Tesis de Suprema Corte de Justicia, Tercera Sala - Jurisprudencia - VLEX 26946851

Tesis de Suprema Corte de Justicia, Tercera Sala

Emisor:Tercera Sala
Materia:Civil
RESUMEN

HERENCIA, NATURALEZA DE LA PARTICION DE LA.

 
CONTENIDO

HERENCIA, NATURALEZA DE LA PARTICION DE LA.

En derecho mexicano, el sistema adoptado, respecto al car�cter de la partici�n, no es el romano, sino el franc�s. En aqu�l, se supon�a que a la muerte del autor de la sucesi�n, la propiedad que le correspondi�, pasaba a una entidad jur�dica, a una persona moral que se llam� sucesi�n. Ah�, cada uno de los herederos s�lo ten�a derecho a una parte de los bienes, y cuando se hac�a la partici�n, cada heredero adquir�a una parte, a cambio de la renuncia de su derecho, de lo que debiera corresponder a las otras personas; pues el derecho de la herencia se estimaba dividido en partes iguales, cuyo importe depend�a del n�mero de herederos. En ese concepto, es claro que la partici�n era atributiva de derechos, pues implicaba la rec�proca renuncia que se hac�an los coherederos, de lo que les correspond�a en la totalidad de los bienes, a cambio de que se les reconociera la parte correspondiente de la herencia; y de ah� resultaba que se ten�a en ese sistema, como causante de los derechos de la herencia al testador, en la parte que le daba directamente al heredero y en las otras a sus coherederos. En el sistema franc�s no sucede esto, pues en �l se admite, como el nuestro, que por la muerte del autor de la sucesi�n se transmite la propiedad a los herederos; de tal suerte que cuando haya s�lo uno, o cuando se haga la designaci�n individual de bienes en favor de cada uno de los herederos, no es necesaria la partici�n. El heredero �nico, desde la muerte del autor de la herencia, si acepta la misma, es due�o de los bienes, e igual cosa acontece en el otro caso. La aceptaci�n no constituye un contrato celebrado entre el autor de la sucesi�n y los herederos, solamente es necesaria porque nadie puede adquirir derechos contra su voluntad, pero desde la aceptaci�n, el heredero adquiere la propiedad. Nuestra ley determina que la sucesi�n se abre por la muerte del autor de la herencia y esto significa que se transfiere la propiedad; y en otra parte estipula que los bienes pasen a los herederos, desde la muerte del autor de la herencia, y m�s adelante establece que es necesaria la aceptaci�n, y que �sta se retrotrae en sus efectos, a la �poca de la muerte del autor de la sucesi�n. De esta suerte, puede afirmarse que en el sistema franc�s y en el nuestro, el heredero adquiere la herencia desde el momento de la muerte del autor de la sucesi�n, s�lo que cuando son varios los herederos y no se hizo la especial designaci�n de bienes que a cada uno corresponde, la posesi�n y la propiedad est�n proindiviso y son comunes, y un heredero no puede vender, porque un comunero no puede disponer de aquello que forma la comunidad; pero si tiene un derecho en el todo y lo puede enajenar, lo que se demuestra por el hecho de que, con autorizaci�n de todos los herederos, el albacea puede vender. Esta comunidad o indivisi�n cesa con la partici�n, que no tiene m�s efecto que dar fin a la propiedad misma, sino porque en esa oportunidad tiene realizaci�n el derecho que ya se ten�a. En conclusi�n, entre nosotros, la partici�n no es un t�tulo atributivo, sino un t�tulo declarativo de propiedad, y s�lo pone fin cuando son varios los herederos, a un estado de indivisi�n o de comunidad de bienes, asignando a cada uno una propiedad exclusiva, no porque no la tuviera, sino porque era un derecho en el todo, no circunscrito, especialmente a bien alguno.

Amparo civil directo 8360/36. A.G., sucesi�n de. 12 de abril de 1938. Unanimidad de cinco votos. La publicaci�n no menciona el nombre del ponente.