudencia cuyos rubro y tenor son los siguientes: ?ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA RELACI�N CAUSAL ENTRE ESTA Y EL MEDIO EN EL CUAL EL TRABAJADOR PRESTE O HAYA PRESTADO SUS SERVICIOS, NO REQUIERE NECESARIAMENTE DE LA PRESENCIA DEL PERITO M�DICO EN EL LUGAR, EMPRESA O ESTABLECIMIENTO.? (la transcribe y cita precedente). En relaci�n al padecimiento consistente en enfermedad bronco pulmonar secundaria a solventes, se justifica al haber invocado el perito el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo pues, en su t�tulo ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos de origen animal, vegetal o mineral?, queda incluida esa enfermedad broncopulmonar diagnosticada al actor, puesto que por la actividad desempe�ada por el actor como ayudante de atador y oficial de atador por m�s de 30 a�os en una f�brica textil, que refiri� el perito, es evidente que el actor estuvo expuesto a inhalaci�n de polvos, lo que es m�s que suficiente para considerar de trabajo lo que denomin� el perito m�dico enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes, por lo que en tales condiciones, al acreditarse que el padecimiento referido fue a consecuencia de las labores que desempe��, deber� tenerse por probada la relaci�n de causa-efecto y, por tanto, la profesionalidad del referido padecimiento. ..."

? Contra dicha resoluci�n el Instituto Mexicano del Seguro Social promovi� juicio de amparo directo, que correspondi� al D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, que con fecha veinte de junio de dos mil dos resolvi� conceder el amparo, considerando, esencialmente:

  1. Que es sustancialmente fundado el concepto de violaci�n en el sentido de que la Junta err� al conceder plena eficacia convictiva al dictamen pericial rendido por el perito tercero en discordia, que diagnostic� al actor "enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes", siendo que no est� contemplada en la tabla prevista por el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, el especialista la ubic� en el t�tulo "Enfermedades broncopulmonares producida por la aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", pero omiti� fundarla espec�ficamente en alguna de las fracciones del rubro que invoc�, por lo que esa opini�n carec�a de veracidad y, a pesar de ello, la responsable decidi� que se demostr� la profesionalidad.

  2. Que el presupuesto necesario para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad estriba en que se trate de aquellas enumeradas en la tabla que consigna el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que la actividad del obrero est� contemplada como causante de la misma; de modo que si el perito m�dico concluye sobre la existencia de la afecci�n f�sica y el grado de la incapacidad es innecesario demostrar su origen.

  3. Que es indispensable que la Junta se auxilie de la opini�n de especialistas m�dicos, ya que se requiere de conocimientos en la materia que dominan y su funci�n consiste precisamente en ilustrar sobre una cuesti�n cient�fica ignorada por la autoridad de trabajo, pues le es propio esencialmente la aplicaci�n del derecho al caso concreto sometido a su decisi�n y son los galenos de acuerdo a las constancias que integran el expediente y de los estudios que se practiquen al obrero quienes est�n en aptitud de dictaminar el origen de la afecci�n org�nica que merma la salud, sea por las actividades que desempe�� o el ambiente laboral en que las desarroll�, y s�lo mediante los datos m�dicos que se proporcionen a la juzgadora �sta puede v�lidamente pronunciarse sobre la demostraci�n en el juicio de si se trataba o no de un padecimiento profesional.

  4. En el caso, la responsable consider� demostrada la profesionalidad de la enfermedad que le diagnostic� al actor el perito tercero en discordia denominada "enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes", quien al rendir su opini�n afirm� que la ubic� en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, en su t�tulo "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral" y lo calific� conforme al diverso 514, �ndice 370, del mismo ordenamiento, correspondi�ndole el veinticinco por ciento de disminuci�n org�nico funcional total; esta conclusi�n es ilegal, porque la opini�n rendida por el especialista tercero en discordia, no era susceptible de generar convicci�n a la Junta, dado que no proporcion� los elementos necesarios para tener por acreditado el origen laboral de la "enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes" que diagnostic� al actor, pues si la premisa es que se encuentre contemplada en la tabla de enfermedades de trabajo que contiene el art�culo 513 de la ley laboral, no bastaba que la hubiera ubicado en su t�tulo gen�rico "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", en raz�n de que �ste a su vez prev� diversos subt�tulos y fracciones espec�ficas que contemplan la denominaci�n cient�fica de los padecimientos a los que son propensos los obreros dependiendo de las labores desempe�adas; de modo que se trat� de una opini�n ambigua de la que no era posible desprender que el galeno efectivamente haya relacionado las tareas que realizaba el reclamante o su entorno f�sico con una afecci�n broncopulmonar concreta, y no conduc�a en forma sencilla a la conclusi�n de que s� se establec�a la presunci�n legal sobre su origen y por ello se impon�a relevarlo de la fatiga de demostrar la relaci�n causal.

  5. Que la omisi�n del especialista en especificar cu�l era la enfermedad que afectaba la salud del actor por el tipo de tareas que desempe�� o el ambiente laboral y s�lo ubicarlo en el t�tulo gen�rico del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo nombrado "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", evidencia que el perito no proporcion� en su car�cter de auxiliar de la Junta los elementos cient�ficos necesarios para decidir que era de trabajo, siendo que el objeto de la prueba pericial m�dica es precisamente orientarla en aspectos que requieren conocimientos especializados mediante un diagn�stico sobre cu�l sea una afecci�n org�nica concreta que tiene el trabajador, de acuerdo a las catalogadas en la mencionada tabla, para que en esta opini�n cl�nica apoyara la juzgadora sus consecuencias en el �mbito jur�dico, en ejercicio de su facultad jurisdiccional, en la especie, en materia de seguridad social, en cuanto a si opera en favor del trabajador la presunci�n legal de su profesionalidad y, de lo contrario, la ineludible fatiga procesal demostrarla y analizar que se haya colmado en autos.

  6. Esto significa que si el dictamen del perito tercero en discordia no auxilia a la Junta a ubicar con precisi�n en la tabla de enfermedades profesionales establecida en el art�culo 513 de la ley laboral, de acuerdo a las labores desempe�adas por el obrero o el entorno f�sico en el que se emple�, el padecimiento del que es portador, no puede la autoridad por s� misma decidir cu�l es de las previstas en ese numeral la que posiblemente afecte la salud de aqu�l, mediante el an�lisis del abanico de subt�tulos que contempla y las fracciones que indican la denominaci�n m�dica de los padecimientos en relaci�n con las actividades de los trabajadores, porque se trata de aspectos cient�ficos que ata�en, por los conocimientos que se requieren, a los galenos y que ignora la Junta, al tratarse de un �rgano jurisdiccional al que s�lo corresponde pronunciar el derecho por ser el �mbito en que ejerce sus facultades conferidas por ley; de ah� que sea vital recabar esos datos especializados concretos para resolver un conflicto en materia de seguridad social y ello es lo que justifica la intervenci�n de terceros al juicio como son los peritos m�dicos.

  7. Por tanto, si el perito tercero en discordia no ubic� en forma concreta la afecci�n f�sica en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que establecen la denominaci�n cient�fica de las broncopulmonares, de acuerdo a las actividades o el ambiente laboral en que prestaba sus servicios el actor, la Junta no contaba con los elementos necesarios para decidir si era o no profesional la que nombr� "enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes" diagnosticada, porque el t�tulo que cit� es gen�rico y corresponde a los especialistas m�dicos especificar cu�l es la que ataca la salud de aqu�l y no a la Junta decidir del amplio cat�logo de los padecimientos broncopulmonares que consigna ese numeral cu�l ser�a el conducente, seg�n lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas rendidas, porque al carecer de conocimientos cient�ficos relacionados con la medicina (ciencia que se ocupa de prevenir y curar las enfermedades) requiere de una base m�dico-legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho.

  8. Es relevante se�alar que en este asunto el actor manifest� en el cap�tulo de hechos de la demanda que ingres� a la empresa Textiles Unidos, S., en la categor�a de oficial de rama por dos a�os; despu�s en el departamento de telares como ayudante de atador por cuatro a�os y, finalmente, en la categor�a de oficial de atador durante veinticinco a�os; que estuvo expuesto a agentes mec�nicos, polvos de fibras de algod�n y sint�ticas, vapores de sustancias qu�micas (goma para darle resistencia al hilo para el proceso de tejido), ruido intenso y medio ambiente con temperatura elevada con cambios bruscos. Al perito tercero en discordia le manifest� que trabaj� como ayudante de atador por cinco a�os y oficial atador por veinticinco a�os, hasta marzo de mil novecientos noventa y ocho; que sus actividades fueron cambiar los "julios" para la elaboraci�n de las telas atando los hilos; que estuvo expuesto a ambiente ruidoso, inhalaci�n de part�culas de algod�n y nylon, rotaciones forzadas de columna, ca�das a nivel de piso y bipedestaci�n prolongada.

  9. As�, de lo narrado por el actor en el escrito inicial y lo manifestado al perito tercero en discordia, destaca el hecho de que existe meridiana coincidencia de los elementos a los que adujo se encontr� expuesto durante su vida laboral; de la hoja de certificaci�n de derechos aportada por el instituto se obtiene que fue dado de alta en el r�gimen obligatorio por Textiles Unidos, S. de C.V., el veintisiete de enero de mil novecientos ochenta y dos y su baja ocurri� el ocho de abril de mil novecientos noventa y ocho.

  10. Sin embargo, aun cuando por las categor�as que afirm� el trabajador que ocup� en la industria textil puede colegirse que fue en el �rea de producci�n y se pod�a presumir la existencia de los agentes contaminantes que le propiciaron la afecci�n pulmonar, al tenor de las distintas enfermedades contempladas en el abanico de fracciones de la tabla prevista en el art�culo 513 de la ley laboral, relacionadas con el tipo de puesto que desempe�a el obrero y el material que inhalaba constantemente, de cuyos aspectos depende la naturaleza o denominaci�n espec�fica del padecimiento al que era propenso, era un requisito ineludible que el galeno ubicara la enfermedad en las contempladas por el numeral citado para que la Junta pudiera decidir si era irrelevante demostrar la relaci�n causal, por establecerse la presunci�n legal de su origen y al no haber rendido su opini�n el facultativo tercero en discordia en forma espec�fica y concreta, de acuerdo a la referida tabla, es claro que por insuficiente no pod�a generar convicci�n su dictamen y lo cierto es que se refiri� a un padecimiento no contemplado que nombr� como "enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes".

  11. Esto se afirma porque adem�s de no encuadrar en los padecimientos de trabajo establecidos por el legislador, tampoco puede inferirse una relaci�n l�gica de los elementos que refiri� el obrero por las actividades que realizaba en la industria textil como ayudante de atador y oficial atador con el diagn�stico del perito al opinar que la disminuci�n org�nica estaba vinculada a los solventes, para que lo dote de veracidad. Para ilustrar esta conclusi�n, es conveniente se�alar lo dispuesto en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo en el t�tulo de "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", en su �ndice 8, prev� que son propensos a la bisinosis los trabajadores de hilados y tejidos de algod�n y dem�s manipuladores de este producto; y los t�rminos en que el facultativo dictamin� son ambiguo en cuanto a la intervenci�n de los solventes como contaminantes, pues el contacto en forma preponderante con alguno de cierta naturaleza puede ocasionar determinado tipo de afecci�n org�nica, lo que puede concluirse de un conocimiento com�n o sencillo y no especializado; de modo que la falta de precisi�n de este dictamen induce a navegar por las distintas hip�tesis contempladas en el numeral invocado, lo que no es adecuado para decidir el conflicto conforme a derecho.

  12. Entonces, si bien el t�tulo de la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, invocado por el especialista, no debe entenderse en forma restrictiva o limitativa sino ejemplificativa de las labores que pueden ser causantes de la enfermedad, se requiere que el perito m�dico proporcione los elementos necesarios para determinar sus consecuencias legales en el �mbito de la seguridad social, mediante la decisi�n que asuma la autoridad de trabajo y si no se le orienta en esta cuesti�n cient�fica o se hace de manera deficiente, no es sostenible que opere la presunci�n de su origen profesional por carecer de certidumbre esa opini�n cl�nica y procede imponer al actor la fatiga procesal de demostrar su naturaleza laboral pues, aun cuando el galeno concluya en la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad, es insuficiente para considerarla profesional.

  13. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n en la jurisprudencia 95/2000, cuyo rubro es: "ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO ESTA CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO.?, sent� el criterio de que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, debe encontrarse en la tabla del art�culo 513 de la ley laboral y que esta presunci�n no incluye el numeral 514, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n prevista en este �ltimo precepto se haya adquirido con motivo del trabajo.

  14. Lo expuesto permite considerar que si el perito tercero en discordia diagnostic� al trabajador el padecimiento que denomin� "enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes", que no est� contemplado como tal en el abanico de enfermedades profesionales previsto en el art�culo 513 de la ley laboral, inclusive en algunos de los incisos del 1 al 30 de dicho numeral en que el legislador en forma categ�rica precis� las afecciones debidas a inhalaciones de distintas sustancias o materiales; por lo que es imprescindible que el experto en la ciencia de la medicina auxilie a la autoridad de trabajo ubicando la lesi�n detectada en alguno de esos �ndices, partiendo del supuesto de que si incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n la Junta, al no ser perito en esa ciencia del conocimiento carecer� de elementos para ubicarla en alguno de esos incisos.

    Los antecedentes del juicio de amparo 11873/2002, del que conoci� el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, son los siguientes:

    ? Con fecha trece de octubre de mil novecientos noventa y nueve, G.A.P.�a C. demand� del Instituto Mexicano del Seguro Social el reconocimiento de que padec�a, entre otras enfermedades: 1. Bronquitis cr�nica industrial; 2. Cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico que le condiciona una hipoacusia de origen profesional que le propiciaban una incapacidad parcial permanente; por ende, reclam� el pago y otorgamiento de las pensionesrelativas.

    ? Se�al� como hechos fundatorios de su acci�n, entre otros, que labor� para Ferrocarriles Nacionales de M�xico como ingeniero de Control de Calidad y que sus actividades consist�an en elaborar an�lisis de aceite, lubricantes, preparaci�n de soluci�n �cida para bater�as, cargando botes de veinte litros para realizar su trabajo con poca protecci�n personal, manejando qu�micos que le produjeron bronquitis qu�mica industrial y esguince lumbar que le afect� una lesi�n en columna vertebral, adquiriendo tambi�n hipoacusia bilateral combinada secundaria a trauma ac�stico cr�nico, pues estaba expuesto al ruido que produc�an las locomotoras al pasar cuando estaba supervisando, que interfer�a con la comunicaci�n oral, debiendo soportar posiciones f�sicas prolongadas al subir y bajar, colg�ndose y soportando el peso de su cuerpo con el tren en marcha.

    ? La Junta Especial responsable emiti� laudo en el que, en lo que interesa, consider�: "toda vez que se presume la parcialidad de los peritos m�dicos hacia la parte que representan les resta credibilidad y, por tanto, valor probatorio a los dict�menes emitidos, que al ser discrepantes, la Junta Federal de Conciliaci�n y Arbitraje designa como perito tercero en discordia al Dr. M.A.S.L. quien rinde su dictamen de fecha 1o. de junio de 2001 y que en la parte relativa a las conclusiones y consideraciones m�dico legales indica que: G.A.P.�a C. es portador actualmente de los padecimientos enunciados en el p�rrafo correspondiente, y son los dos primeros diagn�sticos del orden profesional por ser secuelas y tener relaci�n directa de causa- efecto, trabajo da�o con su medio ambiente laboral, lesiones org�nicas que son consecuencia de la exposici�n continua a diversos agentes durante su jornada de trabajo en un ambiente dado. Por lo que se califica tomando como marco legal de referencia lo establecido en los cap�tulos de riesgos y enfermedades de trabajo de la Ley Federal del Trabajo en sus art�culos 473, 475, 476 y 513, fracci�n 156. Y en los t�tulos que a la letra dicen: ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares, producida por la aspiraci�n de humos y polvos de origen animal, vegetal o mineral?. Esta interacci�n negativa generada en su centro de trabajo en el desempe�o de sus actividades de trabajo determin� las enfermedades de trabajo cuyas alteraciones org�nicas y funcionales originan, seg�n sus caracter�sticas y magnitud, una incapacidad clasificada como parcial y permanente seg�n los art�culos 477, fracci�n II y 479 del mismo ordenamiento legal. ..."

    ? Contra dicha resoluci�n el Instituto Mexicano del Seguro Social promovi� juicio de amparo directo, del que conoci� el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, que con fecha veintiocho de junio de dos mil dos resolvi� conceder el amparo, considerando, esencialmente:

  15. Que es sustancialmente fundado el concepto de violaci�n en el sentido de que la Junta err� al conceder plena eficacia convictiva al dictamen pericial rendido por el perito tercero en discordia, que diagnostic� al actor "enfermedad broncopulmonar cr�nica", siendo que no est� contemplada en la tabla prevista por el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, el especialista la ubic� en el t�tulo "Enfermedades broncopulmonares producida por la aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", pero omiti� fundarla espec�ficamente en alguna de las fracciones del rubro que invoc�, por lo que esa opini�n carec�a de veracidad y, a pesar de ello, la responsable decidi� que se demostr� la profesionalidad.

  16. Que el presupuesto necesario para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad estriba en que se trate de aquellas enumeradas en la tabla que consigna el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que la actividad del obrero est� contemplada como causante de la misma; de modo que si el perito m�dico concluye sobre la existencia de la afecci�n f�sica y el grado de la incapacidad es innecesario demostrar su origen.

  17. Que es indispensable que la Junta se auxilie de la opini�n de especialistas m�dicos, ya que se requiere de conocimientos en la materia que dominan y su funci�n consiste, precisamente, en ilustrar sobre una cuesti�n cient�fica ignorada por la autoridad de trabajo, pues le es propia, esencialmente, la aplicaci�n del derecho al caso concreto sometido a su decisi�n y son los galenos de acuerdo a las constancias que integran el expediente y de los estudios que se practiquen al obrero quienes est�n en aptitud de dictaminar el origen de la afecci�n org�nica que merma la salud, sea por las actividades que desempe�� o el ambiente laboral en que las desarroll�; y s�lo mediante los datos m�dicos que se proporcionen a la juzgadora �sta puede v�lidamente pronunciarse sobre la demostraci�n en el juicio de si se trataba o no de un padecimiento profesional.

  18. En el caso, la responsable consider� demostrada la profesionalidad de la enfermedad que le diagnostic� al actor el perito tercero en discordia denominada "enfermedad broncopulmonar cr�nica", quien al rendir su opini�n afirm� que la ubic� en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, en su t�tulo "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", y lo calific� conforme al diverso 514, �ndice 370, del mismo ordenamiento, correspondi�ndole el veinticinco por ciento de disminuci�n org�nico funcional total; esta conclusi�n es ilegal, porque la opini�n rendida por el especialista tercero en discordia no era susceptible de generar convicci�n a la Junta, dado que no proporcion� los elementos necesarios para tener por acreditado el origen laboral de la "enfermedad broncopulmonar cr�nica" que diagnostic� al actor, pues si la premisa es que se encuentre contemplada en la tabla de enfermedades de trabajo que contiene el art�culo 513 de la ley laboral, no bastaba que la hubiera ubicado en su t�tulo gen�rico "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", en raz�n de que �ste, a su vez, prev� diversos subt�tulos y fracciones espec�ficas que contemplan la denominaci�n cient�fica de los padecimientos a los que son propensos los obreros, dependiendo de las labores desempe�adas; de modo que se trat� de una opini�n ambigua de la que no era posible desprender que el galeno efectivamente haya relacionado las tareas que realizaba el reclamante o su entorno f�sico con una afecci�n broncopulmonar concreta y no conduc�a en forma sencilla a la conclusi�n de que s� se establec�a la presunci�n legal sobre su origen y por ello se impon�a relevarlo de la fatiga de demostrar la relaci�n causal.

  19. Que la omisi�n del especialista en especificar cu�l era la enfermedad que afectaba la salud del actor por el tipo de tareas que desempe�� o el ambiente laboral y s�lo ubicarlo en el t�tulo gen�rico del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo nombrado "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", evidencia que el perito no proporcion�, en su car�cter auxiliar de la Junta, los elementos cient�ficos necesarios para decidir que era de trabajo, siendo que el objeto de la prueba pericial m�dica es precisamente orientarla en aspectos que requieren conocimientos especializados mediante un diagn�stico sobre cu�l sea una afecci�n org�nica concreta que tiene el trabajador, de acuerdo a las catalogadas en la mencionada tabla, para que en esta opini�n cl�nica apoyara la juzgadora sus consecuencias en el �mbito jur�dico, en ejercicio de su facultad jurisdiccional, en la especie, en materia de seguridad social, en cuanto a si opera en favor del trabajador la presunci�n legal de su profesionalidad y, de lo contrario, la ineludible fatiga procesal demostrarla y analizar que se haya colmado en autos.

  20. Esto significa que si el dictamen del perito tercero en discordia no auxilia a la Junta a ubicar con precisi�n en la tabla de enfermedades profesionales establecida en el art�culo 513 de la ley laboral, de acuerdo con las labores desempe�adas por el obrero o el entorno f�sico en el que se emple�, el padecimiento del que es portador, no puede la autoridad por s� misma decidir cu�l es de las previstas en ese numeral la que posiblemente afecte la salud de aqu�l, mediante el an�lisis del abanico de subt�tulos que contempla y las fracciones que indican la denominaci�n m�dica de los padecimientos en relaci�n con las actividades de los trabajadores, porque se trata de aspectos cient�ficos que ata�en, por los conocimientos que se requieren, a los galenos y que ignora la Junta al tratarse de un �rgano jurisdiccional al que s�lo corresponde pronunciar el derecho por ser el �mbito en que ejerce sus facultades conferidas por ley; de ah� que sea vital recabar esos datos especializados concretos para resolver un conflicto en materia de seguridad social, y ello es lo que justifica la intervenci�n de terceros al juicio, como son los peritos m�dicos.

  21. Por tanto, si el perito tercero en discordia no ubic� en forma concreta la afecci�n f�sica en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que establece la denominaci�n cient�fica de las broncopulmonares, de acuerdo a las actividades o el ambiente laboral en que prestaba sus servicios el actor, la Junta no contaba con los elementos necesarios para decidir si era o no profesional la que nombr� "enfermedad broncopulmonar cr�nica" diagnosticada, porque el t�tulo que cit� es gen�rico y corresponde a los especialistas m�dicos especificar cu�l es la que ataca la salud de aqu�l y no a la Junta decidir del amplio cat�logo de los padecimientos broncopulmonares que consigna ese numeral cu�l ser�a el conducente, seg�n lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas rendidas, porque al carecer de conocimientos cient�ficos relacionados con la medicina (ciencia que se ocupa de prevenir y curar las enfermedades) requiere de una base m�dico legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho.

  22. Que de lo narrado por el actor en el escrito inicial y lo manifestado al perito tercero en discordia, destaca el hecho de que existe meridiana coincidencia de los elementos a los que adujo se encontr� expuesto durante su vida laboral; del convenio que celebr� con el actor exhibido por Ferrocarriles Nacionales de M�xico, aparece que comenz� a laborar el cuatro de febrero de mil novecientos setenta y seis y acumul� veintitr�s a�os, seis meses y veintiocho d�as de servicio.

  23. Sin embargo, aun cuando por las categor�as que afirm� el trabajador que ocup� en la empresa ferrocarrilera puede colegirse que fue en un �rea pr�xima a las locomotoras y se pod�a presumir la existencia de los agentes contaminantes que le propiciaron la afecci�n pulmonar, al tenor de las distintas enfermedades contempladas en el abanico de fracciones de la tabla prevista en el art�culo 513 de la ley laboral, relacionadas con el tipo de puesto que desempe�a el obrero y el material que inhalaba constantemente, de cuyos aspectos depende la naturaleza o denominaci�n espec�fica del padecimiento al que era propenso, era un requisito ineludible que el galeno ubicara la enfermedad en las contempladas por el numeral citado para que la Junta pudiera decidir si era irrelevante demostrar la relaci�n causal por establecerse la presunci�n legal de su origen, y al no haber rendido su opini�n el facultativo tercero en discordia en forma espec�fica y concreta de acuerdo a la referida tabla, es claro que por insuficiente no pod�a generar convicci�n su dictamen y lo cierto es que se refiri� a un padecimiento no contemplado que nombr� como "enfermedad broncopulmonar cr�nica".

  24. Esto se afirma, porque destacan de los agentes a los que afirm� el obrero estuvo expuesto en su vida productiva, polvos, humos, gases y solventes, y el especialista le diagnostic� una "enfermedad broncopulmonar cr�nica" que adem�s de no encuadrar en los padecimientos de trabajo establecidos por el legislador, tampoco puede inferirse una relaci�n l�gica de los elementos que refiri� el obrero por las actividades que realizaba en la industria ferrocarrilera como ingeniero de control de calidad con el diagn�stico del perito al opinar que la disminuci�n org�nica estaba vinculada a polvos, humos, gases y vapores, para que lo dote de veracidad, pues no existe dentro de los incisos del primero al treinta del citado art�culo 513 alguno en el que encuadre la afecci�n del demandante y, si �sta hubiera sido generada por gases y vapores el experto debi� fundamentar su opini�n en otros incisos de ese numeral, lo que no hizo, y los t�rminos en que el facultativo dictamin� son ambiguo en cuanto a la intervenci�n de los agentes que consider� como contaminantes, pues el contacto en forma preponderante con alguno de cierta naturaleza puede ocasionar determinado tipo de afecci�n org�nica, lo que es factible concluir a trav�s de un conocimiento com�n o sencillo y no especializado; de modo que la falta de precisi�n de este dictamen induce a navegar por las distintas hip�tesis contempladas en el numeral invocado, lo que no es adecuado para decidir el conflicto conforme a derecho.

  25. Entonces, si bien el t�tulo de la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, invocado por el especialista, no debe entenderse en forma restrictiva o limitativa sino ejemplificativa de las labores que pueden ser causantes de la enfermedad, se requiere que el perito m�dico proporcione los elementos necesarios para determinar sus consecuencias legales en el �mbito de la seguridad social mediante la decisi�n que asuma la autoridad de trabajo y si no se le orienta en esta cuesti�n cient�fica o se hace de manera deficiente no es sostenible que opere la presunci�n de su origen profesional por carecer de certidumbre esa opini�n cl�nica y procede imponer al actor la fatiga procesal de demostrar su naturaleza laboral, pues aun cuando el galeno concluya en la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad, es insuficiente para considerarla profesional.

  26. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n en la jurisprudencia 95/2000, cuyo rubro es: "ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO ESTA CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO.", sent� el criterio de que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, debe encontrarse en la tabla del art�culo 513 de la ley laboral y que esta presunci�n no incluye el numeral 514, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n prevista en este �ltimo precepto se haya adquirido con motivo del trabajo.

  27. Lo expuesto permite considerar que si el perito tercero en discordia diagnostic� al trabajador el padecimiento que denomin� "enfermedad broncopulmonar cr�nica", que no est� contemplado como tal en el listado de enfermedades profesionales previsto en el art�culo 513 de la ley laboral, inclusive en algunos de los incisos del 1 al 30 de dicho numeral en que el legislador en forma categ�rica precis� las afecciones debidas a inhalaciones de distintas sustancias o materiales, por lo que es imprescindible que el experto en la ciencia de la medicina auxilie a la autoridad de trabajo ubicando la lesi�n detectada en alguno de esos �ndices, partiendo del supuesto de que si incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n, la Junta, al no ser perito en esa ciencia del conocimiento, carecer� de elementos para ubicarla en alguno de esos incisos.

    Los antecedentes del juicio de amparo 12433/2002, del que conoci� el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, son los siguientes:

    ? S.S.U. demand� del Instituto Mexicano del Seguro Social el pago y otorgamiento de las pensiones relativas derivadas de la incapacidad total permanente que presenta.

    ? Se�al� como hechos fundatorios de su acci�n, entre otros, que los padecimientos que presenta son: hipoacusia bilateral por trauma ac�stico, cortipat�a, disminuci�n de la agudeza visual, dolor cr�nico en la columna vertebral, s�ndrome doloroso lumbar cr�nico secundario en la columna vertebral, s�ndrome doloroso lumbar, cr�nico secundario a espondiloartrosis grado III, y lumbar cr�nico mecanopostular y degenerativo, padecimientos que adquiri� con el desempe�o de sus labores como chofer, ya que siempre estuvo expuesto a humo de soldadura, polvos, solventes e inhalaci�n de los mismos.

    ? La Junta Especial responsable emiti� laudo en el que, en lo que interesa, consider�: "la prueba id�nea para resolver el presente asunto en estudio es la pericial m�dica ofrecida por las partes, por tratarse de lesiones org�nicas de la reclamante, consecuentemente se procede a analizar las mismas: ... Al resultar contradictorios los dict�menes rendidos por los peritos de las parte se design� perito tercero en discordia, quien exhibi� y agreg� en autos su dictamen ...; de donde se desprende que tom� en cuenta: su historia cl�nica, sus antecedentes heredo-familiares y no patol�gicos, antecedentes laborales, padecimiento actual, exploraci�n f�sica, estudios complementarios; diagnosticando: 1. Cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico que le condiciona a una hipoacusia bilateral combinada del 16%; 2. Fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial, bronquitis cr�nica industrial; 3. S�ndrome doloroso lumbar cr�nico secundario a espondilartrosis grado II-III; 4. G. bilateral; y, 5. A.�a presbicia. conclusiones y consideraciones m�dico legales: El actor cursa los diagn�sticos ya mencionados, siendo los dos primeros del orden profesional por encontrarse relaci�n directa de causa-efecto con los agentes contaminantes de su medio ambiente laboral, mismos que al trabajador le confieren una incapacidad parcial permanente que se califica con la Ley Federal del Trabajo en vigor con los art�culos 473 y 474, valu�ndose el primer padecimiento con un 15%, y el segundo con un 20%, totalizando un 35% de incapacidad parcial permanente. ... En esta tesitura, analizados y valorados los dict�menes periciales ofrecidos por las partes y tercero en discordia, esta Junta estima que la accionante no logra acreditar en forma alguna que sufre padecimientos del orden profesional que le produzcan una incapacidad valuable; a lo anterior sirve de apoyo la siguiente tesis: ?ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO EST� CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO.? (se transcribe). De lo anterior se desprende que la actividad del actor (chofer) no est� prevista en dicho precepto como actividad industrial, por tanto, en relaci�n con el reconocimiento que pretende el actor haga la demandada en el sentido de que sufre enfermedades profesionales, procede se absuelva a la demandada de todas y cada una de las prestaciones que le fueron reclamadas por el actor; esto es, del reconocimiento que haga al actor de que �ste sufre enfermedades de orden profesional que le incapacitan, y como consecuencia al pago de la pensi�n que reclama, as� como de las prestaciones reclamadas en el escrito de demanda. ..."

    ? Contra dicha resoluci�n el actor promovi� juicio de amparo directo, del que conoci� el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, que con fecha once de julio de dos mil dos, resolvi� negar el amparo, considerando, esencialmente:

  28. Que son infundados los conceptos de violaci�n porque el presupuesto necesario para que se presuma la profesionalidad de una enfermedad estriba en que se trate de aquellasenumeradas en la tabla que consigna el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que la actividad del obrero est� contemplada como causante de la misma; de modo que si el perito m�dico concluye sobre la existencia de la afecci�n f�sica y el grado de la incapacidad es innecesario demostrar su origen.

  29. Que es indispensable que la Junta se auxilie de la opini�n de especialistas m�dicos, ya que se requiere de conocimientos en la materia que dominan y su funci�n consiste, precisamente, en ilustrar sobre una cuesti�n cient�fica ignorada por la autoridad de trabajo, pues le es propia, esencialmente, la aplicaci�n del derecho al caso concreto sometido a su decisi�n y son los galenos, de acuerdo con las constancias que integran el expediente y los estudios que se practiquen al obrero, quienes est�n en aptitud de dictaminar el origen de la afecci�n org�nica que merma la salud, sea por las actividades que desempe�� o el ambiente laboral en que las desarroll�; y s�lo mediante los datos m�dicos que se proporcionen a la juzgadora �sta puede v�lidamente pronunciarse sobre la demostraci�n en el juicio de si se trataba o no de un padecimiento profesional.

  30. En el caso, la responsable absolvi� al instituto demandado del pago de una pensi�n por incapacidad parcial permanente, por considerar que no qued� demostrada la profesionalidad de las enfermedades que le diagnostic� al actor el perito tercero en discordia, denominadas cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico que le condiciona una hipoacusia bilateral combinada del 16% y "fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial", quien al rendir su opini�n las ubic� en el art�culo 513, �ndice 156, de la Ley Federal del Trabajo y en su t�tulo "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral."

  31. Que la opini�n rendida por el especialista tercero en discordia no era susceptible de generar convicci�n a la Junta porque no proporcion� los elementos necesarios para tener por acreditado el origen laboral de la "fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial" que diagnostic� al actor, pues si la premisa es que la enfermedad se encuentra contemplada en la tabla de enfermedades de trabajo que contiene el art�culo 513 de la ley laboral, no bastaba que la hubiera ubicado en su t�tulo gen�rico "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", en raz�n de que �ste a su vez prev� diversos subt�tulos y fracciones espec�ficas que contemplan la denominaci�n cient�fica de los padecimientos a los que son propensos los obreros dependiendo de las labores que desempe�en, am�n de que dentro de los treinta incisos que integran el citado cap�tulo no existe alguno que se refiera a la actividad de chofer que desempe�aba el actor; de modo que se trat� de una opini�n ambigua de la que no era posible desprender que el galeno efectivamente haya relacionado las tareas que realizaba el reclamante o su entorno f�sico con una afecci�n broncopulmonar concreta y no conduc�a en forma sencilla a la conclusi�n de que s� se establec�a la presunci�n legal sobre su origen y que, por ello, se impon�a relevarlo de la fatiga de demostrar la relaci�n causal.

  32. Esto significa que si el dictamen del perito tercero en discordia no auxilia a la Junta a ubicar con precisi�n en la tabla de enfermedades profesionales establecida en el art�culo 513 de la ley laboral, de acuerdo a las labores desempe�adas por el obrero o el entorno f�sico en el que se emple�, la autoridad est� impedida por s� misma para decidir cu�l es de las previstas en ese numeral la que posiblemente afecte la salud de aqu�l, mediante el an�lisis del abanico de subt�tulos que contempla y las fracciones que indican la denominaci�n m�dica de los padecimientos en relaci�n con las actividades de los trabajadores, porque se trata de aspectos cient�ficos que ata�en, por los conocimientos que se requieren, a los galenos y que ignora la Junta al tratarse de un �rgano jurisdiccional al que s�lo corresponde pronunciar el derecho por ser el �mbito en que ejerce sus facultades conferidas por ley; de ah� que sea vital recabar esos datos especializados concretos para resolver un conflicto en materia de seguridad social y ello es lo que justifica la intervenci�n de terceros al juicio como son los peritos m�dicos.

  33. Por tanto, si el perito tercero en discordia no ubic� en forma concreta la afecci�n f�sica en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que establece la denominaci�n cient�fica de las broncopulmonares, de acuerdo a las actividades o al ambiente laboral en que prestaba sus servicios el actor, la Junta no contaba con los elementos necesarios para decidir si era o no profesional la que denomin� "fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial" diagnosticada, porque el t�tulo que cit� es gen�rico y corresponde a los especialistas m�dicos especificar cu�l es la que ataca la salud de aqu�l y no a la Junta decidir del amplio cat�logo de los padecimientos broncopulmonares que consigna ese numeral cu�l ser�a el conducente, seg�n lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas rendidas, porque al carecer de conocimientos cient�ficos relacionados con la medicina (ciencia que se ocupa de prevenir y curar las enfermedades) requiere de una base m�dico legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho.

  34. Que de lo narrado por el actor en el escrito inicial y lo manifestado al perito tercero en discordia destaca el hecho de que no existe coincidencia de los elementos a los que adujo se encontr� expuesto durante su vida laboral.

  35. Sin embargo, aun cuando por la categor�a de chofer que afirm� el trabajador que ocup� en diversas empresas, puede colegirse que fue en el �rea de tr�nsito de veh�culos y se pod�a presumir la existencia de los agentes contaminantes que le propiciaron la afecci�n pulmonar, al tenor de las distintas enfermedades contempladas en el abanico de fracciones de la tabla prevista en el art�culo 513 de la ley laboral, relacionadas con el tipo de puesto que desempe�a el obrero y el material que inhalaba constantemente, de cuyos aspectos depende la naturaleza o denominaci�n espec�fica del padecimiento al que era propenso, era un requisito ineludible que el galeno precisara las razones que lo llevaron a concluir que la afecci�n que diagnostic� al accionante era del orden profesional, as� como que ubicara la enfermedad en las contempladas por el numeral citado para que la Junta pudiera decidir si era irrelevante demostrar la relaci�n causal por establecerse la presunci�n legal de su origen y, al no haber rendido su opini�n el facultativo tercero en discordia en forma espec�fica y concreta de acuerdo a la referida tabla, es claro que por insuficiente no pod�a generar convicci�n su dictamen y lo cierto es que se refiri� a un padecimiento no contemplado en dicha tabla que denomin� "fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial".

  36. Esto se afirma porque destacan de los agentes a los que afirm� el obrero estuvo expuesto en su vida productiva humos de soldadura, polvos, solventes y pinturas y el especialista le diagnostic� una "fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial", que adem�s de no encuadrar en los padecimientos de trabajo establecidos por el legislador, tampoco puede inferirse una relaci�n l�gica de los elementos que refiri� el obrero por las actividades que realizaba como chofer con el diagn�stico del perito, al opinar que la disminuci�n org�nica estaba vinculada a humos de combusti�n interna y polvos, para que lo dote de veracidad, pues los t�rminos en que el facultativo dictamin� son ambiguos en cuanto a la intervenci�n de los agentes que consider� como contaminantes, pues el contacto en forma preponderante con alguno de cierta naturaleza puede ocasionar determinado tipo de afecci�n org�nica, lo que es factible concluir a trav�s de un conocimiento com�n o sencillo y no especializado; de modo que la falta de precisi�n de este dictamen induce a navegar por las distintas hip�tesis contempladas en el numeral invocado, lo que no es adecuado para decidir el conflicto conforme a derecho.

  37. Entonces, si bien el t�tulo de la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, invocado por el especialista, no debe entenderse en forma restrictiva o limitativa sino ejemplificativa de las labores que pueden ser causantes de la enfermedad, se requiere que el perito m�dico proporcione los elementos necesarios para determinar sus consecuencias legales en el �mbito de la seguridad social mediante la decisi�n que asuma la autoridad de trabajo y, si no se le orienta en esta cuesti�n cient�fica o se hace de manera deficiente, no es sostenible que opere la presunci�n de su origen profesional por carecer de certidumbre esa opini�n cl�nica y procede imponer al actor la fatiga procesal de demostrar su naturaleza laboral, pues aun cuando el galeno concluya en la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad, es insuficiente para considerarla profesional.

  38. La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n en la jurisprudencia 95/2000, cuyo rubro es: "ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO ESTA CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO.?, sent� el criterio de que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, debe encontrarse en la tabla del art�culo 513 de la ley laboral y que esta presunci�n no incluye el numeral 514, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n prevista en este �ltimo precepto se haya adquirido con motivo del trabajo.

  39. Lo expuesto permite considerar que si el perito tercero en discordia diagnostic� al trabajador el padecimiento que denomin� "fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial", que no est� contemplado como tal en el listado de enfermedades profesionales previsto en el art�culo 513 de la ley laboral, inclusive en algunos de los incisos del 1 al 30 de dicho numeral, en el que el legislador en forma categ�rica precis� las afecciones debidas a inhalaciones de distintas sustancias o materiales, por lo que es imprescindible que el experto en la ciencia de la medicina auxilie a la autoridad de trabajo, ubicando la lesi�n detectada en alguno de esos �ndices, partiendo del supuesto de que si incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n, la Junta, al no ser perito en esa ciencia del conocimiento, carecer� de elementos para ubicarla en alguno de esos incisos. Por esto importa destacar que no es suficiente que una supuesta enfermedad se diga encontrarse situada en un t�tulo de los que conforman la tabla prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, como es el caso de "neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", para decir que S.S.U. es portador de fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial bronquitis cr�nica industrial, puesto que el especialista no identific� particularmente la afecci�n en un inciso concreto.

    Los antecedentes del juicio de amparo 15393/2002, del que conoci� el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, son los siguientes:

    ? Con fecha veintid�s de octubre de mil novecientos noventa y ocho, E.B.U. demand� del Instituto Mexicano del Seguro Social el reconocimiento de que padec�a, entre otras enfermedades: 1. S�ndrome org�nico cerebral por exposici�n a sustancias t�xicas; 2. Cortipat�a bilateral por trauma ac�stico cr�nico que le condiciona una hipoacusia; y, 3. Bronquitis industrial de origen profesional que le propiciaban una incapacidad parcial permanente; por ende, reclam� el pago y otorgamiento de las pensiones relativas.

    ? Se�al� como hechos fundatorios de su acci�n, entre otros, que "a la edad de 17 a�os inicia a laborar en un taller de costura como ayudante general por 2 a�os, ingresa a Chrysler de M�xico, S. de C.V., desempe��ndose en el departamento de carrocer�as y corazas, teniendo como actividades las de armar carrocer�as y corazas; posteriormente lo pasaron a los departamentos de salpicaderas, prensas, pisos, perchas, primer y pintura, con actividades de pintar, pulir y encerar; asimismo, operador de diversas m�quinas y mantenimiento de diferentes m�quinas por 4 a�os; de ah� se fue a laborar a Productos Agropecuarios, S. de R.L., como ayudante varios, con actividades de cargar las cajas contenedoras de pollo, cortarlo, presentarlo acorde a los pedidos de los clientes, lavarlo, sacar el pollo del hielo en que se transporta, cargar el hielo, acomodar ah� el pollo, repartirlo, ir al rastro a comprar, cargar y distribuir el pollo, con una actividad que desarroll� por 14 a�os, con un horario de trabajo de 12 a 14 horas diarias por siete d�as a la semana; por estas diferentes ocupaciones se encontr� expuesto permanentemente a ruidos de gran intensidad y magnitud, aspiraci�n de polvos de algod�n y fibras sint�ticas, humos y vapores de pintura, solventes org�nicos e inorg�nicos, cambios de temperatura en el agua caliente y fr�a, polvos met�licos y agentes industriales altamente contaminantes del medio ambiente laboral, exposici�n a temperaturas extremas y abatidas, esfuerzos y sobreesfuerzos f�sicos, ca�das a nivel y desnivel, rotaci�n de tronco permanente, deambulaci�n prolongada, posiciones forzadas y prolongadas, flexi�n constante de columna lumbar, estr�s laboral, humos de soldaduras y fundici�n de metales, vapores de disolventes, dejando de laborar por cuestiones de salud el 31 de agosto de 1997; ... que desde hace 4 a�os, aproximadamente, ha venido presentando problemas a la discriminaci�n de voces, con zumbidos en ambos o�dos, con sensaci�n de taponamiento, disneas de medianos y grandes esfuerzos, con accesos de tos, con sensaci�n de ahogo y falta de aire, as� como episodios de asfixia por la misma tos, con flemas de color verdoso espeso y en regular cantidad por las ma�anas, dolor en los pulmones, refiere dolor en regi�n lumbar desde hace m�s de 12 a�os, el que se incrementa con las posiciones forzadas y prolongadas, as� como adormecimiento de ambas piernas, manifiesta dolor en ambos brazos hasta los dedos, desde hace unos 8 a�os, aproximadamente, presenta disminuci�n de la capacidad de memoria, ya que olvida hechos recientes, presenta cambios de �nimo, irritabilidad f�cil, insomnio, desesperaci�n ..."

    ? La Junta Especial responsable emiti� laudo en el que, en lo que interesa, consider�: "En cuanto a las pruebas ofrecidas por las partes esta Junta considera que la prueba toral e id�nea en el presente asunto es la pericial m�dica, por ello se procede a analizarla: ... Habiendo resultado contradictorios los dict�menes m�dicos antes se�alados se hizo necesario que esta Junta designara un perito m�dico tercero en discordia, dicho dictamen se encuentra a fojas 58 a 60, siendo que dicho perito toma en cuenta la historia cl�nica, ficha de identificaci�n, antecedentes personales no patol�gicos y patol�gicos, antecedentes laborales, actividades jornada laboral, exposici�n a agentes contaminantes, padecimiento actual, exploraci�n f�sica, dirigida a o�dos, t�rax, columna vertebral, estudios complementarios: audiometr�a tonal, espirometr�a, tele de t�rax RX de columna lumbosacra en 2 proyecciones, rayos X en ambas rodillas, glicemia e interconsulta a psicolog�a, diagnosticando: 1. Cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico y proceso degenerativo que le condiciona una hipoacusia bilateral combinada del 30%. 2. Enfermedad broncopulmonar producida por inhalaci�n de polvos de algod�n y fibras sint�tica. 3. Enfermedad articular degenerativa de predominio lumbar grado III. 4. G. bilateral grado II. 5. Diabetes mellitus. 6. No hay evidencia de da�o cerebral o neurol�gico. Siendo los 2 primeros de orden profesional por tener relaci�n directa de causa-efecto con su medio ambiente laboral. Dichos padecimientos le confieren una incapacidad parcial permanente que en su conjunto se val�an en un 50% de disminuci�n f�sico, org�nico y funcional. ... Respecto al dictamen del perito m�dico tercero en discordia, resulta procedente concederle valor probatorio pleno, debido a los estudios m�dicos especializados y complementarios que le realiz� al hoy accionante, que lo llevaron a precisar en forma m�s clara sus padecimientos y a determinar en sus conclusiones m�dico-legales de manera adecuada y del porqu� de sus diagn�sticos y de su valuaci�n, tomando en cuenta que �ste se vali� y consider� m�s y mejores elementos suficientes e indubitables que forman convicci�n en esta Junta, ya que precisa en forma debida el porqu� de los padecimientos que le diagnostic� son de orden general, de lo que se colige que desahoga los extremos de la pericial m�dica. En consecuencia dicho dictamen resulta ser minucioso y pormenorizado. VI. ... En dicho orden de ideas esta H. Junta determina que deber� condenarse al demandado al reconocimiento de las enfermedades de orden profesional que padece el actor y que se encuentran mencionadas en el dictamen pericial del perito tercero en discordia, que le genera una incapacidad parcial permanente, al pago de una pensi�n por dicha incapacidad valuada en un 45%. ..."

    ? Contra dicha resoluci�n el Instituto Mexicano del Seguro Social promovi� juicio de amparo directo, del que por raz�n de turno correspondi� al D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, que con fecha seis de septiembre de dos mil dos resolvi� conceder el amparo, considerando, esencialmente:

  40. Que es sustancialmente fundado el concepto de violaci�n en el sentido de que la Junta valor� incorrectamente el dictamen pericial rendido por el perito tercero en discordia, porque no mencion� en qu� art�culos y fracciones se bas� para determinar los padecimientos diagnosticados.

  41. Que el perito omiti� precisar el fundamento de sus conclusiones, aplicando la tesis de dicho Tribunal Colegiado, que lleva por rubro: "ENFERMEDAD PROFESIONAL, PARA SU DEMOSTRACI�N ES NECESARIO QUE EL PERITO UBIQUE EL PADECIMIENTO EN ALGUNA DE LAS FRACCIONES DE LA TABLA PREVISTA EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO; Y DE NO CONTEMPLARSE ESPEC�FICAMENTE EN UNA DE ELLAS, ADUZCA LAS RAZONES M�DICAS POR LAS QUE SE COMPRUEBE QUE ES DE ESA NATURALEZA."

    Los antecedentes del juicio de amparo 15813/2002, del que conoci� el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, son los siguientes:

    ? R.O.O. demand� del Instituto Mexicano del Seguro Social el pago y otorgamiento de las pensiones relativas derivadas de la incapacidad total permanente que presenta.

    ? Se�al� como hechos fundatorios de su acci�n, entre otros, que al servicio de la empresa Henkel Mexicana, S. de C.V., durante su vida laboral permanec�a expuesto en forma directa y constante a diversos agentes contaminantes como son polvos, gases, humos, vapores de sustancias qu�micas, solventes, �xidos, gas, sustancias t�xicas, sujeto a soportar ruidos que impiden la comunicaci�n verbal as� como estar constantemente levantando y transportando las sustancias qu�micas que utilizan para el proceso de elaboraci�n y cajas de salida de los productos para su acomodo, venta, distribuci�n, etc., todos ellos por la naturaleza indispensable en laelaboraci�n, venta y distribuci�n de sus productos y materiales, por ello se afect� notoriamente su salud y fue atendido por los servicios m�dicos del instituto demandado, quienes le diagnosticaron que ha adquirido enfermedades profesionales como bronquitis qu�mica industrial, hipoacusia bilateral por trauma ac�stico, debido a que en las instalaciones de dicha empresa el ruido que existe rebasa en exceso los l�mites permitidos y que impide la comunicaci�n oral, adem�s de da�o pulmonar con obstrucci�n a la respiraci�n, efectos que se han exacerbado a la fecha y que son una consecuencia directa y en relaci�n con el trabajo desempe�ado.

    ? La Junta Especial responsable emiti� laudo en el que, en lo que interesa, consider�: "Respecto de las pruebas ofrecidas por las partes, esta Junta considera que la prueba toral e id�nea en el presente asunto lo es la pericial m�dica, motivo por el cual se procede a analizarla: ... Habiendo resultado contradictorios los dict�menes m�dicos antes se�alados se hizo necesario que esta Junta designara un perito m�dico tercero en discordia, quien rinde su dictamen correspondiente, el que obra a fojas 48 y 49 de los autos, en el que considera que tom� en cuenta: historia cl�nica, ficha de identificaci�n, antecedentes heredo familiares y personales no patol�gicos, antecedentes laborales, antecedentes personales patol�gicos, padecimiento actual, exploraci�n f�sica, estudios complementarios. Diagn�sticos: 1. Cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico que condiciona una hipoacusia bilateral combinada del 17%; 2. Bronquitis cr�nica industrial; 3. S�ndrome doloroso lumbar cr�nico de etiolog�a degenerativa incipiente; y, 4. G.. Conclusiones m�dico legales: El actor es portador de las enfermedades enunciadas en el p�rrafo correspondiente, las dos primeros se califican como enfermedad del orden profesional por tener relaci�n directa de causa-efecto con su medio ambiente laboral; dichos padecimientos le confieren una incapacidad parcial permanente clasificada como permanente parcial, valu�ndose para el primer diagn�stico en un 16% y para el segundo en un 25%. La suma de las incapacidades es de un 41% de disminuci�n de su capacidad �rgano funcional total. Los diagn�sticos tres y cuatro son del orden de enfermedad general, por tanto no se val�an y pueden ser tratados por m�dicos especializados ... En cuanto al dictamen m�dico tercero en discordia, se le concede valor probatorio pleno ... procede se condene al Instituto Mexicano del Seguro Social a que reconozca al actor el padecimiento que qued� determinado por el perito m�dico tercero en discordia, consistente en: Cortipat�a bilateral secundaria a trauma ac�stico cr�nico que condiciona una hipoacusia bilateral combinada del 17%, as� como su origen y valuaci�n; esto es, que tal padecimiento es de orden profesional ... En lo que se refiere al diagn�stico emitido por el perito m�dico tercero en discordia, consistente en: bronquitis cr�nica industrial, �sta no qued� debidamente evidenciada, toda vez que, si bien es cierto que el dictamen tercero en discordia concluye que el actor padece esta enfermedad del orden profesional por encontrar relaci�n directa de causa-efecto con su medio ambiente laboral, tambi�n lo es, que la tabla de enfermedades a que alude el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, en sus t�tulos de ?Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral? y en el de enfermedades de las v�as respiratorias producidas por inhalaci�n de gases y vapores no se encuentra enumerada la bronquitis cr�nica industrial; ante tal circunstancia, es necesario que la enfermedad padecida se encuentre relacionada con la actividad espec�fica desempe�ada por el actor o con la rama de la industria en que se vio obligado a laborar, o regi�n en que se desenvolvi�, a la que se refiere la tabla de enfermedades y actividades industriales contenidas en el dispositivo legal citado, lo que no ocurri� en el presente caso; por tanto, la relaci�n de causalidad no qued� acreditada en el juicio laboral pues, en todo caso, los peritajes debieron establecer los elementos con los que qued� acreditada la relaci�n de causa-efecto que se se�ala al no operar la presunci�n que deriva de la observancia de los art�culos 476 y 513 de la Ley Federal del Trabajo; al caso que nos ocupa, tiene aplicaci�n la jurisprudencia n�mero 95/2000, sustentada por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, en sesi�n privada del 29 de septiembre de 2000, que a la letra dice: ?ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO ESTA CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO.? (se transcribe su texto). Por tanto, y al no haberse demostrado la relaci�n de causa-efecto entre el padecimiento del actor y su medio ambiente laboral, es obligado concluir que el actor no demostr� la incapacidad que adujo como base de su pretensi�n ..."

    ? Contra dicha resoluci�n el actor promovi� juicio de amparo directo, del que conoci� el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, que con fecha seis de septiembre de dos mil dos resolvi� negar el amparo, considerando, esencialmente:

  42. Que son infundados los conceptos de violaci�n porque cuando la enfermedad diagnosticada est� considerada en dicha tabla como de trabajo, pero la actividad que dijo desempe�ar no corresponda o tenga el equivalente con alguna de las ah� consideradas como causantes del padecimiento, o bien, cuando ni la enfermedad ni la actividad del trabajador se encuentren se�aladas en la tabla, no se actualiza la presunci�n de que su enfermedad tenga un origen profesional y, por ende, se requiere la demostraci�n de la relaci�n causal.

  43. Que si el actor desde el inicio de su demanda no refiri� qu� puestos desempe�� a lo largo de su vida laboral ni las actividades que desarroll� en cada uno de �stos, ni las actividades a que se dedicaban las empresas para las que labor� y, en particular, la actividad espec�fica de la empresa para la cual labor� treinta y cuatro a�os, es decir, la mayor parte de su vida, as� como los puestos que desempe�� en �sta, y as� el motivo por el cual ten�a contacto o manipulaba los agentes contaminantes que refiri�, cierto resulta que ello es insuficiente para tener por acreditada la relaci�n causa-efecto entre el padecimiento dictaminado y las actividades desarrolladas por el trabajador, pues no permite arribar a la conclusi�n de que el actor haya sido portador de tal enfermedad para llegar a la inferencia l�gica que el reclamante se desempe�� en un ambiente perjudicial y con ello demostrar el origen profesional del padecimiento; por tanto, el actuar de la Junta fue legal.

  44. Que en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo no se encuentra contemplada la bronquitis como enfermedad profesional, y para presuponer la profesionalidad del padecimiento era necesario que la actividad de �ste se encontrara contemplada en dicho cap�tulo, pero al no precisar el actor su actividad no es posible establecer la relaci�n de causa-efecto entre la enfermedad y el ambiente de trabajo, por lo que los peritos debieron allegarse de otros elementos para establecer la profesionalidad del padecimiento pues, si bien es cierto, la tabla del art�culo 513 de la ley de la materia es ejemplificativa y no limitativa, tambi�n lo es que, en la especie, los elementos derivados del dictamen m�dico tercero en discordia son insuficientes para establecer el nexo de causalidad, ya que aun cuando se dijo que estuvo expuesto a agentes contaminantes como el polvo, gases, humos, vapores de sustancias qu�micas, solventes, �xidos y sustancias t�xicas, no especific� las actividades que desarroll� el actor en la empresa Henkel Mexicana, S. de C.V., a fin de establecer la relaci�n con dichos agentes contaminantes, esto es, no se precis� el motivo por el cual el reclamante ten�a contacto con los agentes contaminantes en menci�n, de ah� que, en el caso, s� se requer�a corroborar la profesionalidad del padecimiento diagnosticado al actor mediante cualquier otro medio probatorio, como lo pod�a ser la visita al centro de trabajo.

  45. Que otro aspecto importante es que el especialista tercero en discordia omiti� ubicar dicho padecimiento en alguna de las fracciones previstas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, situaci�n que no permite identificar la relaci�n directa con el elemento que el perito estim� provoc� dicho padecimiento al reclamante, por ello, se carece de los elementos necesarios para establecer el origen del padecimiento diagnosticado como bronquitis cr�nica industrial, apoyando la anterior consideraci�n en la tesis sostenida por ese Tribunal Colegiado, cuyo rubro es: "ENFERMEDAD PROFESIONAL, PARA SU DEMOSTRACI�N ES NECESARIO QUE EL PERITO UBIQUE EL PADECIMIENTO EN ALGUNA DE LAS FRACCIONES DE LA TABLA PREVISTA EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO; Y DE NO CONTEMPLARSE ESPEC�FICAMENTE EN UNA DE ELLAS, ADUZCA LAS RAZONES M�DICAS POR LAS QUE SE COMPRUEBE QUE ES DE ESA NATURALEZA."

    Como puede advertirse, s� existe la contradicci�n de tesis denunciada en el problema jur�dico que examinaron ambos Tribunales Colegiados, ya que en los casos sometidos a su consideraci�n los trabajadores asegurados presentaron demanda en contra del Instituto Mexicano del Seguro Social reclamando la asignaci�n de la pensi�n por incapacidad correspondiente, juicios laborales en que fue rendida la prueba pericial m�dica y, en ninguno de los casos sometidos al conocimiento de los Tribunales Colegiados, los dict�menes m�dicos respectivos establecieron en forma concreta la existencia de una enfermedad o afecci�n de las se�aladas en alguna de las fracciones del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, sino que la enfermedad diagnosticada deriv� de uno de los rubros de la tabla de enfermedades de trabajo contenida en dicho precepto legal. Sobre ello, el Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, coincidentemente con el diverso D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del mismo circuito, consider� que el objeto de la prueba pericial, en lo general, y el perito correspondiente, en lo particular, deben orientar a la Junta en aspectos que requieren conocimientos especializados mediante un diagn�stico, en tanto son personas con conocimientos especiales en una ciencia, arte u oficio, con la obligaci�n de informar al �rgano jurisdiccional de las enfermedades, sus probables causas y la valuaci�n del grado de disminuci�n org�nica de la funci�n; sin embargo, la discrepancia de criterios radica en que:

    (a) El Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito estima b�sicamente que una vez teniendo la informaci�n derivada de los dict�menes periciales, corresponde a la Junta realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, considerando para ello los hechos alegados por las partes en la demanda y su contestaci�n, la norma legal aplicable a cada caso en particular y, determinar y decidir cu�l es el derecho que le corresponde a los hechos demostrados, dentro de lo que cabe como labor del �rgano jurisdiccional subsumir las enfermedades diagnosticadas y las actividades manifestadas a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, todo esto con fundamento en los art�culos 840, fracci�n VI y 841 de la propia ley, concluyendo, especialmente, que no es posible que resida en el perito m�dico la facultad jurisdiccional de determinar la aplicabilidad de alguna fracci�n del citado art�culo 513 sin que la autoridad responsable se cerciore de la existencia de la norma aplicada, dado que de la adecuaci�n de la norma al caso particular depender� la actualizaci�n de la presunci�n que emana del presupuesto legal, pues esta es una funci�n eminentemente jurisdiccional, tomando en cuenta que con los datos que provee el perito m�dico la Junta est� en aptitud de determinar la norma legal aplicable.

    (b) El D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito estim� que si el perito no ubic� en forma concreta la afecci�n f�sica del trabajador en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, y que establecen la denominaci�n cient�fica de las enfermedades de acuerdo con las actividades o el ambiente laboral en que se prestaba el servicio, no puede la autoridad, por s� misma, decidir cu�l de las previstas en ese numeral es la que merma la salud del trabajador por carecer de los conocimientos cient�ficos necesarios para ello, ni considerando lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas, porque requiere de una base m�dico legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar se determinaci�n con apego a derecho, m�xime que si el dictamen incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n la Junta carecer� de elementos para ubicar la enfermedad en alguna de las m�ltiples fracciones.

    Por tanto, la materia de la presente contradicci�n de tesis consiste en determinar los siguientes puntos jur�dicos, que por congruencia jur�dica se ordenan de la siguiente manera:

  46. Si es o no posible que resida en el perito m�dico la facultad de determinar la aplicabilidad de alguna fracci�n del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, sin que la autoridad responsable se cerciore de la existencia de la norma aplicada, pues esta es una funci�n eminentemente jurisdiccional, esto es, si el perito debe ubicar en forma concreta la afecci�n f�sica del trabajador en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que establecen la denominaci�n cient�fica de las enfermedades de acuerdo con las actividades o el ambiente laboral en que se prestaba el servicio.

  47. Si corresponde a la Junta realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, considerando para ello los hechos alegados por las partes en la demanda y su contestaci�n, la norma legal aplicable a cada caso en particular y, determinar y decidir cu�l es el derecho que le corresponde a los hechos demostrados, dentro de lo que cabe como labor del �rgano jurisdiccional subsumir las enfermedades diagnosticadas y las actividades manifestadas a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, todo esto con fundamento en los art�culos 840, fracci�n VI y 841 de la propia ley o si no puede la autoridad por s� misma decidir cu�l de las previstas en el citado art�culo 513 es la que merma la salud del trabajador por carecer de los conocimientos cient�ficos necesarios para ello, ni aun considerando lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas, porque requiere de una base m�dico legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho.

  48. Si tomando en cuenta que con los datos que provee el perito m�dico la Junta est� en aptitud de determinar la norma legal aplicable o si dado que el dictamen incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n la Junta carecer� de elementos para ubicar la enfermedad en alguna de las m�ltiples fracciones del art�culo 513 de la ley laboral.

S�PTIMO

Este �rgano colegiado considera que respecto del problema jur�dico planteado debe prevalecer con car�cter jurisprudencial el criterio que a continuaci�n se desarrolla.

A fin de determinar cada uno de los puntos jur�dicos motivo de la contradicci�n de tesis, debe hacerse referencia y tomar como pauta inicial los criterios que en lo conducente ha sustentado la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n y que son:

"Novena �poca

"Instancia: Segunda Sala

"Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta

"Tomo: VII, mayo de 1998

"Tesis: 2a./J. 29/98

"P�gina: 401

"ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA RELACI�N CAUSAL ENTRE �STA Y EL MEDIO EN EL CUAL EL TRABAJADOR PRESTE O HAYA PRESTADO SUS SERVICIOS, NO REQUIERE NECESARIAMENTE DE LA PRESENCIA DEL PERITO M�DICO EN EL LUGAR, EMPRESA O ESTABLECIMIENTO. Conforme a la jurisprudencia sustentada por este Alto Tribunal, la prueba pericial m�dica es la id�nea para determinar, tanto si el origen de una enfermedad es de car�cter profesional, como el grado de incapacidad que le provoque al trabajador. Sin embargo, establecer una regla general, aplicable a la universalidad de los casos, para tener por acreditado el se�alado v�nculo causal, involucrar�a cargas procesales adicionales innecesarias y sin soporte legal, o bien, un desequilibrio entre las partes contendientes, al extremo de provocar laudos condenatorios basados en la simple afirmaci�n del actor sustentada nada m�s que en el desahogo de una pericial m�dica que no arroje la convicci�n necesaria para tal fin. En atenci�n a ello, si se trata de una enfermedad cuya profesionalidad se presume, o sea, de aquellas enumeradas en la tabla a que se refiere el art�culo 513, de la Ley Federal del Trabajo, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de la incapacidad, es suficiente para determinar dicho origen, sin perjuicio de que el demandado rinda pruebas que desvirt�en esta presunci�n, conforme al numeral 476 de la misma ley; fuera de este supuesto, es decir, trat�ndose de enfermedades no contempladas en la tabla de referencia, el peritaje debe establecer adem�s, si existe o no una relaci�n causal entre el padecimiento y el trabajo (relaci�n directa) o el medio ambiente laboral (relaci�n indirecta), as� como especificar cu�l es esa relaci�n y los medios de que se vali� el perito para su determinaci�n y, para que el dictamen del experto alcance valor probatorio pleno, deber� encontrarse robustecido con el resultado de la visita que haga al lugar o centro de trabajo, para constatar cu�les eran o son las condiciones ambientales en que se vino desarrollando la actividad o profesi�n, si esto puede obtenerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o cient�fico que se encargue de perfeccionar, esclarecer o ampliar las conclusiones del dictamen primigenio, salvo que en autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes periciales relacionados con esas condiciones. Lo anterior, sin dem�rito de que las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje act�en, en los t�rminos previstos en el art�culo 782, de la ley de la materia, en el sentido de ordenar con citaci�n de las partes, el examen de lugares o reconocimiento por peritos, a fin de practicar las diligencias que juzguen convenientes para el esclarecimiento de la verdad.

Contradicci�n de tesis 33/97. Entre las sustentadas por los Tribunales Colegiados Sexto y Segundo en Materia de Trabajo del Primer Circuito. 3 de abril de 1998. Cinco votos. Ponente: G.D.G.�ngora P.. Secretaria: R.M.�a G.�n Z�rate.

Algunas consideraciones relevantes para resolver la referida contradicci�n de tesis 33/97 se transcriben enseguida:

"QUINTO. Para completar el panorama de la regulaci�n hist�rica de los infortunios laborales, la Ley del Trabajo de 1931 acept� la denominaci�n de riesgos para los accidentes y enfermedades de trabajo y la f�rmula adoptada fue aquella de ?los accidentes o enfermedades a que est�n expuestos los trabajadores con motivo de sus labores o en ejercicio de ellas?, expresi�n que difiri� un poco de la empleada por la fracci�n XIV del art�culo 123 constitucional, un giro que permiti� a la jurisprudencia acogerse a la condici�n que guardaba la evoluci�n m�s progresista de la doctrina extranjera. Los art�culos 285 y 286 distinguieron el accidente de la enfermedad, pero no obstante, conforme al diverso 295, los trabajadores v�ctimas de un accidente o de unaenfermedad, recib�an las mismas prestaciones: asistencia m�dica, medicamentos y material de curaci�n y una indemnizaci�n, seg�n el grado de incapacidad para el trabajo.

"La ley en comento en relaci�n con el problema de la prueba, no obstante el conocimiento de la jurisprudencia de la Corte de Casaci�n, como la doctrina francesa, se mantuvo bajo las ideas conservadoras. Su precepto 16 establec�a la supletoriedad en el derecho com�n, nuestra jurisprudencia admiti� la aplicaci�n del derecho procesal civil y el principio de que quien afirma est� obligado a probar.

"Pero m�s tarde, la propia jurisprudencia justific� la legitimidad de la presunci�n de que siempre que ocurriera un accidente durante las horas de trabajo, deb�a presumirse se hab�a producido con motivo o en ocasi�n del trabajo. Al igual que la doctrina, coincidieron en estimar que de acuerdo a la ciencia m�dica ciertas enfermedades afectaban, por lo general, a las personas dedicadas a una cierta actividad laboral, por citar un ejemplo, la tabacosis que padec�an los manipuladores de tabaco. As� surgi� una tabla de enfermedades profesionales que generaba a favor del trabajador la presunci�n iuris tantum de que el padecimiento se hab�a contra�do en ocasi�n del trabajo desplegado en una determinada empresa. Ahora, si la enfermedad no estaba incluida en la tabla respecto al g�nero de labor desempe�ada, entonces, se atend�a al principio civilista de la prueba de las afirmaciones.

"...

"Otro paso important�simo, para el avance de la materia que nos ocupa, fue la promulgaci�n de la Ley Federal del Trabajo de 1970 que, no obstante haber sufrido una reforma trascendental en 1980, el capitulado de los riesgos de trabajo no se modific�, puesto que esos cambios se operaron en la parte procesal del derecho del trabajo. Dicha legislaci�n se basa en la idea nueva de la responsabilidad de la empresa y de la econom�a, es decir, en la aplicaci�n universal de este principio sin condicionarlo a ning�n requisito, lo que significa que todo accidente o enfermedad producidos con motivo o en ejercicio del trabajo, cualquiera que sea su naturaleza y el lugar donde se preste el servicio, da origen a la responsabilidad de la empresa.

"Esta postura se corrobora con el fragmento siguiente de la exposici�n de motivos de la legislaci�n en consulta, a saber:

"?La teor�a del riesgo profesional se inici� en el siglo pasado y tuvo por objeto poner a cargo del empresario la responsabilidad por los accidentes y enfermedades que sufrieran los trabajadores con motivo de la profesi�n que desempe�aran. De aquella �poca a nuestros d�as se han transformado radicalmente las ideas: la doctrina y la jurisprudencia pasaron de la idea del riesgo profesional a la de riesgo de autoridad, para concluir en lo que se llama actualmente riesgo de la empresa. De acuerdo con esta doctrina, la empresa debe cubrir a los trabajadores sus salarios, salvo los casos previstos en las leyes y, adem�s, est� obligada a reparar los da�os que el trabajo, cualesquiera sean su naturaleza y las circunstancias en que se realiza, produzca en el trabajador. De esta manera, se ha apartado definitivamente la vieja idea del riesgo profesional: la responsabilidad por los accidentes y enfermedades que ocurran a los trabajadores es de naturaleza puramente objetiva, pues deriva del hecho mismo de su funcionamiento. El profesor franc�s G.R. acu�� una f�rmula precisa para establecer el cambio operado en las ideas: �El problema�, explica, �se ha desplazado de la responsabilidad a la reparaci�n. Por tanto, ya no importa preguntar si existi� alguna responsabilidad sobre la falta cometida, en primer t�rmino, porque la prueba del da�o tiene algo de diab�lica, y en segundo lugar, porque pone el riesgo a cargo de quien no tuvo intervenci�n alguna en su creaci�n y en quien no recibe los beneficios de la producci�n, ya que �stos pertenecen al creador del riesgo; la conciencia democr�tica, concluye el maestro, exige que no se le hable m�s de responsabilidad, sino de reparaci�n, esto es, el derecho contempor�neo resuelve el problema contemplando a la v�ctima y no al autor del da�o, por lo que impone a la empresa la obligaci�n de repararlo.�

"?El profesor G.�n M.�n reforz� las anteriores ideas al decir que �la responsabilidad por los accidentes de trabajo descansa en el derecho del obrero a la existencia, por lo que tiene su justificaci�n en s� mismo, quiere decir, posee su fundamento en la existencia del trabajador, cuyo derecho a vivir debe ser asegurado.�.?

"...

"Pero en 1976, la Cuarta Sala vari� toda la elaboraci�n doctrinal que hab�a venido desarrollando desde la ley de 1931, para se�alar la necesidad de que en el juicio laboral se desahogara la prueba pericial m�dica, con el objeto de que el titular de la acci�n demostrara la naturaleza del riesgo (accidente o enfermedad), as� como el v�nculo causal entre la existencia misma de ese riesgo y la actividad o medio ambiente en que se desenvolv�a, aspectos que lejos de apartarse de la evoluci�n alcanzada en aquellos tiempos, constituy� un requisito orientado a conferir mayor solidez y consistencia a los fallos emitidos por las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje y, en su caso, por los tribunales de amparo que conocieran de los laudos definitivos dictados por aqu�llas, toda vez que el reconocimiento acerca de que un riesgo padecido por un trabajador, efectivamente pose�a ese origen, al menos requer�a de un sustento adicional, aparte de la sola presunci�n legal tantas veces se�alada y, al propio tiempo, dar oportunidad de que el patr�n o la instituci�n aseguradora del riesgo, estuvieran en posibilidad de controvertir los hechos y probar sus excepciones y defensas, pues de lo contrario, podr�an emitirse laudos condenatorios basados en una simple afirmaci�n del accionante y, en consecuencia, sin un soporte probatorio, lo cual result� inadmisible. En atenci�n a ello, dicho cuerpo colegiado determin�:

"?La prueba m�dico-pericial es la id�nea para demostrar la naturaleza de un accidente, los efectos del mismo, y la relaci�n de causalidad que existe entre uno y otro, y no la simple manifestaci�n del trabajador y sus testigos sobre que sufri� un accidente de trabajo.?

"En cuanto al rengl�n espec�fico de las enfermedades de trabajo, propiamente, pertenecen al �mbito de la medicina, pues a trav�s de ella se puede dictaminar si un padecimiento pudo adquirirse en el trabajo, pero al penetrar en el campo del derecho obrero por las consecuencias que genera en la persona y en su capacidad menguada, para continuar desempe�ando las labores encomendadas antes de presentar los s�ntomas de determinada patolog�a, precisamente, por esos efectos, el derecho tambi�n tiene mucho que decir al respecto.

"De manera sint�tica se pueden enunciar tres sistemas para la determinaci�n de las enfermedades de trabajo: uno el m�s antiguo adoptado por la Ley Espa�ola de 1900 identific� a los accidentes y a las enfermedades; poco tiempo despu�s se estableci� la diferencia entre unos y otras por la instantaneidad o progresividad en su realizaci�n. El segundo m�todo que se ubica en el sistema franc�s y consisti� en la fijaci�n de una tabla de enfermedades integrada con base en diversas profesiones y, tomando en cuenta estudios y dict�menes aportados por la ciencia m�dica, se asentaba que determinado padecimiento se adquir�a normalmente por la manipulaci�n de sustancias u objetos, por la aspiraci�n de polvos o por la influencia del ambiente en el que se prestaban los servicios, si la enfermedad padecida por el obrero aparec�a en la tabla, de ah� la denominaci�n de enfermedad profesional, as� se le consideraba iuris et de iure, en caso contrario, deb�a ser rechazada la pretensi�n. El tercer sistema es el que adopt� la ley de 1931 en nuestra legislaci�n de trabajo mexicana, la que consagr� una soluci�n m�s cient�fica y humana: una tabla de enfermedades, lo que no excluy� que en cada caso particular pudiera determinarse si un padecimiento, no contemplado en la tabla, fue adquirido en el ejercicio del trabajo.

"Los sectores involucrados en el problema de la prueba de las enfermedades de trabajo, legisladores, tratadistas y m�dicos, percibieron la enorme dificultad que representaba la dictaminaci�n de la naturaleza laboral de los padecimientos, situaci�n que explica la tardanza para que el legislador de aquella �poca plasmara en la ley su reconocimiento, a trav�s de tablas que fueron el resultado de muchos a�os de investigaci�n y estudio.

"La problem�tica presenta dos vertientes: las enfermedades incluidas en la tabla de enfermedades de trabajo del art�culo 513, del c�digo obrero vigente que genera la presunci�n legal ya referida en p�rrafos precedentes reconocida por la Cuarta Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n durante la vigencia de la ley de 1931, a nivel jurisprudencial. Para tenerlo presente se reproduce de nueva cuenta:

"?La tesis establecida en el sentido de que basta que el obrero sufra una enfermedad en el desempe�o de su trabajo o con motivo del mismo, para que tenga derecho a la indemnizaci�n correspondiente, quedando al demandado la carga de la prueba del hecho relativo o si la enfermedad es o no profesional, solamente es aplicable cuando se trata de alguna de las enfermedades que la Ley Federal del Trabajo de 1931 enumera, d�ndoles el car�cter de profesionales.?

"As� las cosas, la presunci�n laboral conserva el rango de iuris tantum, en consecuencia, la naturaleza del padecimiento es cuestionable; pues cabe la posibilidad de que tomando en cuenta el tiempo de trabajo desempe�ado en la empresa, el trabajador pudo adquirir la enfermedad, pero que pudiera tener un origen general, por ejemplo.

"En lo tocante a las enfermedades no contempladas en la tabla, al igual bajo la vigencia de la ley de 1931, la Cuarta Sala de nuestro Alto Tribunal estableci� jurisprudencia en los t�rminos siguientes: ?cuando el padecimiento no est� catalogado en la tabla de enfermedades de trabajo, son el obrero o sus familiares quienes tienen que probar que se contrajo con motivo del servicio.?. Cabe apuntar que la tesis de la Suprema Corte, acorde con aquella legislaci�n result� acertada, en la medida en que no acept� la existencia de la presunci�n laboral para este segundo tipo de enfermedades, en raz�n a que no exist�a ninguna disposici�n legal en que pudiera apoyarse, ni contaba con una conclusi�n firme de la ciencia m�dica ..."

"SEXTO. ... El precepto 513, de la ley de la materia, establece la tabla de enfermedades de trabajo, cuyos rubros principales destacan: neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral; enfermedades de las v�as respiratorias producidas por inhalaci�n de gases y vapores; dermatosis; oftalmopat�as profesionales; intoxicaciones, infecciones, par�sitos, micosis y uriosis, enfermedades producidas por el contacto con productos biol�gicos; enfermedades producidas por factores mec�nicos y variaciones de los elementos naturales del medio de trabajo; enfermedades producidas por las radiaciones ionizantes y electromagn�ticas (excepto c�ncer); c�ncer; y, enfermedades end�genas."

"S�PTIMO. ... En cuanto a la idoneidad de la prueba para demostrar esa pretensi�n que cada uno de los �rganos colegiados refiri� como ?nexo causal?, el Sexto Tribunal Colegiado interveniente se�al� que este elemento que debe existir entre el padecimiento sufrido por un trabajador y el ambiente laboral, es susceptible de acreditarse por medio de la prueba pericial m�dica, sin que sea necesario que el experto en medicina se constituya en la fuente de la prestaci�n de los servicios, en atenci�n a que examina personalmente al trabajador que padece ciertas afecciones de salud, tiene conocimiento de la �ndole del trabajo desempe�ado y del ambiente laboral donde presta o prest� sus servicios por un tiempo m�s o menos prolongado; entonces infiere su conclusi�n, a trav�s de un silogismo: ?un trabajador que maneja determinados materiales en un ambiente dado, presenta un cuadro cl�nico, luego, �ste deriva de aquellas condiciones de trabajo.?

"Y el Segundo Tribunal Colegiado, por mayor�a, estim� que para que un riesgo de trabajo sea considerado como tal, es condici�n esencial que se origine o derive de la relaci�n laboral y al ser �ste un elemento constitutivo de la acci�n, tendr� que acreditarse la causa-efecto con el ambiente laboral. Para tal objeto, se�ala que el dictamen pericial elaborado tan s�lo con los antecedentes laborales proporcionados por el trabajador, es insuficiente, en tanto constituyen hechos que no le constan al especialista, sobre todo porque la acci�n de reconocimiento de ciertos padecimientos como de car�cter profesional debidos a la constante exposici�n a esfuerzos f�sicos, ruidos intensos, inhalaci�n de polvos, humos o vapores, �cidos y solventes, exigen ser materia de prueba distinta a la pericial m�dica, ya que de lo contrario, se llegar�a al absurdo de considerar que cualquier trabajador por el s�lo hecho de padecer una enfermedad de las enumeradas por la ley, adquiriera desde ese momento, el reconocimiento del car�cter profesional y la consiguiente incapacidad; agrega que la aplicaci�n indiscriminada de esa regla sin la exigencia de la comprobaci�n relativa, conduce a desconocer que en el medio ambiente existen multiplicidad de agentes patol�gicos que pueden ser la causa de enfermedades catalogadas como profesionales padecidas por personas que no est�n sujetas a un r�gimen laboral, de ah� la necesidad de acreditar conforme a la ley que el riesgo padecido, precisamente, ocurri� en el ambiente laboral y qu� agente patol�gico lo provoc�.

"...

"En este orden de ideas, el criterio sustentado por el Sexto Tribunal Colegiado participante en la presente contradicci�n, es acertado, en la medida en que parte de la premisa fundamental acerca de que la prueba id�nea para calificar una enfermedad de trabajo es la pericial m�dica, lo cual obedece a que las Juntas carecen de los conocimientos cient�ficos dentro del campo de la medicina que les permitan obtener la convicci�n necesaria, con la finalidad de determinar si determinado padecimiento sufrido por el trabajador es consecuencia necesaria del ambiente en el que desempe�a o desempe�� su actividad o profesi�n.

"En tanto, el Segundo Tribunal Colegiado contendiente sostiene que la prueba pericial, si bien es la id�nea para acreditar los padecimientos sufridos por un trabajador, no necesariamente corrobora que aqu�llos tuvieron su origen en el medio ambiente laboral y calificarlos, en consecuencia, como de car�cter profesional, sino que es menester aportar otros medios de convicci�n, sin precisar a cu�les se refiere.

"Paralelamente, tampoco se torna indispensable, en todos los casos, la presencia del perito m�dico en las instalaciones del centro de trabajo, para que quede demostrada la relaci�n causa-efecto entre las afecciones padecidas por el trabajador y su entorno laboral, pues en opini�n del Sexto Tribunal Colegiado, ese elemento se obtiene por medio de una inferencia l�gica, es decir, un trabajador que maneja ciertos materiales en un ambiente dado, presenta un cuadro cl�nico, luego �ste deriva de las condiciones a que estuvo sujeto el obrero. Esta afirmaci�n es parcialmente cierta, en tanto no resulta aplicable a la universalidad de casos que pueden presentarse, como m�s adelante se precisar�.

"Independientemente de los razonamientos vertidos por los Tribunales Colegiados contendientes, esta Segunda Sala procede a fijar el criterio a seguir contemplando diversas hip�tesis, en atenci�n a que debido a la presencia de innumerables factores que pueden intervenir, no es factible establecer una regla general destinada a todos los supuestos.

"Ahora bien, el origen de las enfermedades de trabajo puede ser determinado, ya sea:

"I. Por la existencia de una relaci�n causal directa con el trabajo, esto es, la categor�a o actividad espec�fica desarrollada por el trabajador, por ejemplo: la neurosis del telefonista (apartado 161 de la tabla de enfermedades de trabajo prevista en el art�culo 513, de la Ley Federal del Trabajo).

"II. Por una relaci�n indirecta con el trabajo, pero producida por el medio en el que se vea obligado a trabajar. Aqu� se pueden presentar dos situaciones:

"a) Que el ambiente da�ino o nocivo para la salud sea exclusivo del centro de trabajo; por ejemplo, afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de lana, en trabajadores de una f�brica textil de ese producto (apartado 1 de la tabla invocada). En estos casos no existe, necesariamente, una relaci�n causal directa con las actividades espec�ficas del trabajador, sino que se produce por el entorno del centro de trabajo; por ejemplo, un mec�nico en esta clase de industrias no manipula la lana, pero por laborar dentro de un centro de trabajo donde se producen polvos de este material, pueden llegarle a afectar.

"b) Que el ambiente corresponda a una zona o regi�n determinada, distinta al de la residencia habitual del trabajador, v.gr.: paludismo, en obreros y campesinos provenientes de zonas no infestadas ni end�micas que sean contratados para realizar trabajos en zonas afectadas por el insecto transmisor de la patolog�a (apartado 33 de la tabla en consulta).

"Es preciso puntualizar que la tabla de enfermedades de trabajo contenida en el art�culo 513 de la ley laboral, contempla de manera ejemplificativa los supuestos apuntados, de donde surge una presunci�n legal: siempre que un trabajador presente un padecimiento que se encuentre comprendido en un determinado apartado de la tabla y su actividad espec�fica o tipo de industria o la zona donde labora (ajena al de su residencia habitual) est�n contemplados en el mismo apartado, tiene a su favor la presunci�n legal de que lo adquiri�, ya sea con motivo del trabajo o del medio ambiente laboral donde presta sus servicios; y, por tanto, es del orden profesional.

"De acuerdo con lo expuesto, aunque la ley no exige que la relaci�n causa-efecto sea directa, al menos debe serlo en forma indirecta; as� es que para calificar el origen profesional de la enfermedad, siempre debe estar presente esa relaci�n causal, ya que no basta la presencia de alguna afecci�n para considerar, sin m�s, que fue adquirida con motivo del trabajo o del medio en que el trabajador se vea obligado a trabajar, pues no debe perderse de vista que existen otras m�ltiples enfermedades ajenas por completo a las actividades laborales que por ser ordinarias o generales se norman por reglas distintas, tal es el caso de aquellas que dan lugar a la suspensi�n temporal de las relaciones de trabajo a que se refiere el art�culo 42, fracciones I y II, de la ley laboral.

"Tampoco basta con que el trabajador presente alguno de los padecimientos catalogados en la tabla, para presumir su origen profesional, sino que para ello es indispensable que esa afecci�n se encuentre relacionada con la actividad, industria o zona referidas en el mismo apartado donde aqu�l se encuentre clasificado; de lo contrario, no surge la presunci�n legal anotada. As�, por ejemplo, en el apartado 4 se encuentra clasificada la denominada ?tabacosis? que consiste en afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de tabaco, las cuales son susceptibles de adquirir los trabajadores de la industria del tabaco. Si el trabajador labora dentro de esa clase de industria y presenta tabacosis, se presumir� el origen profesional del padecimiento; pero si se trata, digamos, de un vendedor de autos, es obvio que no tendr� a su favor dicha presunci�n.

"A partir de lo anterior, se puede decir que:

"I. Si se trata de una enfermedad cuya profesionalidad se presume, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de la incapacidad, es suficiente para determinar dicho origen. Esto, claro, sin perjuicio de que el demandado rinda pruebas que desvirt�en esta presunci�n; ni deque el actor la refuerce con otros medios probatorios, de conformidad con la regla prevista en el art�culo 476, del c�digo obrero.

"II. Fuera de estos casos, el peritaje debe establecer adem�s, si existe o no una relaci�n causal entre el padecimiento y el trabajo (relaci�n directa) o el medio ambiente laboral (relaci�n indirecta), as� como especificar cu�l es esa relaci�n y los medios de que se vali� el perito para su determinaci�n.

"En esta segunda hip�tesis, en la que se torna indispensable el acreditamiento del v�nculo causal, requiere que el perito m�dico se allegue otros elementos, a fin de determinar ese requisito; aunque, dada la variedad de padecimientos y causas que pueden producirlos, no se podr�a establecer una regla general y �nica acerca de cu�les son esos otros elementos, primordialmente, cuando se trata de verificar cu�l es el medio ambiente de la prestaci�n de los servicios. Entonces, seg�n cada caso particular, el perito puede tomar en cuenta desde la demanda, en la cual el trabajador haya precisado la industria o actividad a que se dedique la empresa donde presta o prest� sus servicios, su categor�a, sus actividades laborales espec�ficas, medio ambiente de trabajo y todas las dem�s circunstancias que pudieran influir en su salud; la contestaci�n, donde el demandado puede haber admitido o refutado lo aseverado por el accionante; la entrevista dirigida que haga al obrero; hasta la visita que haga al centro de trabajo e, incluso, a la regi�n donde haya sido enviado a prestar sus servicios. Todo esto a fin de constatar, si es posible por s� mismo, cu�les son las verdaderas condiciones ambientales del lugar donde labora o labor� el reclamante y que pudieran afectar su salud, sobre todo, cuando exista discrepancia al respecto entre las partes y siempre que en los autos no obren datos suficientes para identificarlas.

"Esa tarea, desde luego, no puede encomendarse al actuario, por medio del desahogo de una inspecci�n al centro de trabajo, ya que sus funciones no requieren de conocimientos especializados sobre las distintas ciencias o t�cnicas necesarias para dilucidar los extremos a probar.

"Incluso es factible que el propio perito m�dico carezca de los medios o conocimientos especializados para constatar, por s� mismo tales condiciones, por lo que entonces puede ameritar el auxilio de otro profesionista o t�cnico que realice estudios complementarios in sito, o sea, en el centro de trabajo (de manera similar a cuando los solicita de rayos ?X?, ortopedia, audiometr�a, etc�tera).

"As� podr�a requerir, por ejemplo, del auxilio de un t�cnico o profesionista que mida el nivel del ruido ambiental, el origen del agente patol�gico (animal, vegetal, mineral) y la cantidad de gases, polvos, humos, vapores, l�quidos, etc�tera o su composici�n qu�mica, propiedades f�sicas y otros m�ltiples factores, as� como durante cu�nto tiempo de cada jornada est� expuesto el trabajador a tales condiciones ambientales que pudieran haber afectado su salud, todo lo cual apreciar� el perito m�dico para estudiar si coinciden o no con la evoluci�n de la enfermedad.

"Desde luego, las partes est�n en aptitud de proponer periciales en relaci�n con las condiciones ambientales, que l�gicamente habr�n de ser desahogadas previamente a la pericial m�dica, a fin de que puedan ser tomadas en cuenta por los peritos m�dicos; y la valoraci�n de todas ellas la har� la Junta al dictar el laudo respectivo.

"En fin, la pericial m�dica es id�nea para determinar el padecimiento y el grado de incapacidad que sufra el trabajador; en algunos casos, ser� suficiente para establecer la relaci�n de causa a efecto entre el medio en que el trabajador preste o haya prestado sus servicios y la enfermedad que presente; pero en otros, por s� sola, ser� insuficiente para ese efecto, sino que el dictamen del perito s�lo alcanzar� pleno valor probatorio, si se encuentra fincado en una visita que se haga al lugar o centro de trabajo, para constatar cu�les son las condiciones ambientales del lugar donde labora o labor� el actor, si esto puede hacerlo por s� mismo, o bien, auxiliado por un t�cnico o cient�fico que lo realice. Esto, salvo que en los autos existan constancias de las que se desprendan los datos en cuesti�n, incluso otros dict�menes periciales relacionados con dichas condiciones, cuya valoraci�n tambi�n har�n las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje al dictar el laudo definitivo ..."

"Novena �poca

"Instancia: Segunda Sala

"Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta

"Tomo: XII, noviembre de 2000

"Tesis: 2a./J. 95/2000

"P�gina: 320

"ENFERMEDADES. LA PRESUNCI�N DE QUE SON PROFESIONALES S�LO OPERA CUANDO EL PADECIMIENTO EST� CONTEMPLADO EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO. De la relaci�n arm�nica de los art�culos 513, 514 y 476 de la Ley Federal del Trabajo, se concluye que para que opere la presunci�n legal de que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, el padecimiento debe estar incluido en la tabla del art�culo 513 referido, pues, dicha presunci�n no incluye al art�culo 514 de la misma ley, dado que el objetivo de este �ltimo precepto se reduce a fijar los par�metros entre un m�nimo y un m�ximo del grado de disminuci�n org�nico funcional que pueden producir tanto las enfermedades, como los accidentes de trabajo, por ello no es posible que la descripci�n de ciertas enfermedades o las secuelas que pueda dejar un riesgo de trabajo contenidas en el aludido art�culo 514 constituya una presunci�n a favor del obrero de que la lesi�n o enfermedad que se contempla en este precepto se hayan adquirido con motivo del trabajo, lo anterior es l�gico de concluir si se toma en cuenta que en parte de este dispositivo se alude por ejemplo a p�rdida o amputaci�n de miembros como la mano, los dedos, la pierna, etc., y a secuelas que dejen fracturas en el organismo de una persona que no siempre se ocasionan o derivan del trabajo, de ah� que no sea dable presumir que un padecimiento o lesi�n previsto en el art�culo 514, se haya adquirido con motivo del trabajo, lo que no ocurre con las enfermedades profesionales consignadas en el art�culo 513, respecto de las que por disposici�n del diverso art�culo 476 de la ley laboral se presume su profesionalidad cuando su portador tiene alguna de las actividades laborales que aquel precepto prev�, puesto que en este supuesto el legislador quiso establecer en la ley una presunci�n a favor del obrero, esto es, partiendo de un hecho conocido como lo es el que determinado medio ambiente origina ciertas enfermedades, se llega a descubrir un hecho desconocido consistente en el nexo causal inherente a las enfermedades profesionales.

Contradicci�n de tesis 51/2000. Entre las sustentadas por el D�cimo Primer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito y el Segundo Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito. 29 de septiembre del a�o 2000. Cinco votos. Ponente: J.D.�az R.. Secretaria: Sof�a Ver�nica �valos D�az.

De cuyas consideraciones, las que sirven para informar el presente asunto son:

"SEXTO. ...

"b) Enfermedades de trabajo, que consisten en todo estado patol�gico cuyo origen o motivo se deba al trabajo o al medio ambiente en que el trabajador se ve obligado a prestar sus servicios.

"La diferencia anterior deriva de que se trata de dos tipos de da�o, ya que mientras el primero es instant�neo, por ser consecuencia de los accidentes de trabajo, el segundo es progresivo y se manifiesta a trav�s de las denominadas enfermedades profesionales.

"Las enfermedades profesionales obedecen a un concepto de progresividad, o sea que la repetici�n de una causa por largo tiempo, como obligada consecuencia de la naturaleza del trabajo, provoca en el trabajador un padecimiento que, entonces s�, reviste el car�cter de profesional.

"La naturaleza de una enfermedad profesional debe ser demostrada por el obrero que la padece y, acorde a los criterios transcritos, la prueba id�nea es la pericial m�dica, pues el m�dico es capaz, por los conocimientos que posee, de diagnosticar si un trabajador es portador de determinada enfermedad.

"No basta en todos los casos que un m�dico diagnostique una determinada enfermedad para que se considere de origen profesional, ya que debe justificarse adem�s su causalidad con el medio ambiente en que se presta el servicio.

"En relaci�n con el nexo causal hay que distinguir si la enfermedad que padece el trabajador es de las consideradas en la Ley Federal del Trabajo como profesional, o si no se encuentra en la misma, pues en el primer caso opera la presunci�n de que se adquiri� con motivo del trabajo, mientras que en el segundo se requerir� que a trav�s de la pericial m�dica u otro tipo adecuado de medios de convicci�n, se establezca el nexo causal entre las condiciones de trabajo y la enfermedad.

"...

Como el tema de la contradicci�n, seg�n ya se dijo, radica en determinar los casos en que por disposici�n de la ley se presume que una enfermedad se adquiri� con motivo del trabajo, debe tenerse en consideraci�n que en el art�culo 513 tantas veces citado, se establece una tabla de enfermedades de trabajo distribuida en especialidades, donde se menciona el padecimiento, en algunos casos a trav�s de su denominaci�n t�cnica, por ejemplo tabacosis, bisinosis, linosis, etc. y, en otros, mediante una f�rmula descriptiva, por ejemplo, afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de lana, afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de pluma, cuerno, hueso, crin, pelo y seda, afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de tabaco, listando despu�s las actividades que puedan quedar afectadas profesionalmente por cada padecimiento; que en el caso de las que se citaron como ejemplo aparece que las primeras son propias de los trabajadores de la industria textil y dem�s manipuladores del polvo de lana; de la segunda, para los colchoneros, fabricantes de adornos y art�culos de mercer�a, cortadores y peinadores de pelo, fabricantes de brochas, pinceles, cepillos, as� como los trabajadores de rastros, carnicer�as y empacadores de carne; y para los de la tercera, para los que laboran en la industria del tabaco.

Por �ltimo, la jurisprudencia 104/2003, sustentada por la Segunda Sala, cuyos rubro y texto fueron aprobados en sesi�n privada del treinta y uno de octubre de dos mil tres, que dice:

"PRUEBA PERICIAL M�DICA. SU VALOR PROBATORIO NO DEPENDE DE QUE EL PERITO PRESENTE, JUNTO CON LOS DICT�MENES, LOS RESULTADOS DE LOS ESTUDIOS PRACTICADOS AL TRABAJADOR. Conforme a la jurisprudencia sustentada por la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, la prueba pericial m�dica es la id�nea para determinar no s�lo el origen de la enfermedad padecida o del accidente sufrido por el trabajador, sino tambi�n el grado de incapacidad que le provoquen. Por otra parte, el M�ximo Tribunal de la Rep�blica ha establecido reiteradamente el criterio de que cuando se trata de la apreciaci�n de la prueba pericial, las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje deben expresar en el laudo las razones o motivos para conceder o negar eficacia probatoria a los dict�menes periciales rendidos por los peritos de las partes o, en su caso, por el tercero en discordia, y cumplir de esa manera con la garant�a de fundamentaci�n y motivaci�n consignada en el art�culo 16 de la Constituci�n Pol�tica de los Estados Unidos Mexicanos. Sin embargo, si se toma en cuenta que la prueba pericial est� sujeta a consideraciones cr�ticas y que la valuaci�n jur�dica del hecho t�cnicamente apreciado es una funci�n que corresponde a las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje, se concluye que no es la extensi�n de los dict�menes periciales, ni las instrumentales relativas a los resultados de los estudios practicados al trabajador lo que determina su eficacia probatoria, sino la dimensi�n que se d� a cada uno de ellos, por lo que dichas Juntas deben examinar si las conclusiones de los peritos resultan de un estudio profundo, acucioso, l�gico, razonable y objetivo del problema planteado, pues de ello depende que la prueba les merezca confiabilidad y credibilidad, esto es, la inclinaci�n de su �nimo hacia una afirmaci�n indudable. Adem�s, si las mencionadas Juntas, en ejercicio de la libre apreciaci�n probatoria, estiman que deben separarse de la opini�n pericial, ya sea porque s�lo una parte de ella o porque ninguno de los peritajes rendidos les crean convicci�n, pueden formular las preguntas que estimen convenientes y, en su caso, ordenar la pr�ctica de las diligencias necesarias para establecer la verdad material y legal, de conformidad con lo dispuesto por los art�culos 782 y 825, fracci�n IV, de la Ley Federal del Trabajo.

Contradicci�n de tesis 114/2003-SS. Entre las sustentadas por el Octavo Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito y el entonces Tercer Tribunal Colegiado del Sexto Circuito, en contra de lo sustentado por el Segundo Tribunal Colegiado del D�cimo S�ptimo Circuito. 29 de octubre de 2003. Unanimidad de cuatro votos. Ausente: G.D.G.�ngora P.. Ponente: G.I.O.M.. Secretaria: Ver�nica N.R.�rez.

Las consideraciones que sustancialmente apoyaron dicha resoluci�n son:

"La naturaleza de la enfermedad profesional corresponde acreditarla al trabajador actor a trav�s de la prueba pericial m�dica, la cual permitir� establecer, en su caso, no s�lo la existencia del padecimiento sino tambi�n el nexo causal entre esa enfermedad y el ambiente laboral.

"Cabe destacar que esta Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n estableci� jurisprudencia en relaci�n con la idoneidad de la prueba mencionada para el caso de enfermedades de trabajo. Las tesis que la contienen son las siguientes:

"?Novena �poca

"?Instancia: Segunda Sala

"?Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta

"?Tomo: VII, mayo de 1998

"?Tesis: 2a./J. 29/98

"?P�gina: 401

"?ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA RELACI�N CAUSAL ENTRE �STA Y EL MEDIO EN EL CUAL EL TRABAJADOR PRESTE O HAYA PRESTADO SUS SERVICIOS, NO REQUIERE NECESARIAMENTE DE LA PRESENCIA DEL PERITO M�DICO EN EL LUGAR, EMPRESA O ESTABLECIMIENTO.? (previamente transcrita).

"?Sexta �poca

"?Instancia: Cuarta Sala

"?Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

"?Tomo: LXV, Quinta Parte

"?P�gina: 18

"?ENFERMEDADES PROFESIONALES, PRUEBA DE LAS. No basta el padecimiento probado de una enfermedad por un trabajador, para fincar la responsabilidad para el patr�n, sino que es necesario que se relacione causalmente dicha enfermedad con las labores desempe�adas.?

"...

"De lo anterior deriva que para determinar el origen profesional de la enfermedad, en donde est� presente la relaci�n causal entre la actividad desarrollada por el trabajador y el medio laboral, no basta que el trabajador presente alguno de los padecimientos catalogados en la tabla relativa para suponer necesariamente su g�nesis profesional, es necesario que el dictamen m�dico contenga ciertos elementos, adem�s de la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad, como son: la preexistencia o no de esa relaci�n causal, as� como cu�l es esa relaci�n y los motivos que llevaron al perito a su determinaci�n, informaci�n que puede tener su base, seg�n el caso, desde el contenido de la demanda, en la que el trabajador haya precisado la industria o actividad a que se dedique la empresa donde presta o prest� sus servicios, su categor�a, sus actividades laborales espec�ficas, medio ambiente de trabajo y todas las dem�s circunstancias que pudieran influir en su salud, la visita al centro de trabajo e, incluso, la regi�n donde haya sido enviado a prestar sus servicios. Desde luego, la valoraci�n del dictamen queda a cargo de la Junta al dictar el laudo respectivo.

"En otras palabras, esta Sala del M�ximo Tribunal estableci� en el fallo anteriormente transcrito que para determinar el origen profesional de la enfermedad y con ello el nexo causal entre la actividad desarrollada por el trabajador y el medio laboral, el dictamen pericial en medicina debe contener, los requisitos se�alados que delimiten aquel nexo, sin embargo, ello no significa que se trate de una regla general y �nica, pues depende del caso particular.

"Lo anterior implica, para efectos de la presente contradicci�n de tesis, que el origen profesional de la enfermedad o del accidente de trabajo, se fija con la prueba pericial en medicina que debe contener como requisitos indispensables: la existencia del padecimiento, el grado de incapacidad y los motivos que llevaron al perito a su determinaci�n; no obstante, como ya lo dej� asentado este �rgano jurisdiccional en la ejecutoria que se ha expuesto, los dem�s aspectos del dictamen pericial en materia m�dica, no constituyen regla general, es decir, sobre esto no es posible establecer est�ndares, pues los elementos del dictamen dependen del caso en particular, sin perder de vista que al final, la valoraci�n de aquel documento corresponde a la Junta en el fallo correspondiente.

"Ahora bien, en atenci�n a que en el tema a debate est� involucrada la valoraci�n del dictamen pericial en cuanto adjunte los resultados de los estudios practicados al trabajador, como punto concreto a definir, se debe examinar el objeto de la prueba pericial y el sistema de valoraci�n probatoria que rige en la Ley Federal del Trabajo.

"Para tal efecto, previamente, se precisan algunos aspectos doctrinarios que se estiman importantes para definir el tema planteado.

"Los tratadistas J.O.F. en su libro Derecho Procesal Civil, Editorial Harla, Quinta Edici�n, M�xico, 1992, p�gina 146 y H.D.E.�a, en su libro Estudios de Derecho Procesal Civil, tomo I, Editorial ABC, Bogot�, Colombia, 1979, p�gina 289, coinciden en afirmar, que los medios de prueba son los instrumentos con los cuales se pretende lograr el cercioramiento del juzgador sobre los hechos objeto de prueba.

"Por otra parte, H.B.�o Sierra, en su libro Derecho Procesal, Editorial Harla, M�xico, 1995, p�gina 1298, en cuanto a la naturaleza cient�fica de la prueba pericial, se�ala que basta advertir que para alcanzar tales niveles, se hace indispensable que el dictamen tenga un verdadero an�lisis l�gico de necesidad, que se empleen procedimientos asegurados por la sistem�tica de una rama de concomimiento humanos depurada y cristalizada en reglas verificables. Es decir, no basta con calificar la pericia a cualquier ensayo o estudio, como podr�a ser un discurso sociol�gico o de imprecisa averiguaci�n psicol�gica. Lo pertinente es que el dictamen provenga de un experto en ciencia o t�cnica que operen con datos indubitados, cuando se dan las condiciones de seriedad cient�fica y de severidad de an�lisis.

"As� tambi�n, dicho autor es coincidente con lo se�alado por G.C., en su libro Curso de Derecho Procesal Civil, Editorial Pedag�gica Iberoamericana, M�xico, 1994, p�gina 458, al precisar que la pericia sigue determinados principios. Uno de ellos es el que ata�e a su no obligatoriedad, el J., dice, no est� obligado a sujetarse al dictamen pericial; el otro, establece que, contra el dictamen, pueden practicarse nuevos medios de prueba.

"En el primer caso se establece la primac�a de la convicci�n del juzgador, la pericia no es un juicio t�cnico que incida en un juicio jur�dico, sino una prueba, sujeta a consideraciones cr�ticas, lo que viene a significar la valuaci�n jur�dica del hecho t�cnicamente apreciado, que es tambi�n una funci�n del J..

"En cuanto a este t�pico, O.F. puntualiza, en la obra citada, que existen dos sistemas de valoraci�n probatoria: a) el de libre apreciaci�n razonada de acuerdo con el cual, el J. no se encuentra sometido a reglas establecidas en forma aprior�stica, sino que aprecia el valor de las pruebas seg�n su propio criterio, de manera libre, pero ajust�ndose en todo caso a reglas de coherencia l�gica y expresando, en forma razonada, los motivos de suvaloraci�n y, b) el de la tarifa legal o tasada con normas valorativas predeterminadas por el legislador.

"Con base en lo anterior, es dable afirmar lo siguiente. Si la naturaleza de un negocio exige el conocimiento de cuestiones de orden t�cnico, es evidente que las partes y el tribunal mismo pueden no tener los requeridos para apreciar correctamente el caso, por tanto, se impone la necesidad de ocurrir al auxilio de personas ilustradas en la especialidad de que se trate preferentemente de aqu�llas que han hecho estudios regulares, y han obtenido t�tulo profesional que constate su aptitud en la rama a que se dedican.

"La infinita variedad de problemas de la �ndole de que se trata y la constante evoluci�n de la ciencia impiden llegar a conclusiones �ltimas, de manera que no hubiera posibilidad de discrepancias de pareceres periciales. Aparte de esto, el factor personal es otro motivo de divergencias, pues la habilidad y el cuidado de los hombres, aun dentro del campo de su especializaci�n, var�an de individuo a individuo, sin que sea posible formar un cat�logo de aquellos conocimientos en que se haya llegado a una �ltima y definitiva conclusi�n. De all� que no sea conveniente que la prueba pericial se encomiende a un solo perito, sino que es indispensable obtener una amplia ilustraci�n sobre el caso debatido.

"La finalidad principal del peritaje es la de que el tribunal pueda, con su auxilio, compenetrarse de los problemas de orden t�cnico que surjan para la decisi�n de la litis.

"La apreciaci�n o valoraci�n de las pruebas es la operaci�n que realiza el juzgador con el objeto de determinar la fuerza probatoria de cada uno de los medios practicados en el proceso, es decir, se trata de la operaci�n por la cual el J. decide el valor de cada uno de los medios de prueba desahogados.

"Se entiende por libre apreciaci�n de pruebas la que el J. debe hacer fundado en una sana cr�tica, en las normas generales de experiencia en sus conocimientos de l�gica y psicolog�a judicial, mediante una razonada motivaci�n para cumplir con lo dispuesto por el art�culo 16 constitucional.

"Los anteriores argumentos encuentran apoyo en las siguientes tesis sustentadas por esta Suprema Corte de Justicia de la Naci�n.

"Tesis sustentadas por la anterior Cuarta Sala cuyos rubros, texto y datos de identificaci�n se citan enseguida.

"?PRUEBA PERICIAL. SU ESTIMACI�N POR LAS JUNTAS DE CONCILIACI�N Y ARBITRAJE DEBE HACERSE ANALIZANDO TODOS LOS DICT�MENES RENDIDOS EN EL JUICIO, EXPRESANDO LAS RAZONES POR LAS CUALES LES OTORGAN O NIEGAN VALOR PROBATORIO. Esta Suprema Corte ha sostenido con fundamento en lo dispuesto por el art�culo 841 de la Ley Federal del Trabajo, que trat�ndose de la apreciaci�n de la prueba pericial, las Juntas de conciliaci�n y Arbitraje deben expresar en el laudo las razones o motivos que las conduzcan a conceder o negar eficacia probatoria a los dict�menes periciales rendidos por las partes o, en su caso, por el tercero en discordia, para cumplir de esa manera con la garant�a de fundamentaci�n y motivaci�n consagrada en el art�culo 16 constitucional, seg�n aparece en la tesis jurisprudencial publicada con el n�mero mil cuatrocientos ochenta y tres de la compilaci�n de mil novecientos ochenta y ocho, Segunda Parte, bajo el rubro de �PRUEBA PERICIAL. VALOR DE LA.�, con la cual qued� superada la diversa tesis jurisprudencial que aparece publicada con el n�mero mil cuatrocientos setenta y seis de la citada compilaci�n, Segunda Parte, con el t�tulo de �PRUEBA PERICIAL, APRECIACI�N DE LA, POR LAS JUNTAS DE CONCILIACI�N Y ARBITRAJE.�, en la que se establec�a que las Juntas gozaban de una facultad soberana para apreciar la prueba pericial; el criterio sostenido en esta �ltima tesis fue abandonado luego de que una nueva reflexi�n sobre el tema condujo a esta Sala a estimar que la facultad de aqu�llas para apreciar en conciencia dicha probanza no las libera del deber de expresar las razones por las cuales conceden o niegan eficacia probatoria a los dict�menes rendidos durante el juicio, a fin de que el particular afectado por el laudo est� en posibilidad tanto de conocer los motivos y fundamentos del laudo, como de cuestionarlos ante el �rgano de control constitucional, pues aunque las Juntas carecen de los conocimientos t�cnicos propios de la materia sobre la cual versa la pericial, les corresponde examinar si las conclusiones alcanzadas por los peritos resultan de un estudio profundo, acucioso, l�gico y objetivo del problema planteado, por cuanto de ello depende que la prueba les merezca confiabilidad y credibilidad.? (Octava �poca. Instancia: Cuarta Sala. Fuente: Gaceta del Semanario Judicial de la Federaci�n. N�mero: 80, agosto de 1994. Tesis: 4a./J. 28/94. P�gina: 25).

"?PRUEBA PERICIAL, VALOR DE LA. Los peritos deben ser personas expertas en la ciencia o arte a que pertenece el punto sobre el que se solicita su parecer, que auxilian al juzgador en la constataci�n de hechos y en la determinaci�n de sus causas y efectos; cuando se requieren conocimientos especiales en la materia y que, precisamente porque suplen con sus conocimientos t�cnicos la falta de los mismos en el juzgador, conservan absoluta independencia en la elecci�n de los medios que han de utilizar para llenar su cometido, pudiendo recabar informes de personas que conozcan los hechos sobre los que van a emitir su opini�n, pero ni las declaraciones de las personas a quienes interroguen ni los hechos que hagan constar, si su apreciaci�n est� al alcance de todas las personas sin necesidad de poseer conocimientos t�cnicos, pueden ser de eficacia superior a la de las pruebas testimonial y de inspecci�n judicial, respectivamente.? (Quinta �poca. Instancia: Cuarta Sala. Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n. Tomo: CVIII. P�gina: 1774).

"El criterio expuesto tambi�n tiene sustento en las siguientes tesis de la anterior Tercera Sala, que se aplican por analog�a en relaci�n con la valoraci�n probatoria que merecen los dict�menes periciales, cuyos rubros y datos de colocaci�n son:

"?PRUEBA PERICIAL, CAR�CTER COLEGIADO DE LA. Siendo la prueba pericial colegiada, si s�lo dictamin� un perito que no ha sido designado de com�n acuerdo por las partes ni en su rebeld�a por el J., evidentemente que esa prueba no se perfecciona y por tanto carece de valor probatorio pleno.? (Sexta �poca. Instancia: Tercera Sala. Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n. Volumen: LVI, Cuarta Parte. P�gina: 108).

"?PRUEBA PERICIAL. DEBE VALORARSE CONFORME AL ARBITRIO JUDICIAL. Si bien es claro que la prueba pericial es la id�nea para establecer la identidad de un predio que se pretende reivindicar, la misma debe ser valorada por el juzgador haciendo uso del arbitrio que para ello le otorga la ley, lo que no s�lo le permite sino que le obliga a examinar el contenido de los diferentes dict�menes, la calidad de los peritos y los razonamientos expresados por �stos al emitir su opini�n, analiz�ndolos frente a las restantes probanzas rendidas y las constancias de autos, con la finalidad de descubrir la verdad; de manera que el hecho de que los dict�menes en su mayor�a coincidan en cuanto a determinado punto, no lo obliga a aceptar esa opini�n priv�ndole as� de su potestad decisoria.? (S�ptima �poca. Instancia: Tercera Sala. Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n. Vol�menes: 217-228, Cuarta Parte. P�gina: 260).

"?PRUEBA PERICIAL, VALORACI�N DE LA. Al valorar el juzgador la prueba pericial debe tomar en consideraci�n las razones que los peritos emiten para sustentar sus opiniones, apreciando todos los matices del caso y atendiendo a todas sus circunstancias, sin m�s l�mite que el impuesto por las normas de la sana cr�tica, de la l�gica y de la experiencia, para formarse una convicci�n respecto del dictamen que tenga m�s fuerza probatoria.? (S�ptima �poca. Instancia: Tercera Sala. Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n. Vol�menes: 181-186, Cuarta Parte. P�gina: 238).

"?PRUEBA PERICIAL, VALOR DE LA. Los peritos son simples auxiliares del J. en la important�sima funci�n de administrar justicia o meros consultores t�cnicos, y la esencia de su funci�n radica en la apreciaci�n de las circunstancias de los hechos o de los hechos mismos y de ninguna manera en la decisi�n jur�dica del caso de que se trata, ya que �sta es de la exclusiva competencia del juzgador; o sea, que el �rgano judicial puede auxiliarse con los dict�menes periciales, pero en ning�n momento puede quedar sujeto a los mismos para sentenciar.? (S�ptima �poca. Instancia: Tercera Sala. Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n. Volumen: 10, Cuarta Parte. P�gina: 86).

"Una vez expuesto lo anterior, como antes se dijo, a continuaci�n se precisa el marco legal que rige a la prueba pericial en la Ley Federal del Trabajo, as� como el sistema de valoraci�n que �sta acoge y la facultad de las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje para desahogar las probanzas que estime necesarias para esclarecer los hechos.

"Los art�culos 782, 821, 822, 823, 825, fracciones I, IV y V, y 841 de la citada ley laboral, contenidos en el cap�tulo XII denominado ?De las Pruebas?, secci�n primera, reglas generales, secci�n quinta denominada ?De la Pericial?, y cap�tulo XIII denominado ?De las Resoluciones Laborales?, respectivamente, precisan lo siguiente.

"?Art�culo 782. La Junta podr� ordenar con citaci�n de las partes, el examen de documentos, objetos y lugares, su reconocimiento por actuarios o peritos y, en general, practicar las diligencias que juzgue convenientes para el esclarecimiento de la verdad y requerir� a las partes para que exhiban los documentos y objetos de que se trate.?

"?Art�culo 821. La prueba pericial versar� sobre cuestiones relativas a alguna ciencia, t�cnica, o arte.?

(Reformado, D.O.F. 4 de enero de 1980)

"?Art�culo 822. Los peritos deben tener conocimiento en la ciencia, t�cnica, o arte sobre el cual debe versar su dictamen; si la profesi�n o el arte estuvieren legalmente reglamentados, los peritos deber�n acreditar estar autorizados conforme a la ley.?

(Reformado, D.O.F. 4 de enero de 1980)

"?Art�culo 823. La prueba pericial deber� ofrecerse indicando la materia sobre la que deba versar, exhibiendo el cuestionario respectivo, con copia para cada una de las partes.?

(Reformado, D.O.F. 4 de enero de 1980)

"?Art�culo 825. En el desahogo de la prueba pericial se observar�n las disposiciones siguientes:

"?I. Cada parte presentar� personalmente a su perito el d�a de la audiencia, salvo el caso previsto en el art�culo anterior;

"?...

"?IV. Las partes y los miembros de la Junta podr�n hacer a los peritos las preguntas que juzguen convenientes; y

"?V. En caso de existir discrepancia en los dict�menes, la Junta designar� un perito tercero.?

(Reformado, D.O.F. 4 de enero de 1980)

"?Art�culo 841. Los laudos se dictar�n a verdad sabida, y buena fe guardada y apreciando los hechos en conciencia, sin necesidad de sujetarse a reglas o formulismos sobre estimaci�n de las pruebas, pero expresar�n los motivos y fundamentos legales en que se apoyen.?

"De conformidad con el art�culo 841 de la ley en comento, los laudos se dictar�n a verdad sabida y buena fe guardada, apreciando los hechos en conciencia, sin necesidad de sujetarse a reglas o formulismos sobre la estimaci�n de pruebas, pero expresar�n los motivos y fundamentos legales en que se apoyen, de lo que se desprende que ley laboral no contempla un cap�tulo especial que comprenda los lineamientos a seguir en la valoraci�n de las pruebas, ya que faculta a las Juntas para apreciarlas en conciencia justipreciando los hechos con conocimiento, es decir, reconoce el sistema de libre apreciaci�n de pruebas.

"Por su parte, el art�culo 825 precisa el car�cter colegiado de la prueba pericial con la finalidad de obtener una amplia ilustraci�n sobre el caso debatido, aunado a que la Junta puede ordenar la pr�ctica de las diligencias que estime convenientes para el esclarecimiento de la verdad material y legal, en t�rminos de lo dispuesto por el numeral 782.

"Ahora bien, en estricto cumplimento a la regla general ya enunciada, es incuestionable que trat�ndose de la estimaci�n de la prueba pericial, es obligaci�n de las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje efectuar el estudio de cada uno de los dict�menes rendidos por los peritos de las partes y en su caso el del tercero en discordia, expres�ndose en el laudo las razones por las cuales confieren valor probatorio a uno de ellos y se lo niegan a los dem�s, para cumplir, como ya se dijo, con los requisitos de fundamentaci�n y motivaci�n que todo acto de autoridad debe observar; adem�s, reconoci�ndose que las Juntas carecen de los conocimientos t�cnicos propios de la materia sobre la cual versa la pericia, para otorgar la dimensi�n debida a cada uno de los dict�menes rendidos, aqu�llas deben examinar, como corresponde a todo juzgador, si las conclusiones alcanzadas por los peritos resultan de un estudio profundo, acucioso, l�gico, razonable y objetivo del problema planteado, pues de ellos depende precisamente que la prueba les merezca confiabilidad y credibilidad, esto es, la inclinaci�n de su �nimo hacia una afirmaci�n indudable.

"A partir de lo anterior se puede concluir que:

"I. No es la extensi�n de los dict�menes periciales lo que determina su eficacia probatoria, sino que ello depende de las consideraciones en que se haya basado el experto para emitir sus conclusiones y que, en un momento dado, son las que dan lugar a que la Junta realice la operaci�n m�s delicada a realizar por el juzgador: aprecie la prueba pericial que ante ella se rinda, otorg�ndole el valor probatorio que estime conveniente, seg�n su prudente arbitrio, tomando en cuenta los dict�menes presentados por los peritos.

II. En el caso de que la Junta en ejercicio de la libre apreciaci�n probatoria, estime debe separarse de la opini�n pericial, ya sea porque s�lo una parte de las opiniones expuestas o porque que ninguno de los peritajes rendidos crean convicci�n, puede formular a los peritos las preguntas que pondere convenientes y, en su caso, ordenar la pr�ctica de las diligencias correspondientes para establecer la verdad material y legal, ello siempre apoyada en una prueba pericial m�dica, y a partir de la relaci�n y prueba de los hechos constitutivos de la demanda que para determinar la existencia de una enfermedad profesional o general son determinantes, ya que �stas guardan completa relaci�n con la actividad laboral que el trabajador hubiera realizado ...

De los precedentes narrados, pueden retomarse como esenciales, las conclusiones que enseguida se enumeran:

  1. Que tanto la ley como la jurisprudencia coinciden en estimar que de acuerdo a la ciencia m�dica ciertas enfermedades afectan, por lo general, a las personas dedicadas a cierta actividad laboral, de manera que el origen de las enfermedades de trabajo puede ser determinado por la existencia de una relaci�n causal directa con la categor�a o actividad espec�fica desarrollada por el trabajador, o por una relaci�n indirecta pero producida por el medio ambiente en el que el trabajador se vea obligado a trabajar, en cuyo caso el ambiente da�ino o nocivo para la salud es exclusivo del centro de trabajo, es decir, la enfermedad se produce por el entorno del centro de trabajo; o bien, el ambiente corresponde a una zona o regi�n determinada, distinta de la residencia habitual del trabajador.

  2. Que de acuerdo con el contenido del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, las enfermedades en �l precisadas derivan de una presunci�n legal: siempre que un trabajador presente un padecimiento que se encuentre comprendido en un determinado apartado de la tabla y su actividad espec�fica, tipo de industria o zona donde labora, est�n contemplados en el mismo apartado, tiene a su favor la presunci�n legal de que es del orden profesional. Precepto que establece una tabla distribuida en especialidades, donde se menciona el padecimiento, en algunos casos a trav�s de su denominaci�n t�cnica o mediante una f�rmula descriptiva, listando despu�s las actividades que puedan quedar afectadas profesionalmente por cada padecimiento.

  3. Que no basta para calificar el origen profesional de una enfermedad la presencia de alguna de las afecciones mencionadas en el citado precepto legal, sino que es indispensable que esa afecci�n se encuentre relacionada con la actividad, la industria o zona referidas en el mismo apartado donde aqu�lla se encuentre clasificada, pues de lo contrario la presunci�n legal no opera.

  4. Que cuando se trata de una enfermedad cuya profesionalidad se presume, el dictamen m�dico que concluya sobre la existencia del padecimiento y el grado de incapacidad es suficiente para determinar dicho origen, partiendo de los elementos que consider� el propio perito, entre los que pueden encontrarse la demanda en la que el trabajador haya precisado la industria, actividad o actividades espec�ficas a que se ha dedicado, su categor�a o medio ambiente de trabajo.

  5. Que dentro del juicio laboral, la finalidad principal de la prueba pericial es que el tribunal pueda, con su auxilio, compenetrarse de los problemas de orden t�cnico que surjan para la decisi�n de la litis en una apreciaci�n o valoraci�n de dicha prueba que debe hacerse fundada en una sana cr�tica, en las normas generales de la experiencia, en sus conocimientos de l�gica y psicolog�a judicial, mediante una razonada motivaci�n para cumplir con lo dispuesto por el art�culo 16 de la Constituci�n Federal.

  6. Que los peritos son simples auxiliares del J. en la funci�n de administrar justicia o meros consultores t�cnicos, y la esencia de su funci�n radica en la apreciaci�n de las circunstancias de los hechos o de los hechos mismos, y de ninguna manera en la decisi�n jur�dica del caso, ya que �sta es de la exclusiva competencia del juzgador, es decir, que el �rgano judicial puede y debe auxiliarse con los dict�menes periciales, pero en ning�n momento puede quedar sujeto a los mismos para sentenciar.

  7. Que en la valoraci�n de la prueba pericial las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje deben examinar si las conclusiones alcanzadas por los peritos resultan de un estudio profundo, acucioso, l�gico, razonable y objetivo del problema planteado.

    Retomando ahora los puntos jur�dicos a dilucidar, que son:

  8. Si es o no posible que resida en el perito m�dico la facultad de determinar la aplicabilidad de alguna fracci�n del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo sin que la autoridad responsable se cerciore de la existencia de la norma aplicada, pues esta es una funci�n eminentemente jurisdiccional, esto es, si el perito debe ubicar en forma concreta la afecci�n f�sica del trabajador en una de las fracciones que contiene la tabla de enfermedades prevista en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo y que establecen la denominaci�n cient�fica de las enfermedades de acuerdo con las actividades o el ambiente laboral en que se prestaba el servicio.

  9. Si corresponde a la Junta realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto, considerando para ello los hechos alegados por las partes en la demanda y su contestaci�n, la norma legal aplicable a cada caso en particular y determinar y decidir cu�l es el derecho que le corresponde a los hechos demostrados, dentro de lo que cabe como labor del �rgano jurisdiccional subsumir las enfermedades diagnosticadas y las actividades manifestadas a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, todo esto con fundamento en los art�culos 840, fracci�n VI y 841 de la propia ley, o si no puede la autoridad por s� misma decidir cu�l de las previstas en el citado art�culo 513 es la que merma la salud del trabajador por carecer de los conocimientos cient�ficos necesarios para ello, ni aun considerando lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y lasopiniones m�dicas, porque requiere de una base m�dico-legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho.

  10. Si tomando en cuenta que con los datos que provee el perito m�dico la Junta est� en aptitud de determinar la norma legal aplicable o si dado que el dictamen incurre en omisi�n por desconocer la enfermedad espec�fica, por mayor�a de raz�n, la Junta carecer� de elementos para ubicar la enfermedad en alguna de las m�ltiples fracciones del art�culo 513 de la ley laboral.

    Independientemente de los razonamientos vertidos por los Tribunales Colegiados contendientes, esta Segunda Sala procede a fijar el criterio a seguir, contemplando diversas hip�tesis, en atenci�n a que debido a la presencia de innumerables factores que pueden intervenir no es factible establecer una regla general destinada a todos los supuestos.

    Cabe transcribir el contenido del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, pues es precisamente su an�lisis el que determinar� el sentido de este fallo:

    "Art�culo 513. Para los efectos de este t�tulo la ley adopta la siguiente tabla de enfermedades de trabajo.

    "Tabla de enfermedades de trabajo

    "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral

    "1. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de lana

    "Trabajadores de la industria textil y dem�s manipuladores de este producto.

    "2. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de pluma, cuerno, hueso, crin, pelo y seda.

    "Colchoneros, fabricantes de adornos y art�culos de mercer�a, cortadores y peinadores de pelo, fabricaci�n de brochas, pinceles, cepillos. Trabajadores de los rastros, carniceros, empacadores de carne.

    "3. Afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de madera.

    "Carpinteros, madereros, ebanistas y trabajadores de la industria papelera.

    "4. Tabacosis:

    "Afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de tabaco.

    "Trabajadores de la industria del tabaco.

    "5. B.: afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de bagazo, como en la industria azucarera.

    "Tolveros, cernidores y bagaceros, trabajadores de la industria papelera y fabricaci�n de abonos.

    "6. S.: afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de corcho.

    "Trabajadores del corcho.

    "7. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de cereales, harinas, heno, paja, yute, ixtle y henequ�n.

    "Cargadores, alijadores, estibadores, recolectores, granjeros, trilladores, sombrereros (de sombreros de paja), empacadores, molineros, panaderos, trabajadores de las industrias de fibras duras, fabricantes de muebles, industria papelera.

    "8. Bisinosis.

    "Trabajadores de hilados y tejidos de algod�n y dem�s manipuladores de este producto.

    "9. Canabiosis: afecciones producidas por inhalaci�n de polvos de c��amo.

    "Trabajadores de la industria del c��amo.

    "10. Linosis: afecciones producidas por la inhalaci�n del polvo de lino.

    "Trabajadores de la industria del lino.

    "11. Asma de los impresores (por la goma ar�biga).

    "12. A..

    "Mineros (de las minas de carb�n), carboneros, herreros, forjadores, fundidores, fogoneros, deshollinadores y dem�s trabajadores expuestos a inhalaci�n de polvos de carb�n de hulla, grafito y antracita.

    "13. S..

    "Mineros (de las minas de hierro), fundidores, pulidores, soldadores, limadores, torneros y manipuladores de �xido de hierro.

    "14. C..

    "Trabajadores que manejan sales c�lcicas, como el carbonato y sulfato de calcio y en la industria del yeso.

    "15. B..

    "Trabajadores que manejan compuestos de bario, pintores, de la industria papelera y laboratorios.

    "16. E..

    "Trabajadores de las minas de esta�o, hornos y fundiciones del metal, o del �xido.

    "17. S..

    "Trabajadores expuestos a la aspiraci�n de silicatos pulverulentos (tierra de bat�n, arcillas, caol�n).

    "18. Afecciones debidas a la inhalaci�n de abrasivos sint�ticos:

    "Esmeril, carborundo, aloxita, utilizados en la preparaci�n de muelas, papeles abrasivos y pulidores.

    "19. S..

    "Mineros, canteros, areneros, alfareros, trabajadores de la piedra y roca, t�neles, carreteras y presas, pulidores con chorro de arena, cer�mica, cemento, fundidores, industria qu�mica y productos refractarios que contengan s�lice.

    "20. Asbetosis o amiantosis.

    "Mineros (de minas de asbesto), canteros, en la industria textil, papelera, cementos, material de revestimiento aislante del calor y la electricidad.

    "21. B. o gluciniosis.

    "Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de berilio o glucinio.

    "Mineros (de las minas de berilio), trabajadores que fabrican y manipulan aleaciones para aparatos de rayos X, industria el�ctrica y aeron�utica, soldadura, ladrillos para hornos, l�mparas fluorescentes e industria at�mica.

    "22. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvo de cadmio.

    "Mineros, trabajadores de fundiciones, preparaci�n de aleaciones, en dentister�a, industria foto-el�ctrica, telef�nica, de los colorantes, vidriera, de los acumuladores y soldadores.

    "23. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de vanadio.

    "Mineros, petroleros, fundidores, trabajadores de la industria del acero, qu�mica, fotogr�fica, farmac�utica, de los insecticidas y durante la limpieza de hornos alimentados con aceites minerales.

    "24. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de uranio.

    "Mineros (de las minas de uranio), cuando se exponen a la acci�n del hexa-fluoruro, separado del mineral.

    "25. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de manganeso (neumon�a mangan�sica).

    "Mineros (de las minas de manganeso), trabajadores de la fabricaci�n de acero-manganeso, de la soldadura del acero al manganeso y otros usos.

    "26. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de cobalto.

    "Trabajadores expuestos a la aspiraci�n de polvos de metal finamente dividido, o mezclado a carburo de tungsteno.

    "27. Talcosis o esteatosis.

    "Trabajadores de la industria qu�mica y de cosm�ticos que manejan talco o esteatita.

    "28. A. o ?pulm�n de aluminio?.

    "Fundidores, pulverizadores y pulidores de aluminio, pintores y pirot�cnicos; en su forma mixta, por inhalaci�n de al�mina y s�lice (enfermedad de S., en trabajadores de la fundici�n de bauxita y abrasivos.

    "29. Afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de mica.

    "Fabricaci�n de vidrio refractario, aislantes, anteojos, papeles de decoraci�n, anuncios luminosos, barnices, esmaltes, lubricantes, explosivos y en la cer�mica.

    "30. Afecciones debidas a inhalaci�n de tierra, de diatomeas (tierra de infusorios, diatomita, tr�poli, kieselgur).

    "Trabajadores que manipulan productos sil�cicos en estado amorfo, derivados de esqueletos de animales marinos, en f�bricas de buj�as filtrantes, aislantes y polvos absorbentes.

    "Enfermedades de las v�as respiratorias producidas por inhalaci�n de gases y vapores

    "Afecciones provocadas por sustancias qu�micas inorg�nicas u org�nicas que determinan acci�n asfixiante simple, o irritante de las v�as respiratorias superiores, o irritante de los pulmones.

    "31. Asfixia por el �zoe o nitr�geno.

    "Obreros que trabajan en procesos de oxidaci�n en medios confinados, limpieza y reparaci�n de cubas, producci�n de amon�aco y cianamida c�lcica.

    "32. Por el anh�drido carb�nico o bi�xido de carbono.

    "Trabajadores expuestos durante la combusti�n o fermentaci�n de compuestos de carbono, gasificaci�n de aguas minerales y preparaci�n de nieve carb�nica, poceros y letrineros.

    "33. Por el metano, etano, propano y butano.

    "Trabajadores de la industria del petr�leo, yacimientos de carb�n, gas l�quido, hornos de coque e industria petroqu�mica.

    "34. Por el acetileno.

    "Trabajadores dedicados a su producci�n y purificaci�n, manejo de l�mparas de carburo, soldadores de las industrias qu�mica y petroqu�mica.

    "35. Acci�n irritante de las v�as respiratorias superiores por el amon�aco.

    "Trabajadores de la producci�n de esta sustancia y sus compuestos, destilaci�n de la hulla, refiner�as de petr�leo e industria petroqu�mica, operaciones qu�micas, fabricaci�n de hielo y frigor�ficos, preparaci�n de abonos para la agricultura, letrineros, poceros, estampadores, de tener�as y establos.

    "36. Por el anh�drido sulfuroso.

    "Trabajadores de la combusti�n de azufre, preparaci�n de anh�drido sulfuroso en estado gaseoso y l�quido, fabricaci�n de �cido sulf�rico, tintorer�a, blanqueo, conservaci�n de alimentos y fumigadores, refrigeraci�n, papeles de colores, estampadores y mineros (de las minas de azufre).

    "37. Por el formaldeh�do y formol.

    "Trabajadores de la fabricaci�n de resinas sint�ticas, industria de la alimentaci�n, fotogr�fica, peletera, textil, qu�mica, hulera, tintorera, trabajos de laboratorio, conservaci�n de piezas anat�micas y embalsamadores.

    "38. Por aldeh�dos, acridina, acrole�na, furfural, acetato de metilo, formiato de metilo, compuestos de selenio, estireno y cloruro de azufre.

    "Trabajadores de la industria qu�mica, petroqu�mica y manipulaci�n de esos compuestos.

    "39. Acci�n irritante sobre los pulmones, por el cloro.

    "Trabajadores de la preparaci�n del cloro y compuestos clorados, de blanqueo y desinfecci�n, en la industria textil y papelera, de la esterilizaci�n del agua y fabricaci�n de productos qu�micos.

    "40. Por el f�sgeno o cloruro de carbonilo.

    "Trabajadores de la fabricaci�n de colorantes y otros productos qu�micos sint�ticos, de gases de combate, de extinguidores de incendios.

    "41. Por los �xidos de �zoe o vapores nitrosos.

    "Trabajadores de la fabricaci�n y manipulaci�n de �cido n�trico y nitratos, estampadores, grabadores, industrias qu�micas y farmac�uticas, petroqu�mica, explosivos, colorantes de s�ntesis, soldadura, abonos nitrados y silos.

    "42. Por el anh�drido sulf�rico.

    "Trabajadores de la fabricaci�n de �cido sulf�rico, de refiner�as de petr�leo y s�ntesis qu�mica.

    "43. Por el ozono.

    "Trabajadores que utilizan este agente en la producci�n de per�xido y en la afinaci�n de aceites, grasas, harina, almid�n, az�car y textiles, en el blanqueo y la esterilizaci�n del agua, en la industria el�ctrica y en la soldadura.

    "44. Por el bromo.

    "Trabajadores que manejan el bromo como desinfectante, en los laboratorios qu�micos, metalurgia, industria qu�mico-farmac�utica, fotograf�a y colorantes.

    "45. Por el fl�or y sus compuestos.

    "Trabajadores que manejan estas sustancias en la industria vidriera, grabado, coloraci�n de sedas, barnizado de la madera, blanqueo, soldadura y como impermeabilizantes del cemento; la preparaci�n del �cido fluorh�drico, metalurgia del aluminio y del berilio, superfosfatos y compuestos, preparaci�n de insecticidas y raticidas.

    "46. Por el sulfato de metilo.

    "Trabajadores que manipulan este compuesto en diversas operaciones industriales.

    "47. Asma bronquial por los alcaloides y �ter diet�lico diclorado, poli-isocianatos y di-isocianato de tolueno.

    "Trabajadores de la industria qu�mica, farmac�utica, hulera, de los pl�sticos y lacas.

    "Dermatosis

    "Enfermedades de la piel (excluyendo las debidas a radiaciones ionizantes), provocadas por agentes mec�nicos, f�sicos, qu�micos inorg�nicos u org�nicos, o biol�gicos; que act�an como irritantes primarios, o sensibilizantes, o que provocan quemaduras qu�micas; que se presentan generalmente bajo las formas eritematosa, edematosa, vesiculosa, eczematosa o costrosa.

    "48. Dermatosis por acci�n del calor.

    "H., fundidores, caldereros, fogoneros, horneros, trabajadores del vidrio, panaderos.

    "49. Dermatosis por exposici�n a bajas temperaturas.

    "Trabajadores de c�maras fr�as, fabricaci�n y manipulaci�n de hielo y de productos refrigerados.

    "50. Dermatosis por acci�n de la luz solar y rayos ultravioleta.

    "Trabajadores al aire libre, salineros, artistas cinematogr�ficos, soldadores, vidrieros, de gabinetes de fisioterapia, etc.

    "51. Dermatosis producidas por �cidos clorh�drico, sulf�rico, n�trico, fluorh�drico, fluosil�cico, clorosulf�nico.

    "Trabajadores de la fabricaci�n del cloro y productos org�nicos clorados (acn� cl�rico); �cidos grasos, blanqueo, industria qu�mica, manejo y preparaci�n del �cido sulf�rico; fabricaci�n, manipulaci�n y utilizaci�n del �cido fluorh�drico, en las industrias del petr�leo y petroqu�mica, grabado de vidrio, cer�mica, laboratorio, etc.

    "52. Dermatosis por acci�n de sosa c�ustica, potasa c�ustica y carbonato de sodio.

    "Trabajadores dedicados a la producci�n y manipulaci�n de estos �lcalis.

    "53. Dermatosis, ulceraciones cut�neas y perforaci�n del tabique nasal por acci�n de cromatos y bicromatos.

    "Trabajadores de las f�bricas de colorantes de cromo, papel pintado, l�pices de colores, espoletas, explosivos, p�lvora piroxilada de caza, f�sforos suecos; en la industria textil, hulera, tener�as, tintorer�as, fotograf�a, fotograbado y cromado electrol�tico.

    "54. Dermatosis y queratosis arsenical, perforaci�n del tabique nasal.

    "Trabajadores de las plantas arsenicales, industria de los colorantes, pintura, papel de color, tintorer�a, tener�a, cer�mica, insecticidas, raticidas, preparaciones de uso dom�stico y dem�s manipuladores de ars�nico.

    "55. Dermatosis por acci�n del n�quel y oxicloruro de selenio.

    "Trabajadores de fundiciones y manipulaciones diversas.

    "56. Dermatosis por acci�n de la cal, u �xido de calcio.

    "Trabajadores de la manipulaci�n de la cal, preparaci�n de polvo de blanqueo, yeso, cemento, industria qu�mica y alba�iles.

    "57. Dermatosis por acci�n de sustancias org�nicas: �cido ac�tico, �cido ox�lico, �cido f�rmico, fenol y derivados, cresol, sulfato de dimetilo, bromuro de metilo, �xido de etileno, fulminato de mercurio, tetril, anh�drido ft�lico de trinitrotolueno, parafinas, alquitr�n, brea, dinitro-benceno.

    "Trabajadores de la fabricaci�n y utilizaci�n de esas sustancias (acci�n fotosensibilizante de las tres �ltimas).

    "58. Dermatosis por benzol y dem�s solventes org�nicos.

    "Trabajadores de la industria textil, hulera, tintorera, vidriera, qu�mica, abonos, cementos, lin�leos, etc.

    "59. Dermatosis por acci�n de aceites de engrase, de corte (bot�n de aceite o elaioconiosis), petr�leo crudo.

    "Trabajadores que utilizan estos productos en labores de engrase, lubricaci�n, desengrase, en la industria petrolera, petroqu�mica y derivados.

    "60. Dermatosis por acci�n de derivados de hidrocarburos: hexametileno-tetramina, formaldeh�do, cianamida c�lcica, anilinas, parafenileno-diamina, dinitroclorobenceno, etc., en trabajadores que utilizan y manipulan estas sustancias.

    "61. C., fisuras y grietas por acci�n mec�nica:

    "Cargadores, alijadores, estibadores, carretilleros, hilanderos, peinadores y manipuladores de fibras, c��amo, lana, lino, etc.; cosecheros de ca�a, vainilleros, jardineros, marmoleros, herreros, toneleros, cortadores de metales, mineros, picapedreros, sastres, lavanderas, cocineras, costureras, planchadoras, peluqueros, zapateros, escribientes, dibujantes, vidrieros, carpinteros, ebanistas, panaderos, sombrereros, grabadores, pulidores, m�sicos, etc.

    "62. Dermatosis por agentes biol�gicos.

    "Panaderos, especieros del trigo y harina, peluqueros, curtidores, trabajadores de los astilleros que manipulan cereales parasitados, penicilina y otros compuestos medicamentosos, etc.

    "63. Otras dermatosis. Dermatosis de contacto.

    "Manipuladores de pinturas, colorantes vegetales, sales met�licas, cocineras, lavaplatos, lavanderos, mineros, especieros, fot�grafos, canteros, ebanistas, barnizadores, desengrasadores de trapo, bataneros, manipuladores de petr�leo y de la gasolina, blanqueadores de tejidos por medio de vapores de azufre, hiladores y colectores de lana, m�dicos, enfermeras y laboratoristas.

    "64. Lesiones ungueales y peringueales.

    "Onicodistrofias, onicolisis y paroniquia por exposici�n a solventes, humedad y traumatismos. Actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes.

    "65. Otros padecimientos cut�neos de tipo reaccional no incluidos en los grupos anteriores, producidos por agentes qu�micos org�nicos (melanodermias, acromias, leucomelanodermias, liquen plano).

    "Actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes.

    "O.opat�as profesionales

    "(Enfermedades del aparato ocular producidas por polvos y otros agentes f�sicos, qu�micos y biol�gicos)

    "66. Blefaroconiosis (Polvos minerales, vegetales o animales).

    "Trabajadores expuestos a la acci�n de estos polvos: canteros, yeseros, mineros, alfareros, esmeriladores, afiladores, pulidores, cementeros, carboneros, fabricantes de objetos de aluminio y cobre, manipuladores de mercurio, panaderos, laneros, colchoneros, peleteros, etc.

    "67. Dermatitis palpebral de contacto y eczema palpebral (Polvos, gases y vapores de diversos or�genes).

    "Trabajadores de la industria qu�mico-farmac�utica, antibi�ticos y productos de belleza; industria petroqu�mica, pl�sticos, productos de hule y derivados de la parafenileno-diamina, alquitr�n, asfaltos, solventes y barnices, industria de la vainilla, cultivo del "champignon", carpinteros.

    "68. Conjuntivitis y querato-conjuntivitis (por agentes f�sicos (calor); qu�micos o alergizantes: amon�aco, anh�drido sulfuroso, formol, cloro y derivados, vapores nitrosos, �cido sulf�rico, ozono, �cido sulfh�drico, solventes y barnices celul�sicos, tetracloretano, alcohol met�lico, viscosa, lana, pluma, pelos, p�lenes, algod�n, trigo, cacahuate, l�pulo, tabaco, mostaza, vainilla, productos medicamentosos, etc.) herreros, fundidores, horneros, laminadores, hojalateros, panaderos, poceros, letrineros, trabajadores de fibras artificiales a partir de la celulosa y otros trabajadores expuestos a la acci�n del �cido sulfh�drico (hidr�geno sulfurado) y dem�s agentes mencionados.

    "69. Conjuntivitis y querato-conjuntivitis por radiaciones (rayos act�nicos, infrarrojos, de onda corta y rayos X). Salineros, artistas cinematogr�ficos, soldadores, vidrieros, trabajadores de las l�mparas incandescentes de mercurio y los expuestos al ultra-violeta solar; trabajadores de las l�mparas de arco, de vapores de mercurio, hornos, soldadura aut�gena, metalurgia, vidrier�a, etc.; radi�logos y dem�s trabajadores de la fabricaci�n y manipulaci�n de aparatos de rayos X y otras fuentes de energ�a radiante.

    "70. P.�n. Por irritaci�n conjuntival permanente por factores mec�nicos (polvos); f�sicos (rayos infra-rojos, cal�ricos).

    "H., fundidores, horneros, laminadores, hojalateros, y todos los trabajadores con actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes.

    "71. Queratoconiosis:

    "I.�n en la c�rnea de part�culas duras (m�rmol, piedra, polvos abrasivos o metales).

    "Todas las actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes.

    "72. A. ocular (S. de plata).

    "Cinceladores, orfebres, pulidores, plateros, fabricantes de perlas de vidrio, qu�micos.

    "73. Catarata por radiaciones (Rayos infra-rojos, cal�ricos, de onda corta, rayos X).

    "Vidrieros, herreros, fundidores, t�cnicos y trabajadores de gabinetes de rayos X, t�cnicos y trabajadores de la energ�a at�mica.

    "74. Catarata t�xica (N. y sus derivados).

    "Todas las actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes.

    "75. Par�lisis oculomotoras (I.�n por sulfuro de carbono, plomo).

    "Todas las actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes.

    "76. O.�a interna (I.�n por sulfuro de carbono).

    "Todas las actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes.

    "77. R., neuro-retinitis y corio-retinitis (I.�n por naftalina, benzol).

    "Todas las actividades que comprenden el riesgo de exposici�n de estos agentes.

    "78. N. y lesi�n de la rama sensitiva del trig�mino (intoxicaci�n por tricloretileno).

    "Todaslas actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a este agente.

    "79. N. �ptica y ambliop�a o amaurosis t�xica (intoxicaci�n por plomo, sulfuro de carbono, benzol, tricloretileno, �xido de carbono, alcohol met�lico, nicotina, mercurio).

    "Todas las actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes.

    "80. Conjuntivitis por g�rmenes pat�genos.

    "M�dicos y enfermeras con motivo de la pr�ctica de su profesi�n.

    "81. O.�a y catarata el�ctrica.

    "Trabajadores de la soldadura el�ctrica, de los hornos el�ctricos o expuestos a la luz del arco voltaico durante la producci�n, transporte y distribuci�n de la electricidad.

    "I.ones

    "Enfermedades producidas por absorci�n de polvos, humos, l�quidos, gases o vapores t�xicos de origen qu�mico, org�nico o inorg�nico, por las v�as respiratoria, digestiva o cut�nea.

    "82. Fosforismo e intoxicaci�n por hidr�geno fosforado.

    "Trabajadores de la fabricaci�n de compuestos fosforados o derivados del f�sforo blanco, cat�lisis en la industria del petr�leo, fabricaci�n de bronce de f�sforo, insecticidas, raticidas, parasiticidas, hidr�geno fosforado, aleaciones y en la pirotecnia.

    "83. Saturnismo o intoxicaci�n pl�mbica.

    "Trabajadores de fundiciones de plomo, industria de acumuladores, cer�mica, pintores, plomeros, impresores, fabricantes de cajas para conservas, juguetes, tubos, envolturas de cables, soldadura, barnices, albayalde, esmalte y lacas, pigmentos, insecticidas y dem�s manipuladores de plomo y sus compuestos.

    "84. H. o mercurialismo.

    "Mineros (de las minas de mercurio), manipuladores del metal y sus derivados, fabricantes de term�metros, man�metros, l�mparas de vapores de mercurio, sombreros de fieltro, electr�lisis de las salmueras, conservaci�n de semillas, fungicidas, fabricaci�n y manipulaci�n de explosivos y en la industria qu�mico-farmac�utica.

    "85. Arsenicismo e intoxicaci�n por hidr�geno arseniado.

    "Trabajadores en las plantas de ars�nico, fundiciones de minerales y metales, de la industria de los colorantes, pinturas, papel de color, tintorer�a, tener�a, cer�mica, insecticidas, raticidas, otras preparaciones de uso dom�stico y dem�s manipuladores del ars�nico.

    "86. M..

    "Mineros (de minas de manganeso), trituradores y manipuladores de metal, de la fabricaci�n de aleaciones de acero, cobre o aluminio, fabricaci�n de pilas secas, en el blanqueo, tintorer�a y decoloraci�n del vidrio, soldadores.

    "87. Fiebre de los fundidores de zinc o temblor de los soldadores de zinc.

    "Fundidores y soldadores del metal, de la galvanizaci�n o esta�ado, fundici�n de lat�n o de la soldadura de metales galvanizados.

    "88. O..

    "Trabajadores en contacto de gas de hulla, gas pobre, gas de agua, de los altos hornos, de los motores de combusti�n interna, hornos y espacios confinados, caldereros, mineros, bomberos y en todos los casos de combusti�n incompleta del carb�n.

    "89. I.�n ci�nica.

    "Trabajadores que manipulan �cido cianh�drico, cianuro y compuestos, de las plantas de beneficio, de la extracci�n del oro y la plata de sus minerales, fundidores, fot�grafos, fabricantes de sosa, de la industria textil, qu�mica, del hule sint�tico, materias pl�sticas, tratamiento t�rmico de los metales, fumigaci�n, utilizaci�n del cian�geno y tintoreros en azul.

    "90. I.�n por alcoholes met�lico, et�lico, prop�lico y but�lico.

    "Trabajadores que los utilizan como solventes en la fabricaci�n de lacas y barnices, en la preparaci�n de esencias y materiales tintoriales y en las industrias qu�mica y petroqu�mica.

    "91. Hidrocarburismo por derivados del petr�leo y carb�n de hulla.

    "Trabajadores de las industrias petrolera, petroqu�mica, carbon�fera, fabricaci�n de perfumes y dem�s expuestos a la absorci�n de estas sustancias.

    "92. I.�n por el tolueno y el xileno.

    "Trabajadores que manipulan estos solventes en la industria de las lacas, hulera, peletera, fotograbado, fabricaci�n de �cido benzoico, aldeh�da benc�lica, colorantes, explosivos (TNT), pinturas y barnices.

    "93. I.ones por el cloruro de metilo y el cloruro de metileno.

    "Trabajadores que utilizan el cloruro de metilo como frigor�fico o el cloruro de metileno como solvente, o en la industria de las pinturas.

    "94. I.ones producidas por el cloroformo, tetracloruro de carbono y cloro-bromo-metanos.

    "Trabajadores que manipulan estas sustancias como solventes, fumigantes, refrigerantes, extinguidores de incendios, etc.

    "95. I.ones por el bromuro de metilo y freones (derivados fluorados de hidrocarburos halogenados).

    "Trabajadores que los utilizan como frigor�ficos, insecticidas y preparaci�n de extinguidores de incendios.

    "96. I.�n por el di-cloretano y tetra-cloretano.

    "Trabajadores que manipulan estas sustancias como disolventes de grasas, aceites, ceras, hules, resinas, gomas, diluci�n de lacas, desengrasado de la lana e industria qu�mica.

    "97. I.�n por el hexa-cloretano.

    "Trabajadores que lo utilizan para desengrasar el aluminio y otros metales.

    "98. I.�n por el cloruro de vinilo o monocloretileno.

    "Trabajadores de la fabricaci�n de materias pl�sticas y su utilizaci�n como frigor�fico.

    "99. I.�n por la mono-clorhidrina del glicol.

    "Trabajadores expuestos durante la fabricaci�n del �xido de etileno y glicoles, composici�n de lacas y manipulaci�n de abonos y fertilizantes.

    "100. I.ones por el tri-cloretileno y per-cloretileno.

    "Trabajadores que utilizan estos solventes en la metalurgia, tintorer�as, en el desengrasado de art�culos met�licos y de lana, fabricaci�n de betunes y pinturas.

    "101. I.ones por insecticidas clorados.

    "Trabajadores que fabrican o manipulan derivados arom�ticos clorados como el diclorodifenil-tricloretano (DDT), aldr�n, dieldr�n y similares.

    "102. I.ones por los naftalenos clorados y difenilos clorados.

    "Trabajadores que los utilizan como aislantes el�ctricos.

    "103. Sulfo-carbonismo.

    "Trabajadores expuestos durante su producci�n, o en la utilizaci�n del solvente en la fabricaci�n del ray�n, celof�n, cristal �ptico, vulcanizaci�n del hule en fr�o, como pesticida y en la extracci�n de grasas y aceites.

    "104. Sulfhidrismo o intoxicaci�n por hidr�geno sulfurado.

    "Trabajadores de la producci�n de esta sustancia, mineros, aljiberos, alba�aleros, limpiadores de hornos, tuber�as, retortas y gas�metros, del gas del alumbrado, vinateros y en la industria del ray�n.

    "105. I.�n por el bi�xido de dietileno (diox�n).

    "Trabajadores que utilizan este solvente en la industria de las lacas, barnices, pinturas, tintas, resinas de cera y pl�sticos; preparaci�n de tejidos en histolog�a.

    "106. B..

    "Trabajadores que utilizan el benzol como solvente en la industria hulera, impermeabilizaci�n de telas, fabricaci�n de nitrocelulosa, industria petroqu�mica, del vestido, lacas, vidrio, artes gr�ficas, textiles, cer�mica, pinturas, fotograbado, industria del calzado, tintorer�a, etc.

    "107. I.�n por el tetra-hidro-furano.

    "Trabajadores de la industria textil, que lo utilizan como solvente.

    "108. I.ones por la anilina (anilismo) y compuestos.

    "Trabajadores de la industria qu�mica, colorantes, tintas y productos farmac�uticos.

    "109. I.ones por nitro-benceno, toluidinas y xilidinas.

    "Trabajadores de la industria de los colorantes, pinturas, lacas y fabricaci�n de la anilina.

    "110. I.ones por trinitro-tolueno y nitroglicerina.

    "Trabajadores de la industria y manipulaci�n de los explosivos.

    "111. I.�n por el tetra-etilo de plomo.

    "Trabajadores de la fabricaci�n y manipulaci�n de este antidetonante, preparaci�n de carburantes, limpieza y soldadura de los recipientes que lo contienen.

    "112. I.�n por insecticidas org�nico-fosforados.

    "Trabajadores de la producci�n y manipulaci�n de tetra-fosfato hexaet�lico (TPHE), pirofosfato tetraet�lico (PPTE), parati�n y derivados.

    "113. I.ones por el dinitrofenol, dinitro-ortocresol, fenol y pentaclorofenol.

    "Trabajadores que utilizan estos compuestos como fungicidas e insecticidas, en la fabricaci�n de colorantes, resinas y conservaci�n de las maderas.

    "114. I.ones por la bencidina, naftilamina alfa, naftilamina beta y para-difenilamina.

    "Trabajadores que manipulan estas sustancias en la industria hulera y fabricaci�n de colorantes.

    "115. I.ones por carbamatos, ditiocarbamatos, derivados de clorofenoxihidroxicumarina, talio, insecticidas de origen vegetal.

    "Fabricaci�n, formulaci�n, envase, transporte y aplicaci�n de pesticidas en general.

    "116. I.ones por la piridina, clorpromazina y quimioter�picos en general.

    "Trabajadores encargados de la fabricaci�n, formulaci�n y empaque de estas sustancias en la industria qu�mico-farmac�utica.

    "117. Enfermedades producidas por combustibles de alta potencia (Hidruros de boro, ox�geno l�quido, etc.).

    "T�cnicos y trabajadores expuestos en la preparaci�n, control y manejo de estos productos.

    "Infecciones, parasitosis, micosis y virosis

    "Enfermedades generalizadas o localizadas provocadas por acci�n de bacterias, par�sitos, hongos y virus.

    "118. C..

    "P., caballerangos, mozos de cuadra, veterinarios, curtidores, peleteros, cardadores de lana, traperos, manipuladores de crin, cerda, cuernos, carne y huesos de bov�deos, caballos, carneros, cabras, etc.

    "Trabajadores de los rastros y empacadores.

    "119. M..

    "Caballerangos, mozos de cuadras, cuidadores de ganado caballar, veterinarios y enfermeros veterinarios.

    "120. Tuberculosis.

    "M�dicos, enfermeras, mozos de anfiteatro, afanadoras, personal de laboratorios biol�gicos y de diagn�stico, personal de lavander�a en sanatorios, veterinarios, enfermeros de veterinaria; carniceros y mineros, cuando previamente exista silicosis.

    "121. B..

    "Veterinarios, pastores, carniceros, ganaderos, orde�adores, lecheros, t�cnicos de laboratorio, personal de plantas para beneficio de la leche de cabra y de vaca, m�dicos, enfermeras, enfermeros de veterinaria.

    "122. S�filis.

    "Sopladores de vidrio (accidente primario bucal); m�dicos, enfermeras, mozos de anfiteatro (accidente primario en las manos).

    "123. T�tanos.

    "Caballerangos, carniceros, mozos de cuadra, cuidadores de ganado, veterinarios, personal de la industria agropecuaria, jardineros.

    "124. M. y actinomicosis cut�nea.

    "Trabajadores del campo, panaderos, molineros de trigo, cebada, avena y centeno.

    "125. A..

    "Mineros, ladrilleros, alfareros, terreros, jardineros, areneros y fabricantes de teja.

    "126. L..

    "Chicleros, huleros, vainilleros, le�adores de las regiones tropicales.

    "127. Oncocercosis.

    "Trabajadores agr�colas de las plantaciones cafetaleras.

    "128. E..

    "Campesinos, floricultores, empacadores de tierra y plantas, trabajadores de zacate y pieles.

    "129. C. o moniliasis.

    "F. y trabajadores que mantienen manos o pies constantemente h�medos.

    "130. H..

    "Trabajadores de la extracci�n y manipulaci�n del guano.

    "131. Aspergilosis.

    "C. de animales, limpiadores de pieles y trabajadores agr�colas expuestos al hongo.

    "132. C..

    "Trabajadores de la extracci�n y manipulaci�n de guanos, provenientes de zonas no infestadas ni end�micas, que sean contratados para realizar trabajos en zonas infestadas o end�micas.

    "133. Paludismo.

    "Obreros y campesinos provenientes de zonas no infestadas ni end�micas, que sean contratados para realizar trabajos en zonas infestadas o end�micas.

    "134. R.(. exantem�tico y otras similares).

    "M�dicos, enfermeras, personal de limpieza de los servicios de infectolog�a y laboratorios, siempre que se identifique el agente causal en el paciente y en el sitio de trabajo.

    "135. Espiroquetosis (Leptospirosis y otras similares).

    "Trabajos ejecutados en las alcantarillas, minas, mataderos, deslanado, laboratorios y cuidado de animales.

    "136. Virosis (hepatitis, enterovirosis, rabia, psitacosis, neumon�as a virus, mononucleosis infecciosa, poliomielitis y otras).

    "M�dicos, enfermeras y personal de limpieza en hospitales y sanatorios, personal de laboratorio y an�lisis cl�nicos, personal de bancos de sangre, siempre que se identifique el agente causal en el paciente y en el sitio de trabajo.

    "137. E..

    "Trabajadores en contacto con animales o sus cad�veres, pelo de animales, cuero y otros materiales, trapos viejos y dem�s desperdicios, personal de lavander�a en los hospitales, personal que maneje ropa sucia o contaminada.

    "138. T..

    "Trabajadores de rastros.

    "Enfermedades producidas por el contacto con productos biol�gicos

    "139. H. sint�ticas; enfermedades producidas por hormonas sint�ticas de actividad espec�fica, estrog�nica, androg�nica, etc.

    "Personal de las industrias que sintetizan productos hormonales.

    "140. Enfermedades producidas por la exposici�n a antibi�ticos.

    "(Penicilina, estreptomicina y otros similares de amplio o mediano espectro).

    "Trabajadores encargados de la fabricaci�n, formulaci�n y empaque de estas sustancias en la industria qu�mico-farmac�utica.

    "Enfermedades producidas por factores mec�nicos y variaciones de los elementos naturales del medio de trabajo

    "141. B. e higromas.

    "Trabajadores en los que se realizan presiones repetidas, como mineros (de las minas de carb�n y manganeso), cargadores, alijadores, estibadores y otros en los que se ejercen presiones sobre determinadas articulaciones (rodillas, codos, hombros).

    "142. O. y trastornos angioneur�ticos (?dedo muerto?).

    "Trabajadores que utilizan martillos neum�ticos, perforadoras mec�nicas y herramientas an�logas, perforistas, remachadores, talladores de piedra, laminadores, herreros, caldereros, pulidores de fundici�n, trabajadores que utilizan martinetes en las f�bricas de calzados, etc.

    "143. R.�n de la aponeurosis palmar o de los tendones de los dedos de las manos.

    "Cordeleros, bru�idores, grabadores.

    "144. Deformaciones.

    "Trabajadores que adoptan posturas forzadas, zapateros, torneros, recolectores de arroz, cargadores, sastres, talladores de piedra, mineros, costureras, dibujantes, carpinteros, dactil�grafas, bailarinas de ballet, etc.

    "145. R. atr�fica, faringitis atr�fica, laringitis atr�fica y algias por elevadas temperaturas.

    "Trabajadores de las fundiciones, hornos, fraguas, vidrio, calderas, laminaci�n, etc.

    "146. Congeladuras.

    "Trabajadores expuestos en forma obligada a la acci�n de temperaturas glaciales, frigor�ficos, f�bricas de hielo, etc.

    "147. Enfermedades por descompresi�n brusca, intoxicaci�n por ox�geno y aeroembolismo traum�tico. O. tard�as del hombro y de la cadera.

    "Trabajadores que laboran respirando aire a presi�n mayor que la atmosf�rica: buzos, labores subacu�ticas y otras similares.

    "148. Mal de los aviadores, aeroembolismo, otitis y sinusitis baro-traum�ticas.

    "Aeronautas sometidos a atm�sfera con aire enrarecido durante el vuelo a grandes altitudes.

    "149. Enfisema pulmonar.

    "M�sicos de instrumentos de viento, sopladores de vidrio.

    "150. Complejo cut�neo-vascular de pierna por posici�n de pie prolongada y constante, o marcha prolongada llevando bultos pesados.

    "Tip�grafos, dentistas, enfermeras de quir�fanos, peluqueros, carteros, vendedores, meseros, polic�as y otras actividades similares.

    "Enfermedades producidas por las radiaciones ionizantes y electromagn�ticas (excepto el c�ncer)

    "151. Trabajadores de la industria at�mica, minas de uranio y otros metales radioactivos (ars�nico, n�quel, cobalto, estroncio, asbesto, berilio, radium), tratamiento y metalurgia, reactores nucleares, utilizaci�n de radio-elementos (gamagraf�a, gama y betaterapia, is�topos), utilizaci�n de generadores de radiaciones (trabajadores y t�cnicos de rayos X), radio, sonar, rayos l�ser, masser, etc.; que presenten:

    "a) en piel, eritemas, quemaduras t�rmicas o necrosis;

    "b) en ojos, cataratas;

    "c) en sangre, alteraciones de los �rganos hematopoy�ticos, con leucopenia, trombocitopenia o anemia;

    "d) en tejido �seo, esclerosis o necrosis;

    "e) en gl�ndulas sexuales, alteraciones testiculares con trastornos en la producci�n de los espermatozoides y esterilidad; alteraciones ov�ricas con modificaciones ovulares y disfunciones hormonales;

    "f) efectos gen�ticos debidos a mutaciones de los cromosomas o de los genes;

    "g) envejecimiento precoz con acortamiento de la duraci�n media de la vida.

    "C�ncer.

    "Enfermedades neopl�sicas malignas debidas a la acci�n de cancer�genos, industriales de origen f�sico, o qu�mico inorg�nico u org�nico, o por radiaciones, de localizaci�n diversa.

    "152. C�ncer de la piel: trabajadores expuestos a la acci�n de rayos ultravioleta al aire libre (agricultores, marineros, pescadores, peones); a los rayos X, is�topos radiactivos, radium y dem�s radioelementos; ars�nico y sus compuestos; pechblenda, productos derivados de la destilaci�n de la hulla, alquitr�n, brea, asfalto, benzopireno y dibenzoantraceno (c�ncer del escroto de los deshollinadores), creosota; productos de la destilaci�n de esquistos bituminosos (aceites de esquistos lubricantes, aceites de parafina), productos derivados del petr�leo (aceites combustibles, de engrasado, de parafina, brea del petr�leo).

    "153. C�ncer bronco-pulmonar.

    "Mineros (de las minas de uranio, n�quel).

    "Trabajadores expuestos al asbesto (mesotelioma pleural); trabajadores que manipulan polvos de cromatos, ars�nico, berilio.

    "154. C�ncer del etmoides, de las cavidades nasales;

    "Trabajadores empleados en la refinaci�n del n�quel.

    "155. C�nceres diversos.

    "Carcinomas (y papilomatosis) de la vejiga en los trabajadores de las aminas arom�ticas; leucemias y osteosarcomas por exposici�n a las radiaciones; leucosis benc�nica.

    "Enfermedades end�genas.

    "Afecciones derivadas de la fatiga industrial.

    "156. Hipoacusia y sordera: trabajadores expuestos a ruidos y trepidaciones, como laminadores, trituradores de metales, tejedores, coneros y trocileros, herreros, remachadores, telegrafistas, radiotelegrafistas, telefonistas, aviadores, probadores de armas y municiones.

    "157. C.: trabajadores expuestos a repetici�n de movimientos, como telegrafistas, radio-telegrafistas, violinistas, pianistas, dactil�grafos, escribientes, secretarios, mecan�grafas, manejo de m�quinas sumadoras, etc.

    "158. Laringitis cr�nica con nudosidades en las cuerdas vocales: profesores, cantantes, locutores, actores de teatro, etc.

    "159. Tendo-sinovitis crepitante de la mu�eca: peones, alba�iles, paleadores, ajustadores, torneros.

    "160. Nistagmo de los mineros (minas de carb�n).

    "161. Neurosis:

    Pilotos aviadores, telefonistas y otras actividades similares.

    As�, respecto del punto jur�dico primeramente mencionado deber� concluirse que s� es posible que el perito m�dico determine la aplicabilidad de alguna fracci�n del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo pues, sin duda alguna, todas y cada una de las fracciones en �l contenidas refieren cuestiones propiamente m�dicas, por lo que no existe ninguna raz�n l�gica ni jur�dica que impida al perito m�dico se�alar en su dictamen alguna fracci�n del citado precepto. No obstante, dadas las premisas anteriores, tampoco puede estimarse que tal actividad constituya una facultad exclusiva de los peritos, pues la aplicaci�n del derecho es una funci�n eminentemente jurisdiccional, por lo que corresponder� a las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje, en el laudo que pronuncien, la cita de los preceptos legales que estimen aplicables y fundatorios de su resoluci�n, rendida en juicio que le sirva de apoyo.

    Enefecto, no debe confundirse el diagn�stico de una enfermedad, que deber� ser el resultado del an�lisis realizado por el perito m�dico, que puede o no estar precisado en el dictamen con base en una de las fracciones del mencionado art�culo 513, con el deber de las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje de fundar y motivar adecuadamente su laudo, en t�rminos de lo dispuesto en los art�culos 841 y 842 de la Ley Federal del Trabajo, de manera que aun cuando el profesional m�dico no determine la aplicabilidad de alguna de las fracciones del art�culo 513, corresponde al �rgano jurisdiccional la adecuaci�n de la norma general al caso particular, derivando su actividad de los elementos que le haya proporcionado el o los dict�menes m�dicos que integren la prueba pericial, esto es, no es con elementos propios con lo que establecer�n la existencia de una enfermedad profesional, sino con base en la prueba pericial.

    Apoya la anterior consideraci�n, la tesis que se cita enseguida:

    "Sexta �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Volumen: XI, Quinta Parte

    "P�gina: 77

    ENFERMEDADES PROFESIONALES, PRUEBA DE LAS. La prueba id�nea para acreditar la existencia de una enfermedad profesional es la pericial m�dica y ante su ausencia, las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje, extralimitan sus facultades de juzgadoras en conciencia, si a base de razonamientos propios establecen la causalidad de un padecimiento para calificarlo como profesional.

    Lo anterior conduce a establecer el segundo punto jur�dico a resolver sobre los criterios contradictorios, pues ya qued� establecido que s� corresponde a la Junta realizar la adecuaci�n de la norma general y abstracta al caso concreto.

    En efecto, adem�s de tomar en cuenta la Junta el resultado de la prueba pericial, a fin de establecer una resoluci�n legal, deber� considerar los hechos de la demanda y su contestaci�n alegados y probados por las partes, pues as� lo ordena el art�culo 842 de la Ley Federal del Trabajo.

    En este sentido, cabe considerar que los laudos emitidos por las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje son sentencias en sentido estricto, en tanto deciden los conflictos laborales en cuanto al fondo y deben cumplir con las exigencias de congruencia, motivaci�n, fundamentaci�n y exhaustividad, lo que es importante destacar porque de acuerdo con lo primero, debe haber una relaci�n de concordancia entre lo solicitado por las partes y lo resuelto por el juzgador.

    De acuerdo con lo anterior, el laudo que pronuncie la Junta no debe tener como �nico apoyo el resultado de la prueba pericial, sino que en relaci�n con �sta deben considerarse los hechos constitutivos de las acciones intentadas as� como los de las defensas y excepciones opuestas, por tanto, si el trabajador demanda el reconocimiento de que padece una enfermedad profesional y, en consecuencia, el otorgamiento de la pensi�n correspondiente, deber� atenderse particularmente a los hechos que el actor estima fundatorios de su acci�n y corresponder� a la autoridad la determinaci�n de si los mismos han sido probados, pues en �stos, precisa y particularmente, descansa un punto medular de toda controversia de la �ndole de que se trata: la relaci�n directa o indirecta con el origen de la enfermedad, es decir, la existencia de actividades espec�ficas desarrolladas por el trabajador, la industria en que ha prestado sus servicios o la zona que resulte da�ina.

    Son apoyo de la anterior consideraci�n las siguientes tesis y jurisprudencia:

    "S�ptima �poca

    "Instancia: Tercera Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Vol�menes: 217-228, Cuarta Parte

    "P�gina: 302

    "SENTENCIAS. PRINCIPIO DE CONGRUENCIA NO SE VIOLA CUANDO EL JUEZ DECLARA EL DERECHO APLICABLE, SIN APARTARSE DE LO CONTROVERTIDO. El principio de la congruencia de la sentencia no resulta vulnerado por el J. cuando examina los elementos de la acci�n de acuerdo con las normas jur�dicas aplicables, siempre que no tome en cuenta hechos que no hayan sido materia del juicio ni rebase las actitudes asumidas por las partes en los escritos que fijan la litis. Por el contrario cuando el J. declara el derecho en los casos que ante �l se controvierten no hace sino desarrollar la funci�n jurisdiccional para los altos fines que justifican su atribuci�n a un �rgano del Estado."

    "S�ptima �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Vol�menes: 127-132, Quinta Parte

    "P�gina: 16

    "CONGRUENCIA EN LOS LAUDOS, PRINCIPIO DE. RIESGOS. El principio jur�dico de congruencia del laudo establecido en el art�culo 776 de la ley laboral, no s�lo significa que la congruencia a que el propio numeral se refiere debe establecerse entre la demanda que resulte procedente y la condena respectiva, sino que tambi�n dicha congruencia debe abarcar todos los aspectos controvertidos y el material probatorio que obra en autos; de ah� que si un trabajador demanda una prestaci�n derivada de un riesgo de trabajo se�alando las bases para la condena y de las pruebas resulta que esas bases son superiores a lo afirmado en el escrito de demanda, no se infringe el principio de congruencia, si la Junta responsable se apoya en el resultado de las pruebas para hacer la condena respectiva, puesto que tales pruebas son el medio id�neo para lograr la verdad sabida a que se refiere el art�culo 775 de la ley laboral."

    "S�ptima �poca

    "Instancia: Tercera Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Volumen: 71, Cuarta Parte

    "P�gina: 43

    "SENTENCIAS, PRINCIPIO DE CONGRUENCIA DE LAS. El principio de congruencia estriba en que las sentencias deben estar en armon�a o concordancia con la demanda y la contestaci�n formuladas por las partes; es decir, que lo fallado debe estar de acuerdo con los hechos invocados por las partes en los escritos que fijan la litis y que el juzgador debe encuadrar en el derecho que les sea aplicable, seg�n el resultado del examen de las pruebas rendidas para demostrarlos. La sentencia que resuelve que el actor no prob� los hechos constitutivos de la acci�n intentada en su demanda, y absuelve a la parte demandada de las prestaciones reclamadas, podr� ser el resultado de una incorrecta apreciaci�n de las pruebas rendidas en el juicio; pero dicha sentencia no ser� incongruente, si no altera los hechos de la litis ni cambia la causa de pedir invocada en los escritos que la forman."

    "Quinta �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Volumen: LXXIX

    "P�gina: 4376

    "PRUEBAS ANTE LAS JUNTAS, CONGRUENCIA DE LAS. Independientemente de las acciones ejecutadas y de las excepciones opuestas en la contienda, las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje tienen el deber de examinar la congruencia de las pruebas presentadas, porque tienen facultades para fallar en conciencia, y por tanto, est�n obligadas a establecer si como lo asegura la parte que present� la prueba, la misma conduce a la demostraci�n de sus derechos o resulta incongruente para tal efecto."

    "Quinta �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Volumen: CXVII

    "P�gina: 802

    "LAUDOS, CONGRUENCIA DE LOS. No porque un hecho cualquiera resulte probado en el curso de un juicio laboral, debe tomarlo en cuenta la Junta para sacar conclusiones en favor o en contra de alguna de las partes, sino que es necesario que ese hecho haya sido alegado oportunamente y forme parte, bien sea de una acci�n o de una excepci�n deducida en tiempo; de lo contrario, se viola el art�culo 551 de la Ley Federal del Trabajo al introducirse en la controversia un elemento nuevo."

    "S�ptima �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Volumen: 41, Quinta Parte

    "P�gina: 33

    "PRUEBA PERICIAL, APRECIACI�N DE LA, POR LAS JUNTAS DE CONCILIACI�N Y ARBITRAJE. Si la controversia debe decidirse precisamente mediante la prueba id�nea, y �sta es la pericial, ello significa que la Junta requiere de los conocimientos que esos peritos van a prestarle para la resoluci�n del conflicto a resolver; o en otros t�rminos, que el perito tiene s�lo el car�cter de un auxiliar de la Junta, y no el de juzgador de la controversia y, aun cuando la Junta tenga facultad soberana para elegir el dictamen pericial que considere atiende la cuesti�n planteada, debe ella expresar los motivos que tiene para estimarlo fundado y no limitarse a transcribir los dict�menes elegidos, los que deben de estar sujetos al an�lisis que de los mismos haga la Junta, visto que ella es la autoridad que va a resolver el conflicto."

    "Sexta �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Volumen: LX, Quinta Parte

    "P�gina: 69

    PRUEBA PERICIAL SOBRE CUESTIONES T�CNICAS. FACULTADES DE APRECIACI�N DE LAS JUNTAS. Trat�ndose de enfermedades profesionales las Juntas pueden decidirse admitiendo el peritaje al que atribuyen mayor veracidad; las propias Juntas son soberanas para apreciar la prueba pericial que ante ellas se rinda sobre cuestiones t�cnicas y tienen facultad para dar el valor que estimen conducente sobre un punto discutido en los dict�menes presentados.

    De los criterios citados se desprende, en consecuencia, que corresponde a las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje establecer la norma legal aplicable a cada caso en particular y determinar y decidir cu�l es el derecho que le corresponde a los hechos demostrados, y dentro de lo que cabe como labor del �rgano jurisdiccional, subsumir las enfermedades diagnosticadas y las actividades manifestadas y probadas, a las hip�tesis legales contenidas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo.

    Ahora bien, dentro de lo que es en estos t�rminos la labor jurisdiccional, debe resolverse el punto m�s importante de la presente contradicci�n de criterios, es decir, si puede o no la autoridad por s� misma decidir cu�l de las enfermedades o afecciones previstas en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo es la que merma la salud del trabajador, pues al efecto estima el D�cimo Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito, que las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje, por carecer de los conocimientos cient�ficos necesarios para ello, no pueden hacerlo ni aun considerando lo manifestado por el reclamante durante la secuela procesal, las constancias de autos y las opiniones m�dicas, porque requieren de una base m�dico legal espec�fica que sea garant�a de veracidad y que le sirva para apoyar su determinaci�n con apego a derecho. Contrariamente, el Sexto Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito sostiene que partiendo de la informaci�n contenida en los dict�menes relativos a la prueba pericial en relaci�n con los hechos demostrados contenidos en la demanda y la contestaci�n, puede determinar la presunci�n legal sobre la existencia de una enfermedad profesional.

    Para determinar ese punto jur�dico resulta conveniente considerar que la diferencia de criterios se origina b�sicamente porque del resultado de los dict�menes periciales rendidos en los juicios laborales analizados por cada uno de los Tribunales Colegiados, no aparece que se haya establecido con precisi�n suficiente el nombre t�cnico del padecimiento del trabajador en la forma que expresamente se�ala cada una de las fracciones del art�culo 513 de la ley laboral, pues en ellos, los peritos respectivos refirieron la existencia de padecimientos tales como bronquitis cr�nica industrial, enfermedad broncopulmonar secundaria a solventes, enfermedad broncopulmonar cr�nica, fibrosis neumoconi�tica con insuficiencia cardiorrespiratoria parcial, bronquitis industrial, enfermedad broncopulmonar producida por inhalaci�n de polvos de algod�n y fibra sint�tica.

    Ahora bien, de conformidad con lo dispuesto en el art�culo 475 de la Ley Federal del Trabajo, enfermedad de trabajo es todo estado patol�gico derivado de la acci�n continuada de una causa que tenga su origen o motivo en el trabajo o en el medio en que el trabajador se vea obligado a prestar sus servicios y, en relaci�n con lo anterior, la propia ley, en su art�culo 476, determina que ser�n consideradas en todo caso enfermedades de trabajo las consignadas en la tabla del art�culo 513.

    Como se ha expresado en p�rrafos previos, tanto la ley como la jurisprudencia coinciden en estimar que de acuerdo a la ciencia m�dica, ciertas enfermedades afectan, por lo general, a las personas dedicadas a cierta actividad laboral, por lo que el origen de las enfermedades de trabajo puede ser determinado por la existencia de una relaci�n causal directa con la categor�a o actividad espec�fica desarrollada por el trabajador, o por una relaci�n indirecta pero producida por el medio ambiente en el que el trabajador se vea obligado a trabajar, en cuyo caso el ambiente da�ino o nocivo para la salud es exclusivo del centro de trabajo, es decir, la enfermedad se produce por el entorno del centro de trabajo, o bien, el ambiente corresponde a una zona o regi�n determinada, distinta de la residencia habitual del trabajador.

    Por lo anterior, siempre que un trabajador presente un padecimiento que se encuentre comprendido en un determinado apartado de la tabla del art�culo 513 y su actividad espec�fica o tipo de industria o zona donde labora est�n contemplados en el mismo apartado, tiene a su favor la presunci�n legal de que es del orden profesional, por lo que no basta para calificar el origen profesional de una enfermedad la presencia de alguna de las afecciones mencionadas en el citado precepto legal sino que es indispensable que esa afecci�n se encuentre relacionada con la actividad, la industria o zona referidas en el mismo apartado donde aqu�lla se encuentre clasificada.

    No obstante la suma de los requisitos apuntados, partiendo de la definici�n legal de lo que es una enfermedad profesional, debe estimarse que cobra mayor importancia el segundo, es decir, que el motivo sea el trabajo o el medio en que el trabajador se vea obligado a prestar sus servicios, pues es �ste el v�nculo esencial que debe existir para la calificaci�n de la profesionalidad de la enfermedad y, por ello, es de considerarse como la base fundamental para que las autoridades del trabajo est�n en la posibilidad de establecer la existencia de un padecimiento del orden profesional, esto es, deben atender primordialmente a ese segundo requisito m�s que al nombre t�cnico que corresponda a la enfermedad de que se trate.

    La anterior afirmaci�n encuentra sustento en el hecho demostrado por la ciencia m�dica, como se expres� en las consideraciones relativas a la contradicci�n de tesis 33/97, ya transcritas, de que ciertas enfermedades afectan, por lo general, a las personas dedicadas a una cierta actividad laboral o a determinado ambiente contaminante, por citar un ejemplo, la tabacosis que padecen los manipuladores de tabaco, y es por ello que se presume su profesionalidad cuando su portador tiene alguna de las actividades laborales que el art�culo 513 prev�, puesto que en este supuesto el legislador quiso establecer en la ley una presunci�n a favor del obrero, esto es, partiendo de un hecho conocido como lo es el que determinado medio ambiente origina ciertas enfermedades, se llega a descubrir un hecho desconocido consistente en el nexo causal inherente a las enfermedades profesionales. Es decir, no es la existencia de la enfermedad lo que hace presumir su profesionalidad, sino la actividad espec�fica desarrollada o el medio ambiente lo que determina la presunci�n legal: en la medida en que es alguno de �stos o los dos, los que resultan ser el hecho conocido puede llegarse al conocimiento del hecho desconocido, en este caso, el v�nculo causal. Existe la necesidad de subordinar las enfermedades propiamente dichas a la acci�n de los trabajos perfectamente identificados y capaces de provocarlas, que el listado del mencionado precepto legal exige.

    Ahora, para poder establecer el origen profesional de una enfermedad es requisito indispensable que se encuentre demostrado el hecho fundatorio de la demanda en lo que se refiere a las actividades desarrolladas o al ambiente de trabajo determinante, pues de no existir tal hecho probado, no podr�a desprenderse, en ning�n caso, la presunci�n legal, en la medida en que no se tendr�a el hecho conocido para establecer el hecho desconocido.

    Apoyan lo dicho, las tesis que se citan a continuaci�n:

    "Quinta �poca

    "Instancia: Primera Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Tomo: CXXX

    "P�gina: 596

    "PRUEBA PRESUNCIONAL, INTEGRACI�N DE LA. La prueba que los autores contempor�neos consideran m�s eficiente en la b�squeda de la verdad, objetivo primordial de todo proceso, o sea, la denominada circunstancial o presuncional, se integra mediante la vinculaci�n armoniosa de diversos indicios, apoyados a su vez por hecho o hechos demostrados que en forma natural y l�gica y con el menor esfuerzo mental de quien juzga, llevan a revelar la existencia de un delito, su autor y forma de comisi�n, entre otros temas fundamentales."

    "Quinta �poca

    "Instancia: Primera Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Volumen: LXXXIV

    "P�gina: 176

    "PRUEBA PRESUNCIONAL. La mayor fuerza de la prueba presuncional, se deriva del enlace l�gico que pudiera haber entre en indicio y el hecho buscado y que proporcione, no una probabilidad, sino una conclusi�n categ�rica, de tal suerte que si el indicio como probabilidades, se ve atacado por un hecho contrario o diferente, no puede, en rigor, establecerse que haya una conclusi�n l�gica, ni por ende, que sea susceptible de engendrar prueba plena, ya que esto s�lo puede producirse si el indicio o indicios son categ�ricos y su conjunto est� �ntimamente ligado con el hecho que se investiga."

    Ahora bien, partiendo de las premisas dadas, corresponde considerar los dict�menes periciales, de cuyo contenido deber� desprenderse no s�lo la conclusi�n alcanzada por el m�dico responsable sino tambi�n cu�les fueron las circunstancias tomadas en cuenta por �ste para llegar a determinado resultado y si tales conclusiones resultan de un estudio profundo, acucioso, l�gico, razonable y objetivo del problema planteado, pues de ellos depende, precisamente, que la prueba merezca confiabilidad y credibilidad.

    A fin de establecer tal confiabilidad, el dictamen deber� describir el ambiente laboral individualizando los elementos perniciosos para la salud, es decir, considerar un an�lisis de las condiciones de trabajo o, en su caso, el medio ambiente en que el trabajo se ha efectuado como determinante de la enfermedad, pues es precisamente a partir de �stos que puede o no estimarse susceptible de producir el da�o profesional.

    Deber� igualmente determinar el diagn�stico de la enfermedad padecida, estableciendo las manifestaciones de la lesi�n, su gravedad, la posibilidad de complicaciones y la consecuente incapacidad para el trabajo.

    Debe agregarse, a su vez, la narraci�n de las condiciones personales del trabajador: edad, sexo, constituci�n anat�mica, predisposici�n, otras enfermedades padecidas, etc.

    Cumplidos los presupuestos se�alados, corresponde establecer la vinculaci�n entre los mismos, es decir, entre el trabajo y sus condiciones y la lesi�n incapacitante.

    Retomando ahora el contenido de la tabla de enfermedades del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, aparece que encontramos en cada fracci�n del mismo dos elementos:

  11. El padecimiento, que en algunos casos aparece debidamente definido con su denominaci�n t�cnica, v. gr. B.: afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de bagazo, como en la industria azucarera; suberosis: afecciones debidas a la inhalaci�n de polvos de corcho; estanosis; silicatosis; brucelosis; faringitis atr�fica; hipoacusia, etc. y, en otros, mediante una f�rmula descriptiva, v. gr. afecciones debidas a inhalaci�n de polvos de lana, afecciones debidas a la inhalaci�n de abrasivos sint�ticos, etc.

  12. a) Las diferentesactividades a que se dedican los trabajadores que puedan quedar afectadas profesionalmente por cada padecimiento, v. gr., tolveros, cernidores y bagaceros, trabajadores de la industria papelera y fabricaci�n de abonos; trabajadores del corcho; trabajadores de las minas de esta�o, hornos y fundiciones del metal, o del �xido; trabajadores expuestos a la aspiraci�n de silicatos pulverulentos (tierra de bat�n, arcillas, caol�n); veterinarios, pastores, carniceros, ganaderos, orde�adores, lecheros, t�cnicos de laboratorio, personal de plantas para beneficio de la leche de cabra y de vaca, m�dicos, enfermeras, enfermeros de veterinaria; trabajadores de las fundiciones, hornos, fraguas, vidrio, calderas, laminaci�n, etc.

  13. b) El medio en el que el trabajador se ve obligado a laborar, v. gr. trabajadores expuestos durante la combusti�n o fermentaci�n de compuestos de carbono, gasificaci�n de aguas minerales y preparaci�n de nieve carb�nica, poceros y letrineros; ?todas las actividades que comprenden el riesgo de exposici�n a estos agentes?; obreros y campesinos provenientes de zonas no infestadas ni end�micas, que sean contratados para realizar trabajos en zonas infestadas o end�micas.

    De los puntos expuestos deriva que el padecimiento es efecto espec�fico de la tarea desempe�ada, sea por el trabajo o por el ambiente laboral en que se desempe�a. Pero debe tenerse presente tambi�n la necesidad de un determinado tiempo de exposici�n, como condici�n fundamental e inexcusable que puede ser variable para cada trabajador. Dicen E.N.�s P. y G.G., en su obra Enfermedades Profesionales en la Medicina del Trabajo y en el Derecho Laboral: "lo decisivo en la posici�n diagn�stica de una enfermedad profesional es la etiolog�a" dado que "la enfermedad profesional propiamente dicha es un acontecimiento habitual bajo condiciones de higiene y seguridad deficientes o descontroladas. La noxa agresiva (agente agresor del ambiente; agente o influencia perniciosa; cualquier agente capaz de producir da�o en el organismo) se instala en el lugar de trabajo en forma persistente, no potencial sino activa, sea en la tarea en s�, sea en el medio ambiente en que se desarrolla, afectando siempre a m�s de un trabajador expuesto en las mismas condiciones agresivas o t�xicas." Y citando a A.�val: "son aquellas (las enfermedades profesionales) que se originan y desarrollan en el ejercicio de una profesi�n, producto de la acci�n reiterada y lenta de los elementos normales del trabajo."

    As�, de conformidad con la ciencia m�dica y en referencia espec�ficamente al primer cap�tulo del art�culo 513, que lleva por rubro: "Neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares producidas por aspiraci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral", aparece que la definici�n de neumoconiosis no es un diagn�stico etiol�gico sino una denominaci�n gen�rica que significa �nicamente la existencia de polvo depositado en los pulmones (de neuma: pulm�n; conio: polvo, part�cula) lo que quiere decir que existe una variedad de "coniosis" broncopulmonares que integran el cuadro nosol�gico de las neumoconiosis, por lo que en materia de enfermedades profesionales podr�a no decir nada.

    A partir de la definici�n apuntada, resulta que lo relevante para determinar la existencia de una neumoconiosis como enfermedad profesional ser� atender a su etiolog�a, lo que significa determinar la causa de la enfermedad. Por tanto, las enfermedades profesionales que la Ley Federal del Trabajo establece como neumoconiosis consideran la existencia de polvos en los pulmones. Dichos polvos pueden ser de origen animal, vegetal o mineral, conforme a la propia definici�n de la ley.

    En este aspecto, resulta entonces que aparecen como tales las especificadas en todas las fracciones de dicho cap�tulo (1 a 30) porque toda la clasificaci�n efectuada deriva de la inhalaci�n de polvos como los principales contaminantes en el ambiente de trabajo. Todos son de acci�n pulmonar y da�inos al sistema respiratorio.

    Ahora bien, cuando la ley determina como profesionales las neumoconiosis y enfermedades broncopulmonares con el origen ya mencionado, habr� que considerar qu� debe entenderse por enfermedades broncopulmonares: A.�n patol�gica de uno o varios �rganos, que da lugar a un conjunto de s�ntomas caracter�sticos, perteneciente o relativo a las estructuras bronquiales y alveolares, que debe entenderse cr�nico, es decir, referente a una condici�n que perdura o contin�a durante un periodo de tiempo extendido.

    Dado lo anterior, debe decirse que la bronquitis cr�nica es la inflamaci�n persistente de la mucosa de los bronquios, caracterizada por un gran aumento de la producci�n de moco bronquial que produce tos y expectoraci�n durante al menos 3 meses consecutivos durante 2 a�os.

    La bronquitis industrial es la inflamaci�n de las v�as respiratorias principales de los pulmones de los trabajadores expuestos a polvos, emanaciones de humo, vapores o brumas. Sus causas, incidencia y factores de riesgo son la exposici�n a polvos, emanaciones de humo, �cidos fuertes y otros qu�micos que transporta el aire. La exposici�n ocupacional a polvos de asbestos, talco, s�lice, algod�n, lino y carb�n, entre otros, en el sitio de trabajo es un factor de riesgo.

    Las enfermedades asociadas son, entre otras: asma ocupacional, bronquitis cr�nica, neumoconiosis de trabajadores del carb�n, silicosis y asbestosis.

    Lo anterior lleva a concluir que al considerar el primer punto del contenido de cada una de las fracciones del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, es decir, el padecimiento, �ste no necesariamente deber� tener una denominaci�n t�cnica, pues la propia ley establece que puede determinarse mediante una f�rmula descriptiva, en la que solamente se refieran las afecciones debidas a inhalaci�n de polvos y humos de origen animal, vegetal o mineral.

    Igualmente, significa que dichas afecciones deber�n ser broncopulmonares cuando se trate de la aplicaci�n del primer rubro de los contenidos en dicho art�culo, as� como de las enfermedades de las v�as respiratorias producidas por la inhalaci�n de gases y vapores y, en su caso, todos y cada uno de los diversos padecimientos contenidos en la tabla respectiva, en la medida en que la propia ley no siempre considera la existencia de enfermedades t�cnicamente definidas sino las distintas afecciones en la salud de los trabajadores ocasionadas por los elementos da�inos que la propia ley prev�.

    Por ello, con independencia de la denominaci�n que el perito m�dico determine para el padecimiento del trabajador, deber� atenderse a si se trata de una afecci�n de las consideradas en el art�culo 513 de la ley laboral y la relaci�n que �sta guarde con el trabajo desempe�ado o el medio ambiente en que �ste se preste, sin que el hecho de que el perito omita darle un nombre t�cnico al padecimiento del trabajador pueda ser un impedimento para que las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje determinen la profesionalidad de la enfermedad atendiendo a la presunci�n legal estudiada.

    As�, y tomando en consideraci�n todos los puntos ya referidos, debe concluirse que, como funci�n jurisdiccional de las autoridades del trabajo en cuanto a determinar la existencia de una prueba presuncional a favor del trabajador, no s�lo pueden sino que deben establecer, partiendo del resultado que arroje la prueba pericial en la que se contengan los elementos mencionados en p�rrafos anteriores, una vez determinado el valor probatorio que a la misma corresponde y dadas las razones de tal valoraci�n, la aplicabilidad de alguna de las fracciones del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo. Deber�n, asimismo, hacer la relaci�n circunstanciada de los hechos demostrados constitutivos de la acci�n intentada, a fin de establecer la relaci�n que �stos guardan con el resultado de la prueba parcial m�dica correspondiente y, a partir de ello, establecer en cu�l de las citadas fracciones del art�culo 513 encuadra el presupuesto de la acci�n.

    Entonces, si bien el perito, al realizar el dictamen m�dico que le corresponde, puede establecer cu�l de la fracciones del art�culo 513 del la ley laboral corresponde a la enfermedad que diagnostica, ello no es indispensable para determinar la afecci�n que corresponde al trabajador, pues atendiendo a los elementos que se han mencionado, las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje pueden hacerlo pues, precisamente, su funci�n jurisdiccional es determinar el derecho aplicable al caso concreto, a partir de los hechos demostrados y de las pruebas aportadas al juicio.

    Es importante destacar que cuando ninguno de los dict�menes m�dicos rendidos en juicio resulten completos o suficientes, de manera que no permitan a las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje realizar una conclusi�n congruente para determinar la existencia o inexistencia de una enfermedad profesional, ello no puede tener como necesaria consecuencia un laudo absolutorio, pues el incorrecto desahogo de la prueba pericial ofrecida por la parte trabajadora deber� dar lugar a la reposici�n del procedimiento respectivo, a fin de que la autoridad ordene el correcto desahogo de dicha prueba, de manera que pueda contar con todos los elementos necesarios para tomar una decisi�n fundada y motivada, atendiendo principalmente al cuestionario propuesto por la oferente de la prueba, y si determina que el dictamen en s� mismo considerado es incorrecto, deber� hacer a los peritos las preguntas que juzgue convenientes sea en el momento mismo del desahogo de la prueba, en t�rminos de lo dispuesto por el art�culo 825, fracci�n IV, de la Ley Federal del Trabajo o bien, una vez recibido el proyecto de laudo correspondiente, ya que de conformidad con lo dispuesto en el art�culo 886 de la Ley Federal del Trabajo, cualquiera de los miembros de la Junta puede solicitar la pr�ctica de cualquier diligencia que juzgue conveniente para el esclarecimiento de la verdad.

    Apoyan, por analog�a, las tesis y jurisprudencias que enseguida se mencionan:

    "Novena �poca

    "Instancia: Segunda Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta

    "Tomo: XI, abril de 2000

    "Tesis: 2a./J. 36/2000

    "P�gina: 163

    "PRUEBA PERICIAL EN EL JUICIO LABORAL. EL PERITO TERCERO EN DISCORDIA DEBE RENDIR SU DICTAMEN SUJET�NDOSE AL CUESTIONARIO FORMULADO POR EL OFERENTE DE LA PRUEBA. Los art�culos 821 al 826 de la Ley Federal del Trabajo, regulan el ofrecimiento y desahogo de la prueba pericial, estableciendo al efecto, que: a) dicho medio de convicci�n versar� sobre cuestiones relativas a alguna ciencia, t�cnica o arte, en la que deber�n tener conocimiento los peritos propuestos por las partes, quienes adem�s estar�n obligados a acreditar que se encuentran autorizados conforme a la ley, en el caso de que la profesi�n o el arte de que se trate estuvieren legalmente reglamentados; b) deber� ofrecerse indicando la materia sobre la que debe versar, exhibiendo el cuestionario respectivo con copia para cada una de las partes; c) �stas deber�n presentar personalmente a su perito el d�a de la audiencia, salvo en el caso de que el perito correspondiente al trabajador lo hubiere nombrado la Junta; d) los peritos protestar�n desempe�ar su cargo con arreglo a la ley e inmediatamente despu�s rendir�n su dictamen, excepto en el caso de que por causa justificada soliciten se se�ale nueva fecha para rendirlo; e) la prueba se desahogar� con el perito que concurra, a no ser que por causa justificada se haya solicitado nueva fecha, pues en tal evento, la Junta deber� se�alarla dictando las medidas necesarias para que comparezca el perito; f) las partes y los miembros de la Junta podr�n hacer a los peritos las preguntas que estimen convenientes y, g) en caso de existir discrepancia en los dict�menes, la Junta designar� un perito tercero en discordia. Lo anterior permite concluir, que aun cuando la designaci�n de dicho perito tercero se hace en la �ltima fase del desahogo de la prueba pericial, pues supone el desacuerdo en los dict�menes de los peritos designados por las partes, ello no significa que no les sean aplicables las reglas establecidas en los preceptos invocados, ya que no existe motivo para establecer que est�n sujetos a un r�gimen procesal distinto; por tanto, el dictamen del perito tercero en discordia necesariamente debe versar sobre la misma materia respecto de la cual dictaminaron los peritos nombrados por las partes y, por ende, sujetarse al cuestionario formulado por el oferente de la prueba, en raz�n de que todo perito, ya sea designado por las partes o por la Junta, est� obligado a emitir su dictamen conforme a las prescripciones legales.

    "Contradicci�n de tesis 57/99. Entre las sustentadas por el S�ptimo Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito y el Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Cuarto Circuito. 31 de marzo del a�o 2000. Cinco votos. Ponente: J.V.A.A.�n. Secretaria: M.Y.G.�a V.."

    "Octava �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Tomo: VI, Primera Parte, julio a diciembre de 1990

    "Tesis: 4a./J. 11/90

    "P�gina: 245

    "PRUEBA PERICIAL EN EL JUICIO LABORAL. LAS PARTES DEBEN TENER OPORTUNIDAD DE INTERROGAR AL PERITO TERCERO EN DISCORDIA. La regla contenida en el art�culo 825, fracci�n IV, de la Ley Federal del Trabajo que consagra el derecho de interrogar a los peritos cuando rindan su dictamen, en relaci�n con el art�culo 781 del propio ordenamiento, que garantiza a las partes su intervenci�n para que aporten todos los elementos necesarios para el descubrimiento de la verdad y el pronunciamiento de un fallo fundado y motivado, as� como el derecho de interrogar a quienes intervengan en el desahogo de las pruebas, permite considerar que las partes tienen el derecho de interrogar al perito tercero, pues a trav�s de las preguntas que se le hagan, la Junta estar� en aptitud de determinar el grado de raz�n, experiencia o informaci�n que sirve de sustento a su dictamen y de apreciar las pruebas en su valor real para resolver como tribunales de conciencia. El derecho de interrogar a los peritos, sean o no nombrados por las partes, constituye as� una formalidad del procedimiento de especial relevancia trat�ndose del tercero en discordia, por cuanto su opini�n puede resultar determinante en la decisi�n del asunto.

    "Contradicci�n de Tesis 26/90. Sustentada entre los Tribunales Colegiados Primero y Segundo del Cuarto Circuito. 10 de septiembre de 1990. Cinco votos. Ponente: J.D.�az R.. Secretaria: A.C. de O.."

    "S�ptima �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Volumen: 81, Quinta Parte

    "P�gina: 25

    "PRUEBA PERICIAL, LA JUNTA DEBE DAR INTERVENCI�N A LAS PARTES EN EL DESAHOGO DE LA. Si bien es cierto que las Juntas, de acuerdo con el art�culo 774, fracci�n II, de la ley laboral, cuentan con la facultad de ordenar la pr�ctica de las diligencias que juzguen convenientes para el esclarecimiento de la verdad, tambi�n lo es que conforme al art�culo 768 del ordenamiento citado, en la recepci�n de la prueba pericial deben dar intervenci�n a las partes, para que �stas, o bien los miembros de la Junta, formulen las preguntas y hagan las observaciones que consideren convenientes."

    "Quinta �poca

    "Instancia: Cuarta Sala

    "Fuente: Semanario Judicial de la Federaci�n

    "Tomo: XCVIII

    "P�gina: 275

    "DILIGENCIAS PARA MEJOR PROVEER EN EL PROCEDIMIENTO OBRERO. El art�culo 532 de la Ley Federal del Trabajo, determina que, formulados los alegatos, el presidente auxiliar preguntar� a los otros representantes, dentro de las veinticuatro horas siguientes, si necesitan mayor instrucci�n para mejor proveer; que en caso afirmativo, podr�n acordar, por mayor�a de votos, la pr�ctica de cualesquiera diligencias que estimen necesarias para el mejor esclarecimiento de la verdad, y que se llevar�n a cabo esas diligencias en la misma forma que las promovidas por las partes, entendi�ndose continuada la audiencia para tal objeto, exclusivamente, sin que la Junta pueda acordar, con posterioridad, la recepci�n de ninguna otra prueba. Ahora bien, el esp�ritu que anim� al legislador para establecer esa regla procesal, fue el de que los integrantes de las Juntas tuvieran a su alcance todos los medios indispensables para ilustrar su criterio y poder estar en posibilidad de emitir sus votos, con conocimiento de causa, y por lo mismo, cualesquiera diligencias o clase de pruebas que se mandan practicar por esas Juntas a petici�n de uno de sus representantes, ya sea del capital o del trabajo, y con el car�cter de para mejor proveer, no est�n sujetas a la actividad o inactividad de los interesados, y por tal motivo, una vez acordada por esas Juntas, el desahogo de pruebas de la calidad antes dicha, est�n obligadas a esperar sus resultados, haciendo, en todo caso, uso de los medios de apremio para conseguir su objeto. Por tanto, cuando los peritos m�dicos nombrados por las partes, no produzcan sus dict�menes dentro del t�rmino concedido por la Junta respectiva, �sta debe conminarlos para que acaten su decisi�n, y obtenidos esos dict�menes, tomarlos en cuenta en su laudo; pues si la aludida Junta, indebidamente no espera el resultado de esa prueba pericial, antes de dictar su laudo, con ello ocasiona un da�o a la parte agraviada, que trae consigo una violaci�n de garant�as individuales, que hace procedente el amparo, para que se dicte un nuevo laudo en el que se aprecien los referidos dict�menes, obtenidos a virtud de la determinaci�n de para mejor proveer."

    De conformidad con lo razonado, este �rgano colegiado considera que deben prevalecer los criterios establecidos en la presente resoluci�n y determina, de acuerdo con lo dispuesto en el art�culo 195 de la Ley de Amparo, que los criterios que deben regir con car�cter jurisprudencial, quedan redactados con los siguientes rubro y texto:

    ENFERMEDAD PROFESIONAL. CORRESPONDE A LAS JUNTAS DE CONCILIACI�N Y ARBITRAJE DETERMINAR LA APLICACI�N DE LAS DIVERSAS FRACCIONES DE LA TABLA CONTENIDA EN EL ART�CULO 513 DE LA LEY FEDERAL DEL TRABAJO. Si bien el perito m�dico, al rendir su dictamen en la prueba pericial, suele determinar la aplicabilidad de alguna fracci�n del art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo al problema t�cnico que dictamina, lo cierto es que no puede estimarse que ello obligue a la Junta a tomar en cuenta esa correlaci�n, pues no debe confundirse el diagn�stico de una enfermedad, con el deber de las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje de fundar y motivar adecuadamente su laudo en t�rminos de lo dispuesto en los art�culos 841 y 842 de la Ley Federal del Trabajo; por tanto, no reside en el profesional m�dico la facultad de resolver la controversia jur�dica planteada, sino a la Junta a trav�s de la adecuaci�n de la norma general al caso particular.

    ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA DECLARACI�N DE SU EXISTENCIA POR LAS JUNTAS DE CONCILIACI�N Y ARBITRAJE, DEBE SUSTENTARSE EN UN PROCESO L�GICO JUR�DICO DE VALORACI�N. De conformidad con el art�culo 842 de la Ley Federal del Trabajo, las Juntas de Conciliaci�n y Arbitraje, deber�n considerar los hechos alegados y probados por las partes en la demanda y su contestaci�n, por lo que debe haber una relaci�n de concordancia entre lo solicitado por �stas y lo resuelto por el juzgador. En ese tenor, el laudo que pronuncie la Junta estableciendo o no la existencia de una enfermedad profesional, debe sustentarse en un proceso l�gico jur�dico de valoraci�n, teniendo como apoyo el resultado de la prueba pericial, en relaci�n con los hechos constitutivos de las acciones intentadas, as� como los de las defensas y excepciones opuestas.

    ENFERMEDAD PROFESIONAL. PARA DETERMINAR SU EXISTENCIA DEBE ATENDERSE AL TRABAJO DESEMPE�ADO O AL MEDIO AMBIENTE EN QUE �STE SE PRESTE, M�S QUE A SU NOMBRE. Tanto la ley como la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, coinciden en estimarque de acuerdo con la ciencia m�dica, ciertas enfermedades afectan, por lo general, a las personas dedicadas a determinada actividad laboral. Ahora bien, siempre que un trabajador presente un padecimiento que se encuentre comprendido en una determinada fracci�n de la tabla contenida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, y su actividad espec�fica o tipo de industria o zona donde labora est�n contemplados en ella, tiene a su favor la presunci�n legal de que es del orden profesional, de conformidad con lo dispuesto en el art�culo 476 de la referida ley, de manera que no basta para calificar el origen profesional de una enfermedad, la presencia de alguna de las afecciones mencionadas en el citado precepto legal, sino que es indispensable que la afecci�n se encuentre relacionada con la actividad, la industria o zona referidas en el mismo apartado, por lo que estos elementos deben considerarse como la base fundamental para que las autoridades del trabajo puedan establecer la existencia de un padecimiento del orden profesional y atender a ellos, m�s que al nombre que corresponda a la enfermedad de que se trate. Por tanto, con independencia de la denominaci�n que el perito m�dico determine para el padecimiento del trabajador, deber� tomarse en cuenta si se trata de una afecci�n de las consideradas en el referido art�culo 513 y la relaci�n que �sta guarde con el trabajo desempe�ado o el medio ambiente en que �ste se preste, m�xime que la primera parte de cada una de las fracciones de dicho precepto permite que el padecimiento se establezca mediante una f�rmula descriptiva y no con una denominaci�n t�cnica.

    ENFERMEDAD PROFESIONAL. LA DETERMINACI�N DE SU EXISTENCIA POR LAS JUNTAS DE CONCILIACI�N Y ARBITRAJE, DEBE HACERSE CON BASE EN LOS HECHOS DEMOSTRADOS Y EL RESULTADO DE LA PRUEBA PERICIAL M�DICA RENDIDA EN JUICIO.-Para establecer el origen profesional de una enfermedad, son requisitos indispensables, los siguientes: 1. Que se encuentre demostrado el hecho constitutivo de la demanda en lo que se refiere a las actividades desarrolladas o al ambiente en que �stas se lleven a cabo, pues de no existir tal hecho probado, no podr� desprenderse la presunci�n legal, ya que no se tendr�a el hecho conocido para establecer el hecho desconocido. Es decir, en la medida en que se conoce la actividad o el medio ambiente puede llegarse al v�nculo causal, como lo exige el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo. 2. Que se considere el contenido del dictamen pericial, del que deber� desprenderse no s�lo la conclusi�n alcanzada por el m�dico responsable sino tambi�n, razonablemente, cu�les fueron las circunstancias para llegar a ella. Ahora bien, para apreciar la confiabilidad y credibilidad, de tales circunstancias, deben tomarse en consideraci�n los siguientes elementos: a) el ambiente laboral, individualizando los elementos perniciosos para la salud, es decir, considerar un an�lisis de las condiciones de trabajo o, en su caso, el medio ambiente en que el trabajo se ha efectuado como determinante de la enfermedad; b) el diagn�stico de la enfermedad padecida, especificando las manifestaciones de la lesi�n, su gravedad, la posibilidad de complicaciones y la consecuente incapacidad para el trabajo; y c) las condiciones personales del trabajador como edad, sexo, constituci�n anat�mica, predisposici�n, otras enfermedades padecidas, etc�tera; asimismo, que se tenga presente la necesidad de un determinado tiempo de exposici�n, como condici�n fundamental e inexcusable que puede ser variable para cada trabajador, pues lo decisivo en el diagn�stico de una enfermedad profesional es la "etiolog�a", que significa determinar la causa de la enfermedad. En congruencia con lo antes expuesto, se concluye que las autoridades del trabajo para determinar la existencia de una enfermedad profesional que derive de la aplicabilidad de alguna de las fracciones de la tabla contenida en el art�culo 513 de la Ley Federal del Trabajo, deben tomar en consideraci�n los hechos constitutivos de la acci�n intentada y la relaci�n que �stos guardan con el resultado de la prueba pericial m�dica rendida en juicio, por lo que una vez determinado su valor probatorio y dadas las razones de tal valoraci�n podr� establecerse la procedencia o improcedencia de la acci�n intentada.

    Por lo expuesto y fundado se

    resuelve:

PRIMERO

S� existe la contradicci�n de tesis denunciada, entre los criterios sustentados por el Sexto y D�cimo Tercer Tribunales Colegiados en Materia de Trabajo del Primer Circuito, al resolver los asuntos precisados en los resultandos tercero y cuarto de este fallo.

SEGUNDO

Se declara que debe prevalecer con el car�cter de jurisprudencia el criterio establecido por esta Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, contenido en las tesis que han quedado redactadas en la parte final del �ltimo considerando de la presente resoluci�n.

Notif�quese; rem�tanse de inmediato las tesis jurisprudenciales que se establecen en este fallo a la Coordinaci�n General de Compilaci�n y S.�n de Tesis y la parte considerativa correspondiente para su publicaci�n en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, as� como al Pleno y a la Primera Sala de la Suprema Corte, a los Tribunales Colegiados de Circuito y Juzgados de Distrito, en acatamiento a lo previsto por el art�culo 195 de la Ley de Amparo y, en su oportunidad, arch�vese el expediente.

As� lo resolvi� la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n, por unanimidad de cuatro votos de los se�ores Ministros G.D.G.�ngora P., S.S.A., G.I.O.M. y P.J.D.R.. Fue ponente el se�or Ministro G.D.G.�ngora P..