Tesis de Suprema Corte de Justicia, Tercera Sala - Jurisprudencia - VLEX 26946970

Tesis de Suprema Corte de Justicia, Tercera Sala

Emisor:Tercera Sala
Materia:Civil
RESUMEN

HEREDERO APARENTE, VALIDEZ DE LOS ACTOS DEL.

 
CONTENIDO

HEREDERO APARENTE, VALIDEZ DE LOS ACTOS DEL.

El C�digo Civil de 1884, al igual que algunos extranjeros, no contiene un precepto que prevea de una manera espec�fica, la suerte que deban correr los actos ejecutados por el heredero aparente; pero atendiendo a la repercusi�n que tales actos pueden tener con relaci�n a terceros y el inter�s p�blico que existe en la decisi�n de las contiendas que surjan con este motivo, resulta justo y equitativo para resolver las diversas situaciones jur�dicas creadas por los actos de disposici�n de bienes, por parte de quienes tienen sobre ellos un t�tulo aparentemente justo, atender a la doctrina relacionada con los efectos de la buena fe de los terceros adquirentes, sin menospreciar el derecho de los titulares verdaderos, que var�a seg�n la condici�n y �poca en que esa disposici�n se realiza m�s concretamente, seg�n la buena fe de los titulares aparentes. Ese sistema puede expresarse en la siguiente forma: las enajenaciones a t�tulo oneroso, efectuadas por poseedores de bienes con un t�tulo legal, pero injusto (titulares aparentes), y llevadas a t�rmino por ellos, de buena fe, con adquirentes tambi�n de buena fe, en ning�n caso pueden ser atacados por el titular verdadero que venza en el juicio respectivo al titular aparente. Si el enajenante es de mala fe, y el adquirente de buena, el verdadero s�lo puede reivindicar la cosa en caso de insolvencia demostrada del enajenante. Si el adquirente es de mala fe, el verdadero puede, en todo caso, pretender la reivindicaci�n. La mala fe del enajenante existe siempre que la enajenaci�n la realice despu�s de emplazado al juicio por el verdadero, que le discuta la legitimidad de su t�tulo. Su buena fe se presume siempre que la enajenaci�n se efect�e antes de que haya surgido cuesti�n en que alguno le discuta la legitimidad de su t�tulo, la extinci�n del mismo o su mejor derecho. La teor�a sobre la validez de los actos del heredero aparente, con relaci�n a tercero de buena fe, es el resultado de la investigaci�n y la experiencia pues a medida que las actividades de los individuos se multiplicaban, fue haci�ndose sentir la necesidad social de mantener la eficacia de los actos llevados a cabo con terceros de buena fe, que hab�an contratado, guardando las debidas precauciones, con desconocimiento de cualquiera irregularidad existente en los derechos de su causante; de donde se hicieron patentes las consecuencias injustas del sistema cl�sico de desconocer toda validez a los actos del heredero aparente, por la inseguridad absoluta que exist�a en las transacciones realizadas con inmuebles, que originaban la desconfianza de los compradores y de los capitalistas, para hacer inversiones sobre bienes ra�ces, en dem�rito de la circulaci�n de la riqueza y del cr�dito inmobiliario, circunstancia por la que la jurisprudencia inici� un movimiento evolutivo en la aplicaci�n de los textos y principios jur�dicos, trayendo la noci�n de la equidad en beneficio de los adquirentes de buena fe, a quienes se les reconocen los derechos adquiridos, por el acto jur�dico celebrado con el heredero aparente, concedi�ndose al verdadero la acci�n de repetir contra �ste y flexionando los conceptos de interpretaci�n para reconocer la apariencia del derecho, con efectos id�nticos al derecho real, pero aplicando concretamente esta teor�a, debe estimarse acreditada la mala fe del enajenante, cuando �ste al contratar conoce la existencia de un juicio testamentario a bienes de la sucesi�n, y a�n pretendi� demostrar la nulidad del testamento.

Amparo civil directo 2066/35. M.B.M., sucesi�n de. 7 de septiembre de 1938. Unanimidad de cinco votos. La publicaci�n no menciona el nombre del ponente.